La humanidad en la perspectiva de Thomas Struth

La densidad en las fotografías de Thomas Struth es extrema. Podría hablarse de una rigurosidad en el uso de la proporción áurea. Cada fotografía parece un cuerpo que late y respira. La mirada se centra allí, donde uno ve la palpitación. Pero no existe un eje único, sino que la vista gira por cada detalle, en una lectura que añade nuevos elementos. Cada ángulo de la obra vive en su dimensión propia. Como en la poesía, se podría decir que su estilo guarda una estructura arborescente: como las ramas de un árbol se expanden, así cada detalle de su fotografía cuenta.

El artista de origen alemán (Geldern, 1954) tuvo su más reciente exposición retrospectiva en el Guggenheim de Bilbao (España), entre octubre de 2019 y enero 2020. Fue la primera individual antológica realizada a un fotógrafo en ese museo. Y no es la única vez que ha recibido honores como pionero. En el 2007 se convirtió en el primer artista vivo al que le abría sus salas el Museo del Prado, en Madrid. Y su presencia también alcanzó el Museo del Louvre, París, el Art Institute de Chicago, la Alte Pinakothek de Munich, el National Museum of Modern Art de Tokio y el National Museum of Art en Kyoto. Son tantos los destinos alcanzados alrededor del mundo, que en la medida más pequeña se puede decir que también recorrió América Latina en una colectiva patrocinada por el Deutsche Bank sobre la fotografía artística alemana que incluía a sus maestros, Bernd y Hilla Becher, y que entre 2006 y 2007  recorrió Ciudad de México, Bogotá, Lima, Santiago de Chile, Sao Paulo y Buenos Aires. 

Thomas Struth, San Zaccaria Venezia 1996
Thomas Struth, San Zaccaria. Venecia, 1996.

Su trabajo se cotiza a muy buen precio en el mercado del arte. En una subasta de Christie’s sobre la posguerra y la fotografía contemporánea, estuvo entre los mejores vendidos y la pieza San Zaccaria, Venezia (1995) alcanzó el valor de US$ 1.128.078. Era la octava impresión de una edición de 10 ejemplares, los otros están ubicados en la colección del Museo Metropolitano de Arte, Nueva York; Sammlung Marx im Hamburger Bahnhof, Berlín; Astrup Fearnley Museet para Moderne kunst, Oslo; FNAC, Le Fonds National Dart Contemporain, París; El Museo de Cleveland, Cleveland y Kunsthaus Zürich, Zurich.  Vale mencionar que más de 217 piezas de este autor se han vendido en esta casa de subastas.

En la fotografía que se menciona, mientras la pareja de espaldas observa uno de los frescos en la Iglesia, los feligreses están sentados en dirección al púlpito, salvo una señora que parece mirar, desde otro ángulo, la misma escena que Struth se propone capturar de los turistas.

Thomas Struth, Autorretrato 2000.

Un Autorretrato (2000) obtenido directamente del autor casi duplicó el precio estimado en la casa de subastas Phillips, al alcanzar el valor de US$ 810.128, en el año 2008. Generalmente el artista hace 10 copias de una misma obra, cantidad de reproducciones limitadas que la hacen más atractiva. Esta fotografía tiene la particularidad de que el autor aparece en un primer plano fuera del marco, y además fuera de foco, con un torso que escasamente lo identifica, apenas un pliego de su nuca en el encuadre. A su vez, observa en la Pinacoteca Antigua de Múnich el Autorretrato del artista más famoso del Renacimiento alemán, Alberto Durero (1500), quien a su vez mira en forma nítida a la cámara. “Al constituir un doble autorretrato de los dos artistas, la obra construye una intensidad psicológica e intimidad entre la pintura de Durero y Struth (…), hace una declaración poderosa sobre su enfoque para ver y ser visto, centrándose finalmente en la relación del artista con su trabajo. Como autorretrato, es un retrato de autorreflexión«, cita de un catálogo de A. Goldstein, «Retratos de autorreflexión» en Thomas Struth 1977-2002.

Las fotografías comienzan a adquirir mayor interés entre los amantes del arte. «Vivimos en un mundo donde los coleccionistas de hoy nunca han conocido un mundo sin fotografía«, explicó la directora del departamento de fotografías de Sotheby’s en Nueva York, Emily Bierman, en un artículo publicado por Artnet, para dar razones del interés de los coleccionistas en adquirir fotos y darles su valor artístico.

Tipologías de un pupilo

Struth estudió en la Academia de Bellas Artes de Düsseldorf de 1973 a 1980, y uno de sus primeros maestros fue el reconocido artista alemán Gerhard Richter, cuyo trabajo se identificaba como pop art germano, y creó junto a otros compañeros lo que denominaron el “realismo capitalista”. Pronto Struth descubriría que tenía poco o nada que decir en la pintura y comenzó a buscar su lenguaje en la fotografía. En ese período conoce a Bernd y Hilla Becher mundialmente reconocidos por sus paisajes industriales, además de ser los mentores de una de las generaciones de fotógrafos más importantes en el arte contemporáneo, entre los que también figuran Thomas Ruff, Andreas Gursky y Candida Höfer.  Hicieron escuela en el arte conceptual, o el arte minimalista, a través de su método de retratar zonas industriales, graneros y tanques de agua, entre otros paisajes. También siguió las enseñanzas de artistas como Ed Ruscha y Stephen Shore pioneros para entonces del arte conceptual, de quienes sigue la premisa de dar prioridad a comunicar una idea y, solo después, conocer qué técnica aplicar en la obra.

Thomas Struth. Hermannsgarten, Weissenfels 1991. Cortesía Tate Gallery.

La influencia de sus profesores es evidente en la tipología de las edificaciones. Hay un conjunto de ellas, que por la perspectiva parecen, a la distancia más larga, mariposas disecadas a blanco y negro, con sus alas abiertas. Luego que el espectador se acerca a los detalles de cada foto descubre la arquitectura en soledad y su luz. “¿Quién es responsable de cómo es una ciudad?. La estructura urbana es una acumulación de infinidad de decisiones?”, la frase de Struth se encuentra en la audioguía del Guggenheim, disponible en Internet. Las calles de Düsseldorf están dispuestas en una cuadrícula que comprende cuarenta y nueve fotografías, en formato siete por siete. Ese fue su primer trabajo exhibido en 1978, en la academia donde estudiaba en Nueva York, el PS1 Estudio, y donde además realizó su primera venta: 18 fotografías por US$ 50 cada una.

Las fotos de edificios reconstruidos después de la posguerra, que luego se prolonga a otras ciudades, no cuentan con presencia de ciudadanos o transeúntes, como si no existiera una vida urbana. Importan más las aceras, los ladrillos, las puertas y ventanas, como si desde esos muros se pudiera interpretar la situación sociopolítica que marcaba a esta generación de artistas. Me pregunto si esa ausencia podría estar asociada a un tiempo de exposición de la cámara prolongado, con el obturador lo más cerrado (1 /2 y F32, tal vez), porque me recuerda la invención del daguerrotipo:  Las personas debían permanecer estáticas para lograr la imagen, porque se requerían más de 10 minutos de exposición por la tecnología de la época. Y el primer ser humano que apareció en un daguerrotipo es un hombre que permaneció sin moverse, de pie mientras le pulía sus zapatos un limpiabotas. Struth inició este trabajo con una cámara de 35 mm y posteriormente recurrió a una cámara de placas de gran formato. Aquí debo recordar la entrevista realizada recientemente para Estilo a Miguel von Dangel cuando él dice que el trabajo de un artista es crear el misterio. Lamentablemente, he sido de las que está tratando de develarlo, sin lograrlo.  

 “Para mí las calles son el inconsciente de la gente y también mi inconsciente. Mostrar escenas callejeras tiene que ver con eso, con la llamada escena del crimen, como también la define Walter Benjamin, porque puedes decir que las calles están allí, y también las ciudades donde vivieron las personas y representaron la historia. Para mi es importante mostrar las ubicaciones, de cierta manera histórica”,

A propósito de su exposición en el Guggenheim Bilbao.

En una entrevista que le concedió a Gil Blank, para Whitewall Magazine (2007) el artista explica su obra: “Al principio, mi experiencia estaba basada en analizar las estructuras urbanas en el paisaje alemán de la posguerra, o el resultado de todo lo que vino después del Holocausto en ese momento, o más específicamente, de ser testigo de la estructura emblemática de ciudades alemanas de posguerra”.

Cuando obtuvo la residencia en la Academia de Arte de Nueva York, del MoMa (el ya mencionado PS1 Estudio, en Long Island City), entre 1977 y 1978, también llegó a ser el  primer fotógrafo en obtener esa beca destinada a artistas. Manhattan lo intimidó, pero de ese primer impacto saltarían nuevas propuestas de su línea de trabajo. Durante nueve meses y con mucha paciencia, logró captar las calles de “la ciudad de la manzana” despoblada. No es casual que la exposición del Guggenheim abrió con dos fotos de gran formato, una de Düsseldorf y otra de Manhattan, Calle Crosby, Soho, Nueva York  (1978) las dos ciudades donde ha vivido el fotógrafo.

Thomas Strut. Calle Crosby, Soho, Nueva York  (1978)
Thomas Struth. Calle Crosby, Soho, Nueva York (1978)

Con el paso de los años, y un intervalo creativo para asumir otros proyectos, Struth retoma las calles, esta vez con la saturación que le permite el color, y se enfrenta con nuevas estructuras, muy diferentes a sus primeros trabajos, cuando viajó a otras ciudades, europeas, americanas e incluso, ciudades de América Latina, que le causaban inquietud por lo diferente que era ese entorno urbano, contrario a lo que era habitual para él. Struth quería «trabajar a distancia, mantener una mirada abierta e inocente, trabajar sin ninguna narrativa o experiencia personal de la ciudad«.

De las edificaciones pasó a los museos. “Las edificaciones me abrieron la curiosidad sobre otros lugares y otros patrones del patrimonio histórico, y luego más o menos por intuición o accidente, comencé a mirar otro tipo de estructura, la de la familia. Esas imágenes fueron un punto de partida para un análisis del grupo social, de la forma en que los individuos aprenden sobre la dinámica familiar”.

De manera que pasar de un tema a otro en sus fotografías, finalmente fue una secuencia para entender al hombre, el hombre en su creación arquitectónica, el hombre en sus estructuras, el hombre frente a la cultura, el hombre en su entorno familiar. Los Retratos de Familia tratan de esbozar la raíz que define a los miembros de un clan como seres sociales. Más allá de las similitudes genéticas, mientras sus modelos miran fijamente a la cámara se establece con naturalidad un discurso que proviene de la forma de posar, la ropa que calza, el gesto que le define, la predilección ante un hermano, o el padre o  la madre. El magnetismo y el deseo del espectador por  hurgar  en cada foto tiene una razón de origen. El referente para el desarrollo de esta línea de trabajo fue una experiencia que tuvo con su amigo y psicoanalista Ingo Hartmann, quien recurría a la fotografía –con la ayuda de Struth – para representar ciertas dinámicas en la vida familiar de sus pacientes (1982). Si bien esa colaboración entre ambos quedó en el plano de la investigación científica, ciertamente fue un detonante para su proyecto fotográfico.

Al hacer retratos familiares estaba buscando como una plataforma emblemática de las ideas que tenemos en común, que todos compartimos. Incluso si observa las narrativas de familias tan diferentes como, por ejemplo, Ghana, Finlandia, Mongolia o Alemania, el hecho de una dinámica familiar construida a través de una historia de generaciones es una experiencia compartida”, dice Struth.

Hay paralelismos en los retratos de grupo y el espacio urbano: el inconsciente, que emerge desde el momento histórico que se vive. En las audioguías del Guggenheim se explica que los rastros de las estructuras tanto sociales como psicológicas resultan legibles cuando los sujetos fotografiados deciden con el fotógrafo el espacio interior y el encuadre. Les pide mirar directamente a la cámara, y dado que los tiempos de exposición son largos, no hay posibilidad de capturar alguna expresión o gesto, sino más bien una escena objetiva de la complejidad de las relaciones familiares. Nuevamente, Thomas Struth invoca las convenciones del retrato fotográfico del siglo XIX.

La dimensión personal, el elemento subjetivo, la relación generacional, así como el contexto histórico y geopolítico se hilan tan finamente en el ambiente íntimo de sus retratos que captaron la atención de la Reina Isabel y le contrató para su propio retrato familiare en el Castillo de Windsor en 2011. En una nota de Independent, del 24 de junio de 2011, Thomas Struth explica que el retrato “busca ubicar a la Reina y al Duque de Edimburgo  en su entorno real y, sin embargo, ambos en su propia aura«.

Thomas Struth. Queen Elizabeth II and The Duke of Edinburgh, Windsor Castle 2011
Thomas Struth. La reina Elizabeth II y el Duque de Edinburgh,
Castillo de Windsor, 2011.

Ver al que ve

Struth se mueve entre imágenes que descartan cualquier signo de vida urbana salvo la del conglomerado. Son escasos sus retratos individuales, a menos que quiera crear una nueva tipología de imágenes con el mismo personaje. En 1989, comenzó a trabajar en las Fotografías de Museos, a las cuales llegó primero por un interés en la estructura. Esa secuencia de trabajos motivó a la Galería de la Academia de Florencia a encargarle fotografiar el David de Miguel Ángel, en su 500 Aniversario (corría el año 2004). Tenía el reto de hacer algo totalmente distinto sobre una obra que ha sido vista por todos sus ángulos, y así, dio paso al proyecto quizás más emblemático: captar las expresiones del público frente a la escultura monumental.

La curiosidad es lo que caracteriza a un observador. De una forma analítica que sería injusta si se le califica voyeur, comenzó a  explorar los nexos entre las obras de arte y sus espectadores. A veces un turista o un visitante lucían en sincronía con la obra. Tomas Struth optó, una vez más, por la paciencia. Posar su cámara y esperar por mucho tiempo, hasta mimetizarse con las salas de exhibición. Esperar el momento que buscaba, no el instante decisivo, sino cazar a ese público que encajaba con alguna obra de su interés.  En colores que exaltan la pieza artística y a gran escala, la multitud mira, y eso es lo que él también observa en las galerías más conocidas del mundo, y en otros espacios públicos como catedrales e iglesias, o parques de diversiones.

El conjunto de obras, que se reúnen bajo el título de Público, parece no haber concluido aún, luego de que el fotógrafo encontrara en 2013, una nueva forma de ver a las audiencias al visitar en Acuario en Atlanta.

Thomas Struth. Acuario de Atlanta, Estados Unidos 2013.

Viajes y encomiendas

A finales de la década de los 70, el joven fotógrafo que apenas comenzaba su carrera ya obtenía reconocimiento internacional. Desde 1993 hasta 1996 vive la experiencia de ser profesor de fotografía en la Hochschule für Gestaltung en Karlsruhe. En 1997-1998 fue galardonado con el Spectrum Internacional Prize for Photography, Stiftung Niedersachsen (Alemania).

Entre 1998 y 2006 vuelve a girar su mirada a los espacios despoblados donde la humanidad sólo existe porque se le impone la Naturaleza. En Fotos del Paraíso  lo que más le atrajo al fotógrafo, y despertó sus sorpresas, fue la facilidad de eliminar de esas imágenes cualquier contexto político o social.  En palabras de Struth: “Las nuevas fotografías del paraíso son una metáfora de la vida. Esta obra plantea el debate de qué se consideraría un paraíso hoy en día, partiendo de cero”.

Este es el trabajo más intuitivo de Struth. Las fotografías tomadas en las selvas tropicales del noroeste de Australia, posteriormente en bosques y junglas de  Japón, China, Alemania, Brasil, Perú y Estados Unidos, “contienen una gran cantidad de información delicadamente ramificada, lo que hace que sea casi imposible, especialmente en formatos grandes, aislar formas individuales. Uno puede pasar mucho tiempo frente a estas imágenes y permanecer indefenso en términos de saber cómo lidiar con ellas. No existe un contexto sociocultural para ser leído o descubierto”, explica Struth para ArsForum en septiembre de 2014. El lugar y el momento de la toma no importa, lo único que vale en este caso es la percepción sensorial que tiene la vegetación ante el público.

Berlin Project, HausderKunst Thomas Struth y Maximilian Geuter

El espacio es la luz para Thomas Struth, y vuelve a conectar el imaginario citadino con la propuesta Proyecto Berlín (1997), ahora en un nuevo formato, un video concebido en colaboración con el videoartista Klaus vom Bruch. Allí, desde las calles de Berlín, el transeúnte se mezclaba a través de la imagen con escenarios citadinos totalmente diferentes, y su cotidianidad se fundía con la de otros gentilicios y culturas.

Y una vez más, producto del trabajo que le despertaba sus inquietudes, surge un nuevo encargo, esta vez del Hospital Lindberg, para transmitir sosiego y tranquilidad a los pacientes a través de fotografías de paisajes y flores de la región (principios de los 90). “En la cabecera de cada cama Struth coloca primeros planos de plantas individuales, que muestran su belleza y vulnerabilidad y, de alguna manera constituyen una metáfora de la situación del paciente”, refieren en la curaduría del Guggenheim. En 2001, la publicación “Habitación diente de león” (Dandelion Room), compila las imágenes de este proyecto.

¿Qué es lo que le ha faltado a Struth?

Él mismo se lo sigue preguntando, quizás retratar una situación bélica o los más recientes movimientos de protesta en las calles. Pero eso no ha sido necesario para que él refleje la fibra humana y de las civilizaciones en los diversos escenarios que aborda.

Desde Lugares inconscientes (1978-1992), hasta Retratos de familia (1983-2008), Fotografías de museos (1989-2004), Público (2004-), Paraíso (1998-2001) se establece un diálogo con la innovación del video. Lo hizo tanto para Proyecto Berlín (1997), un vídeo en colaboración con el videoartista Klaus vom Bruch, como con Lee esto como si fuera la primera vez (2003), que registra cinco lecciones impartidas por Frank Bungarten, profesor guitarrista de una academia de música en Lucerna, Suiza, ante una pequeña audiencia de estudiantes.

Mención aparte merece su participación en el proyecto del fotógrafo francés Frédéric Brenner, Este lugar (2006), para realizar fotografía antropológica, pero más precisamente para darle un contexto visual al pueblo de Israel. Y una vez más se reinventa visualmente, cuando una visita a la Nasa lo motivó a registrar fotográficamente los dispositivos de alta tecnología que definen nuestro presente. Así surgió Naturaleza y Política (2005-2016), y luego salta a la fotografía objetual, al retratar animales muertos por causas naturales del zoológico de Leibniz, en Berlin, Animales (desde 2016).

Con Naturaleza y Política regresa a sus orígenes, y mientras sus mentores retrataron el paisaje industrial desde el exterior, él lo hace desde el interior como si reflejara el futuro de la humanidad.  Son cuatro décadas de creación de un cuerpo de trabajo único y variado para comprender lo que el hombre deja a su paso. Aún así, se puede establecer una línea común entre sus primeros encuentros con las calles de Düsseldorf, y la mirada a la ciencia y al futuro: desde su forma de organizar su propia escena fotográfica, está dejando  testimonio de un momento histórico. Hay una evocación de su formación en el arte conceptual.  A fin de cuentas, el estilo de Tomas Struth nace de sus inquietudes, su intimidad y de su necesidad de entender la evolución social. Quizás con una rigurosidad mecánica que le resta presencia subjetiva, y que es lo que a él le permite declarar en 1978 que le interesan las fotografías que no tienen una firma personalizada.

Otros datos de interés

Obras de Thomas Struth forman parte de las colecciones del Museo de Arte Metropolitano de Nueva York, del Sammlung Marx im Hamburger Bahnhof, Berlin; Astrup Fearnley Museet for Moderne kunst, Oslo; el Fondo Nacional de Arte Contemporáneo de París; el Museo de Cleveland, y el Kunsthaus Zürich, Zurich. También ha expuesto en  el Dallas Museum of Art, el Museum of Contemporary Art en Chicago, el Sprengel Museum en Hannover, el Carré d’Art en Nîmes, el Kunstmuseum en Bonn, la Art Gallery de Ontario, Toronto, el Institute of Contemporary Art en Londres, el Museum Haus Lange en Krefeld, el Hirshhorn Museum y el Sculpture Garden de Washington; la Renaissance Society de Chicago, el Stedelijk Museum de Ámsterdam y el Portikus de Frankfurt. Su obra también se ha expuesto en Documenta IX, Kassel, el Carnegie International en Pittsburg y el Skilptur Projecte Münster 87, Münster.

Nota de redacción: Las citas de Thomas Struth fueron tomadas de distintas fuentes navegando por Internet, entre ellas los videos realizados por el Guggenheim,  traducciones de videos en inglés, entrevistas de medios, etc.

Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. Dedicada al periodismo corporativo por más de 25 años. IG: @ingervpr.

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