por Javier León
Fotos cortesía Luis Salazar, Javier León y Galería Carmen Araujo Arte
“Otra cosa que me gusta trabajar en mis obras es la anti-monumentalidad de la obra, por eso van sin bastidores y muchas veces lo que debería ir en la pared va en el piso y viceversa, cero marcos, cero altares, cero pedestales. Más que un producto terminado busco mostrar el proceso, hacer un guiño con la situación social, política y económica.” Luis Salazar
Luis Salazar (Caracas, 1968). Genuino revisionista de muchas de las tendencias más efervescentes del arte internacional en Venezuela. Uno de los artistas más emblemáticos del arte contemporáneo del país desde los años noventa; autor de una obra y representante de una actitud que hacen de él un artista de trascendencia. Es un reto que las siguientes líneas contribuyan a dar una idea de la relevancia de una potente propuesta que se ha desarrollado con éxito a lo largo de treinta años en un panorama local que ha quedado desplazado en la medida que la república ha ido cerrándose sobre sí misma y han emigrado más de siete millones de personas, entre ellos, muchos del campo intelectual de las artes.

Las obras de Salazar son una respuesta eficaz, no a una tendencia artística en particular o a un artista específico, que también por momentos, sino a un campo cultural, a un sistema. Una interpelación a la realidad, al orden del mundo. Se trata de una estética fundada en el desplazamiento que significa hacer obras en un contexto al margen de los centros de influencia internacional como el nuestro en Caracas: un contexto desplazado; además allí, desarrollar una propuesta diferente de las prácticas y convenciones locales.
Cuando decimos que se trata de una obra que es una respuesta eficaz nos referimos también a que además de responder a la situación socio-política específica del país es una respuesta estética híbrida, catalizadora de su realidad, dotada de una peculiar originalidad que devuelve al mundo una manera de mirar.



En casa de Salazar, totalmente intervenida. Fotos Javier León.



Sin ser un estudioso en el sentido convencional, quizás por ser hijo de educadores, el artista ha desarrollado una capacidad especial para procesar la información haciendo de ella materia base para la constitución de sus obras en las que el componente comunicativo es esencial; una vocación por el saber sobre arte en especial, un interés por estar al día en distintas áreas de la disciplina, y esto a través del tiempo se va destilando en muchas de sus series; haciéndose evidente a veces de forma implícita, otras veces directamente a través del mensaje escrito. Implementa una estrategia apropiacionista cuya principal fórmula es el desplazamiento: los términos de su discurso visual admiten un doble sentido, permiten el desplazamiento en la respuesta que puede estar o no estar en sintonía con lo que el artista dice: el desplazamiento consiste en la incoherencia de dos segmentos de un texto, incoherencia que reducimos modificando nuestra interpretación. [1]
Su primera exposición la realizó en 1988, en Mazzo Club, una discoteca Post-Punk en Chacaíto Caracas; desde aquellas fechas ya el artista se adscribe a la estética Punk de la cual toma algunos rasgos que perduraran a través del tiempo: el semblante trash de su obra, una actitud que interpela al sistema desde distintas aristas y la implementación de frases que algunas veces tienen el semblante de slogans de protesta. Desde entonces el performance y lo performático forman parte de sus obras y exposiciones, al igual que un irónico y persistente sentido del humor.
Luis Salazar. Postwar, 2009. Galería Fernando Zubillaga. Fotos Javier León.


Un aspecto resaltante de este lenguaje desarrollado por el artista con los años, es su manera de implementar el absurdo: frases y objetos replicantes sin aparente conexión son dotados de un nuevo sentido, dicen otra cosa que lo que usualmente dicen incluso muchas veces diciéndolo igual, instrumentan un uso del lenguaje de modo expansivo, imbricándolo en sus ensamblajes y pinturas, en el umbral de la imagen, como señala Sandra Pinardi, se constituyen dispositivo, entendiendo este tal como lo pensara Foucault:
…un conjunto resueltamente heterogéneo que incluye discursos, instituciones, instalaciones arquitectónicas, decisiones reglamentarias, leyes, medidas administrativas, enunciados científicos, proposiciones filosóficas, morales, filantrópicas, brevemente, lo dicho y también lo no-dicho, estos son los elementos del dispositivo.[2]
Estética del desplazamiento. No solo por lo mencionado sino también por la idea de arte que promueve su práctica de signo apropiacionista en el que las ideas o cosas tomadas de otros y mezcladas con sus propias interpretaciones son instrumentadas no tanto para llamar la atención sobre la crítica institucional como lo han hecho algunos de los exponentes de este tipo de arte (Holzer, Levine, Kruger, Prince) como para enfatizar una relación con el mundo desde la otredad en el que el desplazamiento sirve de estrategia a la trasposición. El desplazamiento como estrategia es el tropo fundamental que hace que restos metafóricos, alegóricos, se posen sobre objetos nimios o fortuitos constituyendo un “click” efímero que al hacerse imagen se disuelve al poco tiempo, como es el caso de muchos de sus ensamblajes e instalaciones.









Desde su obra temprana existe una inquietud insistente en mirar la actualidad, en procesar informaciones y una particular preocupación por el espacio físico donde se va a presentar la propuesta, digamos, el espacio de circulación del arte. El espacio físico es central para el desarrollo de muchas de las obras de Salazar, en sus exposiciones casi siempre son completadas en el lugar.
En la presentación de sus obras, en museos y galerías, ha sido la pintura su centro, y la instalación su medio más recurrente. Desde los años noventa, en sus participaciones en el Salón Pirelli (el salón más emblemático de esa década que realizaba el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Imber), sus instalaciones se caracterizaron por generar una situación respecto al espacio de exhibición en el que la noción de “Environment” pudiera describirlas. Así, el aspecto procesual rebasa el momento de la exhibición, no solo las obras son completadas en el lugar sino que algunos de estos espacios siguen transformándose durante la exposición. Al respecto Sandra Pinardi señala:
…los fragmentos heterogéneos se constelan, se contienen y reflejan unos a otros, regidos por un principio constructivo (distinto en cada caso) que dinamiza la expansión significativa de la imagen y la convierte en un complejo “teatro de operaciones” donde comparecen tensamente diversos espacios y asuntos culturales. Estas instalaciones son “objetos relacionales”[3].
Más que ambientaciones, lo ambiental es introducido en la obra, el artista establece una relación directa con ello, un diálogo estético continuo con su contexto, una compulsión de producción continuada a toda costa.
A manera de huella, Luis Salazar marca el territorio urbano cuándo y dónde le parece lo que genera una situación en la cual objetos recolectados del lugar son dispuestos de manera aleatoria pero significativa. Esta huella, este signo estético, sugiere una imagen, y en el proceso de este mismo sugerir se disuelve, no sin antes devolvernos ese “click” que da cuenta de su efímera existencia. El registro de muchas de estas situaciones es puesto en circulación en redes sociales en la medida en que se suceden, esto sin la intención de hacerse cuerpo de archivo, es decir, el artista no conserva estas imágenes de forma sistemática en otro respaldo más que el dispositivo Android con el que las genera.


La exposición Héroes Caídos realizada en la Sala Mendoza en 2003 fue un momento relevante en la trayectoria de Salazar. Regresaba tras cuatro años en Europa y su adscripción a la práctica arte-vida se había cultivado y radicalizado. Sus intereses temáticos para su producción artística mutaron y el amplio repertorio de imágenes sustraídas de la cultura pop que lo habían caracterizado se mezcla ahora insistentemente con referencias directas al star-system del arte.
Su obra se hace más conceptual y con ello más crítica. Se centra entonces en el mundo del arte, se interesa por las estructuras de poder y los condicionamientos institucionales; problematiza a través de sus obras un sistema cuya coacción reduce el arte a mercancía: el arte es como un gran supermercado, Koons es Gucci, sostiene el artista. Sandra Pinardi cita a Beuys en el epígrafe del texto Teatro de Operaciones: una imagen que se excede, que le dedicó a la obra de Salazar; un fragmento de aquel epígrafe:
Nuestra cultura actual no tiene nada que ver con lo que gestiona la administración cultural, sino que nuestra cultura está plenamente regida (al igual que todas las personas) por lo que se denomina naturaleza económica. Es decir, que vivimos de hecho en una cultura eco-nómica[4].




La comprensión y admiración de tendencias artísticas disímiles contribuyen a una producción de altos contrastes en la que convergen múltiples referencias en un mix. Ruth Auerbach curadora de Héroes Caídos comenta al respecto: “la práctica artística es concebida como un tenso territorio en el cual se debaten las profundas contradicciones referidas a las políticas del consumo en la sociedad de masas y al arte como mercancía.[5]” Es resaltante como el principio de contradicción llega al paroxismo en muchas de las obras de Salazar; un montaje que sin ser cinematográfico, funciona a lo Eisenstein donde el shock proviene de la yuxtaposición de planos e imágenes con la abierta intención de dotar de significado la secuencia, en este caso la serie; la combinación aquí expone la pura contradicción. En Héroes Caídos lo performático quedó imbricado a la ambientación de los espacios de la Sala Mendoza. Esta característica será recurrente en algunas de sus exposiciones posteriores.
El performance ha sido un elemento incorporado dentro de esta concepción artística. No hablamos de un artista del cuerpo sino de un artista que hace cuerpo con su obra. Una premisa de arte/vida en la línea de la desarrollada por algunos de los artistas adeptos al movimiento Fluxus en los sesenta. Siendo el mismo Salazar excéntrico en su manera de vestir, ha incursionado en el diseño de modas con atuendos que incorporan elementos de su pintura y de su expresión plástica en general. Consecuente con la tradición del arte por el arte que ha operado desde las primeras vanguardias artísticas, aquellas que desde Manet o Courbet, Flaubert o Baudelaire allanaron un espacio de autonomía para las actividades artísticas, la de Salazar es una obra cuyo objeto y contenido es el arte, el sistema del arte.






La actividad artística de Salazar lo lleva a prácticas más análogas a las de un arqueólogo urbano de la cultura visual que a la de un sociólogo. Vuelca en sus obras tanto su mundo referencial del sistema del arte, como toda su imaginería urbana cifrada en la misma estética cruda, trash, que le es propia.
Establecemos aquí una relación entre características de esta propuesta con algunas ideas de Bourdieu, quien sostiene que el valor simbólico de la obra de arte solo existe cuando la obra es conocida y está reconocida: El productor del valor de la obra de arte no es el artista, sino el campo de producción como universo de creencia que produce el valor de la obra de arte como fetiche al producir la creencia en el poder creador del artista[6].
El espacio de los posibles, es constitutivo del sistema de categorías que contribuyen a la inscripción histórica de las obras. En un contexto y momento específicos, se trata del conjunto de imposiciones condicionantes y la contrapartida del conjunto de sus usos posibles. Esta tensión entre lo posible y la coacción caracteriza la producción y circulación artística en la sociedad, que en el caso de la nuestra ofrece especial resistencia para el desarrollo profesional del campo intelectual de las artes; Bourdieu define el espacio de los posibles así:
…el universo finito de las potencialidades susceptibles de ser pensadas y realizadas en el momento considerado –libertad- y el sistema de imposiciones dentro del cual se determina lo que hay que hacer y que pensar –necesidad[7].






Esta idea de espacio de los posibles aparece, a nuestro parecer, proyectada de forma significativa en estas obras, sublimada, convirtiéndose en alguna medida en su objeto, dejándolo ver como un espacio en crisis: “Gagosian es como Chanel”, “Un Damien Hirst es como un zapato Nike”. La obra de Luis Salazar encarna una fisura de este espacio de posibles sintomática de su potencial expansión.
Estas obras no solo son una contestación al desplazamiento como se señaló, sino que también ponen de relieve el abismo cultural existente entre sociedades industrializadas y contextos como el nuestro. Este elemento de instrumentar de manera amorfa esta noción de “el mundo del arte” devolviéndolo en extrañas cartografías llenas de nombres y referencias expone como pocos una preocupación sobre el lugar y el rol del artista en una sociedad tercermundista como Caracas.












Si alguna constante ha habido en la trayectoria de este artista ha sido una actitud irreverente y un intento permanente por subvertir y dejar expuesto el sistema de legitimación del campo cultural de las artes, practicando un modo alternativo de producir obras, instrumentando como material para las obras el reciclaje de referencias al arte y a otros artistas con pintura y materiales de desecho. En entrevista que sostuvimos reveló que desde su tiempo de formación en la escuela de arte sintió fascinación por la obra de Jon Baldesari, quien abiertamente se inspiraba en obras de otros artistas e incluso trabajaba con sus ideas, comentó.
Durante la última década el artista ha estado representado por la galería Carmen Araujo Arte, en cuya sede ha realizado tres individuales, la última llamada Lost Atlas y en alianza con otros espacios ha realizado otras tres, la última de ellas Art in America en la sala TAC. En el contexto de esta última se realizó una publicación formato revista de 64 páginas en la que aparecen reseñadas Art in America y Lost Atlas; allí, el texto de Pinardi que comentamos, un texto de María Luz Cárdenas y el texto de Héroes Caídos de Ruth Auerbach.





Post War (Galería Fernando Zubillaga, 2009), Venice Bienal (Espacio MAD, 2011), Party Monster Museum (Bienal del Caribe, Aruba), Fantasía de la cultura de consumo (Museo de Arte Contemporáneo de Caracas), The Great Utopia (Hacienda La Trinidad, 2014); son los nombres de algunas de las exposiciones individuales realizadas por el artista siendo la más reciente Todo a la vez realizada en 2023 en la Galería Cerquone en alianza con Carmen Araujo Arte, contó con la curaduría de Tahía Rivero en cuyo texto para esta ocasión puede leerse: …una mezcla de elementos que conforman un gran retablo contemporáneo de maravillas donde se superponen simultáneamente distintos discursos y estéticas[8].
Luis Salazar adelanta una práctica artística compleja cuya generación es preeminentemente procesual, sus ciclos de producción son intensos y de ellos deriva una pluralidad de resultados. Mucho es transformable, reciclable para crear nuevas obras; además, como pintor consumado, es autor de un importante y numeroso cuerpo de trabajo sobre distintos soportes y formatos. Las series se han sucedido de forma constante e ininterrumpida, sin declinar su convicción crítica al sistema y sin dejar de responder a un alto estándar de calidad estética en su heterogéneo y muchas veces psicodélico discurso visual.
[1] Todorov, Tzvetan. Teorías del símbolo. Ed Monte Ávila. 3°Edición 1993. p. 359
[2] Pinardi, Sandra. Teatro de operaciones, una imagen que se excede. Catálogo de la exposición Art in América, Sala TAC. 2018.
[3]Idem. Pág. 15.
[4] Idem. Pág. 12.
[5] Auerbach, Ruth. Héroes Caídos. Catálogo de exposición Sala Mendoza. 2003.
[6] Bordieu, Pierre. Las reglas del arte. Ed. Anagrama. 1995.
[7] Idem. Pág. 350.
[8] Rivero, Tahía. Superposición y Simultaneidad. Impreso de la exposición Uno a la vez. Galería Cerquone, 2023.
Javier León es artista visual e investigador del arte @javierleonccs














Excelente! Reflexiones muy acertadas y documentadas. Se ve que quien escribe y reflexiona es otro artista. No hay texto más lúcido y esclarecedor que el que le escribe un artista a otro artista. Felicitaciones Javier.
excelente articulo e imágenes! los felicito!
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