Las raíces artísticas de Axel Stein

Publicado por 6:44 am Arte, Coleccionismo y mecenazgo, Entrevistas y semblanzas, Museos y Curadores • 6 Comentarios

por Caresse Lansberg e Inger Pedreáñez

Aunque tiene más de 25 años viviendo lejos de Venezuela, Axel Stein, asesor del mercado del arte latinoamericano moderno y contemporáneo, no ha perdido sus raíces. Por el contrario, se mantiene muy vinculado al acontecer cultural del país. Actualmente es asesor de la Fundación Oswaldo Vigas y tiene el mérito de formar parte del equipo que sacó adelante el catálogo razonado de Oswaldo Vigas, con el historial de más de 3.000 obras que permiten respaldar la autenticidad de las piezas, además de ser un insumo esencial para cualquier investigación sobre el artista.

Axel Stein con Vasco Szinetar

Otro logro histórico para las artes venezolanas fue el hallazgo de la primera versión de El niño enfermo (1887) de Arturo Michelena (el que mereció la Medalla de Oro en el Salón oficial de los artistas franceses de 1887) y La visita electoral (1886). Con una tenacidad detectivesca, siguió las pistas que dejaron Rafael Romero y Juan Ignacio Parra cuando organizaron una exposición por el centenario de la muerte de Arturo Michelena.

El ensayo donde Stein describe el proceso que sacó del olvido la obra de Michelena, está incluido en el libro Una visión. Una colección. Una mujer, editado por El Cardón, una editorial filial de su compañía Axel Stein Fine Arts (ASFA, LLC). Si bien la publicación se bautizó en Miami en 2022, la librería El Buscón y la Sala TAC aprovecharon su reciente visita a Caracas, en marzo de 2024, para presentarla.

Esta publicación muestra 39 obras de la colección de Leonor Giménez de Mendoza, y cuenta con la pluma de Luis Pérez Oramas para el artículo sobre Reverón y sus majas; Cecilia Fajardo Hill escribe sobre la presencia de la mujer en la historia del arte, Polly Sartori sobre los salones del siglo XIX, (justamente donde Arturo Michelena ganó Medalla de Oro por El niño Enfermo), Jorge Rivas Pérez comenta una serie de pintura de castas mexicana, dentro del contexto de lo que está sucediendo en Europa y América Latina con la pintura no religiosa, y Roldán Esteva Grillet se refiere a Héctor Poleo como un clásico moderno. En nuestra revista se pueden leer los ensayos de Sartori y Stein.

Su agenda en Caracas incluyó una charla en la Galería Freites sobre el mercado del arte latinoamericano, por invitación de AICA- Capítulo Venezuela; así como una visita guiada a la Universidad Central de Venezuela, a cargo del Profesor Rafael Pereira. En Margarita conoció de las cerámicas de El Cercado a través de la Fundación Serpentina, y de sus escalas turísticas atesoró sabores, como el ají picante y el cacao venezolano.

Caresse Lansberg: Nos gustaría que nos hablaras del sello editorial El Cardón. Cómo comenzó, qué proyectos vienen.

Fundé la Editorial El Cardón con la idea de honrar la memoria de mi abuelo, Enrique Bernardo Núñez (cronista de Caracas y escritor de la Generación de 1918). El Cardón era el seudónimo que él utilizaba cuando escribía en los periódicos entre los años 1930 a 1950. El Cardón se convirtió en una planta emblemática de Venezuela, porque es la que aguanta la “palamentazón” del sol y de las circunstancias. De allí su simbolismo.

El primer libro que publiqué fue la compilación de las obras narrativas de mi abuelo que son Cubagua, La galería de Tiberio, y unos cuentos, que están reunidos en un libro de más de 300 páginas ilustradas con dibujos de Adrián Pujol, fotografías de don Alfredo Boulton, con mapas, con fotografía del siglo XIX siglo XX. Esa edición estuvo supervisada por el investigador Alejandro Bruzual, quien hizo el análisis de las dos novelas, que son fundamentales de la literatura venezolana del siglo XX.  

Luego de esta experiencia nos quedamos con las ganas de continuar publicando. Fue entonces cuando recibí la invitación para escribir el libro sobre la presencia de la mujer en la colección de arte de la señora Leonor Giménez de Mendoza (ya mencionado en la introducción).

La tercera publicación es Cubagua, traducida al inglés por la poeta Rowena Hill.  Ya está en las principales bibliotecas de Estados Unidos. El último libro es la reedición de Tres momentos de la controversia de Guayana, escrito en 1939 y 1940 por mi abuelo, Enrique Bernardo Núñez, que es como el resumen de todos los desastres que sucedieron entre 1830, cuando Venezuela es independiente, hasta el laudo arbitral de 1899 cuando es despojada de 60,000 km2 por parte de los ingleses.

CL: ¿Y cuál es el próximo libro?

Ahora estamos trabajando en la producción de un libro con Vasco Szinetar. Mi abuelo escribió La ciudad de los techos rojos, como cronista de la ciudad de Caracas (1945-1950 y 1953-1964). Estamos buscando en las fotos de Alfredo Cortina las esquinas mencionadas en sus crónicas. Esta versión de La ciudad de los techos rojos es ilustrada desde la contemporaneidad.

Inger Pedreáñez: Son más de 40 años dedicados al mundo del arte, además vinculado a tres importantes instituciones. Estuvo en el Museo de Bellas Artes, en la Sala Mendoza y en la casa de subastas Sotheby’s, De cada una de esas experiencias, ¿cuál es el recuerdo más preciado que conserva?

La experiencia del Museo de Bellas Artes fue fundamental para mi posterior vida profesional, porque ahí me encontré con la realidad de las cosas, como es aprender a trabajar en equipo. El Museo de Bellas Artes tenía un equipo interesante, no solamente en materia de presentación de las exposiciones, sino también en la visión que tuvo de abrirse a coleccionar arte latinoamericano. Se fundó el Departamento de Investigación para las Artes Plásticas de América Latina, para lo cual se nombró como directora a María Elena Huizzi y yo era uno de los investigadores. Estaban también Luis Miguel La Corte, estaba Eliseo Sierra, Susana Benko.

Fui curador de varias exposiciones como la de Max Bill, Agustín Cárdenas, la de Miró. El MBA fue mi primera oportunidad de escribir y de publicar. Realizamos el catálogo general de la colección cubista de Pedro Vallenilla Echeverría, el catálogo general de la Colección de Arte Latinoamericano. Eran logros. Y el museo, además de ser un museo enciclopédico era El MUSEO, fundado en 1938. Para mí era un honor que a los 27 años pudiera estar allí. Había pasado la época mítica de Miguel Arroyo, Gerd Leuferd y del pequeño museo, porque yo entré cuando el museo estaba en los dos cuerpos, en el edificio nuevo de Carlos Raúl Villanueva y el edificio clásico. Además, se estaba fundando la Galería de Arte Nacional, y había entonces una especie de competencia por la calidad entre un montaje y otro. Eso, por supuesto, animaba a hacerlo mejor.  Nuestro corrector de pruebas era Roberto Obregón, nuestro diseñador era Sigfredo Chacón. Estábamos en ese momento de calidad.

Pero es que además entró en escena el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas y estaba arrasando con todo. Fue muy interesante ese triángulo que se creó en una Caracas de fin de los 70 y principios de los 80. No fue nada fácil, pero hacíamos la programación y siempre había disposición de recursos. Algo que ahora no existe en ninguna parte.

IP: ¿Y cuál fue la experiencia en la Sala Mendoza?

Después de la renuncia de Lourdes Blanco, Margot Römer asumió como una especie de directora interina de la Sala de Exposiciones de la Fundación Mendoza, así que ella me llamó para apoyarla. Y yo encantado, por una razón que todavía me inspira a seguir en el mundo del arte: me permitía indagar en lo que está pasando realmente en el mundo contemporáneo. El Museo de Bellas Artes era más bien un espacio para exponer artistas consagrados y lo que estaba pasando en la escena plástica venezolana sucedía en las galerías.

Jorge Pizzani y Axel Stein conversan antes de realizar el mural en la Sala Mendoza en 1984.
Foto de Carlos Germán Rojas.

En la Sala Mendoza me dieron carta blanca para hacer lo que quisiera. No sabía cómo iba a manejar una galería así de buenas a primeras, pero tuve la suerte de estar acompañado de Eleonora Raffalli Arismendi, que luego fue mi esposa. Ese combo creó una sinergia que permitió que la sala creciera de manera estrepitosa. Fueron los mejores años de la Sala Mendoza, sin que me quede nada por dentro, porque la alegría que se vivía en el mundo del arte, en esa época, yo no la he visto regresar en ningún otro momento.

Fueron experiencias todas interesantes, había algo mágico en el ambiente. Coincidió con el viernes negro y existía una necesidad de sacar al país de esa crisis económica. En medio de esa especie de “down” general, nosotros nos dedicamos a proponer exposiciones de un arte nuevo que no se había visto en Venezuela, por ejemplo, artistas como Carlos Zerpa, Ernesto León, Jorge Pizzani, Julio Pacheco, que se estaban dando a conocer… ¡Cuántos artistas expusieron en la Sala Mendoza que no habían expuesto antes!

CL: Tuviste una importante participación en un momento clave como fue la celebración de los 30 años de la Sala Mendoza, en 1986.

Lo primero que hice para la celebración de los 30 años, fue recordar la primera exposición de la Sala Mendoza sobre un artista nacido en Caracas pero criado en Europa, y que regresó cuando ya era un anciano: Emilio Boggio, y retomamos el tema del clasicismo venezolano. Aunque en verdad no se puede hablar de arte venezolano, porque él circunstancialmente nació aquí, pero todo su arte fue netamente europeo, postimpresionista. Fue una exposición maravillosa, con los mejores cuadros que pudimos encontrar en Caracas de Boggio.

Otra exposición memorable fue la de CoBrA. También hicimos una exposición de la colección de Luis y Beatriz Plaza, los Morandi (1986) que es una cosa que jamás se va a volver a dar en este país, jamás nunca jamás. Porque lo que sucedió allí fue milagroso, una treintena de óleos, 40 acuarelas y todos los grabados de Giorgio Morandi, eso fue un banquete…

Igualmente, hicimos la primera exposición internacional en homenaje a Gio Ponti, el arquitecto de El Cerrito y desmontamos Villa Planchart con la ayuda de la Fundación Anala y Armando Planchart, y expusimos las cartas, los muebles, la vajilla el concepto de la casa… Fue maravillosa, porque además tuvimos seminarios con arquitectos italianos interesados en el artista.

Cabe mencionar que a esta exposición asistió la hija del arquitecto, Letizia Ponti, quien atendió la invitación de Anala Planchart.

En la década de 1980, Axel Stein fue martillo de las Subastas de Arte de la Sala Mendoza. “La sala necesitaba crear fondos para su mantenimiento y la verdad es que a mí me tocó un clima de mucha positividad en la organización de las subastas y las obras se vendían muy bien. Era un mercado entusiasta, con perspectivas, en un país que con sus dificultades todavía era rico, creía en su futuro y en sus valores humanos”, recuerda.

En uno de esos eventos se le acercó una representante de Sotheby’s y le propuso trabajar para esta importante casa de subastas internacional. No dudó en aceptar. Stein representó a Sotheby’s en Venezuela durante nueve años (1990-1999). Luego fue director de Sotheby’s en Estados Unidos, en Florida (2000-2008), y director del Departamento de Arte Latinoamericano en la sede principal de Nueva York (2011-2018). Fueron en total 28 años de experiencia en el mercado internacional.

Durante mi presencia en Sotheby’s en Venezuela, tuve la idea de hacer dos seminarios al año, con especialistas de Sotheby’s, sobre pintura, escultura, galerías, arte precolombino, y eso dentro de la gente que estaba en la compra y venta de arte fue fundamental, porque no necesitaban trasladarse a Nueva York, sino que se hacían estas reuniones entre amigos, muy informales, pero muy bien informadas. 

CL: Yo recuerdo una de esas charlas que tú realizaste sobre Frederic Church, que fue muy interesante y que después la escribimos para Estilo.

Es que Frederic Church, Ferdinand Bellermann y Albert Berg pertenecieron a una escuela maravillosa, que todavía hoy en día llama la atención. La teoría de Humboldt sobre la pintura, era que debía agregar información a la estética, para entrar en conocimiento de lo que ya estás viendo. Se basó en la apreciación fidedigna de la naturaleza, magnificada a la manera del artista para ejercer una influencia positiva, con exoticismo. Pero no menos verdad es que esa escuela permitió conocer Latinoamérica a los europeos. Recordemos que antes de 1830 estaba prohibida la pintura europea en tierras del país de España en América, para que no hubiese espionaje… Cuando se viene descubrir América, no fue en 1492 sino en 1830 en adelante, porque los españoles se empecinaron en no describir el continente.

Es con el movimiento positivista de Europa que se quiere saber más de América. Es un movimiento que arrasa con el paisaje tanto en Europa como el nuevo continente. ¿Tú crees que a los españoles le iba a interesar destacar que había pirámides? Primero que era una cultura que ellos apartaron completamente, con o sin razón. Cuando tú ves un Chichén Itzá, te tiene que sorprender. Era gente que tenía un sentido de la proporción, un sentido de la construcción, un sentido de la estética, habían estudiado los astros, en fin, había una serie de consideraciones que fueron descartadas porque era una civilización que no estaba instruida en la ley de Dios. Llega entonces Julio Verne a contarnos los cuentos del Orinoco, el mundo de la selva, el mundo de los indígenas, nada de eso se habló durante la colonia. Al final del siglo XIX con la explotación del caucho comenzó a desaparecer la población indígena, por la malaria y todo tipo de enfermedades, eso fue la fiebre del caucho, que fue antes de la fiebre del oro. Eso fue terrible. Todo el Río Negro, todo el sur del Territorio Federal Amazonas, todo Brasil. Ese es un tema del que nunca se habla, porque hay intereses, y el oro es más llamativo que el caucho.

En 1985, Axel Stein organiza en la Sala Mendoza la exposición Amazonia, en donde invita a varios artistas conceptuales, entre ellos Claudio Perna, Carlos Zerpa, Miguel von Dangel. Luego realizó dos ediciones más. Siempre ha tenido inquietud por el arte que conecta a la tierra, a lo originario, a las raíces y las culturas ancentrales. Sobre este interés que se refleja en su propia colección de arte comenta:

Este gusto por lo indígena comenzó con mi abuelo, quien visitó el Orinoco en los años 1940 y de esa visita él se trajo a Caracas instrumentos, flechas, arcos, collares, recuerdos. Cuando nos íbamos a Europa (Stein estudió en Bélgica), él me dijo: “Acuérdate de que tú tienes un país. Aquí tienes tu arco y tu flecha, para que no olvides de dónde vienes”. Yo antes no entendía mucho de qué me hablaba, pero conservé todos esos objetos. Con el tiempo, efectivamente bajo la influencia de Luis Ángel Duque y otras personas que había conocido en Caracas, nos fuimos adentrando en el mundo del Sur porque había algo que estaba pendiente de ser revelado, de ser estudiado y aunque la antropología efectivamente ya se había adentrado en ese tema por muchos años, con Mario Sanoja (1934-2022), con Erika Wagner (Caracas, 1937- 2023, pionera de los estudios antropológicos en Venezuela) y con otros investigadores que han dedicado su vida a eso, la verdad es que el público en general no tenía mucha idea de lo que existía. Entonces, por un lado, empecé a hacer una colección a partir de los ochenta, sobre todo de indumentarias, collares, coronas, zarcillos, atuendos. Una colección bastante modesta comparada con colecciones como las que puede tener Jimmy Belilty o Fernando Eseverri.

Vista de la exposición Arte Indígena de Venezuela (1983), en la mirada de Carlos Germán Rojas, y portada del catálogo, cortesía de Axel Stein.

Por otro lado, entonces ya con ese interés que tenía, se acercó a mí Jeannine Sujo, la hija de Clara Sujo, y me dijo que era el momento de hacer algo con arte indígena, había suficiente material, y organizamos la exposición Arte Indígena de Venezuela, en la Sala Mendoza, con motivo del Bicentenario del Natalicio de Bolívar (1983), junto a Mariela Arévalo como coordinadora, donde todas las tribus de Venezuela fueron representadas en unas vitrinas. A partir de ese momento, empezamos a vender en la librería objetos mejor elaborados, más sofisticados, con más historia, y teníamos a varios proveedores que nos traían piezas del Amazonas.

CL: Estaban también las expediciones que hacía Luis Ángel Duque.

Yo no viajé con LAD, pero estaba muy pendiente de lo que él estaba haciendo allá. Tuve más que ver con otra corriente de artistas que María Luz Cárdenas llamó la corriente de los exploradores. Por ejemplo, yo le sugerí a Laura Anderson Barbata pasar un tiempo con las comunidades Yanomami y así fue como ella conoció a Sheroanawe Hakihiiwe. También tuve que ver con la exposición de otro artista Lothar Baumgarten, que es un artista conceptual alemán, y él vivió un par de años con los yanomami. A partir de esa experiencia se realizó una exposición en el Museo de Bellas Artes que quedó sin catálogo, porque su texto era bastante crítico (estamos hablando de los años 80), pero en aquella época la obra de Lothar fue esencial. Él representó al Pabellón de Alemania en la 41 Bienal de Venecia (1984) con una obra que tenía ver con su presencia en el Orinoco. Él era un enamorado de Venezuela (recibió The Golden Lion, el primer premio de la Bienal).

CL: ¿Cómo es tu propia colección de arte?

Ahora que tengo 25 años viviendo fuera de Venezuela, la meta de mi colección es, básicamente, tener algo de Venezuela que yo pueda sembrar y que vuelva a crecer idealmente en otra parte. Yo tengo desde cerámica precolombina, cerámica contemporánea, pintura colonial, pintura republicana, tengo cuadros de Bellermann, tengo obras de los principales autores venezolanos del siglo XX, también arte popular; libros desde la Geografía y Atlas de Codazzi hasta la Historia de Baralt, primeras ediciones de la biografía de Páez, en fin, tengo los fundamentos que me permiten construirme un país, aunque no esté en Venezuela. Porque es importante rodearte de lo tuyo. No son tantas obras, pero son las que son.

IP: ¿Qué quisieras tener en tu colección que aún no has logrado adquirir?

Una Divina Pastora, que son las más bellas, de Juan Pedro López; un Gil de Castro que fue el mejor pintor de Bolívar que hubo, tengo varios retratos del Libertador; un pequeño Cabré de los años 20; un Soto de los años 58-60; una Fisicromía de Cruz-Diez del 61, una esculturita de Marisol, yo creo que ya, porque no me caben en mi casa.

A través de su compañía, Axel Stein asesora a coleccionistas y ha participado en diversas exposiciones en galerías, principalmente en Miami y Nueva York. Recientemente ha contribuido a introducir a Oswaldo Vigas en el mercado asiático. Y prepara un libro y exposición en Venezuela sobre el pionero del diseño gráfico venezolano, Nedo Mion Ferrario, con posibilidad de extender la muestra a Miami o Nueva York.

IP: ¿Consideras que tu presencia en el departamento de Arte Latinoamericano en Sotheby’s, tuvo alguna repercusión en la tendencia del mercado del arte para América Latina y Venezuela? ¿Contribuyó a dar a conocer a los artistas venezolanos?

Ningún director de departamento tiene la capacidad de cambiar el rumbo de un mercado. Lo que puede hacer es indicar nuevos intereses de ese mercado. Uno de los placeres que tuve fue haberle dedicado varias portadas a artistas de Venezuela y portadas de la venta nocturna, que es la más importante. Le di una portada a Desnudo con mantilla de Reverón, le di una portada a Gego, la única mujer venezolana en aparecer en tapa de una subasta de arte contemporáneo, le di una portada a un Bellermann espectacular, que es una vista del Golfo de Cariaco, le di una portada a Soto con una escritura de 1975 y una portada a un Cruz-Diez muy temprano del año 62-63. Esas portadas podían orientar al comprador y, eventualmente, sugerir que no todo el arte latinoamericano es uno, figurativo, ni todo es mexicano, sino que hay otros temas de interés. En ese sentido, el arte venezolano se comportó de una manera de regular hacia mejor, porque no todo el mundo tenía mucha idea de lo que era Soto o Cruz-Diez, porque eran muy locales.

La relación de un artista con un país es muy importante. Qué ha hecho un artista en Estados Unidos. En la competencia mundial por la atención del público es muy difícil introducir un nombre o un concepto, a menos que esa persona haya estado integrada en ese ambiente durante un tiempo y que quieras recordar ese momento. Por ejemplo, si Reverón hubiera vivido en Nueva York durante siete años, entonces se podría hacer Reverón en Nueva York, y antes de Nueva York o después de Nueva York. Y ya hay de dónde construir. Aquí (en Venezuela) está Reverón, y está muy bien, pero para las personas que están realmente interesadas en el mundo del arte es bastante limitado. La exposición del MoMA de Reverón en 2007 fue extraordinaria, pero tampoco fue que cambió el mercado.  El comprador de Reverón sigue siendo eminentemente de Venezuela.

CL: ¿Y Gego?

El comprador de Gego si es más internacional, porque ahora la están considerando una artista alemana. Pero es verdad, es una artista alemana que vivió en Venezuela. Su formación y su escuela es alemana. Que es arte venezolano, sí, bueno, lo hizo aquí. Cuando se habla de Soto, es alguien en Venezuela y también en Francia, pero también es alguien en Europa en general, porque él estuvo presente en la Bienal de Venecia, estuvo exponiendo en Oslo (Noruega), en Bélgica, en Alemania expuso mucho…, entonces, ya tienes bases para mejorar y promover su presencia en ese mercado.

En ese sentido, volviendo a tu pregunta anterior, creo que sí, me atreví a ofrecer la primera obra de Gego en la subasta de noviembre de 1997. Estimada en $ 20,000 a 25,000, se martilló en 28,000. Con la comisión quedó en $ 34,500. Hoy su récord en subasta sobrepasa los $ 700,000, sin contar los precios fuera de subasta.

A manera de referencia, una reticulárea de Gego fue adquirida en años recientes por el Guggenheim de Abu Dhabi en los Emiratos Árabes por 4 millones de dólares.

CL: ¿Y Oswaldo Vigas?

El esfuerzo que ha hecho la Fundación Vigas, su viuda Janine Castès de Vigas y su hijo Lorenzo debería ser aplaudido por el púbico venezolano. En 2023 se cumplieron 100 años de su nacimiento y en 2024 son 10 años de su fallecimiento. Cuando me pidieron asesoría para rendir homenaje al artista, lo primero que sugerí fue hacer el catálogo razonado.

Axel Stein con Antonio Ascaso en la exposición Oswaldo Vigas en Boca Ratón, en la galería Arte Ascaso.
Foto cortesía: Fundación Oswaldo Vigas

IP: Es el primer catálogo razonado que se le ha hecho a un artista venezolano…

Absolutamente.

IP: Después viene el de Gego.

Sí, pero entiendo que no está completo aún (está listo el primer tomo de su obra pictórica). También sé que están trabajando con un catálogo de Armando Reverón, para publicar solamente imagen y descripción, porque no tienen suficiente presupuesto para hacer otra cosa, están trabajando con las uñas. Nosotros hicimos el catálogo de Vigas en digital. Nos inspiramos en el catálogo de Joaquín Torres García. Tienes todas las obras, con sus catálogos de exposiciones, con fotografías del momento, fotografías del artista, con los libros, para que el público pueda consultar sobre alguna obra que desee adquirir o también para investigar.

Luego nos propusimos expandir el conocimiento de la obra de Vigas, no solamente en América Latina, cosa que se ha hecho en museos y galerías de América Latina como Ciudad de México, Sao Paulo, Bogotá, Lima, Santiago de Chile, sino también en Estados Unidos y actualmente con un énfasis mayor en mercado asiático. En diciembre de 2023 hicimos la primera exposición de Oswaldo Vigas en una galería muy importante de Hong Kong, Kwai Fung Hin, que se llamó Oswaldo Vigas: Return, Always Return, con un récord de ventas de varias obras, a consecuencia de la venta de la obra Concitadoras,1972 en Sotheby’s (noviembre 2023), que fue récord para el artista, con un resultado de $ 445,000 (la primera obra de Oswaldo Vigas que se ofreció en Sotheby’s, en 1994, alcanzó un precio de $ 5,000).

Oswaldo Vigas. Concitadoras, 1972

Ahora estamos planificando una exposición en la ciudad de Shangai. Hay mucho interés en la obra de Vigas, y en artistas de América Latina en general, porque hay un desconocimiento del arte de la región, a no ser por la obra de Wifredo Lam, que tenía padre chino. Lo que se conoce en Asia de Latinoamérica es la corriente de los cinéticos, Soto y Cruz Diez, fundamentalmente.

Con Oswaldo Vigas hay un acercamiento a lo primitivo, lo primigenio, sus tradiciones, su mitología y es una corriente totalmente distinta a la de los modernistas, los cinéticos. Esta corriente más vinculada a la tierra, con artistas como Oswaldo Vigas, Fernando de Szyszlo, Rufino Tamayo, Roberto Matta y Wifredo Lam, está resurgiendo y tomando valor, porque hay una búsqueda de significado, una búsqueda profunda de lo que hemos sido.

CL: ¿Cómo percibes tú este movimiento actual, este entusiasmo, de las galerías venezolanas?

De lo que pude ver, todo el mundo está abriendo exposiciones, y no sé cómo estará desde el punto de vista comercial, pero por lo pronto hay un sentimiento de que no nos vamos a dejar achicopalar. Es un acto de coraje. Abrir una exposición hoy día es un desafío ante la imposición de una filosofía de vida que no pertenece al mundo espiritual, sobre todo de la democracia y de la diversidad del pensamiento.

Yo recuerdo la consistencia de los museos en Venezuela para ofrecer al público un servicio de enriquecimiento. Observando desde afuera, considero que ese servicio actualmente no existe. Por más que tú hagas y deshagas, al no existir el servicio, ese mundo desaparece. Tenemos toda la riqueza patrimonial necesaria y toda la pobreza institucional para promover los valores que están representados en esas riquezas patrimoniales.

La gente se conformó con la idea de que los museos no existen, pero que hay otras cosas. Yo lo comparo como un río que va corriendo y no se detiene, aunque haya una piedra en el medio, sino que da la vuelta y continúa. Y creo que el espíritu venezolano ha continuado y le ha dado la vuelta a las piedras. Yo espero que llegue el día en que venga un palo de agua y el río crezca y se lleve todas las piedras y el río pueda fluir como era anteriormente, porque no hay ninguna razón posible e imaginable para que eso no suceda.

IP: Usted comentó en una entrevista que Arturo Michelena es el artista venezolano del siglo XIX, Reverón es el artista del siglo XX. ¿Cuál podría ser el artista del siglo XXI?  

(Piensa largamente)… A mí me gusta mucho la obra de Javier Téllez. El nuevo Museo de Arte Contemporáneo de Berlín acaba de inaugurar una sala dedicada a él. Está Emilia Azcárate. Me gusta la obra de Juan Araujo. Son varios los artistas que están destacándose no sólo en Venezuela sino a nivel internacional. Alexander Apóstol, por ejemplo, que está viviendo en Madrid, el Museo Reina Sofía entendió que eso traspasaba ya el interés eminentemente venezolano, y puede entrar al entendimiento del arte universal, mediante un tratamiento de la pintura y de la abstracción, que vienen directamente de un tema político, que es muy interesante y que no se ha hecho en otra parte del mundo. El hecho que le hayan comprado esas 30 obras y dos murales de la serie Partidos políticos desaparecidos es extraordinario. Sí creo que tenemos artistas para rato. De nuevo, el reto va a ser cómo se integran esos artistas en el discurso mundial.

CL: ¿Y cómo ves el coleccionismo en Venezuela?

Desde 1949, 1950, el venezolano ha comprado arte de una manera descomunal, y va a seguir comprando arte, porque hay un acto de fe. Cada vez que tú compras arte, estás ayudando a ese artista a avanzar y estás participando en su carrera. Te sientes orgulloso de lo que se está haciendo y es algo indescriptible desde el punto de vista emocional. No solamente para el artista, sino para ti que estás viendo crecer un artista.  

IP: En el transcurso de esta entrevista se aprecia, de manera transversal, el respeto a su abuelo y a sus orígenes, como una guía fundamental de su carrera. Eso me conmueve.

Carmen Elena Nuñez, a la sombra del Samán de Güere.
Foto cortesía de Axel Stein

A mí también. Eso lo tengo yo también por parte de mamá, Carmen Elena, que no solamente era la hija del historiador y escritor, sino que ella se convirtió en una especie de paladín de su herencia, al ocuparse de preservar la obra como tal, su legado, sobre todo con un espíritu casi que estoico. Mamá es un ejemplo de ciudadana: escribió sus libros pasados los 70 años, ella escribió sobre los científicos que vinieron a Venezuela en el siglo XIX y XVIII. Ella se convirtió en portavoz de ese sentir venezolano, del cual mi abuelo es un digno representante, porque él siempre habló de Venezuela como esa cosa inmaterial pero que al mismo tiempo tenemos que cuidar y preservar, sobre todo no explotar, y menos de la manera violenta como lo estamos haciendo. Esa parte de la venezolanidad la tenemos atesorada y guardada, para los nietos como una herencia. Las raíces son profundas, aunque las ramas se extienden por el mundo.

Axel Stein

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