Lucía Pizzani

por Inger Pedreáñez

Fotos cortesía Lucía Pizzani

“La palabra ‘psique’ alma en griego, significa también ‘mariposa’.
Nacemos con un gusano de alma, nuestra labor es darle alas y vuelo”.
Alejandro Jodorowsky

Una pieza de cerámica en la obra de Lucía Pizzani es más que arcilla moldeada y expuesta al fuego. Es la tierra que se reinventa en sus manos, trazando caminos de retorno al origen, indagando en las culturas ancestrales universales, haciendo honor a la femineidad y a la constante transformación del ser. Una pieza de cerámica de Pizzani no es un objeto artístico, es la extensión de su piel y de su cuerpo, y es razón y pretexto de sus creaciones en la fotografía, en las esculturas, en sus video instalaciones; es performance y danza que trepa a las paredes marcadas por sus huellas y sus ritmos; es corona y matriz, es envase que contiene las ideas que la inquietan hasta mutar en arte.

Mucho antes de que Lucía Pizzani imaginara que sería una artista como su madre, Nela Ochoa y su padre, Jorge Pizzani, ella sentía la pulsión de estar en armonía con la naturaleza. De niña, viajaba a los Médanos de Coro para ser musa y modelo de su madre, podía pasar un fin de semana en la selva nublada de Choroní, o exploraba aves en el Hato Piñero. Mientras estudiaba Comunicación Social en la Universidad Católica Andrés Bello formó parte de un grupo ecológico que le permitió adentrarse en el Amazonas, y más tarde trabajó en la institución conservacionista Provita para hacer registros fotográficos y videos. Allí coincidió alguna vez con el artista Antonio Briceño, uno de sus fundadores, cuando en las cercanías de Chirimena, en horas de la madrugada,  juntos fueron testigos del nacimiento de tortugas marinas y velaron sus pasos hasta el mar.

Lucía Pizzani

La vida es una sucesión de puntos que se entretejen. Aquella experiencia no fue más que una circunstancia que bien podría haber despertado la curiosidad de Lucía por los ciclos de vida. Pero no fueron las tortugas, sino las mariposas y las serpientes, también el pangolín en tiempos de pandemia, las especies que principalmente han ocupado la mirada y el imaginario de esta artista, en una interpretación de la transformación y la sanación.

En su más reciente exposición, Tiempo Membrana. Revisión de la obra de Lucía Pizzani (2008/2022), que además es su primera retrospectiva en La Hacienda La Trinidad, bajo la concepción de Lorena González Inneco, el terracota dibuja cueros de serpiente y de vegetal. Su propia piel se desprende de una capa de maíz, sale del barro o entra en él; y las crisálidas, reales y ficticias, se prestan para generar el nuevo universo de Pizzani.

Mis primeras obras artísticas fueron fotografías micro macro de las cortezas de los árboles de los bosques de Turgua donde vivió mi papá. Era una especie de micromundo donde descubría texturas y colores. Pero si te pones a pensar, desde esa primera obra ya estaba el tema de la piel, a través de las cortezas, los hongos y los musgos”.

Con uno de esos paisajes orgánicos, Lucía Pizzani, cercana a los 24 años, participó en la Bienal de Exxon Mobil, colectiva que se expuso en la Galería de Arte Nacional, con un motivo de una hoja, tan sencillo en lo diminuto pero expresivo como una galaxia. Eran los tiempos en que estudiaba Biología de la Conservación en la Universidad de Columbia en Nueva York.

Desde que en 2001 Pizzani inició su trayectoria artística hasta hoy, la fotografía es un recurso transversal en sus creaciones, que le ha permitido superar la técnica hasta convertir la imagen en un objeto conceptual. Ha explorado la imagen desde el monotipo para incluir técnicas antiguas como el colodión húmedo, que fue inventado en 1852 por Gustave Le Gray.

“Desde los 15 años he estado haciendo fotografía y por eso estudié comunicación social, interesada en lo audiovisual. Pero en mi fotografía siempre ha habido una inquietud por lo tridimensional, desde las texturas y la materia para imprimirlas. Probé imprimir sobre tela, sobre aluminio, hasta que di el salto a lo tridimensional en cerámica. Pero luego la cerámica se vuelve a integrar a la fotografía como un ciclo”.

La primera vez que utilizó el ferrotipo a partir del colodión húmedo fue durante su investigación sobre las sufragistas en el Reino Unido y los derechos civiles. Se inspiró en los hechos ocurridos en 1913, cuando un grupo de mujeres irrumpe en un invernadero de orquídeas en Kew Gardens en Londres, incendian la casa del té y lanzan panfletos a favor del voto de la mujer. Ese fue el leitmotiv para su obra Orchis (2011) y no es casual que haya escogido esta especie que en sus pétalos se encuentra la dualidad de los sexos. El tratamiento de la imagen con los recursos antiguos le permitía un desplazamiento en el tiempo.

Interesada en seguir esa técnica, Pizzani se puso en contacto con el colectivo Dinou Dinou en Barcelona y comenzó con ellos un trabajo colaborativo, con el que realizó la serie Impronta (2013) y más adelante la serie Sagrario (2015). Se trata de una especie de bodegones a partir de telas que sugieren figuras de vírgenes o embriones, realizadas en antiguas cámaras de acordeón, con unas grandes placas de aluminio. Cuando el colectivo se disolvió, siguió trabajando con Kati Riquelme, explorando en el cianotipo, hasta que tomó un ritmo propio para trabajar de forma independiente con los laboratorios de Photofusion, cercano a su residencia en Brixton. Este colectivo de fotógrafos documentales, le otorgó en 2014 el premio a la mejor fotografía, entregado por revista Hotshoe Magazine, y de ellos mismos, en 2017, recibió el Arts Council England Grants for the Arts.

Lucía Pizzani. Serie Impronta, 2013. Adquirida el 2021 por Tate Gallery con fondos del Comité de Adquisiciones de América Latina, a través de la Tate Americas Foundation, y de la galería londinense Cecilia Brunson Projects

Vestir otra piel

Desde que en 2009 Lucía Pizzani presentó su performance Vessel, como tesis para culminar su maestría en Artes en el Chelsea College de Londres, el cuerpo ha sido un eje transversal en su proceso creativo. Fue cuando descubrió la potencialidad de la cerámica y desarrolló esculturas que parecen fragmentos de pieles heridas, abiertas o cuerpos contenidos. Vessel es la conclusión de que habitamos un cuerpo, como vasija y nave en tránsito. La obra va dejando las huellas de su propia figura impregnada en las paredes por el yeso todavía húmedo, diluyéndose la silueta en esas formas que hablan de la permanencia o impermanencia de la condición humana.

Lucía Pizzani. Vessel. Galería Fernando Zubillaga, 2009. Hacienda La Trinidad, 2022.
Esta obra, acción en vivo registrada fotográficamente, fue la tesis de grado de LP en el Chelsea College, en Londres.

“Mis primeros contactos con arcilla fueron en el taller de Reina Herrera, porque yo era muy amiga de Mariana Monteagudo y Maruja Herrera de mi mamá (las tres ceramistas). Luego, cuando hago mi maestría en el Chelsea, en el 2008, había un departamento de cerámica excelente. Entonces yo empiezo a usar la arcilla como una extensión del cuerpo. Son fragmentos corpóreos con hendiduras, cicatrices… Esas primeras arcillas eran prácticamente material puro con apenas un toque de pigmento.  Enseguida comencé a usar las piezas sobre el cuerpo”.

En ese proceso, y por el hecho de estar esperando a su hijo, surgió la idea de una corona. “Era el sentimiento de sentirse reina cuando estás embarazada o así me sentía yo. También tenía miedo con el tema de la coronación, porque el bebé era muy grande. Mi exploración siempre ha estado entre el adentro y el afuera del cuerpo. Y obviamente el nacimiento era la máxima expresión de esa imagen. Es un cuerpo saliendo a través de otro cuerpo. Entonces hice la corona de arcilla y me hice el retrato como si yo misma estuviera saliendo de una pelvis”. La obra se presentó por primera vez en la Galería de Beatriz Gil, en 2010, en la colectiva Dezplazados. En su actual retrospectiva es una de las piezas que más ha llamado la atención.

Lucia Pizzani. The Crown (2010)

Resaltada desde una esquina, en el conjunto de piezas donde también se incluyen sus fotografías Cuencas con las vasijas artesanales de las mujeres de ese poblado en Margarita. Es un homenaje al lugar que también fue su hogar, y que para la artista tiene gran interés porque los artesanos no utilizan horno, el barro se cuece a cielo abierto, preservando una técnica ancestral. En esta serie, Lucía se fusiona con la vasija: “Esas formas de la arcilla tienen que ver con la cadera, y las asas pueden ser los brazos”.

Lucia Pizzani. Cuencas, 2012. Detalle foto Julio Osorio.

Entre 2012 y 2013 realizó la serie Capullos, tema que será recurrente en su trabajo bajo múltiples interpretaciones.

“El tema de la transformación y la metamorfosis ha estado siempre presente en mi obra desde hace muchos años. En 2013 hice la exposición Mariposario (su primera individual en Venezuela, en Oficina #1), donde había capullos. En esas esculturas colocaba muchos tipos de esmalte y casi que llegaban en estado de ebullición por las muy altas temperaturas. Y cuando la curadora Lorena Muñoz Alonso escribió el texto de esa exposición citó que era como el estado ‘becoming’ de Deleuze, como el estado de transformación. Ese concepto del arte, de una transformación que no se resuelve, que está como un momento siempre de cambio. Y eso pasa mucho en mis obras, que me pongo el barro y me lo quito y se vuelve un loop que no se resuelve. Las mujeres están luchando dentro de los capullos y al final ves las cáscaras vacías. Lo que realmente hago son preguntas sin dar las respuestas a la audiencia”.

Lucía Pizzani. Serie Lepidópteros, 2013. Exposición Mariposario en Oficina#1, Caracas.

El vuelo de la mariposa

El rostro femenino, a través de la máscara de Ofelia, inspiró Las desconocidas del Sena y otras Ofelias, elaborado en monotipo, exposición que le valió el XII Premio Eugenio Mendoza, Sala Mendoza (2013). El reconocimiento le permitió una residencia en Hangar, Centro de Producción e Investigación en Artes Visuales, en Barcelona, España. Ese mismo año recibió el Premio como Artista Emergente por la Asociación Internacional de Críticos de Arte, capítulo Venezuela, y en 2014 realiza su primera individual en Londres, con la exposición The Worshipper of the Image (El adorador de la imagen), en Beers Contemporary Arts Gallery, que también se expuso ese mismo año en la Sala Mendoza.

Estas exposiciones evidencian el detallado proceso de investigación que realiza Pizzani para cubrir la incertidumbre que nace de esa pulsión hacia lo femenino y la naturaleza, y cómo ese conocimiento se va trasladando de una a otra serie artística.

“En mi obra siempre hay como recorridos históricos que no se fijan ni a una cultura ni a un lugar.  Quizás la mutación tiene que ver con eso. Por más que yo siento que mi raíz está en Venezuela, mi proceso migratorio ha hecho que yo busque referentes en los rituales aztecas, en las culturas ancestrales mesoamericanas, incluso en la prehistoria”.

Lucía Pizzani. De la Desconocida del Sena y otras Ofelias (2012 -2013).
Lucía Pizzani. Las desconocidas del Sena y otras Ofelias. Premio Fundación Eugenio Mendoza XII. Sala Mendoza.
«La obra parte de la historia de La Desconocida del Sena, una máscara mortuoria de una joven que se ahogó en el río Sena alrededor de 1880, y cuyo rostro se hizo famoso entre artistas y escritores después de 1900, especialmente entre los surrealistas. Aunque se sospecha que fue un suicidio no hay datos concretos sobre ello, y tampoco como fue que mantuvo facciones plácidas y esa belleza que inspiró al forense a mandar a hacer la máscara, como cuenta la leyenda… Su historia quedó olvidada en el tiempo. Yo la retomo al hilarla con casos de nuestra contemporaneidad sobre mujeres que se han lanzado a ríos, por los dilemas que presenta la vida moderna para muchas de nosotras, o por casos de violencia y otros de depresión, quedando casi todas ellas en el olvido. La instalación se desarrolla entre esa idea poética —e incluso romántica— de la Ofelia de Hamlet y crudeza de las historias actuales exhibidas.» Lucía Pizzani (Extracto del texto en el video en YouTube). Las desconocidas del Sena y otras Ofelias. Premio Fundación Eugenio Mendoza XII. Sala Mendoza.

En Las desconocidas del Sena, Pizzani rescata la máscara fúnebre que realizó un médico forense para no olvidar el rostro de la mujer que amaba y quien falleció ahogada en el Sena, máscara que ha sido icónica entre los surrealistas, incluido el artista Man Ray. Pero a su vez, la pieza inspiró al escritor Richard le Gallienne para escribir la novela The Worshipper of the Image, que describe una mariposa que emerge de la máscara y que coincide con sus capullos.

“Yo venía trabajando en los capullos de cerámica, pero los quería a una escala humana. Lo hice a través del textil. Tengo 15 años viviendo en el sur de Londres, en Brixton, que es el vecindario a donde llegaron todas las comunidades de las ex-colonias británicas de las islas caribeñas. Ahí estaban las telas que también hablan de otro proceso de colonización y de migración, porque la técnica de impresi’on con sellos y cera realmente es de Indonesia, lo llaman Waxprint. Luego tuvo mucho éxito en África y por eso se piensa que su origen es africano. Utilizar esas telas representa mucho para mí, porque habla del tema del sincretismo en América Latina y que nosotros somos una mezcla de culturas”.

Con esas mujeres que intentan salir de sus capullos de tela, Pizzani realizó la videoinstalación Las Cáscaras. Pero además, elaboró los retratos con el colodión húmedo, obra que conformó Impronta Series (2013), adquirida el 2021 por Tate Gallery con fondos del Comité de Adquisiciones de América Latina, a través de la Tate Americas Foundation, y de la galería londinense Cecilia Brunson Projects. La otra adquisición fue la serie Textiles (2013) que son las crisálidas de tela que materializan el símbolo de muerte y renovación, en el ritual de la metamorfosis. Cabe mencionar que estas obras también formaron parte de una individual producida en el Hangar (Barcelona), como resultado final de la residencia del Premio Mendoza. A propósito de Impronta Series dice Pizzani:

 “Me ha pasado que mi investigación y producción artista esté en una especie de periferia de la estética del momento, porque me gusta jugar con diferentes temporalidades. En esa técnica fotográfica, el proceso de exposición duraba 10 minutos por lo que los retratados se volvían como estatuas, sin movimiento. Referían bastante lo escultural y tenían un aura casi antropológica”.

De todas las obras de Pizzani hay una que se diferencia por su magnetismo, al incluir el factor del tiempo y la observación como un recurso creativo.  Hablamos de su obra en video Cronógrafo Monarca: 9 nacimientos, 2 muertes y una desaparición (2013). Es un ciclo que contiene la vida y la muerte. Porque como dice Lao Tsé: “Aquello que para la oruga significa el fin del mundo es lo que el hombre llama mariposa”. 12 capullos dispuestos como un reloj transitan su metamorfosis bajo la cámara de Lucía Pizzani.

“Hay muerte y hay vida. Por eso es circular, son ciclos. Es la medida visual del tiempo. Imagínate si uno se mete dentro de una sábana, un envoltorio como una placenta y se derrite por completo, no existe más. Luego sales y eres rinoceronte… Hay un proceso de desintegración para que nazca algo completamente nuevo. Y aunque me parecía súper cliché trabajar con la mariposa, el reto era justamente romperlo”.

Para hacerlo apostó al misterio de la creación. A lo intangible, a lo que está oculto dentro del capullo.

Quería captar el momento en que nacen. Primero es un capullo verde, precioso con un círculo dorado, luego va desvaneciéndose hasta ser transparente, y empiezas a ver una mosquita negra, toda encogida adentro. Sale y toma varios días en estirar las alas para luego volar”.

Que sean las monarcas también conlleva un sentido de migración, esta especie es oriunda de México y la destrucción ecológica ha afectado su ritual migratorio, poniéndola en peligro de extinción. Lucía tenía planeado grabar en un mariposario de Barcelona, pero no estaba permitido. Para su sorpresa, podía comprar los capullos. Fue poco más de una semana de registro fotográfico y audiovisual. Al nacer, liberó a las mariposas monarcas en un parque de Poblenou en Barcelona. Ahora, cuando observa a las mariposas, piensa que aquellas son las que nacieron en su taller.

Membranas

En esa universalidad en que ha convertido su obra, recientemente, luego de haber participado en Zona Macó Sur bajo el programa curatorial de Kiki Mazzucchelli y fuera invitada al año siguiente a la residencia artística en Fundación Marso, se inspiró en el dios azteca Xipe-Totec, quien se desolló en vida para alimentar a la población. Metáfora que también se atribuye a quitarle la piel o las hojas a la mazorca como ofrenda. A partir de esa mitología, Lucía realizó el video La que viste la piel (2018-2019), que se complementa con unas esculturas de barro texturizadas con el maíz que se distribuyen en una espiral en el suelo y se extiende hasta las paredes con trazos que simulan la piel de las serpientes.

“Exploro el territorio a través de la arcilla. Por ejemplo, yo uso un barro inglés que es negro, que tiene alto contenido de hierro y lo mezclo con el maíz mexicano. Entonces hay una como una impronta, una huella del maíz, que culturalmente es súper importante para las Américas. Hay una mezcla de territorios, pero también el territorio está en los pigmentos del suelo”.

Lucía Pizzani. Coraza. Fundación Marso. 2019.

Lucía ha podido crear un sincretismo a partir de las texturas y colores del barro en los distintos lugares donde ha desarrollado su trabajo artístico. El barro mexicano es más bien terracota, pero al final es la tierra la que le permite generar obras como las esculturas Límbicas (2015), expuestas por primera vez en Ciudad de México. Estas piezas remiten a lo reptiliano y al sistema límbico que podría decirse que es lo más primitivo porque actúa sobre las emociones, el instinto, por encima de la razón. Estas piezas se expusieron también bajo el título Pieles (2020) en el centro TEA Tenerife Espacio de las Artes. Las esculturas impregnadas de relieves y curvilíneas refieren a la forma femenina. La serie incluye un ensamblaje fotográfico en cubos de 12 imágenes que funden la piel de la artista con la superficie de las cerámicas.

La arcilla también le sirve de pincel, o más bien de sello para generar dibujos de serpientes sobre papel. Ese cuerpo de trabajo, realizado durante su residencia en LaunchPad Lab (2020) en el suroeste de Francia, estuvo inspirado en la simbología de las culturas ancestrales, que son formas geométricas, zigzageantes, curvas y espirales. La arcilla, trabajada con los relieves de la vegetación se va transformando con cada impresión para generar una imagen única, muchas de las cuales semejan ofidios.

“La serpiente es muy poderosa, porque es un símbolo universal, y es transversal en el tiempo y en la geografía. Puede ser la espiral, que es un símbolo súper primitivo que lo observé desde que investigué sobre la prehistoria, cuando visité las cuevas de Lascaux en Francia. El proceso de la serpiente ya no es tanto metamorfosis, sino más bien sanación. La serpiente es esa posibilidad de hacer crecer una piel nueva, es una capacidad de renovación. Los humanos también lo hacemos pero es invisible, se queda en polvo. Se dice que el 90% del polvo del ambiente es piel. Todos esos procesos naturales me interesan mucho”.

De alguna manera, trabajar con figuras animales ha sido para Pizzani una manera de honrar la biodiversidad de Venezuela. “Sigo pensando, que Venezuela es un país abundante en vida. Acabo de estar en Canaima y nada más llegar a Caracas es ver un gavilán, guacamayas, pericos, colibríes. Eso no lo tienes en los países del norte y es una de las cosas que más extraño”.

En pandemia, creó la serie Acorazada (2020) inspirada en el pangolín (armadillo), entre otros reptiles y anfibios, con la imagen de la coraza como mecanismo de defensa, pero además para redimir a este mamífero de las acusaciones de ser portador del virus de la COVID 19. Esta vez sus fotografías son un collage, que tienen al fondo paisajes naturales, y su rostro se viste de máscaras con las pieles de los animales.

Lucía Pizzani. Serie Acorazada, 2020. Exhibida en London Collective Vortic con Cecilia Brunson Projects y el LESS Festival of Collage Dinamarca durante 2020.

El trazo de la botánica

Volvamos al año 2015 para describir una de las obras que reflejan la intelectualidad de Lucía Pizzani. En un momento, ella puede estar leyendo el libro El lenguaje de la diosa de Marija Gimbutas sobre las deidades de la antigua europa y en otra ocasión estudiar la vida de la botánica y fotógrafa inglesa Anna Atkins quien fue la primera en realizar un libro fotográfico (también en cianotipo) con las algas de las costas inglesas; o de la científica e ilustradora inglesa Beatrix Potter, quien investigó la reproducción y taxonomía de los hongos, en una obra que pasó desapercibida por su condición de ser mujer.

Lucía Pizzani. Inventario personal, 2016-2017.

En honor a estas mujeres anónimas, hay diferentes obras que convergen en una misma reflexión. Por una parte está el Inventario Personal de Pizzani,  que son cianotipos que generan nuevas formas y figuras a partir de insumos médicos, condones o pañales, entre otros objetos, y que ha sido expuesto en una colectiva de Espacio Monitor (2016-2017), en el Museo de Arte Contemporáneo de Santiago de Chile /2017-2018) y en la Feria Arco de Madrid (2018). No menos importante es A Garden for Beatrix, instalación que se expuso en Cecilia Brunson Projects, entre otras galerías. Son esculturas de cerámicas concatenadas a obras sobre papel que reproducen fotografías e ilustraciones de Potter, la estructura interpreta el despliegue rizomático que podría observarse en los hongos a través de un microscopio.

Lucía Pizzani. A Garden for Beatrix, instalación que se expuso en Cecilia Brunson Projects.

“Siempre he tenido un interés particular por la historia. Cuando estudiaba, una de las materias que más disfruté era Historia universal, también Historia de Venezuela. Pero hay un tema feminista que tiene que ver con mi crianza. Mi mamá me hizo notar cómo estábamos en desventaja y no teníamos los mismos derechos”.

Entre sus trabajos más recientes está el de Seres Vegetales una instalación de esculturas que quedó de manera permanente para el jardín Botánico de Puerto Escondido que realizó durante la residencia artística en Casa Wabi, México, donde trabajó la arcilla con plantas locales de interés medicinal o alimenticio. Impresas en el barro, como quien hace la silueta de un fósil. La práctica no resultó solamente en la instalación del Jardín Botánico, sino también en monotipos en papel, con barro y plantas.

Lucía Pizzani. Instalación de Seres Vegetales en el Jardín Botánico de Puerto Escondido, Casa Wabi, en México.

Lucía Pizzani. Seres Vegetales, Casa Wabi, en México.

Al hablar de las plantas, también estoy hablando de los procesos migratorios. Doy ejemplos como la sábila, que llegó a América con Cristóbal Colón, que decía que él no se iba a ir a ningún lado sin su botiquín de primeros auxilios y la sábila no faltaba. Pero esa planta proviene de Egipto, donde la llamaban la planta de la vida”. Explica Lucía que a través de ese símil podía explicar que cuando aparece una especie nueva en un territorio puede parecer una amenaza, pero finalmente es una oportunidad que enriquece. Y en ese interés por las migraciones su más reciente trabajo, próximo a realizar es un mural para el Tenerife Espacio de las Artes, TEA, curado por Sol Calero con el tema de las migraciones. Recurrirá a  imágenes de parques nacionales de Venezuela y de las Islas Canarias mezclados con semillas, plantas y arcilla.

La propia experiencia de mudanzas y traslados de Pizzani (Caracas, Margarita, Turmero, en Venezuela; o Nueva York, Barcelona, Londres, Oaxaca), podría significar para la artista su propio proceso de mutación a partir del lugar. Renacer desde la oportunidad y la curiosidad a muchas culturas e investigar desde la tierra que pisa. En el caso de la cerámica, de haber aprendido con las mejores en Venezuela llegó a Inglaterra para permear en la historia y tradición de la alfarería europea, sus variedades de pastas y esmaltes, estudiar con buenos profesionales. De la técnica regresó a lo más artesanal en México, trabajando el barro desde un yacimiento natural, limpiarlo de impurezas y compartir la experiencia con alfareros de la región. De no haber estado en Barcelona, no habría tenido las puertas abiertas a una fuente para aplicar en su obra las antiguas técnicas de la fotografía. Y Nueva York, en medio de sus rascacielos despertó la añoranza del verde venezolano para inventarse micromundos que la acercaran a sus querencias.

La obra de Lucía Pizzani es un continuum, de una pieza de cerámica se construye una nueva obra a partir del monotipo, sus telas son esculturas y fotografías, su cuerpo es lienzo como también lo es el barro que se impregna de símbolos naturales, hay un lenguaje orgánico. Como un ouroboros dibuja sus ciclos, retornando a la naturalidad femenina como fuente de inspiración, una y otra vez.

“Para mí el arte tiene que ver con procesos de pensamiento, procesos de investigación…Para mí es la vida y es un camino que es sacrificado hasta cierto punto, pero que me da la posibilidad de hacer lo que realmente disfruto. Por eso le puedo dedicar todas las horas del día, todos los días de mi vida. Y no se agota, no se me agota”.

Lucía Pizzani

Tiempo Membrana. Revisión de la obra de Lucía Pizzani (2008/2022). Curaduría Lorena González Inneco.
Fotografías de Julio Osorio. Hacienda La Trinidad, Caracas.

Lucía Pizzani. Foto Julio Osorio

Otras exposiciones en curso de Lucía Pizzani

Para el momento de escribir esta semblanza, Lucía Pizzani ya había tomado vuelo a Madrid, para inaugurar la exposición individual «Manto», en Galería La Cometa, en diálogo con una obra de Olga de Amaral (del 8 de Septiembre al 5 de Noviembre). Simultáneamente se inauguró una colectiva en Venecia «Planet B Climate change and the new sublime» curada por Nicolas Bourriuad en el Palazzo Bollani, que estará hasta el 27 de Noviembre. Y el proyecto que menciona al cierre de la entrevista tendrá además una exposición en el TEA Museo de Tenerife prevista del 7 de Octubre 2022 al 8 de Enero de 2023.

Lucía sigue sus vuelos, como las monarcas.

Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. IG: @ingervpr.

Más sobre Lucía Pizzani

Lucía Pizzani, página web de la artista.

https://artishockrevista.com/2014/03/17/lucia-pizzani-la-adoradora-mariposas/

https://haciendalatrinidad.org/especiales-hltpc/tiempo-membrana-revision-de-la-obra-de-lucia-pizzani-2008-2022/

https://artishockrevista.com/2022/08/18/lucia-pizzani-entrevista-membrana/

https://www.studiointernational.com/index.php/lucia-pizzani-interview

https://fuentesangaritacollection.org/lucia-pizzani/

One comment

  • Excepcional y riguroso recorrido de la obra de esta gran artista, su pasión y sus logros tan bien llevados, gracias por tan hermosa aproximación.!

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