Camille Pissarro, la belleza en lo modesto

por Inger Pedreáñez

La vida cotidiana de las personas sencillas y el paisaje natural sostenían el pincel del pintor danés Camille Pissarro (1830-1903). Pintó al aire libre, desde su trópico natal y en las escenas de una Venezuela rural desde la intuición. Los jardines de Francia sustituyeron la vegetación exótica, pero los mercaderes y los campesinos siguieron presentes en la representación humana. Pintó más de una vez la misma perspectiva en horas y estaciones diferentes, porque no era el escenario sino la luz su fuente de inspiración. El precursor con más edad de todos los pintores impresionistas procuró hacer de lo sencillo algo extraordinario. Diez años mayor que los demás, era considerado como un patriarca por sus aportes como guía artístico y sus reflexiones morales sobre el arte.

Camille Pissarro en su estudio en Ethany

Su formación artística inicial fue autodidacta. Despegó por cuenta propia al acompañar al pintor danés Fritz Melbye en un viaje a Venezuela (1852-1854). Esa pulsión de pintar que estuvo presente desde su juventud, le auguraba que no seguiría los pasos de su padre en el negocio familiar del comercio marítimo. Defensor del libre pensamiento, consolidó su estilo al margen de los academicismos, siguiendo a grandes artistas, como Jean-François Millet, Gustave Courbet y Jean-Baptiste-Camille Corot, pero también, tomando la innovación que observaba en los jóvenes contemporáneos como Cézanne, Monet, Degas y Sisley. Se crecían artísticamente del intercambio mutuo y juntos revolucionaron los cánones de la pintura.

Los inicios

Camille Pissarro nació en Saint Thomas (colonia danesa, actualmente Islas Vírgenes pertenecientes a los Estados Unidos), en una familia judío sefardita numerosa y pudiente. Su madre, Rachel Petit (o Manzano-Pomie en su apellido de soltera), enviudó con tres hijos y embarazada de un cuarto de su primer esposo. Su padre, Frédéric Abraham Pissarro, de origen portugués, es un emisario de la familia del difunto, su tío, enviado a la isla para resolver el asentamiento de las propiedades. Ambos se enamoran, pero la unión no es bien recibida por la Sinagoga y el matrimonio sólo se reconoció ocho años después, con la intervención de las autoridades danesas. Para cuando eso sucede, Jacob Abraham Camille Pissarro ya era un crío de tres años.

Esa historia familiar podría ser la razón por la que Camille Pisarro estudiaría en una escuela para niños esclavos recién liberados (la esclavitud se abolió en St. Thomas en 1848), en donde se inculcaba la importancia del trabajo comunitario, la igualdad, y el interés por el prójimo. Algo que influiría en el pensamiento libertario del artista y sobre todo en su forma de ver el entorno. A los doce años, Camille fue enviado a un internado de Passy, en Francia, para continuar su educación y mejorar en materias como aritmética y contabilidad, en el entendido de que algún día se haría cargo del negocio familiar en Charlotte Amalie. Pero el joven estaba más interesado por el dibujo, y el director del instituto, Auguste Savary, pronto apreció el talento de su discípulo y lo alentó a continuar. Savary se convirtió en su primer tutor artístico. En los días libres los estudiantes visitaban el Louvre, y fueron años para encontrarse con el paisaje de artistas como Constable.

Camille Pissarro, Dos mujeres conversando al lado del mar, St. Thomas, 1856. Collection of Mr. and Mrs. Paul Mellon

A los 17 años, de regreso a su isla natal, Savary le aconseja con frescura y humor tomar como modelo el paisaje del trópico. «¡Dibuja la naturaleza en tus vacaciones, con tantos cocoteros como puedas!«. En St. Thomas, el joven artista se mantenía ocupado de los aspectos aduanales y del comercio de la empresa familiar, pero en sus ratos libres permanecía en los muelles reflejando en sus cuadernos de bocetos la faena de los obreros que transportaban la mercancia de los barcos. Así lo encontró un día el artista Fritz Melbye, quien lo invitaría a Venezuela para realizar crónicas visuales de un territorio que resultaba de interés para la corona danesa.

Sería Melbye, cuatro años mayor que Pissarro, su asesor y colega. También el hermano de este, Anton Melbye, un artista y negociante avanzado en el uso del daguerrotipo y el grabado, le seguiría los pasos a Pissarro. El 29 de abril de 1852, Melbye le envía una carta desde la isla Santa Cruz, para hablar de los preparativos del viaje a Venezuela: «¡Mi querido Pissarro! Recibí tu última amable carta, fechada el 17 de abril, con gran celo y me alegro de que me informaran que cuando esté de nuevo en Saint Thomas te encontraré listo para nuestra partida (…), tengo grandes expectativas y me siento confiado en un buen resultado de nuestro progreso mutuo.(…) Estoy pensando en los estudios que has completado y en los retratos en los que has trabajado para el mercado del arte. Como probablemente sabes, me interesan tus asuntos, al igual que mi hermano (…). Sobre colores, lienzos, lápices, papel, etc, ¿Cuántos tienes de cada uno? Ahorre bien o mejor dicho, haga un buen uso, puede que nos cueste conseguir esos materiales a donde vamos (…)». (Adaptación de un texto publicado en la revista Connaissanse des arts, de abril 2017).

Camille Pissarro: Estudio del Artista en Saint Thomas (Melbye aparece de pie a la derecha: al lado suyo, sentado está el joven Pissarro). Sepia y lápiz (1851). Colección Banco Central de Venezuela.

Pissarro en Venezuela

Los dos pintores viajeros llegan a La Guaira el 12 de noviembre de 1852. Luego de una corta estadía se instalan en Caracas y meses después visitan la isla de Margarita. Aunque Melbye recorrería otros territorios del país, Pissarro se asentaría en la Capital, alojado por la familia de Rafael Miguel Herrera Vegas. El cuadro de Pissarro La procesión del Viernes Santo frente a la Catedral de Caracas, con un estudio subsidiario de la Virgen y la cabeza de una mujer (1854), tiene una nota del venezolano en señal de despedida: “Recuerda cuando estés en la opulenta París, la ciudad de los placeres, que tienes en la desgraciada Venezuela un verdadero amigo”. La amistad influye para que Herrera viaje a Francia y finalmente estudie medicina.

La procesión del Viernes Santo frente a la Catedral de Caracas, con un estudio subsidiario de la Virgen y la cabeza de una mujer (1854).

Es sabido que Pissarro realizaba retratos para mantenerse financieramente en Venezuela. Pero durante su estadía se dedicó principalmente a realizar bocetos de las locaciones que visitaba. Esos apuntes son testimonio visual de las costumbres de un país fracturado por la guerra civil entre José Antonio Páez y José Tadeo Monagas, quien resulta presidente para el momento. Ilustra sobre la forma de vestir de los campesinos o las vendedoras en el mercado, principalmente. Describe como una crónica eventos sociales, religiosos o familiares. Le atrae tanto una Procesión de la virgen frente a la Catedral de Caracas (1852) como una Comida familiar (1854), o unos Jugadores de cartas en Galipán (1854). Son situaciones cotidianas que prevalecerán en su obra madura: “Todo el arte es anarquista si es bello y bueno”, afirmaba el pintor paisajista.

Camille Pissarro. Comida familiar, 1854.

Algunas obras de Melbye y Pissarro se confunden en autoría, porque no fueron fechadas ni firmadas. Y esto refuerza la teoría de que ambos crecieron artísticamente juntos, mientras delineaban la radiografía de las costumbres venezolanas desde las acuarelas y el grafito. También son profusos sus detalles de la naturaleza. El artista franco danés (obtuvo la nacionalidad francesa cerca de 1872) realizó en Venezuela más de 400 dibujos, muchos de ellos con la vegetación como tema central: un acantilado, las palmas en un primerisimo plano, las cascadas de Galipán, o bien algunos rasgos arquitectónicos de pueblos del litoral. Sin dejar atrás perspectivas de la ciudad como la iglesia de La Candelaria, La Pastora o La Trinidad. Es también desde estos apuntes que Pissarro va encontrando un motivo pictórico recurrente en los caminos y las veredas. Desde los senderos también trazará a futuro su obra impresionista.

Dice Alfredo Boulton sobre el artista “Pissarro tiene un cierto tipo de identificación muy personal en la interpretación que hace de nuestra naturaleza, de esa misma manera, existe en él un marcado interés por la distribución de grupos humanos que sería luego tan característico de su obra francesa y que ya encontramos presente en muchos de sus dibujos venezolanos. Esa actitud de Pissarro que ya apuntaba desde sus años caraqueños, podría servir para estudiar el origen de algunos rasgos suyos que luego encontrarían una mayor definición: los que hicieron que Georges Lecomte considerase al artista como un sincero observador de lo real, y a los que Charles Kunstler se refería al destacar de que manera veía Pissarro las cosas más humildes a las cuales encontraba cierta gracia y cierta seducción”. (Tomado del libro del Banco Central de Venezuela. Colección de Arte 1940-1996).

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Grafito, tinta china, crayones y acuarelas predominan en las piezas generalmente monocromáticas sobre el papel y muchas de colores sepias en su etapa emergente. En signo de austeridad llegó a reutilizar ambas caras de la hoja y la agilidad del trazo apenas era el esbozo de algo más grande por venir. Si bien para la familia de Pissarro fue un imprevisto su viaje de St. Thomas a Venezuela, sus dos años de ardua creación artística convencieron al padre del talento del joven. En la página de Christie’s hay una cita reflexiva del pintor sobre esos primeros años.

“En Saint-Thomas era un dependiente bien pagado, pero no pude soportar esa situación por mucho más tiempo y sin pensarlo realmente abandoné todo lo que tenía allí y huí a Caracas. Al hacerlo, rompí todos los lazos con la vida burguesa”.

Camille Pissarro - Una Plaza en Caracas. Colección Patricia Phelps de Cisneros.

Francia

Desde que regresó a Charlotte Amalie, el 12 de agosto de 1854, solo pasaron cinco meses para confirmarse el traslado definitivo a Francia, con la condición de que se inscribiría en la Escuela de Bellas Artes, e incluso con una modesta asignación para sus gastos. Su llegada a París, a los 25 años, coincidió con uno de los momentos estelares para la pintura francesa del siglo XIX: la Exposición Universal de 1855, primera en incluir un pabellón de las Bellas Artes había sido inaugurada. Allí quedó impresionado con los lienzos de Ingres, Delacroix y Corot, así como de las propuestas de la Escuela Realista y Barbizon de Gustave Courbet y Jean-François Millet, que pintaba a los trabajadores campesinos en entornos rurales. Estaba absorbiendo todo aquello que admiraba para desarrollar su propia estética del paisajismo moderno.

En 1856 recibe clases en la École des Beaux-Arts con el profesor Henri Lehmann, quien a su vez fue alumno de Ingres. De forma simultánea, obtuvo la protección de Anton Melbye, para trabajar en su estudio, con óleos que arrastran todo el follaje y la sencillez natural del trópico, y algunos elementos exóticos. Paisaje Tropical (1856, Colección de la Galería de Arte Nacional) es una de esas obras desarrolladas en el taller del hermano mayor de Melbye, despues de su travesía venezolana, en una escena de un pueblo de la costa, con casas de bahareque y palmeras, mientras los personajes se transportan en burros. Se comienza a denotar así la sensibilidad de Pissarro por la luminosidad del paisaje.

Camille Pissarro, Paisaje Tropical, 1856, Galería de Arte Nacional, Caracas.

Entre 1857 y 1861 frecuentó los talleres libres en París, en especial la Academia de Jules Suisse, que permitía a los alumnos trabajar libremente sin recibir las correcciones de ningún profesor. Inmerso en este mundo, se acerca al paisajista francés Camille Corot, en quien buscaba orientación como un maestro. Sin embargo, Corot un día le responde: “Porque eres artista, no necesitas consejos. Con esta excepción, debemos estudiar sobre todo los valores”.

Se pueden hacer cosas tan bellas con motivos tan pequeños… dos sauces, un poco de agua, el puente… Felices, los que encuentran belleza en lugares modestos donde otros no ven nada. Todo es bello, lo que importa es saber interpretarlo…”.

Carta de Camille Pissarro de 1893, refiriéndose a la obra de Corot.

La primera vez que reciben una obra de Pissarro en el Salón Oficial de Arte Francés fue con la obra Paysage de Montmorency (1859, Museo de Orsay) un óleo sobre madera que fue ubicado en el Palais des Champs Elysées. En los salones de 1864 y 1865 Camille Pissarro hace mención a Corot como su maestro (junto a Anton Melbye). Su participación en los salones oficiales fue recurrente hasta 1870. El escritor y gran conocedor del ambiente artístico parisino de la segunda mitad del siglo XIX, Emile Zola elogia en varias oportunidades su obra, como una Ribera del Marne, en 1866. Pero al ver El jardín de Maubuisson en el salón de 1868 exclama: “Pero qué tierra viva, qué verdor lleno de savia, qué vasto horizonte. Después de unos minutos de examen, creí ver el campo abrirse ante mí”.

Camille Pissarro, Paysage a Montmorency, 1858
Camille Pissarro. Orillas del Marne, 1864. Préstamo de Glasgow Life (Glasgow Museums) en nombre del Glasgow City Council. Donación de los Trustees of the Hamilton Bequest, 1951.
Camille Pissarro,1867ca, Le Jardin de Maubuisson, Pontoise. NGP Prague

Ya casi al final de su vida, Pissarro tendría otra conexión intelectual con Emile Zola: luego de leer su artículo “J’accuse”, se sumó a la defensa del Capitán Dreyfus. Su posición le valió la ruptura de una larga y estrecha amistad con Edgar Degas, así como con otros artistas que manifestaron su antisemitismo, como Cézanne y Renoir.

Camille Pissarro fue uno de los artistas que formaron parte, en 1863, de un salón adyacente que dispuso Napoleón III para las obras de los artistas rechazados en la exhibición anual. En el Salon des refusés se incluyeron tres piezas de su autoría, y la exhibición atrajo mayor atención que el salón oficial, por el escándalo para los conservadores que no se esperaban esa propuesta del gobernante y por la curiosidad del público de ver algo diferente a lo tradicionalmente establecido.

El encuentro de las sensaciones

Paul Cézanne y Claude Monet conocieron a Pissarro en los talleres libres. Aunque eran colegas, Cézanne en su vejez firmó un catálogo como “alumno de Camille Pissarro”. Y en su admiración hacia el padre del impresionismo dijo una vez: “Pissarro tenía sobre los demás impresionistas la ventaja de haber aprendido a dibujar directamente de la naturaleza, en lugar de tener que desaprender las lecciones de la Academia”.

Las obras de Pissarro de la primera mitad de la década de 1870 se destacan por pinceladas pequeñas y el uso de colores brillantes. De esta forma, lograba registrar en el lienzo las sensaciones que experimentaba en la naturaleza. En su búsqueda de un nuevo sentido del espacio, experimentaba en compañía de Cézanne los efectos de restringir la gama cromática de sus paletas. Ambos solían pintar los mismas escenas y comparaban sus resultados.

Cézanne y Pissarro, Auvers-sur-Oise, 1874.
Interpretación de Cézanne y Pissarro del mismo paisaje.

Decía Cézanne que los mejores cuadros de su maestro eran los que pintó de Louveciennes en ese período, donde también compartió con Monet, Renoir y Sisley. Pero 1870 también puede considerarse el más dramático para Camille Pissarro, quien debió huir de Louveciennes debido a la guerra franco-prusiana. La circunstancia le abre también una oportunidad, cuando un año después conoce en Londres a quien sería su gran marchante, Paul Durand-Ruel. Expone en su galería y luego participa en la First Annual International Exhibition. También es la oportunidad para formalizar su unión con Julie Vellay, con quien vivía desde 1860. De regreso a su hogar, encuentra su taller devastado, incluso algunos lienzos fueron utilizados como alfombra. Producto del saqueo, sólo se lograron salvar 40 telas de 1.500.

La actitud rebelde de Pissarro influye para que el 15 de Abril de 1874, los impresionistas dieran el salto que marcaba distancia con el salón oficial de París. Se funda así la “Société anonyme des artistas, peintres, sculpteurs, graveurs, etc.” y realizan su primera exposición en el taller del fotógrafo Nadar en París. La crítica no se hizo esperar, en posiciones encontradas. Sin embargo, habría que destacar la del crítico Jules Castagnary, que escribiría en “Le Siécle” del 29 de abril del mismo año:

“¡Qué forma más rápida de comprender el objeto y qué pincelada más curiosa! ¡Es cierto que es muy corta, pero qué indicaciones tan precisas permite!…(…) Si alguien quiere definirles con una única palabra, representativa de sus pretensiones, tiene que inventarse: Impresionistas. En el sentido de que no pintan un paisaje, sino la sensación que produce ese paisaje”.

Jules Castagnary

Aunque mantuvo un estudio en París, y buscaba hoteles que le ofrecieran vistas inigualables de la ciudad, Pissarro prefirió vivir en lugares más rurales, como localidades de Valle de Oise (Montmorency, La Roche-Guyon, Osny, Éragny y Pontoise) y Louveciennes (cercano a Versalles) e inclusive viajó a las costas francesas de Dieppe y Le Havre. Cada lugar era distinto, pero el artista buscaba elementos familiares en el paisaje. Después de la frondosidad del Caribe, Pissarro pasó a pintar los campos cultivados y los jardines, y aunque la morfología de ambos continentes es distinta, hay algo que se hace común a través de sus obras, inclusive cuando pasa a dejar su impresión del escenario urbano. Hay cuadros en los que adopta el mismo punto de vista en años diferentes. Repite la vista de Bords De L’oise Pontoise en 1867 y 1882, y sin embargo, la técnica le da la particularidad única a cada lienzo.

Camille Pissarro - Bords de l'Oise a Pontoise (Banks of the Oise at Pontoise) 1867. Denver Art Museum.
Camille Pissarro - Bords de l´Oise, Pontoise - 1873. Indianapolis Museum of Art
Camille Pissarro - Bords de l´eau à Pontoise - 1872. Colección privada Lucille Ellis Simon

Otro aspecto que destaca en la obra de Camille Pissarro es la representación protagónica de los aldeanos de la localidad. La mayoría de los lienzos que mostró en la exposición impresionista de 1882 se enfocaban en retratos monumentales de esas personas del campo. Una de sus obras más emblemáticas es La Lavandera (1880), cuya modelo es una vecina de 56 años llamada Marie Larchevêque. Y seguiría esa tendencia en el tiempo, de dibujar en primer plano la humanidad de trabajadoras como se puede apreciar en otro lienzo de La Lavandera (1898, colección privada) o en Girl Sewing (1895, Art Institue of Chicago).

Realmente, de forma individual o en colectivos, Camille Pissarro estaba interpretando la fuerza laboral de su entorno. Desde aquellos cargueros del muelle de St. Thomas, a los mercaderes de Caracas, hasta llegar a los comercios parisinos y los que recogen las siembras.

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El arte era un espacio de libertad, de expresión. Aunque se preocupaba por vender, Camille Pissarro nunca puso esa motivación por encima de la creatividad artística. Estudiaba sus temas con meticulosidad, cualidad que lo distinguiría entre sus compañeros impresionistas. No obstante sabía que sus paisajes exóticos cautivarían la atención de los parisinos al llegar del Nuevo Mundo, a donde por cierto, nunca más volvió. Existe una carta que da testimonio del interés de un amigo de Lille, P. Lecreux, que ofreció 230 francos por un pequeño paisaje de 59 x 30 cm. Precio bastante considerable, puesto que en París sus obras se cotizaban por debajo de los 100 francos.

Como todos los artistas, Pissarro tuvo dificultades económicas al inicio de su carrera, pero la precariedad estaba más asociada a la necesidad de mantener una familia numerosa. Tuvo ocho hijos nacidos entre los años 1863 y 1884. Llevaba un estilo de vida modesto que le permitía pasar estadías entre el campo y la capital. De vuelta a su visión expositiva y de promoción, Camille Pissarro conjuntamente con la pintora Berthe Morisot fueron los únicos que participaron en las ocho exposiciones de los impresionistas, organizadas entre 1874 y 1886. Y las cantidades eran considerables: de cinco obras que exhibió en la primera muestra, en 1874, pasó a 12 en 1876; 22 en 1877; 38 en 1879; 12 en 1880; 28 en 1881; 36 en 1882; y 20 en 1886.

Unió a los impresionistas, pero también fue el primero en romper filas, cuando comenzó a observar la técnica de otros artistas mucho más jóvenes, y se propuso abrirles el camino. Eran pintores contemporáneos con su hijo Lucien, quien siguió los pasos del padre, y entre ellos estaban Georges Seurat y Paul Signac, con un nuevo estilo: el puntillismo o divisionismo. De su etapa puntillista, La cosecha de manzanas (1888) es un ejemplo magistral. Los pequeños trazos de amarillo, verde, azul y rosa se mezclan al alejarse el espectador del lienzo, para crear vibraciones luminosas de la vida rural.

Camille Pissarro. Cosecha de manzanas. 1888.

Pissarro se interesó tanto en el nuevo postulado artístico que la adaptó a sus motivos paisajísticos durante 1886 y 1889, de los cuales dos obras se expusieron en la Exposición Universal Internacional de París (1889). Pronto regresaría a sus orígenes, porque el detalle de la pincelada le tomaba demasiado tiempo y su producción mermaba. Vale decir que el artista no sólo seguía a las generaciones de pintores como fuente para su propia inspiración, sino que muchas veces los orientó para abrirles carrera. Tuvo un interés especial en enseñarle a pintar a Gauguin en Pontoise, quien en 1876 presenta un cuadro muy al estilo de Pissarro para el salón oficial. El filósofo y crítico de arte Herbert Read señaló la influencia de Camille sobre Matisse, ayudándolo a conocer la significación de la obra de Cézanne y aconsejarle que se vinculase a Signac. Read consideró al artista como «la inteligencia más sensible de toda esta época» (finales del siglo XIX).

Toda técnica interesaba a Camille Pissarro. Si a su llegada a Francia conoció el daguerrotipo de la mano de Anton Melbye, pupilo directo de Louise Daguerre, el grabado inspiró otro aprendizaje intuitivo. El aguafuerte lo impulsó a adquirir su primera prensa de talla dulce en 1894, con la que trabajó de forma comunitaria en compañía de su hijo Lucién. Pero mucho antes, en 1873, trabajó la litografía en la prensa que tenía el doctor Paul Gachet (el mismo que fue retratado por su paciente, Vincent van Gogh) en su casa de Auvers-sur-Oise. Edgar Degas lo inició en el monotipo en 1879 y fue coleccionista de las estampas de Pissarro. Siempre innovando, ayuda a su hijo a fundar, en 1894, el Éragny Press.

Su etapa postimpresionista no entusiasmaba lo suficiente a Durand-Ruel, quien además estaba en dificultades económicas tras la caída del mercado bursátil que casi lo arruina. Pero en cambio Theo van Gogh lo acoge y organiza en febrero de 1890 una exposición en la galería Boussod & Valadon, de la que era director. El éxito se tradujo en cinco piezas vendidas y una elogiosa crítica. Desafortunadamente, Theo murió en 1891, un año después que su hermano Vincent, y Pissarro se encontró sin comerciante nuevamente. Cuando se disparan los precios del arte en 1890, por el boom del impresionismo, sus obras quedan algo rezagadas, con una venta entre un 10% y un 20% del equivalente de un Monet, como refiere en una entrevista su bisnieto Joachim Pissarro, profesor de historia del arte y quien ha participado en el catálogo razonado más completo del artista, con más de 1.529 pinturas, incluidas 213 obras inéditas. Sin embargo, la consagración de Pissarro vuelve de la mano de la Galería Durand-Ruel en 1892, una vez saldadas las diferencias. En 1899, el galerista incluyó 36 lienzos de Pissarro en una importante muestra colectiva impresionista y un mes después compila sus logros artísticos desde 1870 en una pequeña retrospectiva. Ambos eventos fueron bien recibidos y con buenas ventas.

Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia (1897). Museo Nacional Thyssen-Bornemisza.

El mercado del arte, en lo que a Pissarro se refiere también ha venido salpicado de polémicas, derivadas del exterminio Nazi y del expolio de arte al pueblo judío durante la II Guerra Mundial. Entre esas disputas ha sido reciente la noticia sobre la obra Rue Saint-Honoré por la tarde. Efecto de lluvia (1897) que permanecerá en el Museo Nacional Thyssen-Bornemisza, luego de la sentencia de un tribunal de apelaciones en Estados Unidos, en agosto de 2020.

El tiempo no ha mermado la relevancia del patriarca impresionista. En 2014, por ejemplo, una pintura de la serie Boulevard Montmartre se vendió en Sotheby’s por 32 millones de dólares, mientras que el último récord del artista rondaba los 10 millones de dólares veinte años atrás. También en 2018, la obra Paisaje con álamos, tiempo gris, Éragny (1899, Museo de Israel, Jerusalem) batió récords en subasta, cuando el martillo de Christie’s marcó los 3 millones 364 mil euros, obra que en algún momento llegó a estar en la colección de los Rockefeller. Este es uno de los cuadros que expresa la inspiración de Pissarro por los jardines y prados de su propia casa. “Es muy hermoso aquí, puedes hacer una obra maestra con casi nada”, le escribió el artista a su hijo Lucien. Y dice su bisnieto Joachim: “Pissarro nunca se cansaba de Éragny. Sus viajes siempre lo trajeron de regreso con recursos renovados”.

Boulevard Montmartre, 1897. Paisaje con álamos, tiempo gris, Éragny (1899, Museo de Israel, Jerusalem)

Éragny fue mucho más que un hogar para el artista. En ese lugar pudo desarrollar una labor comunitaria en sus campos. Su familia se alimentaba de las siembras que cultivaba su esposa Julie. Cuando Pissarro no pudo pintar más al aire libre, producto de una enfermedad ocular que le producía un constante lagrimeo, comenzó a sustituir la campiña francesa por el paisaje urbano, donde París será la estrella. Pinceló el lienzo desde la perspectiva de un ave que mira la ciudad a la altura de habitaciones de hoteles y de apartamentos que alquilaba. Este cambio comenzó a gestarse desde 1888, año en el que también le envía a sus sobrinas, Esther y Alice Isaacson, una serie de dibujos encuadernados en un libro que se llamó Turpitudes sociales (1889), que se puede traducir como “deshonras sociales”. Este es el único trabajo del artista que expresa abiertamente sus creencias políticas en contra de la burguesía y la sociedad capitalista moderna. Cabe decir que en una entrevista, su bisnieto, Joachim Pissarro, aclara que el artista no era marxista, aunque luchara contra un mismo enemigo.

Pissarro no iba a permitir que su enfermedad ocular le impidiera pintar. Y aunque experimentó captar la escena con un solo ojo, halló una mejor solución en los espacios cerrados. Así se lo va contando a su hijo Lucien por correspondencia:

Voy a hacer una serie de los bulevares, en pequeños cuadros, donde mostrar los efectos de la luz, me desplazaré a París, me resultará divertido vencer la dificultad de la perspectiva desde lo alto, he cogido una habitación espaciosa en el hotel de Russie desde el que se dominan todos los bulevares en sucesión, si te decides a venir a París, en la habitación hay dos camas”.

En 1897 descubre que desde el Grand Hôtel de Russie puede captar los detalles de dos boulevares de París: Montmartre y el de los Italianos. Se hospedó allí durante tres meses, de febrero a abril, y creó dieciséis lienzos. En 1899, Pissarro alquila un gran apartamento en 204, rue de Rivoli con ventanas que daban al Jardin des Tuileries. Pintó ocho paisajes de los jardines con vistas hacia el Louvre. Luego lo vuelve a alquilar hasta 1900, y realiza catorce lienzos desde ese mirador. El espectáculo de la vida urbana al paso de las estaciones fue su nueva pulsión.

Boulevard Montmartre: Mardi Gras, 1897. Hammer Museum.
Camille Pissarro. The Boulevard Montmartre on a Winter Morning, 1897. Metropolitan Museum of Art.

Camille Pissarro, El Boulevard Montmartre de noche. 1897. National Gallery of London.

Aplica la misma estrategia durante su último viaje a Londres, y desde el Hotel Savoy convierte su habitación en un taller. De esa experiencia le vuelve a escribir a su hijo: “Me fascina el puente de hierro, lo he pintado un día de lluvia, se llena de tráfico, de carruajes y de la animación de la vida urbana, he encontrado una habitación con buenas vistas, desde el hotel de Inglaterra”. También al norte de Francia, en la ciudad portuaria de Rouen, Camille Pissarro atrapa el escenario desde esa perspectiva aérea. En 1898 le escribe a Lucien: «Ayer encontré un excelente lugar desde el que puedo pintar la rue de l’Épicerie e incluso el mercado, uno realmente interesante, que tiene lugar todos los viernes«. Al final, pintó tres veces el mismo paisaje, pero de todos, sólo el lienzo que es parte de la colección del Metropolitan (MET) presenta el mercado en la place de la Haute Vieille-Tour en plena actividad, Rue de l’Épicerie, Rouen (Effect of Sunlight) (1898).

Camille Pissarro, Rue de l'Épicerie, Rouen (Effect of Sunlight), 1898.

Y también desde los pisos altos el artista aprecia las vías fluviales como el Sena o las zonas portuarias. Vista que le ayuda a introducir en sus cuadros un elemento excepcional de la modernidad: los barcos al vapor. Curiosamente, el joven que aprendió a pintar desde los muelles de St. Thomas y al calor del caribe venezolano, dedicó sus últimos lienzos a la representación de la actividad naviera. La reiteración temática vuelve a hacerse evidente en sus piezas como The Outer Harbour of Le Havre, Morning, Sun, Tide, (1902, Colección de Musée d’art moderne André Malraux).

The Outer Harbour of Le Havre, Morning, Sun, Tide, 1902. Colección de Musée d'art moderne André Malraux.

Ya cerca del ocaso de su vida, Camille Pissarro pinta su Autorretrato (1898, Museo de Arte de Dallas, Texas) a los 68 años. Este lienzo con trazos si se quiere algo toscos, destaca su larga barba y unos ojos algo caídos, pero que permanecen atentos en contraste con una suerte de melancolía que se oculta detrás de los lentes. De los aproximadamente cinco autorretratos que realizó en su vida, este es el único en el que sostiene su paleta para pintar. Pissarro nos observa y es como si se encontrase consigo mismo, empuñando la libertad desde un pincel.

Camille Pissarro. Autorretrato, 1898.

Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. Dedicada al periodismo corporativo por más de 25 años. IG: @ingervpr.

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