Lo que surge del barro

Publicado por 1:30 pm Arte, Cerámica y artes del fuego, Escultura, Reino Unido • 2 Comentarios

por Inger Pedreáñez

Fotos y videos cortesía de Daniel Reynolds y Juan Bermúdez.
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Cuando apenas era un niño de nueve años, el escultor Daniel Reynolds (@danielreynoldsstudio) se encontraba en Maiquetía próximo a abordar un avión rumbo a Inglaterra. Pensaba que iba a disfrutar un viaje vacacional con la familia. No sabía que estaba dejando atrás a los amigos de su infancia, sin siquiera una despedida. Realmente no le dio tiempo de imaginar que ese cruce en aire por el Atlántico haría su vida diferente, a punto de descubrir un propósito, una motivación. Pero ahora, en retrospectiva, sabe que ese momento definió su arte como la mezcla de dos mundos.

El escultor Daniel Reynolds trabajando en una pieza en El Cercado.

Aun cuando mantuvo su arraigo con retornos periódicos a Caracas y Güiria, de donde es oriunda su madre, la distancia se transformó más en inspiración que en nostalgia. La lejanía le permitió reconocer los elementos que permearon en sus gustos, al observar la ciudad que arrancaba su modernidad. El paisaje caraqueño con el arte incorporado a la arquitectura estaba en su memoria.

En su hogar nunca faltó la valoración de las obras artísticas contemporáneas. Jesús Soto es su principal referente artístico, pero en este cielo de los techos rojos también se admiró de la sencillez de Armando Reverón; el escultor franco-alemán Jean Arp se le hizo cercano a través de las obras de la Ciudad Universitaria, un artista que para él es una gran influencia. Me atrevo a mencionar al estadounidense Alexander Calder, al observar algunas de sus esculturas móviles, pero Reynolds prefiere priorizar en la lista a Carlos Raúl Villanueva, Fruto Vivas y Cornelis Zitman, tal vez por su inclinación a realizar obras utilitarias, muebles que creó durante diez años, en los inicios de su formación artística, hasta que sintió que prefería la cerámica y la consideró mejor que la madera.

“Yo nunca he sido otra cosa que artista. Aunque hubo momentos en que no vendiera, nunca desistí de trabajar en esto. Cuando estaba estudiando escultura y pintura me pareció difícil y entonces me cambié a diseño tridimensional. Fue donde aprendí a hacer muebles. Pero también eran piezas únicas, como escultóricas”.

Por esa formación, el coleccionista de arte y promotor cultural Dennis Schmeichler lo invitó a exponer en Casa Curuba (en 1991). Además, fue la oportunidad para conocer el taller de ebanistería que Dennis tenía en Quíbor. “Estuve viviendo como tres meses allá, fue una buena experiencia para conocer las maderas, y sacamos unos muebles muy bellos, que van a estar en un Hotel de Margarita”.

De la madera a la cerámica. Fotos cortesía Daniel Reynolds.

La formación que recibió tempranamente en la secundaria inglesa completaría los ingredientes de su crisol creativo. Para Reynolds fue un proceso natural moldear la arcilla en las aulas de clase, y esas evocaciones venezolanas que impregnaba al crear formas del barro terminarían de identificar su firma en la escultura. Su sello distintivo se encuentra en las técnicas aprendidas en Inglaterra, aplicadas al quehacer cultural venezolano, donde reina la abstracción geométrica.

“En el 2000 quise ver si había mercado o galería en Venezuela que le pudiera interesar mi trabajo en cerámica. Sin conocer a nadie, busqué ¡en las Páginas Amarillas! el número de la única galería que me sonaba desde los ‘60. Esa fue la Sala Mendoza. En aquel momento estaba Cecilia Fajardo-Hill como directora, y me dio una cálida bienvenida. Mi primera exposición en una galería en Caracas fue allí, creo que comenzando el 2001, con la curaduría de Juan Carlos Láncara”.

Reynolds mantuvo el vínculo con la Sala Mendoza para exposiciones sucesivas, esta vez con Ruth Auerbach como directora. Y no fueron sus únicas incursiones en Venezuela, en 2004 formó parte de la Bienal “Barro de América” organizada por el Museo de Arte Contemporáneo Sofía Imber. Ese mismo año, realizó sendas individuales en el Centro de Arte Lía Bermúdez de Maracaibo y en la Quinta Anauco en Caracas. Hace seis meses, en junio, una de sus esculturas de cerámica abstracta estuvo incluida en una colectiva en la Galería Beatriz Gil. En la misma fecha, presentó algunas piezas recientes en la exposición New Sculpture and Ceramics, realizada en The Butter Factory en Londres, donde tiene su taller.

El 25 de noviembre de 2023, se inauguró en la Fundación Serpentina la exposición “Los años veinte. La nueva cerámica El Cercado, Bermúdez, Reynolds y Compañía”, bajo la curaduría de Tahía Rivero. Las piezas de Juan José Bermúdez, Jesús Alfonzo, Christopher Domínguez, Joseph Martínez, Juan Pablo Martínez, José Agustín Bermúdez, Fenyervi Alfonzo, y las hermanas Josmary y Amarilys Bermúdez hacen diálogo con las esculturas de Daniel Reynolds, para mezclar el saber tradicional con la innovación.

 “Los años veinte” exhibition at Fundación Serpentina.

Renovar la tradición

La historia que subyace entre estas líneas trata de una conjunción de voluntades. El vínculo que Daniel Reynolds mantuvo con el país le permitió ser una referencia para coleccionistas e investigadores del arte. La estancia en Quíbor profundizó su interés por el arte popular. Este hecho, aunado a su estilo escultórico a partir del barro, convertía a Daniel Reynolds en el candidato perfecto para unirse al proyecto de Jimmy Belilty, presidente de la Fundación Serpentina (2021), en Margarita.

Belilty se ha propuesto ampliar la presencia cultural en la isla. Y apenas está comenzando un plan para la creación de un taller de ceramistas, una idea que también tiene motivada a la investigadora de arte y curadora Tahía Rivero, quien estableció el contacto entre artista y coleccionista.

Sede de la Fundación Serpentina.

“En una oportunidad, Jimmy me visitó en Margarita y le gustó tanto mi casita, que se compró la casa vecina. La reconstruyó y es allí donde hizo la sede de la Fundación Serpentina. Él tiene el propósito de hacer de Margarita un centro de arte importante con eventos relevantes. Ha invitado a críticos y coleccionistas, y también invitó al artista venezolano, radicado en París, Jorge Pedro Núñez, a una residencia en La Asunción. Cuando me habló de hacer una escuela de cerámica, le tomé la palabra y le propuse hacer una residencia con Daniel Reynolds, porque sabía que a él le interesaría el vínculo con el país menos capitalino. Él ya había estado en Quíbor haciendo muebles y he seguido su trabajo desde que expuso en la Sala Mendoza”, cuenta Tahía Rivero.

–¿Conocías El Cercado, Daniel?

–Lo conocía de nombre. Sabía que eran alfareros, que el trabajo era ancestral, muy tradicional, pero nunca había ido. La cerámica sí la había visto, pero no sabía distinguir si esa, en particular, salía de El Cercado. El encuentro fue fabuloso. Yo estuve en diciembre del año pasado, cuando fuimos a conocer a Juan Bermúdez.

La anécdota de ese primer encuentro vale contarla. El joven de 24 años, lo saluda con gran formalidad: “Bienvenido a mi humilde hogar”, le dice, y se quita el sombrero, en señal de reverencia. Daniel se asombra de tanta sencillez, pero las sorpresas aún estaban por comenzar. “Fue una tarde maravillosa. Hablamos de cerámicas, de vasijas, y le expliqué que quería hacer móviles y algunos relieves, si alcanzaba el tiempo”.

La comunicación entre ambos continuó por escrito, hablando sobre los planes de trabajo. El día que Daniel Reynolds llegó a El Cercado a iniciar su residencia, se encontró con una casa llena de muchachos de todas las edades. Orlimar, la esposa de Juan, tiene una bebé y dos hijos adolescentes, Juan Pablo y Joseph Martínez. Su hermanas Amarilys y Josmary también hacen cerámicas para la venta. Estaba también Christopher, un vecino que ayuda en el proceso, porque en su casa no lo dejaban tocar el barro, porque es laborioso hacerlo, desde que lo traen del Cerro de la Cruz para colarlo.

Juan Bermúdez trabajando en el torno.

“Los muchachos eran los asistentes para amasar el barro y mover las piezas. Cuando les pregunto ¿dónde están sus obras para verlas? Me dicen que después de hacerlas, las rompen. No llegaban a la cocción, no pasaban al horno, porque así podían reciclar la arcilla. Sólo practicaban. No se arriesgaban a perder material si no se iba a vender. Resulta que a estos niños le permitimos hacer cosas, y el resultado fue maravilloso”.

Durante la entrevista, Daniel Reynolds no deja de mostrar las fotografías que realizó sobre el trabajo de estos jóvenes. Joseph Martínez, Christopher Domínguez, Jesús Alfonzo, y el propio Juan Bermúdez compartían el espacio creativo. La experiencia que Daniel Reynolds tuvo con los muchachos sigue dando sus frutos. En Inglaterra se enteró que Juan Pablo Martínez y José Agustín Bermúdez también se sumaron a trabajar el barro con sentido artístico.

Reynolds hizo la suerte de representante o intermediario para dar a conocer esta innovación en la cerámica de El Cercado. Trajo a Caracas sus piezas, y logró que fueran exhibidas y puestas a la venta en la Sala TAC de Las Mercedes.

Saltar el pasado

Desde el siglo XVII el pueblo de El Cercado tiene una tradición alfarera. Platos, tinajeros, jarrones, budares, floreros son piezas que los turistas suelen adquirir a precios sumamente económicos. El estilo no ha variado mucho con el tiempo, pero algo puede estar cambiando, lo que despierta el recelo en los más conservadores, quienes procuran que se mantenga todo en su lugar.

El visitante sabe que ha llegado a su destino, en las cercanías de Santa Ana, cuando se encuentra con un grupo de vasijas destacadas sobre unas columnas a manera de bienvenida. Actualmente, esas piezas agrietadas, algunas rotas, denotan el avance del tiempo.

Si bien son las mujeres quienes principalmente resguardan la cultura ancestral, y se esmeran por mantener el proceso centenario, los más jóvenes crean a contracorriente, a raíz del impulso que generó la visita de Reynolds.

Muestra de obras producidas en El Cercado, Taller de Juan Bermúdez.

El escultor muestra una de las nuevas piezas de los muchachos, y comienza a describir el proceso: “Yo pensaba que la pieza tenía que ser húmeda. No, la secan de un todo, la secan al sol, ese sol margariteño y después la bruñen. Es un pulido. Y después, le hacen quema baja, de humo. Por eso, quedó como ahumado el pulido. Son preciosas”.

La realidad es que los alfareros tienen una producción homogénea, con pocas variaciones entre ellos. Obras que, a pesar de ser económicas, siempre son objeto del regateo por parte de los turistas. Durante su estancia, Reynolds trató de inculcarles a sus discípulos maneras de posicionar sus piezas y abrirles las expectativas: “Continúen por supuesto, con las piezas que venden ahora, pero piensen en hacer otras obras que sean especiales, incluso fírmenlas; que cada cerámica sea embajadora de El Cercado”.

Obras producidas por Reynolds en el taller.

Piezas a punta de cocción en El Cercado. Taller de Juan Bermúdez.

Al final, los muchachos hicieron unas vasijas en forma de totumas. Al no tener tiempo de hacer moldes, improvisaron desde el propio material. “Yo les dije: a mí me conocen por mis totumas en porcelana; porque soy venezolano, pero vivo afuera y trabajo con esos materiales, y quise unir mis dos culturas. Pero no puedo ser el único. Ustedes están rodeados de árboles de taparos. Usen lo que ustedes tienen”.

Lo que para Reynolds era una residencia para trabajar en sus propias obras, se transformó en un intercambio de experiencias, y más que descubrir nuevos recursos para sus creaciones, se enfocó en revelar el potencial juvenil. “Les dije: quítate la palabra alfarero o artesano, porque en algunos casos eso puede ser una cárcel. Ustedes son ceramistas, el talento que tienen y la sofisticación se pierde de vista”.

Puntualiza Reynolds: “Vine a aprender de las quemas que ellos hacen de humo, que es fabulosa. A aprender la forma de trabajar la arcilla, que yo desconocía. Ellos usan un material que es como piedra molida, es porosa, a veces abrillantada, y se desmorona, pero ellos la muelen a palo limpio, para convertirla en arcilla, con la que trabajan cosas gruesas, sin mucho detalle. Ellos utilizan dos arcillas, una que es de río, y esta que la buscan en el cerro. Cuando hablábamos de los materiales, Juan me decía: ‘No me discuta que yo sé lo que le digo, porque yo soy el Rey del Barro’. Él sabe lo que vale”.

Con ese material poroso Reynolds trabajó dos obras, porque es difícil de moldear. Mientras conversa de su experiencia, hay cierto orgullo en las ideas que Reynolds transmite. “Soy un ceramista como ellos. Estos jóvenes tienen mucho que aprender de distintas formas de trabajar. Les voy a regalar el libro sobre cerámica de la Colección Mercantil, para que vean todas las posibilidades a su alcance”.

Algunos de los bocetos de las obras producidas en El Cercado por Reynolds

Pero es necesario hacer un paralelismo: Daniel Reynolds está cultivando la confianza de estos jóvenes de El Cercado, de la misma manera que su hermano mayor lo hizo con él, cuando lo agarró por los hombros y le dijo: “tú eres un artista” y lo apoyó para que tuviera su propio taller.

Reynolds comenzó en su juventud elaborando joyas. Estuvo cerca de diez años diseñando muebles, hasta que quiso innovar con algunas piezas, incorporando la cerámica para ciertos acabados. Esas texturas le recordaron lo que disfrutaba moldeando el barro, así que no volvió a abandonar la cerámica.

Su obra forma parte de la colección del Museum of Arts and Design, en Nueva York, de la Colección Cisneros y la Fundación Mercantil, entre otros coleccionistas particulares. En el Reino Unido fue invitado a participar con una de sus esculturas móviles en la inauguración de Design House (2018) en The New Art Centre, Roche Court en Wiltshire. Ha estado presente en exposiciones individuales en Tokio, Japón y Hong Kong (1994); en Barcelona, España (2004), en Puebla, México (2016) y de manera colectiva en varias ciudades de Estados Unidos, Francia, Reino Unido, Japón, entre otras.

Sus anfitriones de El Cercado le decían, “tú, que vienes de tierras tan lejanas, cuéntanos algo…”, pero Reynolds, con Atlas en mano, le mostraba que no todo estaba tan lejos, y que incluso, cualquier lugar de la tierra podía estar al alcance de ellos. “Les dije: Si en Caracas un turista llega a comprar una de estas cerámicas, tu nombre, así como el nombre de El Cercado, puede estar en Nueva York, en Estocolmo o en Hong Kong. Era la manera de ayudarlos a valorar más su trabajo”.

El día en que culminaba su residencia en Margarita y, en horas de la madrugada, Daniel Reynolds estaba esperando que una de sus obras se terminara de cocer en el horno. Eran los últimos toques para una pieza que ahora destaca en la exposición de la Fundación Serpentina inaugurada en noviembre. “Es una escultura móvil, grande (extiende los brazos), con esta arcilla que yo no conocía. Mientras esperaba frente al horno, pensaba: horas y horas trabajando aquí, y lo que falta es que esto se agriete y que la pierda toda… ¡Pero salió perfecta!”.

El torno del taller de Juan Bermúdez, El Cercado.

A casa llena… de artistas – Taller Cerámica Bermúdez

Después de la presencia de Daniel Reynolds en Margarita, el Taller Cerámica Bermúdez ha tenido una amplia actividad para intercambiar experiencias con artistas, impulsados por la iniciativa de varias personas; Bermúdez cita entre ellas a Carmen Julieta Centeno, de la Fundación ArtesanoGroup, así como a Tahía Rivero y la Fundación Serpentina.

Juan Bermúdez, Diana López y los muchachos a la puerta del Taller Cerámica Bermúdez, El Cercado.

En mayo estuvo el escultor chileno venezolano Augusto Acosta. A mediados de agosto de este año, los chicos de El Cercado participaron en el performance de la artista Diana López, en compañía además de Emilia Azcárate, artista venezolana residenciada en España. “Homenaje a la rueda” se realizó en el Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez, con el apoyo de la Universidad de Margarita y Henrique Faría Gallery. Con el uso de patines, una carretilla de carga y bicicletas pintaron el gran lienzo dirigidos por López.

Entre abril y mayo, Macolla Creativa realizó un taller de Alfarería con Bermúdez en El Cercado donde participaron Julio Loaiza, Daniel Guerra, Isabella Rengifo, Prada Colón y Virginia Hernández. La experiencia se extendió a Caracas, en agosto y septiembre, con la presencia de Bermúdez en La Pastora y finalmente un encuentro en Casa País, ubicado en el Hotel Tamanaco. No sobraron iniciativas para que la residencia de artista fuera en ambas direcciones, y así, Luis Toto García prestó el torno con el que Bermúdez realizó algunas piezas en la capital.

Juan Bermúdez con Daniel Guerra, su hermana y esposa, en El Cercado, fotos cortesía de Juan Bermúdez

Adrián Pujol con Juan Bermúdez en El Cercado y mostrando una de las obras de su visita. Fotos cortesía de Juan Bermúde y retrato de Pujol y sus obras por Inger Pedreáñez

En octubre, el pintor Adrián Pujol culminó una serie de obras en cerámica, entre ellos varios platos escultóricos y un globo terráqueo en los hornos de la isla, acompañado de la artista Corina Briceño, y en la misma fecha coincidieron en una breve visita Sheroanawe Hakihiiwe y Luis Romero, quien intervino uno de los platos, que pasó a formar parte de la colección Bermúdez. En noviembre de 2023, la artista venezolana radicada en Londres Francisca Sosa llevó a cabo una residencia en El Cercado para investigar la alfarería y el tejido margariteño. Y ha habido varias visitas como la de María Virginia Pineda, Titina Penzini y los ceramistas Cristian Fontana y Josselin Chalbaud, entre otros.

Este es un pueblo donde el barro y la arcilla se transforma en arte. Mantenemos la tradición de los guaiqueríes de hace más de mil años, de generación en generación. Aprendí de mis tías desde los 12 años y este movimiento que ha habido con la visita de los artistas que han venido desde España, Londres, Estados Unidos, Chile, Venezuela, Suiza, Panamá ha sido un éxito. Daniel Reynolds fue el primero y su visita fue tan importante que él no se quería ir. Lo bueno es que los artistas se adaptan a todo tipo de material, y a nuestro ritmo de trabajo, que ha permitido hacer obras especiales. Con Adrián Pujol hicimos un trabajo bellísimo. Fue como reciclaje, buscamos solución a su propuesta de esmaltes y la experiencia fue inolvidable. Primera vez en la historia que se hace este movimiento de artistas y ojalá se extienda a otros talleres en El Cercado”, expresa el ceramista de 24 años Juan José Bermúdez, quien aspira avanzar en el proyecto de rescatar la escuela de cerámica del pueblo para formar a jóvenes y personas mayores, en el arte de la arcilla, y de otras artesanías, como el tejido y la elaboración de hamacas.

Juan Bermúdez en su taller en El Cercado durante la residencia de Daniel Reynolds

Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. Dedicada al periodismo corporativo por más de 30 años. IG: @ingervpr.

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