Nela Ochoa según Lucía – Mirar adentro

Por Lucía Pizzani

Fotos y videos cortesía de Nela Ochoa y Lucía Pizzani

Mientras reviso catálogos y me pierdo en recuerdos para tratar de articular un discurso sobre la artista venezolana Nela Ochoa, mi madre, de pronto pienso en ese momento en que su historia se volvió nuestra historia. Ella estudiaba diseño en el Instituto Neumann, donde se formaron muchos artistas en esa época. Era el comienzo de los setenta y entre los profesores que más recuerda se pueden mencionar a Gego, Argenis Madriz, Abilio Padrón y Hanni Ossott. Al mismo tiempo Nela estudiaba Danza con el grupo Contradanza fundado por Hercilia Lopez. Activa e inquieta desde siempre, había crecido en las faldas de El Ávila en una ciudad amable, rodeada de verde y asistiendo a clases de pintura, dibujo y danza. Fue a la mitad de sus estudios en la Neumann que Nela salió embarazada de mí, allí comienza nuestra historia común.

Nela y Lucía en La Sala Mendoza, por la XII edición del Premio ganado por Lucía, foto de Carmen Cordovez. Lucía, Sebastián y Nela, foto Lucía Pizzani.

De lo que me antecede, pero que tengo muy presente, por historias que me contaba a mí y a mis hermanos, Nela siempre fue una niña curiosa, amante de los animales y la ciencia, y feminista de corazón y actitud. Criada en una Caracas de los cincuenta, fue la única niña de 4 hijos. Nela amaba subir cerro, montar caballos, y no le temía a las culebras o las peleas con los niños de su cuadra o sus hermanos. Al crecer, dos hermanos se convirtieron en doctores y el otro siguió los pasos del abuelo José María y se convirtió en ingeniero. Aunque mi madre siguió el camino de las humanidades esa cercanía familiar con las ciencias permaneció con ella y ha impregnado su obra a lo largo de los años.

París: Danza y Video

En 1981 nos mudamos a París. Mi padre el pintor venezolano Jorge Pizzani estaba allá, y aunque ya estaba separado de mi madre, impulsó la idea para poder estar todos en la misma ciudad. En esos 5 años de vida en Francia, Nela se dedicó por completo a la danza. Estudió en la academia fundada por Françoise y Dominique Dupuy en 1955 y la pieza con la que se graduó fue la coreografía titulada Del Porte de Niños. Las diferencias culturales que fue observando en el contexto parisino, inspiraron dicha obra que juega con los gestos que ella asociaba a su país natal.

La diferencia de lenguajes corporales la llevaron a buscar e investigar y producir una serie de coreografías que denominó Gestografías. Me permito citar las lúcidas palabras del crítico de danza Carlos Paolillo quien escribió sobre estas obras lo siguiente: “De algún modo, Nela Ochoa remite a las aguerridas heroínas estadounidenses de la danza libre de principios del siglo XX, por su búsqueda de ruptura expresiva a través del movimiento y su intuitiva habilidad para encontrar en el más pequeño gesto corporal su impulso generador. La creadora interpreta los principios científicos de Francois Delsarte sobre la gestualidad cotidiana, llevándolos con agudeza a su propio contexto. Universal y auténticamente venezolana, aunque muy lejos de una connotación nacionalista, es la obra coreográfica de Ochoa, que ella opta por denominar gestografía.”

Nela Ochoa. San Joaquín es un gesto. Video.

En esos años conoció a su compañero de vida: el escritor venezolano Antonio López-Ortega y formamos una nueva familia. Muy años ochenta, ya que muchos de mis amigos eran hijos de divorciados y había toda clase de recombinaciones del modelo tradicional, que alguna vez fue dominante. Fueron años rodeados de intelectuales y artistas y no pasó mucho tiempo para que mi madre los conminara a un trabajo colectivo, su primer video arte: San Joaquín es un Gesto. Nos fuimos un grupo de unas 15 personas a una casa en el campo francés a congelarnos y a grabar el video que fue realizado toma a toma directamente en la cinta ya que no se contaba con procesos de edición. Fue mi primera experiencia de actuar en uno de sus videos. Esto se repetiría con mayor intensidad en los años sucesivos.

Lucía en la filmación de "San Joaquín es un gesto". Nela coordinando la filmación de "San Joaquín es un gesto". Foto Milton Becerra.

Las Dunas de Falcón

Las dunas de la península de Paraguaná fueron un paisaje recurrente en las obras de Nela Ochoa a finales de los ochenta y principios de los noventa. Su videografía se apropió de este desierto como escenario atemporal de historias del futuro, en caso de Topos (1987) o de tiempos indefinidos como lo fue Que en Pez Descanse (1986). En este video yo era la niña que al bañarse en el mar en Viernes Santo, se convertía en pez al final de la cinta. Ella exploraba las complejas connotaciones morales de tradiciones religiosas y su gestualidad con esta obra.

Nela Ochoa. "Que en pez descanse". Video 1986.

La producción y coordinación de todos los videos que se hicieron desde que volvimos a vivir en Venezuela estuvo a cargo de Carmen Cordovez. Amiga entrañable y cómplice en todas las aventuras de mi madre, su aporte fue determinante. Pero la actividad no se limitó al video, Nela realizó nuevas coreografías e instalaciones alrededor de los temas que estaba investigando, fue una etapa de un gran auge artístico para ella. El Invernadero instalación que incluía el video Topos ganó el Premio Arte No Objetual del Salón Michelena, (Ateneo de Valencia, 1987). Sucedido por un torbellino de participaciones en Festivales internacionales: Festival de Arte de Danae (Francia), Bienal de Video de Medellín (Colombia), Muestra Internacional de Cine y Video Montecatini (Italia), entre otros. Recuerdo los múltiples premios que recibió en 1988 en la Fundación Celarg y luego en la “V Edición del Festival Nacional de Cine, Video y Televisión” en Mérida en 1990. Debo decir que crecer con este quehacer de entrega a la obra, una obra en la que en ocasiones nos involucraba y que siempre irradiaba entusiasmo, fue un gran ejemplo que quedó en mi inconsciente y afloró muchos años más tarde cuando tomé ese mismo camino.

Nela Ochoa. Topos. Video 1987.

Nela Ochoa. Instalación Invernadero. Topos, 1987.

Del Amazonas a Nueva York

Los noventa llegaron con todo. Yo empezaba la universidad y Caracas ofrecía exposiciones, conciertos y una actividad cultural nacional e internacional incesante. Esto se extendía al interior del país con la Bienal de Guayana en Bolívar, el Salón Michelena en Carabobo y el Salón Aragua, entre otros salones regionales en los que participó y recibió reconocimientos Nela Ochoa. Ella fue protagonista, a pesar de que la escena venía siendo dominada por la presencia de artistas hombres. Un ejemplo claro fue la muestra “Caracas 10”, en la Galería de Arte Nacional (GAN), a la que no fue invitada a participar ninguna mujer. A ello se refirió el crítico y curador Roberto Guevara en su artículo de El Nacional del 2 de noviembre de 1993, el cual tituló: “Caracas 10 más una” ilustrado con una obra de la serie de Radiografías intervenidas de Ochoa.

Nela Ochoa. Baños de sangre, 1993, la primera video escultura que entró a la colección del Museo de Arte Contemporáneo Sofia Imber y De tripas rosetón. Obras de Alter Altare, Sala RG del Centro Rómulo Gallegos. 1993.

“Paralela a la exposición de los diez en la GAN, Alter Altare de Ochoa es la culminación de búsqueda dentro de la coreografía, el video, las instalaciones, el performance, y medios como la pintura y la escultura ambos intervenidos. El cuerpo como Altar es una postura de avance, definida, terminante.” dice Guevara. Alter Altare fue su primera exposición individual a nivel institucional. Realizada en la Sala RG del Centro Rómulo Gallegos, dirigida por Zuleiva Vivas. Ese mismo año fue invitada por la escritora Celeste Olalquiaga a exponer en el New Museum en Nueva York. La exposición titulada The Final Frontier (La última frontera) incluía a Sammy Cucher, Jose Antonio Hernandez-Díez y a Ochoa. Allí presentó una de sus primeras video-esculturas Water Rituals (1993).

Water Rituals, 1993. Nueva York, EEUU. Reseña en el NY Times.

Fui educada bajos preceptos feministas, y eso se lo debo a mi madre, recuerdo unos libros maravillosos de una serie titulada “A Favor de las Niñas”. Este legado del movimiento feminista de los setenta nos hizo evidente la exclusión o desigualdad que sufrían las artistas mujeres en la escena venezolana. Esto ciertamente no era un problema aislado, lo cual años más tarde probarían ambiciosos proyectos como “Radical Women” curada por Cecilia Fajardo Hill y Andrea Guita. Sin embargo, mi madre tuvo en esa década una producción increíblemente fértil y poderosa.

Recuerdo mucho su participación en Travesía un extraordinario viaje por el Amazonas Venezolano organizado por la Fundación Calara, cuyo mastermind fue el curador Luis Ángel Duque. Acompañada de un grupo de ocho artistas nacionales e internacionales pudieron convivir con comunidades Yekuana y Yanomami durante dos meses. Al mismo tiempo, yo acababa de fundar el grupo ecológico en la Universidad Católica Andrés Bello (UCAB) y justo volvía mi madre con las historias de la nueva pista de aterrizaje que se estaba construyendo en La Esmeralda, que iban a enrejar e impediría el paso de la comunidad hacia el río. Ella elaboró una intervención en la pista con pedazos de madera que quedaron al vaciar un gran tronco que los indígenas estaban convirtiendo en curiara. La foto de Andrés Manner quedó como registro de esta simbólica obra, Paso Yekuana, que luego fue portada de la Revista Estilo el año siguiente. Otra de las obras que surgieron a partir de este viaje fue la video instalación Ruinas Circulares-Hoyano (1997). Son imágenes de shabonos y churuatas abandonadas proyectadas de forma cenital sobre un círculo de arena rodeado de cenizas. El título hace referencia al cuento homónimo de Jorge Luis Borges y al nombre yanomami: Hoyano que les dan a dichas construcciones cuando son abandonadas para siempre.  

En el proceso de la instalación de Paso Yekuana, durante el proyecto Travesía, que fue portada de Estilo Fotos de Andrés Manner. Instalación de Ruinas Circulares-Hoyano.

Este viaje fue un hermoso ejemplo de la influencia de mi madre en mi historia personal. Respondiendo a esta problemática de la construcción de la pista y su gran reja, decidimos viajar a La Esmeralda para realizar un documental con el grupo ecologista de la UCAB. Este fue el primero de varios viajes que realicé a este increíble territorio, y parte de un vínculo con la naturaleza que se fue extendiendo en mí hasta llegar a mis años de trabajo junto a la ONG Provita. Este interés por el ambiente y la naturaleza luego afloraría en mi obra artística cuando años más tarde, ya viviendo en Nueva York, di mis primeros pasos como artista visual.

Otro proyecto importante en esa época fue Caballo de Troya en el que convocaron a un grupo multidisciplinarios de artistas y pensadores a trabajar en el Retén de Catia. Nela se enfocó en grabar conversaciones con los presos, les preguntaba por su canción favorita y qué harían al salir de la cárcel. Ella explica que “el sentido del oído era el menos intervenido en el cautiverio, ya que podían escuchar la misma radio o canciones que oían al estar libres y que al indagar sobre los deseos que tenían para cuando estuvieran libres, les abría una ventana hacia el futuro.” Ochoa tituló su obra Voces del retén y compiló estos audios en una instalación sonora que se presentó en el Museo Jacobo Borges, junto a los demás artistas invitados. Entrabas en un túnel, muy muy oscuro y esas palabras llenas de angustia y esperanza penetraban profundamente… fue una obra impactante, sin ser visual.

El cuerpo, siempre el cuerpo

El recorrido de Nela empieza con el cuerpo, sus estudios de danza y la gestualidad que luego graba en sus primeros videos. Una traslación de lugares y costumbre ocurre en sus primeros trabajos como San Joaquín es un gesto. Allí los movimientos pendulares y recurrentes de los vendedores ambulantes, en la autopista entre Caracas y Valencia son registrados en el medio de un camino rural en el invierno francés.

Ya se veían cuerpos desnudos en San Joaquín, años más tarde exploraría esa desnudez a mayor profundidad cuando realiza el performance Muñecas en el que desmitifica el cuerpo de la mujer haciendo referencia directa a sus fluidos internos. Cinco mujeres, vestidas sólo con una delgada capa de tul rosado, metidas en cajas como Barbies y cada una identificada con un sentido, ofrecían a los espectadores participantes probar o verificar sus: Lágrimas, sudor, moco, saliva y cerumen, acompañadas por un rimbombante presentador personificado por el bailarín Miguel Issa. Pero cada vez Ochoa fue buscando más adentro. El siguiente paso fue trabajar con radiografías y de allí pasó a sus investigaciones sobre el mapeo del ADN humano. Esto ocurrió con el cambio de siglo, los dos miles vinieron cargados de nueva información científica a la cual Ochoa buscó tener acceso a través de diversos centros de investigación nacionales e internacionales. Recuerdo su entusiasmo al recibir las correspondencias de genetistas y científicos.

Nela Ochoa. Video Eco Genético (2004).

En el texto “Tercera Naturaleza” que escribió Celeste Olalquiaga, sobre la obra de mi madre, ella explica que “El trabajo reciente de Nela Ochoa se dirige a ese particular entrelazamiento de naturalezas biológicas y culturales en que vivimos hoy en día. Apropiándose hábilmente de los códigos genéticos, cuyo poder social reside en buena parte en su carácter críptico, abstracto e intangible (es decir, en la dificultad de su comprehensión), Nela los transforma en una realidad concreta y cercana.”

En una conversación entre Julio Ortega y Nela Ochoa ella cuenta este recorrido claramente y el cómo se han retroalimentado sus obras e investigaciones a lo largo del tiempo. “Las radiografías de baleados que tanto desarrollé en los noventa, ahora se impregnan de los genes que propician esa violencia. Eco Genético (2004) -una secuencia genética relacionada con la memoria del miedo y que imprimí sobre papel- ahora pasa a ser un video.»

«De alguna manera, las obras son como capas de piel que se superponen o se tejen en el tiempo.”

Nela Ochoa

En esta gran serie de obras realizadas siguiendo, y de alguna manera traduciendo, los códigos genéticos que ha ocupado a Ochoa en los últimos veinte años, los materiales siempre varían. Se relacionan con lo que enuncian, como por ejemplo el Gen BRCA 2 una secuencia genética relacionada al cáncer de mamas realizada con los cierres plásticos de sostenes (sujetadores). Sus colores imitan tonos de piel, del beige al marrón y el resultado se vuelve casi cinético. Hay un acercamiento de ready made en estas obras, ya que se inician con objetos o fragmentos de objetos preexistentes. De esta forma las piñaterías y bazares se vuelven lugares de inspiración para Nela, hay una combinación de lo popular y lo científico en estos ensamblajes.

Nela Ochoa. BRCA2. Colección Fundación Banco Mercantil.

En el 2001, Nela realiza Desentierro, una instalación de fragmentos en látex sobre los cuales imprimió su propio ADN. Mucho antes de se pudieran encargar estudios del ADN online, Ochoa buscó los laboratorios que le hicieran su secuencia; en aquel momento sólo se usaba esto para pruebas de paternidad. El resultado inicial fue sobre vidrio, ella luego lo digitalizó y lo imprimió en papel para poder transferir estas marcas al látex. La instalación fue producida para la IV Bienal Barro de América en Sao Paulo que se llevó a cabo el mismo año. Nela estaba en Sao Paulo y yo me acababa de mudar a Nueva York, estábamos muy lejos cuando ocurrió el atentado a las torres gemelas, fueron días estremecedores donde nos dolió esa lejanía.

Este evento cambió la historia contemporánea, y al mismo tiempo de algún modo había una gran crisis creciendo en Venezuela. En los noventa vivimos el sangriento golpe de estado de Chávez y varios episodios de disturbios y saqueos. Pero la violencia urbana que habíamos padecido, manifestada también en robos y secuestros exprés muy comunes en la época, sólo empeoraría después que dicho militar finalmente se hiciera con el poder al ganar las elecciones en 1999. El principio de siglo coincidía entonces con el comienzo del deterioro de mi país. Hoy en día, 21 años más tarde las pruebas son infinitas.

Nela estuvo muy activa en las protestas contra el régimen desde el comienzo. Quizás incluso ese clima de constante opresión la animaron a buscar otros horizontes y estuvo exponiendo en el exterior con frecuencia. En el 2008 intervino los jardines del Miami Beach Botanical Garden organizado por la filántropa y coleccionista Andreína Fuentes. La exposición presentaba grandes esculturas de los códigos genéticos de la flora local. Al año siguiente tuvo una gran retrospectiva en el Frost Museum (Miami) curada por la historiadora de arte e investigadora Julia Herzberg y apoyada también por Faría+Fábregas ya que Henrique Faría había invitado a Nela a varios proyectos expositivos en Nueva York a lo largo de los años. Varias exposiciones en la Galería Sextante de Bogotá también fueron organizadas en esos años y allí también se produjo la publicación El Cuerpo como Altar en los talleres gráficos de dicha galería. Mientras tanto exhibía con cierta frecuencia en la Galería 39 en Caracas, con quienes también participó en ferias como ARCO Madrid.

Distintas obras de Nela Ochoa en torno al código genético. (Pulsar en las fotos para las leyendas)

Bucaneer Helix, 2008 en MBBG. Foto Mariano Costa Peuser.

Las islas: Margarita y Tenerife  

Mi madre siempre fue más feliz frente al mar, y eso lo heredamos sus tres hijos: Juan Andrés, Bernardo y yo. Los viajes a la península de Paraguaná para filmar sus videos y los muchos fines de semana playeros en los que compartimos con personajes increíbles quedaron marcados en mi memoria. En esa búsqueda del mar, Nela y Antonio se mudan a la isla de Margarita en el 2011. Sus procesos creativos les permitían buscar ese refugio y alejarse del ruido de la gran ciudad, de esa violencia constante que se había apoderado de la cotidianidad en crisis.

Allí, Nela montó su taller en el jardín y trabajó con artistas locales organizando proyectos como Arte Ambulante. En una de las acciones colectivas que organizaron, instaló la secuencia genética de la tortuga Carey en la plaza del castillo de Pampatar. Hecha con las letras del propio código: A T C G cubiertas de las texturas impresas de dicho reptil, esta obra llamaba la atención sobre el estado de posible extinción del animal, siendo las costas margariteñas un hábitat fundamental para dicha especie.

Afiche de Arte Ambulante y exposición Post-Pretérito (2015), donde se robaron varias obras y se exhibió una descripción de las mismas convirtiéndose ello en la obra. Fotos Carlos Germán Rojas.

Post-Pretérito luego también se exhibiría en el Museo de Arte Contemporáneo del Zulia en 2017. Fotos Carlos Germán Rojas.

Al mismo tiempo preparó grandes muestras como su individual Post Pretérito (2015) en el Centro Cultural Chacao curada por Lorena González. Esta exposición tuvo la particularidad de que un gran número de obras seleccionadas fueron robadas semanas antes de la inauguración. Guardadas en cajas de televisores y otros electrodomésticos los ladrones se las llevaron por error. “Al desasosiego le siguió la voluntad de –en palabras de la propia creadora– «seguir creando desde la adversidad». De algún modo el contexto estaba armando el verdadero desenlace de todo el proyecto. (…) Sin embargo, como lectora mordaz de lo real, entendió lo que estas mismas ausencias podían significar dentro del espacio expositivo. Como si se hubiera soñado a sí misma, las imágenes de lo anulado vinieron a concluir su cometido y los fantasmas se anclaron en un revelador período: donde desapareció una pieza la artista sugirió una reproducción fotográfica y su descripción criminalística como material robado, documentación viva de lo ausente que se desplegó más allá, como ese dibujo a escala que ahora presenta sobre la pared en el caso de la obra Desentierro, levantando con su propia mano la sombra compleja de una línea temblorosa que, en cierto modo, encierra la esencia a un tiempo efímero y concluyente del arte.” explica González en el texto curatorial.

Nela Ochoa, obras de la exposición Jardín genético, 2018 en Madrid.

Tras haber sufrido robos, secuestros exprés y la constante escasez de productos y alimentos un día mi madre escribió en el chat de WhatsApp familiar “Estoy haciendo maletas”. Fue un quiebre duro, nos afectó a todos, Nela y Antonio tuvieron que volver a empezar en el destino escogido: Tenerife, y nosotros no hemos vuelto a Cabo Negro desde entonces. Se fueron de una isla a otra, pero no era cualquier isla, eran Las Canarias, lugar con fuertes conexiones con Venezuela donde residían muchos familiares de Antonio. Las visitas previas ya les habían dado conocimientos y posibilidades y Nela recién mudada comenzaba esta nueva aventura con una exposición de sus videos en el Museo TEA, Espacio de las Artes de Tenerife. Estuvimos con ella en las proyecciones y fue muy especial tener esa bienvenida a esta etapa canaria.

En una nueva vida en Tenerife, exhibición de todos sus videos en el TEA, Islas Canarias. Foto Lucía Pizzani.

Instalada en su nueva casa volvió a montar su taller, esta vez en el sótano. Desde allí ha continuado trabajando y entre sus logros más recientes cuenta con la residencia que ganó en el Museo CAAM Centro Atlántico de Arte Moderno en Gran Canarias, y la Beca Pollock-Krasner que fue anunciada hace un par de meses.

A pesar de la gran pausa que nos impuso la pandemia Nela trabaja sin cesar. Este año expondrá a partir del mes de Mayo en una muestra colectiva sobre el Amazonas curada por Berta Sichel, en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC) y la obra que produjo y expuso en el CAAM acaba de ser instalada en la Universidad Las Palmas de Gran Canaria, en la Escuela de Ciencias del Mar. Titulada Mar de Fondo – Homenaje a Hokusai es una gran ola realizada con desechos plásticos recogidos en las costas de Tenerife que a la vez se presenta como un homenaje instalativo a La gran ola de Kanagawa, la icónica estampa japonesa del pintor Katsushika Hokusai. En una entrevista sobre dicha obra, Nela habla de su vida en las islas y explica que para ella son “una frontera acuática que, lejos de separarnos por mares de distintos nombres, nos unen e integran en el mundo”.

Nela Ochoa. Mar de Fondo - Homenaje a Hokusai, 2021. Foto de Nela de Nacho González Oramas.

Nela Ochoa. Obra reciente, 2020. Pulsar las imágenes para la leyenda.

La ciencia, la situación medioambiental y la aguda crisis política venezolana son algunos de los temas recurrentes en las, casi diarias, conversaciones con mi madre. Son temas que han permeado su obra y la mía y que más allá de eso, nos mueven e interesan. A lo largo de los años he tenido el privilegio de crecer junto a una madre y artista maravillosa, con quien a menudo comparto procesos e ideas en una comunicación que va en ambos sentidos y que nos enriquece aún en las diferencias o desacuerdos.

Lucía y Nela con Sebastián el hijo de Lucía, en la exposición de Lucía en la Sala Mendoza, foto de Carmen Cordovez. Antonio, Bernardo, Nela y Juan Andrés en foto de Lisbeth Salas. Antonio, Nela y Sebastián en la Isla de Margarita, foto de Lucía Pizzani.

Para concluir estas breves líneas, este intento de plasmar momentos e historias sobre Nela Ochoa me robo sus propias palabras, me robo este hermoso resumen de su quehacer el cual espero seguir acompañando, admirando y disfrutando por muchos años más.

“Mi trabajo gira en torno al cuerpo y, por evolución, a las ciencias que transparentan ese cuerpo. (…) mi obra actual está inmersa en el universo genético, de donde saco la materia prima para crear otro cuerpo, un tejido con el contenido cultural del mundo que me rodea. Veo mis obras como anotaciones, reflexiones y conexiones mentales de lo corporal que obstinadamente necesito materializar. No tengo fórmulas seguras, es el trabajo constante, la investigación, la curiosidad, la intuición, el entorno que me conmueve o me altera, lo que va formando el cuerpo de la obra.”

Nela Ochoa. Foto Lucía Pizzani.

Lucía Pizzani (Caracas, 1975) es artista visual. Vive y trabaja en Londres. Su obra se enfoca en temas alrededor del género, el cuerpo y la naturaleza a través de la fotografía, la instalación, el performance, la escultura y el video. http://www.luciapizzani.com/. @luciapizzzani

Más sobre Nela Ochoa

Página web oficial http://nelaochoa.com. Cuenta de instagram @nelaochoa

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Estilo 27