La Sala Mendoza, en alianza con Henrique Faría New York, presentó desde el 24 de abril hasta el 19 de julio la exposición Por los 4 vientos: Resonancias amerindias en el arte contemporáneo en Venezuela, un conjunto de cuatro exposiciones, que reunió a los artistas Ricardo Corredor, Claudia Lavegas, Daniel Reynolds, Luis Villamizar, cuyos trabajos dialogan con tradiciones de pueblos originarios de Venezuela y Colombia, reconociendo su vigencia, aporte y riqueza simbólica en la actualidad.




Los artistas participantes coincidieron en configurar el universo amerindio, a través de sus particulares lenguajes contemporáneos, haciendo visibles las resonancias culturales, históricas y materiales de este legado.
Ricardo Corredor, en Arte-sanar, explora los cruces entre el diseño contemporáneo y las técnicas artesanales ancestrales de Colombia y Venezuela. A través de su proyecto Monguí Design, Corredor reivindica la materialidad, el oficio y el tiempo del hacer, generando piezas que dialogan con el presente sin perder de vista sus raíces. Su trabajo propone una reflexión sobre la belleza, la utilidad y la memoria, devolviéndole protagonismo a las manos que tejen nuestra historia.
Dice la curadora Ana Elena Mallet: “La obra de Corredor nace de un impulso personal y profesional por restituir el valor de lo hecho a mano, por dialogar con las comunidades que resguardan saberes ancestrales y por encontrar una estética que no se imponga, sino que escuche y acompañe. Formado como arquitecto en Bogotá y con una carrera que ha transcurrido entre Caracas y Montreal, su práctica es un cruce continuo entre lenguajes, entre materiales, entre territorios. Así como la frontera entre Colombia y Venezuela es porosa, compartida, habitada por geografías comunes y pueblos hermanos, también lo es su manera de trabajar: en el umbral de lo artesanal, lo arquitectónico y lo objetual. Arte-Sanar recoge piezas realizadas en colaboración con comunidades indígenas y campesinas de ambos países. Los tejidos Zenú de Tuchín, las maderas de San Onofre, las fibras del Orinoco, las cerámicas negras de La Chamba, las cesterías de Guacamayas o las almohadas guajiras en forma de piedra no son solo objetos funcionales o decorativos: son manifestaciones de una historia colectiva, portadoras de identidad y de memoria”.





Claudia Lavegas, en Amarres, construye un universo visual que funciona como manifiesto arquitectónico, ambiental y espiritual. Desde que descubrió el poblado de Mayupa en el Amazonas venezolano en 2017, su obra ha girado en torno a las churuatas— viviendas circulares indígenas—que interpreta como verdaderas catedrales de madera, símbolos de perfección, eternidad y conexión con lo divino. Sus pinturas, ejecutadas en acrílico sobre lienzo, revelan estructuras minuciosamente delineadas con líneas repetitivas, casi meditativas, que evocan tanto la geometría sagrada como la arquitectura natural.
Dice el curador e investigador de arte Manuel Vásquez Ortega: “Atenta a los símbolos y a los espacios a lo largo de sus experiencias y viajes, la artista Claudia Lavegas ha desarrollado un especial interés por las arquitecturas antiguas y vernáculas en su máxima universalidad. Por ello, al ser consciente del uso del círculo como símbolo espacial (desde las grandes catedrales occidentales hasta los templos asiáticos), Lavegas aterriza su mirada en las circularidades de una arquitectura cuya majestuosidad es lejana a las cúpulas, arcos y bóvedas, y que contrariamente reposa en un austero espacio en el interior de la selva venezolana. Así, su experiencia de estar bajo/dentro de un ättä yekuana, le lleva a indagar en las posibilidades representativas, simbólicas y cosmológicas de las construcciones indígenas ancestrales.





Daniel Reynolds, en Boultonalia, asume el desafío de reinterpretar la cerámica precolombina con respeto y una profunda conexión emocional. Inspirado por el libro de Alfredo Boulton El Arte de la Cerámica Aborigen en Venezuela (1978), Reynolds crea piezas modeladas a mano que evocan el carácter ritual y contemplativo de estas formas ancestrales. Su obra no busca replicar, sino traducir desde una sensibilidad contemporánea el legado de aquellas culturas, reconociendo en el barro, el fuego y la forma un puente entre arte, memoria y vida. Reynolds propone una nueva arqueología del objeto que no solo recupera el pasado, sino que dialoga con la modernidad—con sus tensiones, su fragilidad y su anhelo de identidad—dentro del panorama artístico contemporáneo del país.
Dice el curador Alberto Asprino: “Buscar reinterpretar contemporáneamente la cerámica precolombina es una aventura por demás compleja y comprometedora. Daniel Reynolds lo sabe y lo asume con valentía y mucho respeto, teniendo una experiencia amplia en aquello de mirar la naturaleza y proyectarla desde la creación de objetos cerámicos que nos acercan a ella en tres dimensiones, permitiéndole conectarse con esa energía que descubre y siente en el legado arqueológico de vida que nos ha dejado la cerámica precolombina, que hoy ya no duerme bajo tierra”.




Luis Villamizar, en Yekuanías, construye un universo escultórico que nace de la observación y reinterpretación de la cosmogonía del pueblo Ye’kwana, una de las culturas originarias del sur de Venezuela. En su serie Ye’kwanías, el artista utiliza fragmentos de cestas tradicionales y bejucos como materia prima para dar forma a estructuras en gestación, relieves y esculturas que evocan el tejido espiritual, narrativo y existencial de estas comunidades. A partir de una visión del tiempo como ciclo— propia de los pueblos nómadas y de tradición oral—Villamizar aborda conceptos de origen, impermanencia y memoria colectiva, conectando la sabiduría indígena con teorías contemporáneas. En sus obras, mito y materia, cosmos y arte, se entrelazan en una poética de lo invisible, desdibujando los límites entre arte y artesanía, ciencia y espiritualidad, realidad y posibilidad.
Dice la curadora Ruth Auerbach: “La conexión que establece Luis Villamizar con la comunidad ye’kwana del sur del Orinoco en las entrañas del Amazonas se remonta a los años noventa, cuando decide emprender lo desconocido. En un fascinante tránsito de experiencias y saberes, no exento de un sentimiento de resistencia al choque cultural, su extensa estadía entre pobladores indígenas forjó un vínculo basado en la comunicación y el mutuo entendimiento. De primera mano, convive con la continua afluencia civilizatoria, la penetración indebida del territorio y el proyecto extractivista del arco minero, al tiempo que percibe la gradual pérdida de una cosmogonía milenaria y ancestral: el orden se resquebraja”.










Durante el tiempo que estuvo abierta esta exposición se realizaron diversos encuentros, entre ellos: “Descubriendo el Mundo Monguí. Dialogos entre el diseño contemporáneo y la artesanía ancestral”, una visita guiada especial con el artista Ricardo Corredor; “Coreografías Geométricas: Una conversación con Elias Crespin”; “La arquitectura como arquetipo y otras singularidades en la cultura Ye’kwana”, con los artistas Luis Villamizar, Claudia Lavegas y el arquitecto Rafael Pereira y “Yekuanías: Diálogo a través de un arte (post) antropológico, con Humberto Valdivieso y Luis Villamizar, y como cierre la degustación de comida Yekuana con la chef María Alexandra Ocque.
Los textos para esta nota fueron extraídos de los catálogos preparados por Henrique Faría Nueva York y la Sala Mendoza.












