Francisco Narváez

por Adriana Meneses

Las obras de Francisco Narváez forman parte de nuestra memoria colectiva. Pensar en Venezuela es pasearnos por la fuente de El Silencio, por El Atleta, por la fuente de Parque Carabobo, por las fachadas del Museo de Bellas Artes o del Museo de Ciencias, por todo lo que nos es querido y permanece en nuestra memoria. Muchos de nuestros jóvenes, lamentablemente, no saben quién fue el artista, pero su obra está allí, en sus paseos visuales, en la memoria de un país anclado en nuestra memoria colectiva.

Narváez nació en Porlamar, Venezuela, en 1905; fue el quinto hijo de once hermanos; sus padres fueron José Lorenzo Narváez y Vicenta Rivera. Don José Lorenzo, hombre multifacético y creador, sembró la semilla de la creación en su hijo. “Mi padre no cabía con sus fantasías de ebanista, alarife, maestro de obra, arquitecto autodidacta”. (1). Desde pequeño Francisco se vio guiado a la actividad artística, trazaba, tallaba, hacía copias de los muebles y de los santos restaurados por su padre.

Fotos familiares de Francisco Narváez y talla del niño Jesús que le valiera cuando niño reconocimiento a su talento y su consecuente viaje a Caracas a estudiar arte.

En 1920 recibe su primera comisión profesional, un San Rafael para la Iglesia de Carúpano y, en 1922, su padre lo autoriza a viajar a Caracas para seguir formándose como artista. Estudia en el taller de Marcos Castillo, en el de Ángel Cabré y Magriñá y en la Academia de Bellas Artes de Caracas, donde conoce a los pintores e intelectuales de la época.

En 1928 presenta su primera exposición individual en el Club Venezuela. Con el dinero recaudado por la venta de las obras y la ayuda de monseñor Sosa y los ministros Centeno Grau y Arcaya, viaja con beca a estudiar a París. Allí se inscribe en la Académie Julian, donde también habían estudiado Tito Salas, Cristóbal Rojas y Arturo Michelena.

Francisco Narváez en París, 1929.

Video de Cuadernos Lagoven con testimonios de Alfredo Boulton, Arturo Uslar Pietri, Jesús Soto, Carlos Cruz Diez, entre otras personalidades. Cortesía del perfil en youtube El Glotón Musical

Es en París donde la imposibilidad de trabajar en madera lo lleva a tallar en piedra. “En París yo no tenía madera, entonces tallé mucho en piedra (…), cuando había demoliciones yo compraba pedazos de piedra, me los llevaba al taller y los esculpía”. (2)

De ese primer viaje a París también son sus primeros ensayos de esculturas volumétricas y de pintura de colores planos, unidos a la temática del mestizaje americano y la realidad criolla. Durante su permanencia en la ciudad francesa, Arturo Uslar Pietri, Alfredo Boulton y Finita Vallenilla ayudan al artista tanto financieramente como con cierta logística y, en febrero de 1930, el trío de amigos organiza para él una nueva exposición en el Club Venezuela.

Narváez se expresa así de su muestra: “(…) en ella siento que el trabajo escultórico es más mío, hecho con más seguridad, una respuesta a mi búsqueda de grandes planos, estilización y síntesis” (3), donde se refiere a la Exposición en El Club Venezuela que en febrero de 1930 organizaran Arturo Uslar Pietri, Finita Vallenilla y Alfredo Boulton. Para ese entonces, como señala el propio Boulton en su libro sobre el artista, Narváez se apartó de la mayoría de las tradiciones artísticas que para esos días prevalecían en Venezuela y fue formulando un esquema pictográfico sumamente personal y totalmente único para la Venezuela de la época.

En 1931 vuelve a Caracas e instala su taller en el Barrio Obrero de Catia. El taller se convierte en el centro de la vida intelectual del momento. “En aquellos años el taller de Francisco Narváez fue el hogar de la mejor esperanza venezolana. Ni antes, ni después, se encuentra nada semejante” (4).

Francisco Nárvaez retratando a Alfredo Boulton 1932

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Desde ese año se multiplican las exposiciones, comisiones, viajes y premios. Recibe el premio Presidente de la Republica de Venezuela, el premio Nacional de Escultura del I Salón Oficial de Arte Venezolano, el premio John Boulton del III Salón Anual de Arte Venezolano; ejecuta para la Academia Militar un relieve monumental titulado La Patria.

En 1945 realiza, por encargo del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, dos grupos escultóricos que llevan por nombre Las toninas, ambas ubicadas en la Plaza O’Leary. Allí, como él mismo afirma, incorpora ciertas pautas barrocas a las figuras a la propia fuente: “Es un trabajo de equilibrio entre las exigencias decorativas y la escultura de planos y ángulos”(5).

En 1948 recibe el Premio Nacional de Pintura. También en ese año es llamado por el arquitecto Carlos Raúl Villanueva para participar en el proyecto de integración de las artes en la Universidad Central de Venezuela. La producción pública de Francisco Narváez continúa con obras como la estatua de Fermín Toro, La educación, La ciencia, tres murales (ejecutados por María Luisa Tovar) para el Instituto de Medicina Experimental, El Cristo, El atleta, la estatua ecuestre del general Rafael Urdaneta.

En 1953 es designado Director de la Escuela de Artes Plásticas y Artes Aplicadas y en julio de ese año expone, en el Museo de Bellas Artes, la muestra “Francisco Narváez, Maderas, Piedras y Bronces”.

Narváez es, sin lugar a duda, uno de los grandes escultores venezolanos, su obra pasa por diversas etapas e intereses; a medida que el mundo del arte evoluciona, el artista no se queda en sus primeras búsquedas. Sus propuestas no son impuestas por las tendencias o la moda preponderantes, pero evoluciona experimentando con nuevos materiales e intereses.

Cuando uno lee la larga lista de exposiciones, comisiones y reconocimientos del artista, hay que recordar al Narváez que comenzó su trayectoria siendo un niño, y que, superando obstáculos, supo sacarles el mayor provecho a sus inquietudes. No se acomodó a vivir de sus éxitos, no se quedó estancado como hicieron muchos creadores de su entorno. Narváez supo leer a su alrededor los cambios en la historia del arte. No debemos olvidar que Francisco Narváez es artista en medio de todos los cambios que se dan en el arte. Pasa de los clásicos a las grandes transformaciones en el mundo del arte. Es la Europa de Picasso, Braque, Arp. Observa, está al tanto de lo que sucede en los centros del arte mundial, pero entre su oficio y su sensibilidad, el resultado es NARVÁEZ, su sello y su persona.

Francisco Narváez en Margarita y la escultura Barutaima. Fotos: Alfredo Boulton.

Francisco Narváez viene de la tradición y su primera etapa está ligada a lo clásico, a la búsqueda de las raíces, pero siempre con un lenguaje propio. A lo largo de su fructífera trayectoria supo ser él mismo, sin obviar influencias del mundo que lo rodeaba o de sus intereses artísticos: su destreza en el oficio de escultor, su selección de los materiales ya sea la madera, la piedra o el bronce; su escogencia de la temática de su obra… Su dominio y su gran oficio son siempre una constante que a lo largo del tiempo lo convierten en una figura primordial en la historia del arte contemporáneo venezolano y del mundo.

Desde sus comienzos, ningún medio le fue ajeno. Sus pinturas, dibujos, acuarelas y bocetos son un reflejo de su prolífica producción. Sus temas incluyen los retratos, nuestras tradiciones, las naturalezas muertas y los paisajes. Narváez es un creador que representa su época. Posteriormente evoluciona hacia formas más puras y simples abandonando, por breves períodos, la figuración.

En 1956 declara al periódico El Nacional:Cada día me estoy librando, es un alma que se libera de los envoltorios tan efímeros de lo circunstancial siempre más del peso obligado de la anécdota. Esta segunda etapa mía está muy cerca al abstraccionismo, aun cuando todavía haya figuras o figuraciones en las esculturas que en breve expondré. Pero abstraccionismo puro y absoluto, tratará la forma en sí como única razón de su existencia en el plano de superación artística”(6).

La superación artística fue su vida profesional. Cada período de su vida como artista él va más allá, buscando, solucionando, viendo mucho y comprendiendo cómo las diversas expresiones iban transformándose. Sus manos seguían su mirada y su mente, siempre acuciosa. A los volúmenes, les añade el movimiento.

Francisco Narváez es un camino: el camino que ha recorrido la escultura venezolana en los últimos treinta años. Entre el llamado de la tierra, los obstáculos de las circunstancias y las solicitaciones de lo universal, ha cambiado su esfuerzo creador dándonos una obra que, ni en su abundancia, ni en su intensidad, ni en su significación tiene antecedentes en nuestra escultura”(7).

Y ya que no hubo campo al que Francisco Narváez no accediera, una de las facetas que más lo llena es su labor como docente, y ese esfuerzo se ve colmado con su designación como director de la Escuela de Arte. De Los estucos, expuestos por primera vez en la Sala Mendoza en 1962, dice haber logrado la unión entre la pintura y la escultura… La dimensión que le faltaba a la pintura. Los estucos también estarán presentes en esta exposición, donde nuevamente nos parecerán más vigentes que nunca.

Francisco Narváez, Mujeres en la playa,1962. Vendedoras de pescado, 1962

Sus temas pasan por un nuevo realismo social, escenas religiosas, domésticas, hechos históricos. Sus trazos son cada vez más puros, armoniosos. El uso de materiales como la madera y la piedra se transforman en narraciones para deleite del espectador.

De sus obras en espacios públicos, el propio artista señala que en la reurbanización de El Silencio, “por exigencias del arquitecto Carlos Raúl Villanueva, incorporé ciertas pautas barrocas a las figuras y a la propia fuente, cargando la línea para relacionarla con la unidad de ambiente. Es un trabajo de equilibrio entre las exigencias decorativas y la escultura de planos y ángulos” (8).

Pasan los años, los reconocimientos, las exposiciones, y Narváez no cesa de asombrarnos. Los elementos se transforman. A veces figurativos, otras abstractos o geométricos. En cada obra están sus raíces venezolanas, la raíz que lo une a su tierra, pero también encontramos sus búsquedas, nuevas visiones y su conocimiento de lo que está ocurriendo en el mundo.

En otras palabras, el artista está anclado a Venezuela, pero su mirada es global. En 1966, en El Nacional, declara: “No es arte abstracto, porque creo que ese estilo pasó de moda. Mi obra es sugerente, pues no se queda en los detalles, sino que estiliza la composición (…). El artista no puede encerrarse en el conformismo. (…) Debe seguir estudiando y vivir en permanente búsqueda (…). Vale la pena hacer notar que, en Venezuela, como no ocurre en ninguna parte del mundo, las esculturas son maltratadas sin tomar en cuenta que cada una de esas obras forma parte del patrimonio cultural de la Nación (…), falta formación y principios que obligan a cualquiera, que no pertenecen a un hombre sino a toda la sociedad” (9).

1976 es un año crucial; recibe la Orden Francisco de Miranda en su primera clase. En mayo expone en la Galería Arte Contacto (Caracas, Venezuela) veinticuatro piezas bajo el título “Narváez Bronces Bruñidos”, en junio en la Exposición de Pintura de los Países signatarios del Convenio Andrés Bello y Panamá, organizado por el Ministerio de Educación en la Casa de Bello; en julio en la Galería Ángel Boscán de la Dirección de Cultura de la Universidad Central de Venezuela; en Septiembre en la Galería Marlborough de New York, Estados Unidos, con dieciséis vaciados en bronces de su última etapa. Esta muestra estuvo patrocinada por la Galería Arte Contacto y viaja posteriormente a Madrid a la Galería Sen (junio, 1978). En ese mismo año participa en el Segundo Encuentro de Artistas Contemporáneos en Galeries Nationales Gran Palais, París.

En Noviembre, el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas lleva a cabo la muestra más ambiciosa del artista. Conformada por 141 piezas, la misma tiene un carácter retrospectivo e incluye todas sus etapas.

En 1979 se inaugura el Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez en Porlamar, estado Nueva Esparta, Venezuela. El Artista dona cincuenta y nueve piezas que serán expuestas de manera permanente en la institución.

En 1979 se inaugura el Museo de Arte Contemporáneo Francisco Narváez por el presidente Luis Herrera Campins. En la foto también, detrás, el ex-presidente Carlos Andrés Pérez.

Sabio conocedor de los medios y hombre de gran oficio, Narváez nunca se limitó en sus expresiones ni búsquedas. Su versatilidad lo convierte en uno de los más grandes escultores venezolanos de todos los tiempos. Su soltura y su seguridad, tras una prolífica y creativa vida, nos permite admirarlo todavía más en la distancia.

Uno de los aspectos más importantes que podemos ver en esta gran retrospectiva que nos ofrece la Galería Ascaso en su nueva sede en Miami, es cómo Francisco Narváez desarrolla su producción con cada uno de los materiales que le son comunes: piedra, madera, bronce, y en cada uno de los medios que escogió para expresarse: pintura, escultura, dibujo. Como exhibición, no solo es una oportunidad única para disfrutar de toda su producción artística, sino un recorrido didáctico de uno de los grandes maestros de Venezuela, que tuvo la dicha de crear prácticamente durante toda su existencia.

Vistas de sala en Ascaso Gallery en Miami, Florida. Fotos @rafaelguillen

Cabe destacar, que en el estado de la Florida, en San Agustine, podemos apreciar una obra de su autoría, el busto de José María Vargas que se encuentra en Los Jardines de la Escuela de Madera más antigua de los Estados Unidos, en la calle Saint George, específicamente en The Grove of Educators of the Americas y fue donada por el Gobierno de Venezuela en 1948.

Francisco Narváez falleció el 7 de julio de 1982 dejando un legado que se ha mantenido vivo en el alma de su país y del mundo. Esta exposición y publicación en la Galería Ascaso nos permite no sólo disfrutar nuevamente de un creador que demostró su gran oficio y una mirada al mundo que lo rodeaba partiendo de unas raíces firmes y ancladas en su tierra de origen

Francisco Narváez
Citas
  1. Rafael Pineda, “Escultura y Pintura de Francisco Narváez”, pág. 10, Instituto Nacional de Cultura y Bellas artes (INCIBA), Caracas, Venezuela, 1968 Arte no. 5, Tipografía Remar.
  2. Entrevista a Narváez, Lydia Pía Flamini de Tomasini, Caracas, Venezuela
  3. Entrevista a Narváez, María Cecilia Valera, Caracas, Venezuela.
  4. Arturo Uslar Pietri, catalogo exposición “Trayectoria de Francisco Narváez”, Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, exposición 19, catalogo 19, noviembre 1976, impreso por gráficas Armitano, C.A., Caracas, Venezuela.
  5. Rafael Pineda, “Escultura y Pintura de Francisco Narváez”, pág.. 50, Instituto Nacional de Cultura y Bellas artes (INCIBA), Caracas, Venezuela, 1968 Arte no. 5, Tipografía Remar.
  6. Francisco Narváez, entrevista “El Nacional’, Caracas, Venezuela, 1956.
  7. Arturo Uslar Pietri, catalogo “Formas Nuevas”, Sala de exposiciones Fundación Eugenio Mendoza, Caracas, Venezuela, 1956.
  8. Rafael Pineda, “Escultura y Pintura de Francisco Narváez”, pág.. 50, Instituto Nacional de Cultura y Bellas artes (INCIBA), Caracas, Venezuela, 1968 Arte no. 5, Tipografía Remar.
  9. Francisco Narváez, entrevista “El Nacional”, Caracas, Venezuela, 1966.

Más sobre Narváez

Fundación Francisco Narváez

Museo Narváez

Narváez, Francisco – WIKIHISTORIA DEL ARTE VENEZOLANO

Obras de Francisco Narváez en la Universidad Central de Venezuela

El artista más allá de su obra: Francisco Narváez . https://youtu.be/j3amSyDemfg. Video de Toro Film Festival Hispanic Culture.

http://galeriafreites.com/artistas/narvaez-francisco/

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