La instintiva mirada de Memo Vogeler

Memo Vogeler es un retratista por excelencia, el trabajo en dupla con su esposa Teresa García Branger, es icónico de toda una era de la sociedad venezolana. el talento de vogeler para captar la personalidad y mejores ángulos de sus retratados y ELLA, QUE INTRODUJO EL NO MAKE-UP MAKE-UP, establecieron una estética característica. Su ojo le ha valido proyectos fuera de estas fronteras para retratar personalidades en Estados Unidos y Europa. Ese ojo que además tradujo nuestro Ávila desde la fotografía, parafraseando a maestros como cabré y pedro ángel González que plasmaron la policromía estacional de la montaña.

por Inger Pedreáñez

Fotos cortesía de Memo Vogeler e Inger Pedreáñez

Retratos, muchos retratos, rostros familiares, amigos, la casa donde vivió, los caballos… Gran parte de la vida de Memo Vogeler palpita en los espacios de su hogar. En las repisas, en las paredes, a ras del suelo. Apenas se cruza la entrada de su apartamento, las miradas confluyen en ese silencioso momento de la belleza. Situaciones cargadas de nostalgia, del viaje que le permitió conocer a la tribu de los Masái, el abrazo entre amigos, el día que inauguró su estudio fotográfico, momentos con su esposa Teresita y sus queridos perros en varios close up.

Entre esas fotografías, hay un retrato de Robert Mapplethorpe con su pareja; fue un regalo de su hermano Edward Mapplethorpe, a quien asistió para conocer técnicas de revelado en Venezuela. También atesora unas polaroids que el multifacético artista chileno Alfredo Jaar le regaló en gratitud por momentos compartidos en Caracas, de la serie “This is not America”.

Sin hacer mucho ruido, desde la intimidad, Memo Vogeler se ha relacionado con figuras estelares de la fotografía y también con personajes emblemáticos que han posado para su lente. No cuantifica la cantidad de fotografías que se ocultan en un archivo disperso entre contactos, diapositivas y copias que al mostrarlas todavía conservan el aroma de los químicos de un revelado especial. Pero deben ser miles, aunque él asegura que fotos realmente buenas son como 200.

Memo Vogeler por Teresita Vogeler.

Hace más de 40 años que me dediqué por completo a la fotografía y todavía hay personas que me preguntan ¿sigues haciendo fotos? Como si esto se tratara de un pasatiempo. La fotografía ha sido mi vida, es mi pasión”.

Descubrirse fotógrafo

Memo Vogeler llegó a la fotografía por intuición y una pulsión que le hacía imaginar su vida detrás de una cámara. Se le conoce principalmente por varios cuerpos de trabajo que han marcado su carrera: los retratos a personalidades, la fotografía publicitaria y el paisaje de El Ávila. Pero dentro de esos proyectos hay uno que sólo se ha visto en privado, y que para el momento que lo desarrolló podría considerarse de vanguardia, es una pequeña colección de collages, de las cuales, le quedan a Vogeler solo bocetos elaborados a partir de los contactos, porque la mayoría de los originales pertenecen a sus musas protagonistas.

Ana Luisa Carpio por Memo Vogeler - Serie Fotografías Fraccionadas.

Empecé a hacer fotografía en 1976, pero realmente comencé a vivir de la fotografía a partir de 1981, yo antes pintaba cuadros decorativos, muy figurativos, y los vendía como una alternativa de ingreso. Pero cuando me caso con Tere (Teresita García Branger), ella había estudiado maquillaje y juntos hicimos tremendo equipo. Cuando ella estaba en el estudio, además que le gustaba dirigir, yo me sentía plenamente confiado con lo que estaba haciendo”.

Teresita fue fundamental para los retratos de Memo Vogeler. Introdujo en Venezuela lo que se llamó el no make-up make-up, rompiendo con los tradicionales maquillajes exaltados y estilos pomposos por un estilo sencillo que permitía resaltar la mirada y los gestos de los retratados. Improvisaron recursos propios para crear un sello particular en sus fotografías, con materiales prácticamente rudimentarios: una modelo estaba dispuesta a meter su cabeza dentro de una ponchera de agua, porque confiaba plenamente en el resultado de la foto. Las melenas al aire se abanicaban con un sencillo cartón, y la luz… de eso sí conocía Vogeler, desde la naturalidad de observar en su pequeño estudio en el Country Club, los rayos naturales que entraban por la ventana.

Teresita Branger, artista del maquillaje, socia y esposa de Memo Vogeler

Antes de alcanzar su sueño profesional, Vogeler fue gerente de planta de la empresa familiar: una fábrica de fibra de vidrio ubicada en La Victoria. Estudió derecho, pero nunca ejerció como abogado. A pesar de ir a contracorriente de la voluntad de sus padres, ellos le prestaron un espacio pequeño para hacer su primer estudio. Para ponerlo en contexto, si el cliente era muy alto, no podía estar erguido, porque el techo se lo impedía. “Con el tiempo, aunque mis padres no aprobaban lo que estaba haciendo, si confiaban en que el trabajo era bueno y me cedieron un garaje”, y con ese estudio comenzó a crecer la clientela y las sesiones fotográficas. Cuando sus ingresos indicaban que podía mantenerse de la fotografía, renunció a la fábrica.

Con su padre, tío y hermanos cuando niño.
El viaje al África del Este.
Teresa trabajando con uno de los clientes.

Las claves de su vocación siempre estuvieron en su entorno familiar: “Yo entraba a la biblioteca de mi padre para buscar una Pentax que él tenía. No se la pedía prestada, la tomaba sin su permiso para hacer fotos. Un día me pidieron hacerle retratos a mi hermana que se iba a estudiar al exterior. Y cuando veo el resultado, me doy cuenta de que allí había algo, era una sensación que me atraía”, recuerda.

Comenzando su carrera, la agencia de publicidad Ars lo convocó dentro de un pool de fotógrafos para hacerle retratos a Rafael Caldera. Memo Vogeler trabajó en diapositivas. Al final no quedó seleccionado, pero le informaron que sus fotografías habían llamado mucho la atención. Aquella oportunidad sirvió para que Vogeler estudiara ángulos, luz y contexto que favorecían a los personajes y lo puso en práctica con el político.

¿Cómo llegó Memo Vogeler a tener una clientela entre Caracas, Londres, París, Nueva York y Miami, con miles de fotos en su archivo? Su trabajo se comentó de boca en boca, de cliente a cliente, bastaba ver la foto en un portarretrato en el hogar de alguna familia y reconocer la firma. Un personaje común podía parecer una celebridad tras la lente de Vogeler. El resultado era digno de ser portada de una revista de moda.

Para mí la fotografia es algo intuitivo, hay personas que no consideran la fotografía como arte, sino una forma de expresión, pero si la moda y la arquitectura ya se consideran arte, la fotografía también lo es. No diría que soy un artista, me sentiría ridículo si me calificaran así, porque todo lo que hago es intuitivo, siempre me fijé en la pupila como modo de guiarme con la luz”.

Misses y reinas de belleza están en su portafolio, pero también actrices, gente del diseño, artistas y cineastas como Carlos Cruz Diez, Jorge Pizzani, Diego Rísquez; empresarios, candidatos presidenciales y actores de renombre a nivel internacional, como el actor estadounidense John Savage (protagonista de Hair y Los amantes de María, con Natasha Kinski) y el actor austríaco Helmut Berger (quien actuó en Muerte en Venecia de Luchino Visconti y Los Condenados, de Vittorio de Sica).

Helmut Berger por Memo Vogeler

La mirada aguda

Tras el lente, Memo Vogeler toma su tiempo para encontrar el detalle de la personalidad de su objetivo fotográfico. Glamour, elegancia y belleza van inseparables en el revelado, antes analógico y ahora digital. En sus comienzos con película a blanco y negro contó con el apoyo de la laboratorista y fotógrafa Franca Donda (quien también revelaba las fotos de su esposo Paolo Gasparini, entre otros destacados fotógrafos), lo que significaba un plus en la calidad del resultado.

Su amigo, el artista Jorge Pizzani comenta: “Su estética como fotógrafo es única en Venezuela. En mi caso, lo que tiene que ver con mi familia, con mis hijos y conmigo, puedo decir que contribuyó con nuestra autoestima. Su visión es profunda, hecha con profesionalismo. Y además es muy discreto con su trabajo”. Gracias al portafolio que Vogeler le hizo a su hija, la artista visual y escultora Lucía Pizzani, siendo aún una niña de 14 años, fue llamada para ser modelo de portadas en Europa, propuesta que finalmente declinó.

Los retratos de Memo Vogeler han salido en infinidad de revistas, pero prefiere no dar nombres. Exigente por la calidad de la publicación, riguroso con el respeto de la imagen sobre el diseño gráfico, sólo hace una excepción cuando se refiere al reportaje que le hicieron a la condesa Maya von Schönburg para W Magazine, en enero de 2000. “Ella era un personaje en Londres, super conocida, a quien ya había retratado unos meses antes. Cuando la revista decide hacerle una editorial, a raíz de su divorcio, para ese momento el más costoso del mundo, ella se compra un traje vintage de Balenciaga y me pidió que le hiciera una foto muy espontánea, donde saliera riéndose”. La foto de Vogeler salió a página completa abriendo el reportaje, y a partir de allí comenzaron a llamarlo para sesiones en la capital del Reino Unido. “Esa fue la primera publicación importante que utilizó mis retratos”.

No fue esa la primera ni la última vez que lo llamarían para hacer fotografías en Londres. Fue su amiga Valentina Maduro quien lo incentivó a ampliar sus horizontes en la capital británica, y le facilitó entrar en la fotografía al otro lado del continente, para convertirse prácticamente en su manager. A partir de la portada de la condesa comenzaron a llamarlo para sesiones en la capital inglesa. En su biografía se menciona su participación en la revista Estilo, y entre las publicaciones internacionales Bazaar (Italia), Bazaar (Español), y Miami Montly (Estados Unidos).

Condesa Maya von Schönburg y Nicole Junkerman. Fotos de Memo Vogeler.

Así se fue pasando la voz. Hacer una sesión de fotos era garantía de que lo volverían a llamar. Ocurrió así con la fundadora de la compañía internacional de inversiones NJF Holdings, quien además es CEO de la agencia Magnum, Nicole Junkerman. “Estando en Londres, ella me llama por teléfono para pedirme que le haga unas fotos para Vogue de México. Había buscado a los fotógrafos de Magnum, pero no había quedado conforme. El día de la sesión, mientras ella posa cerca de una chimenea, su asistente seguía el proceso detrás de mí…Nicole le decía ¿ves que esto era lo que había que hacer? Y la asistente asentía”. Luego le hizo dos trabajos más, entre ellos, una foto con todos los ejecutivos de su compañía en su casa.

Yo era un underground. Era el latinoamericano que se estaba dando a conocer y eso me trajo trabajo por años. Estuve yendo a Londres desde el 98 hasta que llegó la pandemia”.

Entre las personalidades venezolanas retratadas por Memo Vogeler se encuentran la coleccionista venezolana y presidenta del Comité Internacional de la Tate Modern de Londres, Tiqui Atencio (para una entrevista en The New York Times, y también para la página de Sotheby’s); las diseñadoras venezolanas Carolina Herrera y Margarita Zingg; la empresaria y filántropa venezolana,​ cofundadora e inversionista del grupo minorista Net-a-Porter, Carmen Busquets (a quien comenzó a fotografiar desde que ella tenía diecisiete años, y hoy en día una de las personas más influyentes del mundo de la moda); María Cristina Anzola (quien fue presidenta de Fundarte); la diseñadora de joyas, coleccionista y fotógrafa Clarissa Alcock, la modelo y empresaria Bárbara Palacios, Irene Sáez y Carolina Izsak. Incluso fotografió a un millonario pakistaní que estuvo saliendo con Lady Di. Imposible no mencionar a la directora y editora de Estilo on line, Caresse Lansberg, quien en una entrevista para la revista Exceso indicó que Memo Vogeler había sido el primer fotógrafo que la retrató durante su juventud, cuando exploró el modelaje, aparecía en portadas de revistas, y a quien Memo destaca por su elegancia.

Soy esteta. Eso sin duda, porque lo primero que busco es belleza. La belleza está en todos lados y a veces en sitios muy particulares”.

Memo Vogeler

¿Y qué representa para ti la belleza?

Yo no sé explicar la belleza. Pero la veo, la reconozco, la identifico. Y la belleza no es solamente física. Está en el alma de las personas, también capto la belleza de la inteligencia. La belleza no se puede decir en una palabra, ni siquiera en una frase… Ahora bien, en la fotografía, belleza es aquello que te impide retirar la mirada de la imagen que estás viendo, o lo que te quita el aliento.

Para lograr su objetivo, Vogeler procura que sus clientes se encuentren en confianza y la imagen brille con la seguridad de su personalidad. No es casual que cuando el personaje está mirando al lente, los ojos están en ese ángulo que observa al que ve. Son miradas que interrogan o penetran como si se suspendiera un diálogo con el espectador. Vogeler guarda dos claves en su proceso que nada tienen que ver con la técnica fotográfica. “Yo me di cuenta de que las clientes se traían varios conjuntos de ropa para alternar durante la sesión fotográfica, y observé que al cambiarse se olvidaban de la tensión de estar en el estudio fotográfico, que eso les ayudaba a estar relajadas. Entonces, comencé a recomendarles a todas lo mismo”.

Por otro lado, Tere estaba pendiente de los detalles, de retocar el maquillaje, de saber las combinaciones de colores que mejor funcionaban. El otro recurso era también estético: “No quería que me identificaran con los típicos fotógrafos de moda, porque yo no hacía nada de eso. Y a mí me gustan las cosas bien hechas. Tenía algunos accesorios que daban mi sello particular. Por ejemplo, había un abrigo de nylon de los años 50 (propiedad de la señora Carmen Machado, un regalo que sus hijas le hicieron a Teresita, al fallecer su madre), era bellísimo, de una tela muy brillante, muy particular, y ese abrigo lo usé en infinidad de fotografías”. En su casa conserva trajes, sobretodos, blusas, accesorios que todavía le sugiere a sus clientas utilizar si así lo desean. Pero muchas llevan su propio ajuar. Una sesión de fotos no tiene un tiempo calculado, puede durar un día, o mucho menos si el cliente le dice, “creo que ya es suficiente”.

Hay una fórmula para mí que es inevitable y es utilizar el vestuario, que el traje ayuda a que el sujeto se sienta en el personaje. Muchas veces lo defines por eso. He estudiado mucho la historia del retrato y qué significa a través del tiempo y todo ha tenido que ver con el vestuario. Desde los romanos con su toga, lo que define al individuo a través de los siglos es el vestuario, el peinado que marca la época y eso me encanta”.

El Diccionario Biográfico de las Artes Visuales en Venezuela, realizado por la Fundación Galería de Arte Nacional, en 2005, describe la fotografía de Memo Vogeler de la siguiente manera: “Ese esteticismo a ultranza lo ha vinculado con técnicas que desde la fotografía parecieran provenir de la pintura del Renacimiento. En el caso de la moda las tendencias de época lo ubican en una perspectiva que trasciende lo comercial, convirtiendo su trabajo en una búsqueda del espíritu del tiempo”.

–El retrato es iluminación, ¿cómo fue para ti encontrar esa armonía de la escena con la luz?

La iluminación para mí fue intuitiva, pero yo tenía un foco fundamental. Al principio de mi carrera no tenía luces, usaba bombillos caseros, pero para mí era esencial la luz de la ventana. Esa luz que da luminosidad a un lado del rostro.

La primera exposición individual que hizo Memo Vogeler sobre sus retratos se organizó en el Club Members, en 1986. Una propuesta poco tradicional, porque en lugar de estar los cuadros colgados en las paredes, estaban dispuestos en repisas, mesas, atriles, conservando el aire del salón y la intimidad del local.

Memo Vogeler. Las manos del fotógrafo y sus fotos, fotografiadas por Inger Pedreáñez.

Crear de la deconstrucción

El cuerpo, el espacio y el instante no volvieron a ser los mismos cuando Memo Vogeler comenzó a experimentar con las hojas de contacto para crear piezas únicas de fotografías fragmentadas. Trabajó sobre maquetas que, vistas en retrospectiva, funcionan como pequeñas obras que dejan evidencia de un proceso único en la historia de la fotografía venezolana de los 80 y 90.

Si la decena de bocetos que conserva el fotógrafo adquieren hoy personalidad propia, habría que saber el destino de un aproximado de 15 piezas que deberían conservarse en la casa de los coleccionistas que personificaban aquellos collages. “Había visto los ensamblajes de David Hockney y eso me motivó a experimentar en mis propios collages de fotos”, cuenta Vogeler.

Sus musas, convertidas en piezas triangulares de un rompecabezas, comenzaron a adquirir tres rostros, múltiples extremidades, acercándose a una versión femenina del hombre de Vitruvio de Leonardo Da Vinci, con la diferencia de que no eran circulares y los ángulos de cada pose describen, en su movimiento, el tiempo de una sesión fotográfica.

Memo Vogeler. Serie Fotografías Fraccionadas. Fotos de Inger Pedreáñez.

Memo Vogeler - Silvana Facchini. Serie Fotografías Fraccionadas. Fotos de Inger Pedreáñez.

La mutación de los personajes no sólo se da en el porte, algunas veces también en el cambio del vestuario. Vistos en su conjunto, las composiciones adquieren un aire de movimiento, de cinetismo, las partes del cuerpo se multiplican, aunque en esencia el alma del personaje sigue latente entre los fragmentos… Para ver los detalles de las maquetas es preciso utilizar lupa. Hay un aire cubista en cada triángulo que descompone la imagen, e incluso, tienen un ritmo y estructura que evoca levemente la obra del pintor Armando Barrios.

El primer ensamblaje fotográfico que realizó Memo Vogeler lo inspiró una de las mujeres a quien más retrató: la brasileña Silvana Facchini. Para aquella época previa a las redes sociales, ella era la influencer de la moda y el estilo de la sociedad caraqueña. Vogeler no recuerda si llegó a proponerle a Facchini el cuadro definitivo, pero sí considera que esa maqueta inspiró a las sucesivas. Entre todas las obras que realizó de este formato, Vogeler destaca el realizado a la diseñadora Mayela Camacho, quien fue muy participativa en el resultado final.

Yo antes no había valorado tanto este trabajo, que fue muy laborioso. Pero ahora, cuando lo veo me pregunto ¿cómo fue que lo hice?”.

Esta fase creativa de Memo Vogeler es muy poco conocida. Hay que recordar que, para aquel momento, en la década de 1980, prevalecía la fotografía analógica. De manera que el proceso creativo era estrictamente artesanal, a mano, con el cuidado de ensamblar pieza con pieza, unirlas con goma, y lograr lo más parecido a los bocetos. La mayoría de los collages se hicieron en mediano formato, no mayor de un metro de largo, pero tres de ellos alcanzaron el gran formato, algunos de dos metros de largo. Memo Vogeler describe una de esas piezas que podía abrirse y cerrarse como una caja, porque el collage se desplegaba en paneles dobles ajustados con bisagras. Entonces, la fotografía trascendía lo visual para transformarse en un objeto artístico.

Los fragmentados apenas se expusieron una vez, sólo una noche, en la residencia de un filántropo egipcio, en Miami, con el apoyo del coleccionista y mecenas del arte venezolano Alí Cordero Casal. La exposición que se llamó Una vista privada (1993) mostró en conjunto el trabajo del fotógrafo estadounidense Herb Ritts, de Vanity Fair, y el de Memo Vogeler.

Un encuentro, una amistad

En una fecha sin precisar a mediados de la década de 1990, el fotógrafo estadounidense Arnold Newman (1918-2006), uno de los retratistas más reconocidos del siglo XX y XXI, hizo una llamada por teléfono. Al otro lado de la línea se encontraba el director de cine y artista Woody Allen. El fotógrafo le anunciaba que su retrato sería la portada de su próximo libro de fotografías. Los detalles de la conversación los conoce Memo Vogeler, un testigo del momento, gracias a la amistad que se fraguó cuando ambos artistas del retrato participaron en una colectiva en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en homenaje a los 150 años de la Fotografía. Aquella exposición bajo la iniciativa de la Fundación Museo de Arte Acarigua-Araure y la coordinación de Sonia Casanova, se llamó 5 x 5 (1989). Su éxito la llevó a itinerar hasta 1993 por Valencia, Maracaibo, Nueva York y Bogotá (esta última, en el Banco de la República, incluyó a los fotógrafos colombianos Hernán Díaz, Ramón Giovanni, Vikki Ospina, María Esther Galvis e Ignacio Gómez Pulido). Annie Leibovitz, Robert Mapplethorpe, Neal Slavin, Bruce Weber, por Estados Unidos, y los venezolanos Fran Beaufrand, Elena de la Ville, Margarita Scannone y José Sigala completaban la lista de fotógrafos de la exposición comisariada por Anne Horton. Newman no sólo asistió a la inauguración de la exposición, sino que compartió con Vogeler una estadía en la isla de Margarita.

5 x 5, bajo la iniciativa de la Fundación Museo de Arte Acarigua-Araure y la coordinación de Sonia Casanova.
A la derecha las fotos de Memo Vogeler. Foto cortesía VAEA.

De esa amistad y el respeto mutuo, no solo le quedó a Memo los snapshots de los momentos compartidos entre Caracas, Nueva Esparta y Nueva York. En su biblioteca destaca la publicación de gran formato de Newman; en uno de los pasillos cuelga un afiche con el retrato de Pablo Picasso autografiado, y en una de las mesas de su sala está perpetuado un divertido encuentro.

Vogeler no duda en mencionar a Arnold Newman como un personaje cercano con el que pudo compartir sobre técnicas fotográficas. “Nos hicimos amigos, me dio consejos, conocí sus técnicas”. Pero cuando le pregunto sobre sus referentes y cuál es la huella de su fotografía, de primera y única en la lista aparece nuevamente su esposa, Teresita García Branger, con quien hizo equipo de trabajo.

“La gran arquitecto de este trabajo fue Tere. Ella sabía el equilibrio que había entre el blanco y negro. Ella sabía de colores, sabía de tonos, sabía cómo combinar y exaltar la elegancia de una persona. Todos los secretos de maquillaje los tenía Tere. Yo aprendí con ella. Resaltaba el rostro sin que la pintura fuera recargada. Cuando falleció, estuve un año sin poder volver a tomar una cámara. Y una vez que retomé el oficio, seguí usando sus consejos. Hasta el sol de hoy me hace mucha falta”.

Actualmente cuenta con un equipo de maquilladoras que recibió como legado las enseñanzas de su esposa, y su mano derecha es el fotógrafo Manuel Marquina quien ha sido su asistente por casi veinte años.

La montaña cromática

A comienzos de la decada de 1990, entre 1993 y 1995 para ser más precisos, Memo Vogeler encuentra una monumental inspiración: El cerro Ávila. Desde el bungalow donde vivía cerca de la casa de sus padres, en el Country Club, entre el Hoyo 17 y el Hoyo 18 del campo de golf, surgía imponente la Sultana de Caracas. “Yo me dije, voy a hacer este registro fotográfico como algo más artístico, un trabajo que pueda mostrarse en una galería o un museo. Algo completamente distinto. Y simplemente salía todos los días con una escalera, me subía alto para evadir las cercas del campo de golf, y tomaba la foto”.

El Ávila por Memo Vogeler

La cámara, una Wide Pic Panoramic Lens, completamente de plástico y rudimentaria, que trabajaba con negativo de 35 milímetros, se la regaló su amigo Luis Miguel La Corte, director de Espacio Monitor. Nadie podría imaginar que de allí saldría una serie que asociaría el paso del tiempo a las variaciones crómaticas que vestían cada mes a la montaña. “La película tenía grano, pero era un grano que define, no quedaba blur que podría dar la idea de mal foco. No, se puede ver la definición de cada cosa”, describe Memo Vogeler. En algunos casos, la fotografía también era intervenida con pinceladas del autor.

La serie llevó por nombre Bitácora del Ávila y llamó la atención de curadores y críticos de arte. En esa época, Ariel Jiménez y Luis Ángel Duque visitan a Memo en su casa y se encuentran con este trabajo. “Luis Ángel fue una persona muy motivadora, y me decía que siguiera adelante, que el trabajo era chévere, que le encantaba. Cuando vino con Ariel se planteó la posibilidad de una exposición individual en la Sala Mendoza, que finalmente no prosperó”. Pero luego Jiménez junto con Luis Pérez Oramas organizan una gran colectiva en la Galería de Arte Nacional, “La invención de la continuidad” (1997).

En esa exposición se reunió casi todo el arte contemporáneo del momento. Era muy completa, y realmente, al ver todo el conjunto de trabajo, me parece que el leiv motiv de la muestra estaba asociado con la relación que había entre mi obra y el cuadro del Ávila de Pedro Ángel González”.

En la misma sala tenía a Roberto Obregón a un lado, a Antonieta Sosa en el otro, Alfred Wenemoser con una obra en el piso, y al frente a José Antonio Hernández Diez, con sus patinetas. Fue Hernández Diez quien le propuso imprimir en una sola tira de tela las fotografías, pero para entonces, el proceso no era tan sencillo, sin embargo, se preservó la idea bajo otra técnica de impresión.

En el caso de Bitácora del Ávila se dispuso de una tira de fotografías de once metros cuadrados, cada una representaba un mes del año. Era importante la temporalidad, sí, porque a través del tiempo la obra se convierte en un objeto cinético; en la medida en que tú ves las nubes pasar, la luz es distinta y cada foto era diferente una de la otra. Era luz y movimiento”.

En el catálogo de la exposición, Luis Pérez Oramas escribe sobre el fotógrafo: “…Memo Vogeler intenta un registro sistemático del Ávila -tema emblemático de la Escuela de Caracas- desde perspectivas en todo punto comparables y en muchos casos casi idénticos a los que empleó un artista como Manuél Cabré (…) Memo Vogeler busca un paisaje puro, limpio, donde la presencia humana se reduzca al mínimo…”.

Un año después el fotógrafo expone en los Espacios Unión, en la colectiva “…de la pintura” y luego es invitado al II Salón de Arte 2003 ExxonMobil de Venezuela, en la GAN. Para entonces, sus fotografías de El Ávila eran de gran formato, podían llegar a dos metros de largo, y estaban encapsuladas en cajas de acrílico. La Fundación para la Cultura Urbana adquirió para su colección diez encapsulados de El Ávila, pero se perdió el rastro de estas obras en 2010, luego de la intervención del gobierno a la institución. Igualmente forma parte de la colección del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas.

Decíamos al comienzo que si hay algo que no falta en el hogar de Vogeler son los recuerdos fotográficos. Paredes y repisas están repletas de momentos familiares. Pero entre todos esos cuadros, en una extensa pared, destaca una de sus fotografías de El Ávila. Se impone con todo su verdor exaltado, como si fuese una ventana a la que una y otra vez Memo Vogeler se vuelve a asomar.

Memo Vogeler cuando inauguró su estudio fotográfico con un grupo de amigos donde se pueden ver a Cristienne Torres, Federico Vegas, Rebeca Du Perrier, Memo Vogeler, Fina Torres, Kalena Nuñez, Jorge Pizzani, Tere, Guadlupe Burelli, Rafael Arráiz, y Gustavo Torres.


Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. Dedicada al periodismo corporativo por más de 25 años. IG: @ingervpr.

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