Gabriela Rangel – Garra honda y discreta

por Betina Barrios Ayala

Conserva este mismo gesto personal entre suave y desafiante, al tiempo que sostiene sus manos como si otorgaran abundante espacio interior. Es la creadora de ese lugar al que se aferra con firme valor y agudeza. Muestra una curiosidad sensible entre su firme disposición a la escucha y el ardor de la participación. Sin embargo, es manifiesto el temple que aporta la experiencia, una gran conversadora vehemente en sus respuestas y profundamente culta. Acordamos encontrarnos para hilar juntas una trama que saltó inquieta de un tema a otro, lejos de ceñirse a un formato rígido de preguntas y respuestas. Prevaleció constante la evocación de lo femenino como valor generoso, multiplicador de posibilidades y gran portador de belleza.

Gabriela Rangel retratada por Vasco Szinetar. Quinta Flamenca. Las Palmas. Caracas, 1994

El cambio de residencia de Gabriela Rangel, quien vivió en Nueva York diecisiete años antes de venir a Buenos Aires, y estar al frente de la dirección artística del Museo MALBA, ha representado enormes retos. El más importante ha sido el tránsito y adaptación a las nuevas formas sociales relacionadas con la crisis sanitaria derivada del virus COVID-19. Con ello ha desplegado toda su caudal creativo y profesional para repensar el programa que traía junto a un nuevo equipo de trabajo. Sin embargo, ha demostrado gran habilidad para potenciar al Museo en medio de la contingencia y generar propuestas que se adapten a las complejidades del presente.

Me pregunto si esto de venir a Buenos Aires, tras años de vida y carrera en Nueva York, responde a algún móvil tuyo, muy personal, de apego a la lengua. Con ello, tu interés por dirigir el MALBA y su relación con el deseo de estar y trabajar en tu idioma. ¿Qué elaboraciones haces a partir de esto?

Soy una exiliada. Aunque es clave entender que hay diferentes grados de exilio. Sí, vine aquí por la lengua, quizás más que por una oportunidad en sí, ésa ha sido mi oportunidad. Personalmente, siento desapego, gran desapego por Venezuela. Esto es algo que devino así, no lo ha sido siempre. Reconozco el punto de inicio, y es la pérdida de mis padres. Creo que cuando uno pierde a sus padres, pierde también ese apego al lugar en que nació. Todo cambia. Y la gente se ha ido. Mucha gente que conozco se ha ido. Entonces, es otro clima y otro paisaje. Pero, de regreso al idioma. Es lo único que me queda. Considero que hablo inglés, y a esta altura, lo puedo perder, se puede marchitar, quizás, con la distancia. Pero creo y siento al inglés como una lengua cercana a mí, pues me ha permitido adjetivar el exilio. Y esto ha sido muy importante. Hice psicoanálisis en inglés. Tengo amigos fundamentales, con quienes no puedo hablar sino en inglés. Pero, por otro lado, creo que lo que más extraño es el bilingüismo. Conversar sin saber, con plena conciencia, en qué idioma estoy elaborando. No darme cuenta de la distancia entre uno y otro. Me pasa en Nueva York, todo el tiempo. El idioma es vital, es lo que me queda de Venezuela, lo que me recompone. Es mi relación con el país. Una relación que existe, no es nula. Es muy dolorosa, pero existe. Es muy fuerte, tan fuerte que ahora estoy escribiendo sobre Los disidentes[i], por ejemplo. El grupo de vanguardia venezolano, constituido por Alejandro Otero, Miguel Arroyo, etc.

Tenía un poco la intuición en relación a tu respuesta, y quise arrancar a conversar desde ahí para pensar este ‘apego’ en contraste con tu vida en Nueva York, tan ocupado en temas latinoamericanistas.

Es que eso fue lo que me salvó. Ser latinoamericanista y el fracaso venezolano. Si yo no hubiese sido latinoamericanista, probablemente habría caído en un estado de letargo, melancolía y postración. Pero yo sé que Venezuela es una suma de fracasos, un acumulado de intentos, y mira cómo estamos ahora. De algún modo es como si los países más estables de la región son los menos vistosos, quizás. Me refiero a Chile y Uruguay. Fíjate, son países con visión de futuro, han preparado bien la crisis de la pandemia, se están cuidando, haciendo campañas de prevención que otros no. Brasil es un gran caos, por ejemplo. Colombia también, y Venezuela no sabemos cómo está. Y México. México es mi país favorito de América Latina, y es un desastre ahora. Cuba, ni hablar. ¿Cuál de nuestros países no está caótico? Entonces, esos países señalados como ‘aburridos’, han resultado muy serios. Los respeto mucho por ese trabajo orientado al ‘bien común’ del que otros presumen y no alcanzan. En América Latina, todo lo relacionado con el fracaso está unido a una falsa noción de que ‘aquí la pasamos mejor’, y resulta que no es así, que no la pasamos para nada mejor. Hay gente que muere de hambre y la educación está en cifras negativas. Todo lo que es idea-progreso, pues no avanza. Por eso es que en este momento, apegarnos a la idea de modernidad, lo encuentro delirante. Aun cuando en algún momento nuestros países pensaron en un plan para la nación, manejaron con seriedad perseguir la idea del bien común, e incluso el progreso como ideal regional. ¿Ahora quién piensa regionalmente? Nadie.

He visto también que tienes una relación profunda con la literatura. Parece una cuestión importante para ti, sensiblemente, a pesar de que tu formación está relacionada con el cine, y te dedicas al arte, veo que la literatura te atraviesa, incluso en la forma en que articulas tus discursos. Esto me parece muy lindo, y quisiera que habláramos de esto.

Sí, tienes razón. Esto que señalas de mi relación con lo literario. Cuando era muy joven escribí poesía. Participé en un taller con Yolanda Pantin, quien fue mi mentora también en el arte. Ella fue el conducto para yo entrar en lo que ha sido el móvil de mi vida. Y creo que mi ingreso en el arte por la vía de una poeta fue fundamental. Aún hoy leo mucha poesía. Yolanda no es solo una gran amiga, una persona a quien quiero mucho, sino que es una voz a quien he leído, y mucho.

Yolanda Pantin

Esta entrada al arte por la poesía, ¿Cómo lo elaboras? ¿Cómo lo haces consciente ahora en retrospectiva?

No, pero hay una diferencia. Mi entrada al arte fue por Yolanda, no por la poesía. Aunque, en los últimos años en Nueva York, he visto cómo el arte se acerca al trabajo de poetas como Anne Carson, y la trae dentro de su seno. También Eileen Miles. Creo que el arte y la poesía siempre han estado cerca. Lo que pasa es que hubo un momento en que el primero se perfilaba con gran cinismo y ciertas apariencias, con lo que dejó de acercarse, o se mantuvo al margen de la poesía. Sin embargo, ahora noto que está volviendo esa contigüidad.

Sí, en el caso de Latinoamérica, y en relación a las propuestas de MALBA en medio de la virtualidad, veo lo que ha sido La historia como rumor. Una propuesta de exhibición anual extraordinaria y potente que recupera las complejidades del performance en su condición efímera. Cómo acercarnos a ella, apreciarla, vivirla. El primer artista que traes es Jorge Eduardo Eielson. Parece una muestra patente de las filiaciones entre arte y poesía en Latinoamérica.

Sí. Él es el primer artista de Rumor, te voy a decir por qué. Hay una razón histórica. Curé la retrospectiva de Eielson junto a Sharon Lerner en MALI, Museo de Arte de Lima, en 2017. Sharon organiza también Rumor conmigo. Ella era la curadora jefa del MALI en ese momento. Eielson es el primero en introducir la cuestión del género en el sistema pictórico que inventa. Así, introduce una agenda posmoderna en un momento en el que nadie está hablando de estas cosas. Esto lo hace dentro del performance, por lo que es entonces un pionero. Por eso es el primero. Las opciones eran Eielson o Ana Mendieta. Es una razón histórica.

Jorge Eduardo Eielson (Perú, 1924-2006). Poeta y artista plástico. Nudo. 1970. Martha Canfield / Quipus 33 T1, 1966. Colección Eduardo F. Costantini. Museo MALBA.

Fíjate. No lo habría sospechado

Sí, en Eielson me interesa lo del nudo. Es una metáfora que usa para hablar de su relación con Michele Mulas, quien fue su pareja. Pero Michele está casado con una mujer. Entonces él habla de ‘La Trinidad’, que es la madre, él y Michele. Esto es todo un sistema que inventa producto de esta circunstancia personal. Hay razones para traer a Eielson, no es biográfico nada más. Ni tampoco por su relación con la poesía. Sin embargo, sostengo tu pregunta, y sigo pensando en vínculos sobre arte y poesía, y está Frank O’Hara, quien trabajó en el MOMA. Los Beatniks, también fueron muy influyentes en el mundo del arte. Y en América Latina, Octavio Paz. ¿Dónde se edifica toda la crítica? Octavio Paz. También Jorge Luis Borges, aun cuando su forma favorita es la poesía. Pasa que Borges era ambicioso y sabía que con poesía no iba a llegar a ningún lado. En el momento en que él escribe ya la poesía había dejado de ser lo que había sido. Y de regreso a Eielson, él fue a Caracas y lo vi. Estuve en uno de sus performances, en el Museo Nacional de Bellas Artes en la llamada ‘Plaza de los museos’.

Michele Mulas y Jorge Eduardo Eielson. Arman la instalación 247 metros de tela de algodón crudo para el Festival de Venezia en 1972. Fotografía: Centro Studi Jorge Eduardo Eielson / Michele Mulas y Jorge Eduardo Eielson (s/f) (s/d)

En cuanto a Terapia, aunque personalmente no sé mucho de psicoanálisis, Argentina está completamente permeada de esta práctica. Es básicamente un rasgo cultural, una obviedad que tú misma notas, por supuesto. Es Mafalda, por ejemplo, en la cultura popular. ¿Qué es Argentina? El árbol torcido que debería ir al psicoanalista. Una sociedad, digamos, comprometida, obsesionada con revisarse. Quizás producto de una gran decepción a cuestas, el peso de una monumentalidad perdida. Y la verdad, es notable el dejo de riqueza, principalmente en las formas arquitectónicas. Ir al Palacio Barolo y constatar que es una estructura erigida en homenaje a figuras fundantes de la cultura europea como Dante Alighieri. Representaciones que responden a otros territorios y tiempos, que a su vez conviven con una realidad propia e inexorable como los índices críticos de pobreza.

Sí, es así porque es un país que se percibe europeo estando en Sudamérica. Es una cuestión de identidad, que es un nervio principal. Una promesa quizás perdida. Ahora, en relación a la exposición, tiene que ver con dos cosas. Uno, el arte visto desde uno de los lugares donde se produce el discurso de modernidad, que es el psicoanálisis. Dos, con una práctica conocida en Brasil como ‘levantamiento’, que es una especie de mapeo del movimiento surrealista en Argentina. Una tendencia reprimida, además. El surrealismo argentino es muy particular, muy diferente al que se dio en otras partes. Diferente al mexicano, al caribeño. Aunque creo que todos los surrealismos son muy distintos, y esto es interesante. Hace poco escuché a Graciela Speranza decir algo así como: ‘el surrealismo se reinventa cada diez años’, citando a Man Ray. Y esto me hizo pensar que el surrealismo se reinventó no solo cada diez años, sino muchas veces en toda América Latina. La generación de los ’90 (de la que me siento parte) de alguna forma castigó al surrealismo por esta ligado a cierto cliché cultural, a lo fantástico. De hecho, el libro que lanza esta generación a la que refiero se llama Beyond the fantastic, el mismo nombre del ensayo de Mari Carmen Ramírez. No sé si sigues la discusión de ese momento histórico, pero en Francia hubo una exposición que mezclaba una mirada etnográfica junto al arte contemporáneo, pero sobre todo con artistas de la periferia, entre ellos muchos latinoamericanos.

Mapa de la exhibición incluido en el catálogo de la exhibición curada por Jean-Hubert Martin en el Musée national d’art moderne Centre Pompidou and Grande Halle de La Villette, París. Mayo 18 – Agosto, 14 – 1989 / Tapa de libro publicado por el Centro Pompidou en 2014: Magiciens de la Terre. Retour sur une exposition légendaire

Magiciens de la Terre (París, 1989). Una exposición que hoy en día sale muy bien parada, aún con sus problemas, sale muy bien parada. Tanto que la criticaron. Allí participó Alfredo Jaar, por ejemplo. En paralelo surge esta generación crítica, que en ese momento tendrían treinta años quizás. Algunos veinte, pero más treinta. Y ésta es la generación que vino justo después de Marta Traba; donde estaban Gerardo Mosquera y Mari Carmen Ramírez, que son mayores que yo. Pero siento que nosotros nos hemos adherido a ellos porque son la generación que piensa y propone el discurso poscolonial. Entonces, esto viene porque el surrealismo quedó como castigado, en un lugar mínimo, en una grieta histórica. Digo, el surrealismo como idea. Y a la vez es absurdo elaborar esto en términos tan totales y faltos de delicadeza. Pero siento que en el fondo es así. Y creo que aquí hay toda una generación de gente, desde finales de los años ’20, porque el surrealismo surge en Europa con el Primer Manifiesto de André Breton en 1924, que llega casi simultáneamente a Argentina por la vía del psicoanálisis. También muchos españoles refugiados de la guerra civil, junto a otras nacionalidades europeas desplazadas por la violencia generalizada.

Manifeste du surréalisme (1924) André Breton

Figuras como José Planas Casas y su sobrino Juan Batlle Planas, son portadores del surrealismo, trabajan en una fusión de expresión plástica y poesía que se constata en la edición de ejemplares que combinan texto y grabado. Más tarde, Aldo Pellegrini, hace sus aportes, y arma una exhibición en torno al surrealismo argentino (1967). Así, Terapia es una mirada del arte argentino desde ese lugar en el que se produce un discurso de modernidad, pero también es una exposición que contempla una gran apuesta por el surrealismo y sus variantes rioplatenses: automatismo, siniestrismo, etc.

En el vestidor (1939) Gertrudis Chale. Colección privada. Benzolinar (1937) Juan Batlle Planas. Colección MALBA

Ahora, a partir de esto, me gustaría cruzar un poco tu vida interior con la forma en que trabajas. Me refiero, así como veo claro interés por lo literario, también noto constante y amplio trabajo en torno a la mixtura de géneros y categorías. Digamos, lo interdisciplinario.

Me interesa lo que se integra y produce un discurso nuevo. Éste es el tipo de propuestas y artistas con los que trabajo. Acabo de hacer una exposición el año pasado en México, inaugurada en enero, con un artista que se identifica plenamente con esto que estamos conversando. Erick Meyenberg es ‘el’ artista interdisciplinario al que refiero, un mexicano. Trabaja con instalaciones en las que prioriza la sinestesia, donde es patente la gesta de algo nuevo a través del cruce de disciplinas. Me parece que esto refleja nuestro tiempo.

Presentación del libro-catálogo de la exhibición de Erick Meyenberg curada por Gabriela Rangel en el Museo Amparo de la ciudad de Puebla en México en 2020.

Sí, esto es importante. Eres una figura propia de nuestro tiempo en múltiples dimensiones. Me satisface pensar y ver tu lugar, firme, dotado de una sólida postura crítica, capaz de penetrar y hacer en medio de sociedades complejas, con estructuras institucionales rígidas, abiertamente patriarcales y burócratas. Me pregunto cómo manejas este tránsito, cómo desarrollas este temple que dialoga entre el romántico deseo de ser y hacer, frente a las dificultades de lo real

Curioso que traigas esta palabra ‘romántico’, que justamente uso en el texto principal de Terapia para referirme a una ironía de Thomas Mann contra Freud, donde le dice que él está inventando una especie de romanticismo hecho ciencia. Y me parece que no se equivocó. Porque sí, es una especie de romanticismo gótico, de romanticismo negro, como lo llaman los historiógrafos de Freud. Sin embargo, me guardo de las expectativas románticas y con ello logro preservarme. Reviso con objetividad los historiales políticos de las sociedades en que me muevo. Aquí, el peronismo, un hito fundamental, lo mismo que la dictadura. Están cosidos en el mismo lugar. Es un país con profundo talante autoritario. Ahora, me he permitido romantizar Nueva York, por ejemplo. Siempre quise vivir ahí. Te voy a contar algo, cuando era jovencita quise irme a París, pero al recorrerlo me pareció que era como un museo extendido con placas en todos lados, y me sentí agobiada. Me sentí agobiada de la formalidad de los franceses, sus gestos conmemorativos. Me sentí agobiada de vivir en una ciudad reliquia. Y me dije, no. No me gusta esto. Entonces, fui a Nueva York y me encantó. Me enamoré. Eran los años ’80, viví toda la transformación, crisis y evolución de la ciudad en sus años recientes. La crisis del SIDA, conozco gente que murió en ese tránsito. Ahí viajé sola por primera vez a la ciudad, y estaba Act Up haciendo el activismo en las paredes. Estar, vivir Nueva York en esa época, hizo que la ciudad me vibrara.

El póster Silencio = Muerte con el triángulo rosa creado por el colectivo Silence=Death Project, usado también por ACT UP como símbolo de lucha contra el sida. Dibujo original de Le Corbusier. Visita a Latinoamérica en 1929.

Ahora que traes Nueva York y estamos en Buenos Aires, son ciudades que tienen algunas similitudes…

Eso decía Le Corbusier. Recuerdo el dibujo de su mapa donde identifica al futuro del mundo con Buenos Aires en lugar de Nueva York. Quizás porque su primer vuelo sobre una ciudad lo hace aquí, y eso le cambia la noción de cómo es la ciudad, su perspectiva. Imagínate un arquitecto que nunca había volado. Eso cambió su manera de diseñar. Sin embargo, considero que es un teórico de la arquitectura a través de sus propuestas funcionalistas en la disciplina, y no por ello un buen planificador urbano.

Pero estamos ya a más de un siglo de distancia si pensamos en los años ’20. Apenas hay un remanente de esto en el imaginario. Esta es una ciudad formada por inmigrantes, por una gran masa migratoria. Ahora, hoy veo que Buenos Aires resiste la migración latinoamericana. Continúa la identificación con una migración más positivista, europea. Sin embargo, aquí conviven paraguayos, bolivianos, venezolanos, chilenos quizás menos; pero son poblaciones que están y no las reconocen. Entonces, noto que se registran migraciones y gestos que están a un siglo de distancia. De alguna manera, mi lectura es el aislamiento del país. Es un territorio cerrado al intercambio comercial, muy rígido y controlado. Nueva York está abierta al intercambio comercial. Es evidente el paso de transporte y personas por todas las vías que la cruzan. Aquí prevalece una condición de aislamiento que multiplica los valores capitales de objetos y mercancías a niveles abrumadores, con lo que el costo de la vida se incrementa y las dinámicas más contemporáneas se complejizan de forma irracional: la coima, la distancia, el tiempo, las aduanas, los impuestos. Nueva York es una ciudad abierta desde lo comercial, y esto se expande a otras áreas de la vida social. Al punto que es de mal gusto preguntar de dónde eres. Sin embargo, no estoy haciendo un ejercicio de santificación o romantización de los Estados Unidos.

Me gustaría detenerme en tu interés por la arquitectura.

Sí, entré en la historia de la arquitectura porque me interesaba. Pero también por su relación con la escultura y la instalación como prácticas artísticas. Además, en el caso venezolano Carlos Raúl Villanueva es un ejecutante de Le Corbusier, mira el 23 de enero. En ese momento en que diseña estos complejos urbanos para la ciudad es discípulo, seguidor de las prácticas y propuestas de Le Corbusier. Sin embargo, esta mirada crítica en Venezuela es difícil ejercerla. La edificación de lo masculino como legado, vela la facultad de elaborar ejercicios objetivos sobre el pasado y nuestra propia ‘idea’ de modernidad. Pienso en Gego, extranjera y con ese nombre con el que nadie sabe a priori si es hombre o mujer. Gego fue brillante, entendió y anduvo todo el país.

Gego. Montaje de Reticulárea. Galería de Arte Nacional. Foto Christian Belpaire 1980
Gego. Montaje de Reticulárea. Galería de Arte Nacional. Foto Christian Belpaire, 1980. Foto Cortesía Fundación Gego.

Sí, ahora que la nombras pienso en el exilio, el desplazamiento como un lugar iluminador. Una experiencia dolorosa, con variedad de niveles y lecturas, pero que abre mucho la cabeza. Verse en la situación de salir de un lugar que ‘era’ y se destruye, por lo que debes buscar ubicarte en otro espacio. Es una ruta que abre una perspectiva enorme. Así que pensar a Gego como agente sensible capaz de percibir a Venezuela resulta inspirador como relato.

Imagínate a una mujer de veintiocho años, que llega a trabajar como arquitecta a través del conducto de una asociación judía, sionista que logra sacarla. Porque la terquedad de Gego hizo que fuese la última en salir de su familia. Cuenta en sus memorias que ella es quien tira al río las llaves de la casa. De esta forma cierra ese pasaje y viaja a Londres, luego a Caracas con ayuda de una familia, un tal ‘Salomon’. No sé exactamente quiénes son ellos. Respecto a este momento de la vida de Gego, hay un trabajo de investigación que no fue hecho en Venezuela. Lo hizo una chica del Courtauld Institute en Londres, una tesis doctoral sobre Gego. Allí cuenta detalles que no conocíamos de esa asociación sionista, quién es la gente que la recibe en Caracas, y es muy interesante. Llega muy joven, no habla español, no tiene familia, sus orígenes son de la aristocracia judía de Hamburgo y aparece en Venezuela en 1939. Un país posgomecista, rural, convulsionado. Comienza a trabajar como arquitecta y conoce a su marido, un empresario alemán judío como ella, llamado Ernst Gunz. No fue un matrimonio exitoso. Sin embargo, tuvo dos hijos. Se separan civilizada y conscientemente en 1952 y más tarde conoce a Gerd Leufert y comienzan a vivir juntos en Tarma, donde ella se hace artista. Durante años hizo muebles, no se desempeñó como arquitecto, construyó muebles artesanales en un taller en su casa. Sillas, mesas, lámparas… Imagínate esa mujer ahí. Pienso en ella a los veintiocho años viviendo en ese país salvaje. Una mujer extraordinaria, con fuerza. Ella iba a llegar porque sí: se divorcia del marido, decide ser venezolana, se va a vivir a un pueblo de negros. Un lugar inaccesible, apartado, lejos, donde se consolida su relación con Leufert y se vuelca decidida a sus exploraciones.

Es interesante esto último como rasgo de su perfil: ‘elegir la periferia’. Pienso en el castillete de Reverón, por ejemplo.

Armando Reverón en El Castillete. Fotografía: Victoriano de Los Ríos. Archivo de la Galería de Arte Nacional. Croquis de El Castillete, realizado por el arquitecto italiano Gio Ponti, en 1954 / Se observa la pileta en el centro de El Castillete en 1990, cuando funcionaba el Museo Armando Reverón. Foto cortesía Archivo de la Galería de Arte Nacional. Mujer desnuda leyendo (1932) Armando Reverón. Colección Eduardo F. Costantini. En exhibición en MALBA.

Exacto. Los artistas venezolanos más interesantes siempre han elegido la periferia. Los otros no son interesantes porque pactan con el poder, y entonces se vuelven artistas oficiales. Los que me interesan son esos, los que están como perdidos: Claudio Perna, Armando Reverón, Gego que se fue por allá a ese pueblo. Aunque hay que reconocer que a Gego, el Estado venezolano la apoyó. Fue una figura de consenso en medio de un medio artístico formado por hombres en Venezuela, machos venezolanos. Todos sabían que era una gran artista, la reverenciaron y reconocieron. Le hicieron películas, la invitaron a sus exposiciones, le dieron dinero. Pero, ¿Qué fue lo que ella eligió? La docencia. Creó el Instituto Neumann de diseño, junto a Hans Neumann; se dedicó a impartir clases también en la Facultad de Arquitectura y Urbanismo de la Universidad Central de Venezuela, donde montó una cátedra sobre modelaje tridimensional. Fue a Estados Unidos y Europa para aprender y regresar a Caracas a enseñar. Muy tenaz. Ejemplar.

Traigo todo esto porque creo que nos olvidamos de esta cosa maravillosa, haber tenido la suerte de recibir en Venezuela a una persona como ella: una mujer que se refugió en sí misma, e hizo mucho desde ese lugar de expansión íntima desde el que generó un caudal para ofrecer a los demás.

Para terminar, quisiera cerrar con una pregunta sobre mi propia obsesión: los libros. Con ello pedirte que recomiendes algo, saber qué estás leyendo, qué te gusta, qué nos puedes dejar…

Hay un libro de una venezolana que te recomiendo leer. Se llama When time stopped de Ariana Neumann, la hija de Hans Neumann. Ella vive en Inglaterra y escribe un libro sobre la vida de su padre donde relata a partir de registros personales de él. Narra cómo rehace su vida en Venezuela. Él es víctima del nacionalsocialismo. Es fascinante. Aún no lo termino de leer, pero es maravilloso.

Gabriela Rangel retratada por el artista mexicano Erick Meyenberg en Vienna, Austria. 2018

Gabriela Rangel (Caracas, 1963) se desempeña como Directora Artística del Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires desde 2019. Especializada en Arte Latinoamericano es curadora de prestigio y carrera de alcance internacional. Perteneció a la America’s Society durante más de quince años, institución referente para el encuentro de las distintas regiones que se perfilan en el continente americano. Durante estos años de sólida y constante carrera en Nueva York, logró forjar una amplia red de relaciones institucionales, profesionales y personales. Ha conducido más de cuarenta proyectos de exhibición, edición de libros y catálogos, entre los que destacan los nombres de Lydia Cabrera, Gego, Kati Horna, Marta Minujín, Xul Solar, Jorge Luis Borges, Jorge Eduardo Eielson y Facundo de Zuviría.


[i] Movimiento artístico venezolano fundado en París en 1945, y que se mantuvo hasta 1950. Estuvo conformado por un número considerable de personalidades destacadas, críticos de los modos superficiales de conducción de las instituciones museísticas y formativas del arte en Venezuela. Iniciaron las experimentaciones formales con el arte neofigurativo y abstracto en suma a la corriente renovadora de las vanguardias europeas. Rompen radicalmente con la figuración en la construcción de la imagen, y renuevan la pintura tradicional venezolana para distanciarla de las tendencias instauradas por El Círculo de Bellas Artes y la Escuela Paisajista de Caracas. Editan una revista que publica cinco números, y escriben el Manifiesto NO (1950) en el que rechazan la superficialidad vacía de las instituciones y las formas tradicionales y acomodaticias no renovadas del arte en Venezuela.

Betina Barrios Ayala cursa el programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana y Crítica Cultural en la Universidad de San Andrés (Argentina, 2019). Licenciada en Estudios Políticos por la Universidad Central de Venezuela, UCV (2007). Tiene una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, 2015). Obtuvo una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2016). Mantiene desde 2011 el blog literario experienceparoles. Ha colaborado con diversos medios e instituciones culturales. Trabaja con libros, configurando bibliotecas privadas y comerciales. Sus redes son: Tw @betinabarrios, IG @betinabarriosayala

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