Ana Barriga – El juego entre la verdad y la ficción

por Inger Pedreáñez

Mientras trabaja simultáneamente en tres cuadros, durante su estadía en Caracas, como antesala a su primera exposición individual en Venezuela, la expresión de felicidad de la artista Ana Barriga (Jerez de la Frontera, Cádiz, 1984) es una extensión de los colores que salpican a su alrededor. Desde el 3 de noviembre, Ana Barriga «Saca el pecho» en el Centro Cultural de la Universidad Católica Andrés Bello, bajo la representación de Cerquone Projects. Que se encuentre en Caracas, entre óleos y esmaltes, es algo que no se lo cree.

Ana Barriga en Cerquone Gallery. Foto de Inger Pedreáñez. Caracas, 2022.

La internacionalización de la obra de Ana Barrriga comenzó en 2015, apenas iniciando su carrera artística, cuando sus cuadros viajaron a Londres, entre ellos Aviso de Tormenta (2014). En años recientes, y sobre todo desde 2020, cuando las personas en el mundo entero se encerraban en sus casas con la amenaza de muerte por la pandemia, la artista no ha dejado de visitar países, sea en persona o representada en sus obras de arte. Exposiciones individuales, colectivas y ferias la han acogido en Inglaterra, Alemania, Estados Unidos, Francia, Dubai, Seúl, China, Korea… Con esa varita mágica que impulsa a punta de pinceles y sprays, un día le preguntó a Walter Cerquone (el primer galerista que la visitó cuando se mudó a Madrid, y quien ha promovido su arte en Suiza y México) ¿Y a Venezuela, cuándo me llevas? Sus deseos fueron órdenes.

Ana Barriga. Aviso de Tormenta, 2014.

Como usualmente hace, Ana se dirigió a los lugares más parecidos a los mercadillos que frecuenta en España y visitó las tiendas artesanales de El Hatillo; también pasó por el mercado chino, en busca de materiales que le sirvieran de inspiración. Ya en la galería convertida en taller, como una niña que juega con sus muñecas, manipuló las piezas hasta crear la narrativa esperada.

“Mi obra es una cuestión de instinto y actitud. Pero no solo a la hora de encontrar el objeto, porque vas ahí en plan cazadora, súper concentrada, a ver dónde disparas para llevarte la presa. Pero ese ánimo, esa misma disposición la tienes cuando estás pintando”.

Los animales rondan en sus lienzos desde hace muchos años, como si fueran invitados a una fiesta. Caballos, hipopótamos, gatos, conejos, tigres blancos, ranas e incluso seres fantasiosos o híbridos construyen su bestiario, como extraídos del país de maravillas de otra Alicia, con situaciones que revelan la sordidez de la vida.

“No es sólo lo que somos, sino también lo que creemos que podemos ser. Y esas cosas se expresan, salen de alguna manera. Siempre he pensado que la pintura es mentira. Lo que yo hago es contar una historia, en un soporte, donde no existe. Entonces, creas otra realidad. Estoy contando algo que es verdad, pero que también es ficción”.

Ana Barriga. El abrazo, 2020.

La han llamado la nueva reina del arte pop, porque recurre a los objetos fabricados en serie, personajes de comics y adornos que podrían quedar eternamene en una estantería, descartados por su estética, como bien lo describe la artista “trozos de realidad que ya no significan nada”. Crea la escena, hace la fotografía, y después la lleva al lienzo, con pinturas al óleo, spray, esmalte y rotulador. A veces trabaja directamente desde los objetos; los palpa, observa sus curvas y reflejos. El resultado, es una mezcla entre hiperrealismo y fantasía. El toque final es un acto de vandalización, con trazos que hacen aterrizar al espectador en una existencia mundana, de la calle. La ironía es su mejor argumento para pintar.

“Me interesa esa parte de la sociedad de desarrollo, ver aquello que en un momento tuvo valor, ahora se desecha y lo rescato. Vuelvo a otorgarle un valor que había perdido”.

ANa Barriga

¿Y qué es el humor para Ana Barriga?
¡Madre mía, vea, qué difícil es! Sería como una manera saludable o sana de disfrutar de todo lo que te va pasando. Pero yo trabajo más con la ironía, que te lleva a analizar. Para mí, es una manera de ser y de estar en el mundo. Es tratar de entender cómo te la llevas, en qué lado del diamante te sitúas para que sea lo más bonito posible, lo más beneficioso posible. Ahí está el humor y también la ironía.

Dicen que las personas que se saben reír de sí mismas demuestran su inteligencia.
Ah, no. Pero yo la sé disimular muy bien.

Detrás de la alegría y del jolgorio, la artista trata de demostrar que la vida bonita tiene su contraparte: “No hay fiesta, no es así. No es que todo fuera maravilloso. Por supuesto que siempre hay situaciones crudas, pero es parte de la vida. La vida tiene esas dos caras”.

De alguna manera, la reminiscencia de la infancia a través del juego o la representación de figuras desde la desnudez total hasta visibilizar los huesos, remite a la fragilidad de la existencia. Pero de inmediato, está el trazo y el verbo que planta los pies sobre la tierra. Y al final, dentro de la crudeza está la alegría, por donde inclina su balanza.

La verdad es que esto es un milagro. Cuando yo digo en las entrevistas que es más probable que me dedicase a la droga y a la prostitución que al arte. ¡Es que es verdad! Yo estoy agradecida de poder dedicarme al arte. Pues quizás lo que pinto sea como una manera de transmitir ese agradecimiento”.

Esto es un abrazo, 2015
En algo hay que creer, 2015
Aunque llores, 2015.
La pareja perfecta, 2015.

El relato de sus obras tiende a la irreverencia, y el uso de la palabra derrumba lo que crees ver. ¿Qué tanto transmite un patrón de ropas de papel para vestir a las muñecas doblado como un envoltorio? ¿O un irreconocible pliego donde se destaca la palabra “moon”? La obra se titula Esto es un abrazo (2015), y se podría pensar que hay una evocación a la antítesis del pintor surrealista René Magritte y su obra Esto no es una pipa. Aunque Ana Barriga aclara que no fue un referente, la contradicción es una constante en sus temas como el amor, el sexo, la religión y la muerte, a través de situaciones de aparente inocencia. Se observa, por ejemplo, en el óleo Aunque llores (2015) donde unas manos juegan con dos figuras de cerámica uniéndolas en un beso; o en una virgen intervenida como diablo, para concluir en el título En algo hay que creer (2015); o la osadía de una niña trajeada como blancanieves que orina parada, como los hombres, mientras un conejo muerde su falda en La pareja perfecta (2022). Escenas que hacen reflexionar y que se sostienen del absurdo, en composiciones que lucen tridimensionales.

Sus primeros cuadros serían en acrílico, impaciente por ver resultados rápidos, pero pronto los consejos de sus profesores permearon y descubrió la magia del óleo. Iniciaba su arte con abstracciones y  fragmentados, pero siempre con un matiz inclinado hacia el componente lúdico.

Una de sus pinturas inusuales tuvo mucha aceptación desde que fue exhibida en la I Bienal Universitaria Andaluza de Creación Plástica Contemporánea BIUNIC (2015), en una colectiva de doce jóvenes artistas andaluces. Esto o lo otro (2014), que mereció segundo premio, además de otros reconocimientos posteriores, describe la nobleza de un caballo, pero en una escena tan cruda que lo expone hasta los huesos. Un planteamiento que según la artista saca afuera todo lo que llevamos dentro.

Ana Barriga. Esto o lo otro, 2014.
Segundo Premio, I Bienal Universitaria Andaluza de Creación Plástica Contemporánea BIUNIC (2015).

“La perspectiva que tienes sobre la fragilidad, es muy cercana a la idea primigenia con la que he desarrollado esos trabajos. Al final, la ironía y el sarcasmo son maneras de intentar evadir la fragilidad del ser humano; porque ¡qué pena de nosotros, que nos creemos que nos vamos a comer el mundo y al final el mundo acaba comiéndonos!… Siempre he dicho que mi trabajo es pura vida, y la vida es muy frágil. Es el fracaso de nacer para morir, pero también es la maravilla de que transcurran cosas en el camino”.

Ana BArriga

Crear su suerte

En el comienzo de la conversación presiento que no está convencida del todo con los objetos que ha conseguido para adaptar su imaginario al país. “Si me toca pintar un diablo de Yare, lo haré”, dice como si tratara de encontrar algo más en su mesa, donde reposa una pequeña máscara tradicional del Corpus Christi de Yaracuy. Otra de las obras en progreso muestra una circunferencia de un intenso rosado, fosforescente. Se me ocurre imaginar que es un cítrico cortado a la mitad, o los ejes de una carreta. Ella voltea a mirar el pliego de lino y algodón, y dice casi en voz baja: “¡Se supone que es un búho!”.

Ana Barriga. Laki Kat, 2020.

Fue un dato que dejé escapar. Mientras explicaba los detalles de su escultura Laki Kat (2021), comenta la importancia del búho dentro del cuerpo del gato: “si tienes un búho rosa es que tienes amor en tu vida”, dice la artista gaditana. El búho es el hilo conector de las otras siete esculturas que ensamblan la pieza, como un motor que se activa con su energía. También contiene un trébol de cuatro hojas que representa los pulmones, como aire vital; los intestinos son de arcoiris, el estómago una sirenita y el hígado un elefante, las patas de conejo son los riñones, porta además una rosa roja con una gran sonrisa.

“Llevaba ya tres años dándole vuelta al gato, pensando en sus órganos, porque ya existía la sirenita. Era un objeto en 3D de esos tipo bodegón que pinto. Y cuando ya estaba el objeto armado para hacerle la foto y luego comenzar a pintar, me doy cuenta de que esa escultura se tenía que hacer”.

Ana Barriga. Un día perfecto, 2020. Galería We Collect.

A falta de inversionistas que le financiaran el proyecto, sacó el dinero de sus ahorros: 15.000 euros. Pero no fue el dinero el mayor riesgo, sino que tuvo que pasar duras pruebas en la logística de elaboración y los plazos que se le hicieron cortos.

“Hice el gato para una exposición sin saber si se vendería o no. Un gato de dos metros cuarenta con siete esculturas dentro que debía ensamblar en una historia que no podía intuir. La exposición se llamaba Un Día Perfecto y mientras la montábamos, yo lloraba y reía a la vez por todos los problemas que estábamos pasando. Pero al final, sí fue perfecto, porque hay una experiencia vital de aprendizaje”.

Los objetos no son su única inspiración. Una de las musas que le sopló la idea de Laki Kat fue Rocío Jurado cantando en la radio Qué no daría por empezar de nuevo. Ana estaba en su taller, escuchando la música y reflexiona: “queremos controlarlo todo, y en ese mirar hacia atrás y pensar en el futuro, al final lo que necesitamos es un poco de suerte y ya está. Así comenzó mi investigación sobre los objetos de la suerte”.

La escultura elaborada con resina, fibra de vidrio y madera, pintura de poliuretano y flocado, se exhibió finalmente en la exposición Un día perfecto (mayo, 2021) en la galería We Collect de Madrid, y en poco tiempo fue adquirida por 45.000 euros, para ser instalada en el County Hall de Londres, entre el Big Ben y La Noria. Pronto recibió, además, una residencia artística en la capital inglesa.

Con una empresa de Hong Kong sacó una edición de 20 piezas de esta obra, que también se vendió muy bien, “Yo quería que se notase de alguna manera la imperfección que da la mano de la artista, no que fuera perfecta como lo haría una máquina. Cuando me llegó la prueba, ¡no sabía cuál era la que había hecho yo, fue un trabajo superfino!”.

Ana Barriga despegó enmantillada en el mundo del arte. Uno de sus profesores fue el primero en comprar su obra. Ella recuerda que era un acrílico sobre papel, con unas piernas cruzadas en composición a rayas, color verde. Le pagó entre 300 o 400 euros, un dineral para el momento. “Con eso compré un mogollón de óleos”, recuerda.

En su primera exposición colectiva, las dos obras que seleccionó fueron adquiridas sin aún haber sido colgadas de la pared, proeza que ha repetido con creces en la más reciente exposición organizada por la Galería Birimbao, Candy Eye (2022), cuando las once obras que conformaron la muestra fueron vendidas antes de inaugurar. Es abanderada en la pintura, pero en sus inicios la escultura ocupó su atención. Tanto es así, que los detalles tridimensionales se descubren en sus pinceladas. Tiene en su quehacer, además de Laki Kat, una considerable producción de esculturas, en diversos materiales, inclusive la cera.

“La primera escultura que hice, así como tal, fueron doce velas que atendían a un color según el círculo cromático. Eran unas mujeres, pero en lugar de tener la mecha en la cabeza la tenían en las tetas. Se llamaban Muñecas bravas (2018). Estaba el tema del cambio de la mujer sumisa a la mujer independiente, que las llamaban así, muñecas bravas y eso me hizo mucha gracia. Pero son muñecas autodestructivas porque si la enciendes ellas se van encorvando y no terminan de funcionar como velas”.

Ana Barriga. Muñecas bravas, 2018.

Se desconoce si esas velas se encendieron, porque la serie completa fue adquirida por una dama (sin nombre) en una feria en Santander. Mujeres, jarrones de la suerte, historias que se cuentan en 3D, como el hombrecito que orina sobre paloma a Marilyn Monroe; o Blanca Nieves, el Niño Jesús y su perro, realizada para Generaciones 2019. La más reciente es Putti Barriga (2022), un personaje angelado, pálido, intervenido con marcadores a manera de tatuajes, con una mirada inquietante, tal vez melancólica. Es una pieza única, de gran dimensión, expuesta en julio de 2022, en Artbusan 2022 en Korea del Sur, de la mano de la galería madrileña Yusto/Giner.

Ana Barriga. Putti Barriga, 2022.

La magia de la pintura

El pasado de Ana Barriga, antes de enamorarse del arte, era el de una adolescente que trabajaba para sobrevivir; con la única determinación de que un aula de clases no era para ella. Seguramente, durante sus días tras la barra de un bar, escuchó y vió muchas situaciones de sus clientes, mientras se dejaba conducir por la vida sin destino claro. Fue su jefe quien la incentivó a tomar un curso de ebanistería, ofreciéndole además horarios que le permitieran estudiar y trabajar a la vez. Al presentar el examen de admisión se encontró a gusto, y conforme avanzaba en la carrera, para su sorpresa, cada objeto utilitario que hacía tenía un comprador interesado, aunque ella las considere hoy como “horribles”. Esa expectativa de los demás, aquél murmullo público que resonaba como “a ver qué va a hacer esa niña”, siempre la ha acompañado, y lejos de intimidarla, se la ha apostado a su mejor instinto.

“Antes de estudiar yo no había visto un libro de arte en mi vida, ni de diseño, ni de nada. Aunque vengo de una familia muy creativa. Mis primeros diseños de muebles tenían mucha ornamentación, pero eso fue parte del aprendizaje. No sé cómo la gente los compraba”.

Tenía 18 años cuando recibió el título como técnico medio en Ebanistería Artística (Jerez de la Frontera, 2002):  

De la ebanistería aprendí que todo tiene su tiempo, esa cosa de proceso de respiración, de amor por la materia y de hacer con las manos. Porque cuando trabajas con la madera, así como cuando trabajas con la pintura, el medio necesita su propia autonomía. Cuando trabajas con la madera, no puedes tallar como te dé la gana. Todo debe tener una norma, tienes que seguir una veta, si hay un nudo, si quieres ensamblar, bailas con la pieza como buenamente puedas. Pasa lo mismo con la pintura. Aunque creas que estás intentando controlar el medio, un color, composición, iconografía, textura y veinte mil movidas más, hay una parte de la pintura que te domina a ti. Hay una parte del medio que se impone, y que si no, ¡es que no tiene sentido la historia!”.

Luego viajó a Cadiz para aprender Diseño de Mobiliario (2005), y de allí a Sevilla para titularse en Artes Aplicadas a la Piedra (2009), hasta finalmente obtener la licenciatura en Bellas Artes, en la Facultad de Bellas Artes de Sevilla (2014) y la maestría en Arte, Idea y Producción. Los escenarios lúdicos cobran más fuerza cuando expone de manera individual en la Galería Birimbao de Sevilla, con El hombre y la madera (2015).

Algunas obras de El hombre y la madera (2015) Galería Birimbao, España.
De izquierda a derecha: El beso guarro; Fiesta salvaje; Rojo, verde y azul; Quién será el que me quiera a mí.

“Soy una persona curiosa, y si algo cae en mis manos o me ha interesado algo, indago a ver qué encuentro. Por ejemplo, de Friedrich Schiller me interesa muchísimo Cartas sobre la educación estética del hombre. Es maravilloso. Ahí habla del terreno de juego entre la verdad y la realidad, y cómo se funden”.

Y así como se inspira en pensamientos filosóficos, aborda tambien la memoria y la personalidad, para comprender las etapas de la vida. En Cucú (2018) el rostro de una muñeca china se desdobla como una matrioshka​,​ desde la infancia hasta la ancianidad. La imagen central es una calavera, como principio de la existencia, porque nacemos para morir.

Ana Barriga. Cucú, 2018.

Los amarillos intensos, el azul turquesa y las tonalidades fucsias o rosadas prevalecen en sus pinturas, tanto como los colores primarios. Se trata de explorar su influencia cromática y de formas, pero de inmediato los referentes quedan en segundo plano frente a sus argumentos:

“Lo que le gusta a los ojos, lo sabe la cabeza y las manos lo intentan. Pasa que al final haces el cóctel, no porque te quieras parecer a alguien, sino porque inconscientemente eso está ahí. Hubo una época, sobre todo al principio, que me gustaba el color que utilizaba Matisse. Tú hablas de Picasso, qué maravilla. Y creo que, tal vez, también por eso utilizo el spray, así en plan de vandalismo hacia mis propios cuadros, porque después de esta gente que es de buena pintura, ¿quien supera eso? Entonces, entiendes que no se trata de superar nada, sino que se trata de hacer”.

Grandes formatos

Los murales siempre han sido un reto para la artista. Se debut en un museo fue para el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), con la obra De animales a dioses (2019). Pensó en la religión, la política, el fútbol, y creó un cuadro de 15 metros, con siete módulos.

Ana Barriga. De animales a dioses, 2019. Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC)

“Es una especie de Cuadro de Vanitas, porque al final, en esos siete rostros que cerraban la mesa, aparecían los cancerberos, los perros del infierno, porque te puedes creer lo que tú quieras, pero al final te vas a morir, y te van a echar los perros que no te van a dejar salir del infierno, porque seguro que no te has portado bien, cariño”.

Pero nada mejor que conocer las impresiones que tuvo Ana Barriga antes de siquiera pensar el cuadro:

“Cuando me llamaron, se me cayó un puñado de pelo de los nervios, y se me arrugó toda la cara durante el proceso, porque era como ¡qué guay!… Fue la primera vez que metí a un asistente en el estudio, que preguntaba: ‘¿Ana, que vas a hacer después con eso?’. Al final el cuadro lo compró el museo y fue genial. Cuando me llevaron al espacio la primera vez, le dije al director: ‘Juan Antonio (Alvarez Reyes), aquí no hace falta cuadro. Ese espacio precioso, con la obra, se estropea’. Y me dije, en este espacio me integro por camuflaje o por contradicción”.

Luego fue invitada a participar nuevamente al CAAC con otra obra de gran formato, estilo mural, inspirada en el poema “Vuelta al paseo” de Federico García Lorca, que tituló Junto a ti (2020) en donde incluye al poeta bailando La Macarena, y una cantidad de imágenes que parecen jeroglíficos egipcios que representan cada verso.

Ana Barriga. Junto a ti (2020). Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC).

También hizo un mural en homenaje a Marie Curie en el Colegio Público Lluis de Santàngel de El Saler en Valencia, un reto ante la exigencia de un público infantil que la rodeaba mientras ella hacía el mural, con la primera científica en recibir dos premios Nobel abrazada por unas costillas y rodeada por sus elementos de investigación.

Tiene un mural de 32 metros en Madrid (Palibex, colección PBX Creativa, 2017); este año fue a Seúl como representante del arte urbano español, y en el municipio francés de Roubaix, en Francia, durante una residencia de artista y en el marco del proyecto La Condición Pública, pintó en dos laterales de una edificación a una chica que dialoga con tres felices gatos de hocicos acorazonados, que portan unas circunferencias. La obra se llama Un mundo para ti (2021), y la metafora está en el contenido oculto en esas ofrendas.  

“Yo nunca he sido una artista urbana, pero sí pinto muros, porque quien pinta aquí, pinta allí. Pero de hecho, yo soy torpe pintando muros. Entiendo el espacio e intento que se integre. Yo pinto un cuadro grande, que es otra cosa”.

Ana Barriga. Un mundo para ti, 2021. La condición pública. Roubaix, Francia.

Cada historia que se imagina Ana Barriga en sus modelos reconstruidos ocultan una reflexión sobre algunas experiencias, sus pensamientos o su ironía. ¿Qué tanto hay de la vida de la artista en esos relatos? Tal vez sus personajes narran secretos que se conectan con los secretos de los demás. En alguna obra debe haber lo más cercano a un autorretrato, y la artista elige para responder Mi tumba, mi rumba (2019), que dibuja a un personaje que trabaja demasiado, no sale del estudio, no tiene novio, pero hace de su vida lo que le da la gana.

“Es como una especie de sarcófago donde aparece la muerta y debajo hay cuatro cabezas de animales que representan mis próximas cuatro vidas. En el cuerpo de la muerta, hay un gráfico que te marca los órganos con números. Por detrás del cuadro, que fue la primera vez que pinté por ambos lados, aparece otro cuerpo en plan fantasma, que explica por qué va a morir cada órgano”.

Ana Barriga. Mi tumba, mi rumba (2019).

Obras de Ana Barriga. Pulsar para ver las imágenes y las leyendas.

Quedan muchas cosas por decir de Ana Barriga. Premio BMW 2021 de Innovación,  Premio Colección Casa de Indias – Estampa 2021, Premio Internacional de Pintura 2016 de la Fundación Focus, así como el de Artes Plásticas de la Universidad de Sevilla, CICUS y Generaciones 2019. Ha sido seleccionada en distintas Becas de Residencias para creadores. En España la representan tres galerías, Birimbao, T20 y Yusto/ Giner y en Londres, Kristin Hjellegjerde Gallery, así como otras organizaciones como Ink and Movement, mientras que la Galería Cerquone busca nichos a donde la artista no ha llegado.

Por si fuera poco, Ana Barriga junto con Coloring The Word Foundation dio inicio en 2021 a un proyecto que beca a los artistas jóvenes que se llama I AM WITH YOU: el producto de la venta de uno de sus cuadros financió los estudios de un nuevo talento, y se espera que esta iniciativa evolucione como una cadena de favores.

Muchos óleos han corrido desde que Ana Barriga se abrió paso en el mundo del arte. Desde la exposición individual que la dio a conocer, Panel de Control (2013), en Sevilla hasta ganarse los corazones de un público en Seúl. Octubre la tendrá ocupada entre Nueva York, Caracas y Madrid. A finales de año estará en Palm Beach, Florida. Mientras tanto, disfrutaremos su escala en Venezuela.

Ana Barriga trabajando para su exposición en Caracas. Foto de Inger Pedreáñez.

“Yo no pienso igual ahora que cuando pintaba al principio. Antes, la ventaja que yo tenía era el desconocimiento absoluto. Al no tener ni puñetera idea de qué estaba haciendo, pues lo hacía con frescura…, una que intento no perderla”.

Ana Barriga

El 15 de octubre, Ana Barriga recibió el Premio a las Artes Plásticas 2022, en la entrega de los 16º Premios Nacionales de la Música y las Artes Pop Eye, que promueve la Asociación Cultural Bon Vivant, uno de los eventos culturales más relevantes de España. Como parte de la celebración ha realizado su más reciente mural, cercano al Teatro Alkázar de Plasencia, lugar de la gala. Este nuevo reconocimiento lo recibe la artista durante la semana previa a inaugurar en el Centro Cultural UCAB su exposición Ana Barriga “saca el pecho” (noviembre 2022 – febrero 2023).

ANa BArriga «Saca el pecho» – Caracas 2022

Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. IG: @ingervpr.

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