Valentina Aguirre: gramática del vacío

Publicado por • 8:41 pm• Agenda cultural, Arte, Cerámica y artes del fuego

Hasta el 17 de mayo estará abierta la primera exposición individual de la artista Valentina Aguirre, “Gramática del vacío”, en la cual explora la noción del refugio y del espacio íntimo a través de la cerámica contemporánea. El proyecto propone una reflexión sobre el hogar como territorio simbólico donde convergen memoria, identidad y espiritualidad. La muestra se encuentra en el G-12 del Centro Cultural de Los Galpones.

Estilo reproduce el texto curatorial de Ruth Auerbach como una aproximación al estilo de esta creadora y ceramista:

Oceanides 2026. Cerámica modelada y esmaltada 31 x 43 x 43 cm. Foto Leonardo Martínez

La primera exposición individual de la ceramista e ilustradora venezolana Valentina Aguirre nos conduce al descubrimiento de una experiencia estética singular que explora la noción del espacio privado, desde su reminiscencia ancestral hasta la cotidianidad más presente de aquello que nombramos casa, refugio u hogar. Sus cerámicas neoexpresionistas reflexionan, a través de un proceso constructivo —artesanal y orgánico—, sobre la proyección de un concepto expandido del espacio habitable y sagrado: aquel que proporciona refugio temporal y dentro del cual sobrevive y se arraiga la fragilidad de la condición humana.

Gramática del vacío compendia una serie de lineamientos conceptuales y diversas capas de sentido, dispuestas en una instalación de piezas escultóricas y murales pictográficos articulados por la semántica de una poética simbólica. Su lenguaje plástico subvierte una paradoja esencial en la que el vacío es forma y la forma deviene vacío: un eje discursivo que, mediante la plasticidad de la arcilla, le concede a la obra “habitar ese límite”, al que alude Aguirre. De allí que modelar el adentro y el afuera, indistintamente, le permita ensamblar un sistema constructivo de dimensión arquitectónica y escala corporal.

Desde sus primeras piezas —presentadas como proyecto de grado—, la artista se interesa por la mitología fundacional indígena y su hibridación con la heráldica europea de la tradición mayólica, modelando así una serie de figurinas antropomórficas esmaltadas y un mural compuesto por baldosas. Esta exploración inicial deviene en piezas desconcertantes que sorprenden por su condición sincrética: en ellas se concilian diferencias culturales bajo una nueva forma.

En su producción más reciente, los argumentos de una geomorfología imaginada, los cuerpos y su sentido de espiritualidad se despliegan en un territorio expandido que se manifiesta en diversas categorías formales. Las esculturas —modeladas a mano mediante la técnica del churro— revelan, en primera instancia, una serie de habitáculos que resuenan con la representación simbólica de la caverna o la cueva primitiva, la casa arquetípica e incluso la fortaleza arcaica. Abiertas o contenidas, estas formas materializan el refugio primario: el vientre materno, el abrigo de las entidades que allí se resguardan. El movimiento continuo de llenos y vacíos se evidencia a través de estratégicos orificios y oquedades abiertas a la luz, que invitan a asomarse a las concavidades de estos recintos internos, de formas sinuosas, orgánicas y fluidas, configurando una peculiar “topografía del refugio”.¹

Con escasos puntos de apoyo en relación con su formato, estas estructuras —aparentemente monumentales e inestables— se erigen en proyección circular, acaso en la búsqueda de una forma de espiritualidad que también atañe a sus habitantes. Como construcciones mentales, estos recintos irregulares resisten transformaciones y derivan en  vasijas frágiles pero contundentes, revestidas por membranas táctiles y sensoriales, alegóricas al cuerpo. En su condición de recipientes temporales y umbrales  para una experiencia íntima y privada, estos contenedores evocan la dimensión de lo sagrado y del proceso alquímico. La paleta cromática _compuesta por esmaltes elaborados a base de óxidos_, despliega diversas calidades de azul y marrones rojizos,  junto a tonalidades neutras y doradas, en una amalgama de matices sólidos o degradados.  2

Los ámbitos idealizados _terrestres o marinos_  operan así como un “santuario portátil” fundamentado en su sentido de identidad. Albergan un retablo de figurinas antropomorfas, deidades y representaciones mitológicas que ejercen como protectores del hogar y que ahora aparecen desplazadas al espacio museográfico. De allí emergen, asimismo, una serie de pictografías inscritas en placas de arcilla rojiza, pobladas por representaciones mitográficas que configuran la mitología de un bestiario íntimo e imaginario.

Estos murales, a la manera de pinturas rupestres, reúnen fragmentos rotos y signos primitivos cuya articulación conjunta presenta el desarrollo de una cartografía cósmica donde la primera mujer y los animales que la acompañan establecen el origen de una narrativa vital y subjetiva, trasladada al presente.

Ruth Auerbach
Febrero, 2026


¹ En su proceso de creación se advierten lejanas resonancias con la ceramista franco-venezolana Colette Delozanne y sus estructuras orgánicas vinculadas a la tierra, que se elevaban a manera de torres huecas estableciendo una relación entre los espacios internos y externos, así como una demanda de espiritualidad y sacralidad como esencia. A diferencia de aquellas, las cuevas de Valentina Aguirre se inscriben en una dinámica más relacionada con el desplazamiento y la inestabilidad como tópicos generacionales de la contemporaneidad.

2 En la elaboración de estas piezas, Aguirre utilizó arcilla roja para alcanzar altas temperaturas y aplicó esmaltes a base de diversos óxidos: hierro y cromo para los tonos rojizos, cobalto para el azul; manganeso y hierro para los marrones; y silicato de zirconio y manganeso para los blancos y beiges.

Agradecimiento a Cabinet Gallery y Leonardo Martínez por las fotografías.

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