Joaquín Torres-García

Por Betina Barrios Ayala

Las imágenes son cortesía del Catálogo razonado Joaquín Torres García Bajo la dirección de Cecilia de Torres

El ejercicio de revisar toda una vida atravesada por el devenir del mundo que la sostuvo implica superar sus límites para evocar antecedentes, nexos y tramas que la articulan junto a una determinada situación cultural. Esto no está sujeto al campo de la expresión, sería más bien el mundo mismo y sus dinámicas, la propia escena que soporta, contiene e impulsa al individuo. Se trata de un sistema de relaciones, un proceso.

La obra y su creador no son islas, son campos de información que superan el tiempo de su advertencia, se diseminan en un conjunto de apariciones que son ciertamente conocidas como influencias, puntos de referencia como hitos de descanso y abastecimiento de agua en el mapa de ruta del senderista. No valoramos entonces una obra, sino un proceso, el modo en que ésta se pone en relación. Valoramos su dinamismo y capacidad dialéctica en relación a un contexto que va más allá de definiciones temporales. Lo que nos convoca son enlaces reales, directos o indirectos, ocultos o patentes, que enlazan a los hombres y hacen de la humanidad un conjunto histórico y sensible.

Todo lo anterior se completa cuando estamos en presencia de una obra y un artista que se manifiesta en un presente continuo. Dibuja con su recorrido una historia común que permanece por la autenticidad de sus trabajos, la patente curiosidad y naturalidad que respira en su obra: un verdadero diálogo con el universo humano, en el que se funden numerosas expresiones en un compendio entendido como técnica y mensaje. Nacido en Montevideo en 1874 cruzó el paso de un siglo a otro con un movimiento único y potente que no reconoció límites territoriales, afectivos ni estilísticos. Su obra es enorme y versátil. El recorrido de su espacio vital queda plasmado en el movimiento de su trazo, en el que está impresa la marca de la modernidad, concepto dinámico como él mismo, quien a su vez representa toda la pluralidad, potencia crítica e inespecificidad a la que refiere.

Su padre de origen español, administra un almacén en la capital uruguaya, donde Joaquín da muestras de inclinación por el dibujo y la lectura de biografías. Con diecisiete años, convencido de su vocación plástica, regresa a Europa con su familia y se instala en Barcelona, ciudad determinante para su carrera. Allí se inscribe en cursos de formación en instituciones como la Escola de Nobles Arts La Llotja y la Academia Baixas para estudiar bellas artes e historia, pero pronto regresa de nuevo a su inclinación autodidacta. Para entonces, el Noucentisme (1906-1923) surge en oposición al Modernisme, apuntalado por el catalán Eugenio d’Ors. Se trata de un movimiento intelectual también conocido como Generación del 14, que se afinca especialmente en el territorio de lo literario. Con firme carácter nacionalista reacciona ante la superficialidad modernista, haciendo énfasis en temas relacionados con la tradición estética mediterránea. Joaquín Torres-García forma parte de él, y lo nutre con el cosmopolitismo que le brinda su novel trayecto.

1912. Torres García dando clase en Mont d´Or.

Siendo afín a la palabra escrita, sus primeros trabajos también estuvieron relacionados con la ilustración de carteles, libros de instrucción inicial y publicaciones periódicas. A principios del siglo XX, publica su primer texto en una revista catalana, dando sus primeros pasos en el ejercicio de la crítica de arte. Este vínculo con la escritura se registra en las decenas de publicaciones que hace en diarios y revistas. Cinco libros publicados, manifiestos, textos inéditos y numerosas conferencias sobre arte y creación. Joaquín Torres García fue esencialmente un maestro, su investigación era penetrante y conjunta al ejercicio de la docencia.

En su obra atiende a la síntesis y estimula el diálogo entre visualidad y texto, por lo que no se limita a penetrar en libros y cuadros sino que inserta su vida en ellos. Parte de su trabajo responde a esta forma de registro, y elabora formas manuscritas con dibujos, recreando un lenguaje propio que empuja los límites entre ambos recursos de la expresión. Interesado en construir realidades alternas en la propia obra en lugar de limitarse a un ejercicio de imitación de lo que ve, pinta murales en iglesias, casas particulares y edificios públicos plenos de influencia del arte griego clásico.

A partir de 1916, Joaquín Torres-García se hace uno con su tiempo, las formas agresivas, vanguardistas y complejas que atraviesan la ciudad moderna quedan atrapadas en sus cuadros. Ciudad, multitud, ritmo de calles y avenidas se cuelan en la propuesta de su obra que se conforma como un relato del acontecer de la cultura urbana en conversación con la tradición de la civilización. El cenit de este encuentro será su viaje y estancia en Nueva York, urbe que mimetiza la esencia de velocidad y renovación que traen los ideales de progreso y desarrollo en el espacio de su aprendizaje. Trabaja como pintor de telones para obras de teatro, oficio que no le apasiona, pero que está en el centro de lo que ocurre en la escena cultural. Allí se codea, conoce y reconoce a artistas como Joseph Stella, Marcel Duchamp y Francis Picabia. Torres-García expone sus trabajos frente a un círculo de coleccionistas de arte entre los que destaca Gertrude Vanderbilt Whitney, fundadora del Whitney Studio Club.

NOTA: Joseph Stella, fundador de The Society of Independent Artists, invita a Torres-García a la fiesta de disfraces de ese año (1921) en el hotel Waldorf Astoria, donde los artistas invitados compitieron por el atuendo más creativo. Reportó entonces The New York Times: "… The New York Times Building found itself unexpectedly dancing with the Independents on the costume of J. Torres-García, the Spanish artist who had New York City outlined on his costume, he sat on the Bowery, the Times building was on his chest just above Forty-Second Street, and the Bronx ran uptown on the back of his neck." – TRAD: ‘El edificio de The New York Times se encontró a sí mismo bailando entre las formas del disfraz de Joaquín Torres García, el artista español que dibujó Nueva York en su propuesta de vestuario. Se sentó sobre Bowery, llevaba el edificio del Times en su pecho justo sobre la calle 42, y el Bronx corría arriba en su espalda detrás de su cuello".

Torres-García con su disfraz, Nueva York 1921

Habitando Manhattan logra profundizar en sus habilidades como pintor de la abstracción y se sirve del paisaje de la ciudad en el marco del gran movimiento de vanguardia que floreció en los años ‘20. Escribe, pinta y dibuja bocetos e impresiones que le deja la «ciudad afiche». Un universo industrial, mecánico, intenso y voraz, escenario de proyectos arquitectónicos de gran envergadura y dimensión. El impacto de la publicidad como herramienta y potencia visual le resulta arrollador, conmociona su esencia simple y reflexiva al punto de hacerle difícil vivir en/con ella. Sin embargo, su obra de entonces capta con maestría y sencillez, y escribe con su impactante lenguaje la naturaleza avasallante de la gran metrópolis moderna. De esta forma, brota la extraordinaria sensibilidad del artista, quien es capaz de captar y reformular distintas influencias que materializa en una expresión de gran potencia hacia un vocabulario pictórico inconfundible.

Aunque breve, su estancia neoyorquina marcó el devenir de su obra y madurez artística, además de una abundancia productiva significativa. Sus obras de este período constituyen el génesis de las ideas vivas en su trabajo y marca personal. Esta experiencia enmarcó la geometría inteligente de sus composiciones, la ciudad agitada como amalgama de fachadas, automóviles, puentes, construcciones pasajeros y letreros superpuestos en el plano generando perspectiva. La crudeza del afuera le permite reflexionar sobre cuestiones esenciales, símbolos y temas recurrentes en el hombre, el tiempo y el espacio. Por lo que introduce guiños visuales reflexivos, amontonados y dispersos como relojes, medidas, reglas, estrellas, peces, brújulas, automóviles, trenes y escaleras.

Joaquín Torres-García. Cuadros realizados en Nueva York

Joaquín Torres-García responde, al igual que Alexander Calder, a un universo extendido del arte que va más allá de la obra en términos de pieza de exhibición. Su propia curiosidad devino en vocación docente, apegado a la pedagogía y sus exploraciones en torno al concepto tradicional de enseñanza. Abogaba por métodos de instrucción propia, por lo que diseñó y construyó una serie de juguetes tallados y coloreados en madera que además de ser objeto de un afán creativo y constructivo, fuesen una vía de capitalización de su trabajo. Se trataba de piezas desmontables que decantaron en una propuesta formal que llamó Aladdin Toys. En ellos, aún con distancia del cubismo, se concentra una patente influencia neoplástica, con predominio de lo geométrico y la lógica del puzzle.

Estas construcciones son el espacio de experimentación que más adelante permeará todo su trabajo, son el laboratorio mismo de sus exploraciones plásticas en relación al empleo de formas y colores puros en relación con otras posibilidades más complejas. Serán herramienta de investigación que opera como tránsito en su carrera de personaje y actor plenamente moderno hacia el universalismo constructivo formulado a su regreso a Uruguay a sus sesenta años.

Tras un largo recorrido de viajes y estancias en Europa y Estados Unidos, Torres García se erige en su país como maestro y artista de la geometrización, el armado de grillas, códices, fórmulas y mapas urbanos y ambiciosos con propósitos historicistas. En un eterno «trajinar y trabajar» escribió y diseñó una forma propia de estar e interpretar el mundo. Editó revistas, como Cercle et Carré (1929), ejerció la crítica, pintó, talló y discutió con vigor y propiedad cosmopolita en conjunto con grandes y variadas personalidades de su época. París y Nueva York, dos ciudades protagónicas de la escena moderna del siglo XX, fueron sus hogares, así como Barcelona, Madrid y Génova.

«He dicho Escuela del Sur; porque en realidad, nuestro norte es el Sur. No debe haber norte, para nosotros, sino por oposición a nuestro Sur. Por eso ahora ponemos el mapa al revés, y entonces ya tenemos justa idea de nuestra posición, y no como quieren en el resto del mundo. La punta de América, desde ahora, prolongándose, señala insistentemente el Sur, nuestro norte.”

Joaquín Torres-García. Universalismo Constructivo, Bs. As. : Poseidón, 1941.
Joaquín Torres-García. América Invertida, 1943.

De acuerdo con Luis Enrique Pérez Oramas, Joaquín Torres-García construye una narrativa del arte moderno a través de su periplo en estas ciudades escena. Un artista visionario en relación al intenso debate entre lo figurativo y lo abstracto. Sostiene que no hay comodidad en la abstracción plena, no existe oposición real, en el arte solo hay construcción. Personaje incómodo y radical, asumió una temporalidad no progresiva en el propio lugar del tránsito. Un artista del movimiento en la oportuna polisemia de este argumento, fue siempre un nómada.

Cuando abandona Europa en 1933, se toma muchos años para regresar. Fue un artista de artistas que sin consumar éxito económico, labró un sólido lugar en el campo intelectual y reflexivo, al punto de crear su propio método en su lugar de origen cuando en 1935 crea en Montevideo la Asociación de Arte Constructivo y en 1942 se consolida el Taller Torres-García. Cuando llega la muerte, ya avanzado en edad y habiendo habitado y vivido con intensidad su historia y su contextos, es guía y mentor de un vasto grupo de jóvenes que se destacarán en sus propios recorridos y propuestas habiendo tomado de un gran e incansable explorador de territorios formales y abstractos, un constructor de visión estética y funcional inquieto, inagotable con pura vibración.

Betina Barrios Ayala cursa el programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana y Crítica Cultural en la Universidad de San Andrés (Argentina, 2019). Licenciada en Estudios Políticos por la Universidad Central de Venezuela, UCV (2007). Tiene una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, 2015). Obtuvo una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2016). Mantiene desde 2011 el blog literario experienceparoles. Ha colaborado con diversos medios e instituciones culturales. Trabaja con libros, configurando bibliotecas privadas y comerciales. Sus redes son: Tw @betinabarrios, IG @betinabarriosayala

Más sobre Joaquín Torres-García

Catálogo razonado http://torresgarcia.com bajo la dirección de Cecilia de Torres.

Archivo Torres-García

Joaquín Torres-García: Obra Viva

Joaquín Torres-García: The Arcadian Modern, Museum of Modern Art, New York

Torres-García: la maldición del pintor uruguayo

Texto inaugural de la revista Removedor