El pasado 2 de junio de 2024, Diana López realizó un performance, 2DIANAS, que reseña Inger Pedreáñez para Estilo. El performance fue parte del proyecto »101dianas: Autos, Capturas y Desplazamientos«, realizado en Carmen Araujo Arte.
Inger Pedreáñez
Habrá sido el destino o el azar, no lo sabemos. Pero de tanto buscar en el ciberespacio a cien personajes con su mismo nombre, la artista venezolana Diana López finalmente se encontró, cara a cara, con una de sus musas: la periodista colombiana y agregada cultural de la Embajada de Colombia en Venezuela, Diana López Zuleta.
Después de crear nuevos rostros en NFT a partir de la fusión de ella misma con sus homónimas, este encuentro fue la oportunidad de extender su proceso creativo al performance, al cual se ha dedicado desde 1990.
Luego de exponer la serie de retratos en NFT en Henrique Faría Fine Arts (Nueva York 2023-2024), y de presentar su libro 101 Dianas, autos, capturas y desplazamientos, el pasado 30 de mayo en la Galería Carmen Araujo, en La Hacienda La Trinidad, había que potenciar el escenario de su exposición pop-up, de cuatro días, y nada más acorde que este happening, que se llamó 2Dianas.

Vale decir, que en el texto aparece la semblanza de Estilo on line a la artista. Foto: Inger Pedreáñez.
Rodeadas de la instalación y las video esculturas, en donde las otras Dianas del ciberespacio desfilan fragmentadas en los monitores, dos figuras se sientan frente a frente, vestidas con franelas diseñadas para la ocasión, con imágenes de 101 Dianas. La disposición recuerda las intervenciones de Marina Abramovic, artista del performance que es una de las referentes de Diana López, sólo que para ella no basta el silencio, sino una palabra que busca enlazarse con la identidad de su tocaya.
Iván Oropeza activa el metrónomo, en un tic tac pausado… La palabra “silencio” rompe en la voz de la artista. “Secretos”, responde la periodista. “Oculto-verdades, escritas-luz, vela-antigua, iglesia-dolor, plaza-pueblo, paz-violencia…”. Todo va ocurriendo como si en cada palabra se construyera un cadáver exquisito que va cotejando realidades, vivencias, escenarios comunes. Detengámonos en una de esas duplas: “Iglesia-dolor”. Como espectadora del performance en mi mente se asomaron muchas otras palabras, plegaria, fe, cristo, cruz, bautizo… Pero es comprensible que en el referente de López Zuleta aparezca el duelo que se consuela frente a un altar.
Se invierten los roles, ahora es la Diana de Colombia quien invita a la venezolana a responder. “Impacto-piel, marcas-zapatos, gracias-a ti, gracias-¿a mí?, odio-fuerte, amor-fuerte, policías-susto,…, autorretrato-muchos, yo-tú, otros-nosotros… múltiples-otras, Dianas-muchas, mostrarse-difícil, ocultarse-también, autoficción-imposible, verdad- justicia, belleza-los niños…fragilidad-yo”. Sin conjugar verbos, sin hilar oraciones, ahí está el diálogo de espejos.



Registro del performance por Alexander Longa
Son pocas las palabras antagónicas, pero cuando aparecen queda al descubierto la diferencia en las personalidades de las protagonistas del performance. Generalmente fluyen en sintonía con la percepción de ambas, como cuando la artista dice “Barrancas”, la escritora y autora del libro autobiográfico “Lo que no borró el desierto” dice “papá”. Y continúan: “Goajira-amor, papá-no está, España-no conozco”. Son claves de vida, un diálogo que van comprendiendo y asienten una a la otra, sonríen. A veces titubean ante el reto, la pausa se hace larga. “Enfermedad-traición”, o son mas descriptivas “Ojos-negros, azul-cielo, narciso-(pausa)… yo”.
Hay una redefinición de dos personalidades que llevan el mismo nombre. Y las huellas de sus vidas, a veces tocadas con demasiada sutileza, se van perfilando en ese diccionario espontáneo que ofrece otro significado a sus identidades. “Escribir-fotografiar, impregnar-crear”.
El tic tac del metrónomo se acelera en señal de que está por cerrarse el ciclo… “Bosque-inmensidad, desierto-mi libro…”. El día se sucede rápido, el público accede a la sala en grupos pequeños. La gente hizo cola toda la mañana para entrar. Mientras hubiera personas esperando afuera de la Galería Carmen Araujo, no se podía concluir el performance. Fueron quince sesiones de tres minutos cada una. La expectativa era hacer máximo cuatro sesiones. Estuvieron más de una hora y 45 minutos. Ninguna de las dos Dianas se esperaba esa acogida. ”Tiempo-record”. Siguieron rotándose el turno, cambiaban de silla, cada una tuvo la oportunidad de decir la última palabra, cada una también dirigió el ping pong verbal. Esa palabra, como un rostro que se reconoce en los significados que las une y las diferencia. Palabras que se callaron, al final, en un abrazo.

Para ver otras partes del performance en video invitamos a visitar el Instagram de Diana López: @studio.diana.lópez








