¡LA DOLCE VITA, POR SIEMPRE!

Inspiración divina de varias generaciones de toda suerte de creativos y artistas, La Dolce Vita se levanta como obra maestra celebrando el centenario del nacimiento de su autor Federico Fellini. Crítico visionario de la sociedad decadente de sus años, La Dolce Vita – a sesenta años de su estreno – refleja la originalidad de las elecciones estéticas de su autor y un gusto sofisticado que todavía hoy se verifica vigente en los arquetipos de la belleza y de la moda contemporánea. Su legado hoy se interpreta como un poderoso manifiesto de desbordante genialidad.

Tullio Cavalli

IFellini, Roma y tres hermanas

Hace 60 años Federico Fellini rodaba el filme La Dolce Vita en plena Vía Véneto, esa icónica calle romana que estallaba de jolgorio entre ruidosos night clubs, terrazas abarrotadas, cafés y una extravagante y pintoresca fauna nocturna que deambulaba por sus predios. Su anti héroe es un disparatado reportero –paparazzo – Marcello, que narra “la dulce vida” de aristócratas arruinados, playboys decadentes, estrellas de cine de poca monta y algunas mujeres de oficio. En la cinta, Marcello Mastroianni es Marcello Rubini y viceversa, pues ambos, actor y personaje, fluyen divinamente en esa traslúcida dimensión fellinesca en donde la desesperación del hombre sobrevive junto a la obsesiva necesidad de hacer algo importante en la vida y trascender. Y es precisamente esa visión de trascendencia la que reconstruyó y reinventó a Italia a partir de la posguerra, la visión que perfiló la nueva imagen del Italianismo que le sería vendido al mundo a través del brand mas reputado e imitado que haya existido: el Made in Italy.

Fellini preparando el gatico en la cabeza de Anita Ekberg en el comienzo de la secuencia más icónica de La Dolce Vita.

En su proceso de reinvención Italia hizo gran énfasis en la promoción de su estilo de vida y cultura a través del cine. El espacio urbano, la cittá –la Roma de La Dolce Vita– se tejía dentro de una narrativa cinematográfica que desplegaba el vasto panorama de su arquitectura, de su diseño, y de una moda y movida que desatarían el Italian way of life, acepción adoptada por un Hollywood que de inmediato se volteó seducido colocando a sus estrellas a las puertas de Cinecittá.

En 1954 la periodista italiana Elsa Robiola reflejaba sus pensamientos sobre el vertiginoso ascenso y penetración de la moda italiana alrededor del mundo. Lo hacía en la revista Belleza, la revista italiana de alta costura y diseño que fundó Gio Ponti en 1941 y en la que colaboró hasta 1943. En su cita la periodista evidenciaba a la nueva moda italiana como una vanguardia, como un factor de cambio y de desarrollo de una sociedad que se reinventaba en nuevas formas de expresión como el cine y la alta costura a través de la promoción del territorio. “La moda en Italia, no es la primera y no será la última vez que decimos esto, se está construyendo una base sólida y prestigiosa. Y esta base es suficientemente sólida debido, también, a la percepción que tienen otros países del enorme prestigio de nuestras ciudades. Roma es una ciudad que tiene un atractivo evocador, único, de raíces antiguas, sostenida por la literatura, el arte y la poesía y eso es reconocido en todo el mundo […] Para usar una expresión moderna y en boga con las últimas generaciones, podríamos decir que es precisamente la ‘dirección’ de estas ciudades e islas italianas la que genera y promueve el constante movimiento de presentaciones de moda, manteniendo su presencia tele-photo-cinemática en todo el mundo […] y el concepto de una ‘dirección’ única e inconfundible la tenemos en el cine, en nuestro maravilloso cine, que es donde distinguimos la creciente influencia de la moda de nuestro país, haciéndose reconocible y diferente de la de otros”.

Sorelle Fontana Alta Moda fue una firma de moda especializada en sastrería de alta costura. Fundada en Roma en 1943, por las hermanas estilistas Zoe, Micol y Giovanna Fontana, las hermanas desde su taller, fueron las primeras en dar impulso al Made in Italy, haciendo famoso su estilo italiano en el mundo a través del cine y la fotografía. En sus inicios, la selecta clientela romana fue insuficiente para su lanzamiento internacional, pero tras el estreno de La Dolce Vita –gran cantidad de prendas fueron escogidas por los plurioscarizados Fellini & Gherardi para vestir a las actrices Anita Ekberg y Anouk Aimée– Hollywood tuvo la oportunidad de descubrir su diseño y enamorarse de sus colecciones, verificando así el poder que tenía el cine sobre la moda y la enorme influencia que la moda italiana tuvo en la experiencia cinematográfica global. Igualmente, la prensa tuvo un papel preponderante en la evangelización del Italian way of life cuando en 1949 abría sus titulares para reseñar la boda de los actores Tyrone Power y la mexicana Blanca Rosa Welter, alias Linda Christian. El estilismo del Made in Italy refulgió con el sello Fontana en las pantallas de Hollywood. Desde entonces Elizabeth Taylor, Audrey Hepburn, Barbara Stanwyck, Natalie Wood, Grace Kelly, Ava Gardner, Joan Collins, Lana Turner y Kim Novak serían solo algunas de las tantas luminarias que lo lucirían.

 “El vestido de Linda Christian estaba confeccionado en satén blanco, con un tren de cinco yardas, cubierto con bordados. Parecía el vestido de una princesa sacado de un cuento de hadas. La prensa internacional cubrió el evento, y centenares de miles de fotografías de la ceremonia y de una radiante Linda Christian aparecieron en periódicos de todo el mundo«.

Sorelle Fontana Alta Moda fueron las primeras en lanzar el Made in Italy, con el vestido de novia para el matrimonio de Linda Christian y Tyrone Power.

La boda catapultó la fama internacional de las hermanas Fontana, y a partir de ese momento los nexos con Estados Unidos y Hollywood se profundizaron de tal modo que todas las casas de moda se volvieron instrumentales para triangular la relación entre glamur, cine y ciudad. Fue ese encuentro entre Italia y Estados Unidos el que lanzó la moda italiana a escala global, y fue la vitrina del cine la que le imprimió a la incipiente industria de la moda italiana un alto perfil para promover y publicitar a escala mundial toda una nueva casta de diseñadores italianos. En Hollywood, Roma alcanzó la fama de ciudad de la movida en donde se promovían “tres días en el atelier de las Fontana, tres horas en San Pedro, dos en el Coliseo y todas las noches en Vía Veneto”. Algo muy parecido ocurriría nuevamente en España, treinta años después con la aparición de la movida madrileña y el cine de Pedro Almodóvar.

Finalizando la década de los 40 el cine italiano transitaba el fin de su era artesanal para transformarse en industria. Fellini aprovechó la circunstancia para alejarse de los preceptos del neorrealismo del cine pobre y abrazar una cinematografía nueva y acorde con los nuevos tiempos de reinvención de la sociedad italiana.

Gian Piero Brunetta, profesor de Historia y Crítica de Cine en la Universidad de Padua define La Dolce Vita como gran retrato social y cinematográfico. En sus disertaciones Brunetta afirma que la película de Fellini “es un puente de conjunción entre el final de una era específica del cine italiano y la introducción de una nueva, en donde la influencia del cine internacional, sobretodo el estadounidense, comienza a tener lugar en la sociedad Italiana”. Pierre Leprohon –biógrafo del impresionismo pictórico francés, de la nouvelle vague y de buena parte del cine italiano- en su libro El Cine Italiano señala que Fellini se aleja, huye, del neorrealismo que había caracterizado y popularizado el cinema italiano de entonces, buscando un nuevo lenguaje acorde a las tendencias de una nueva década que alimentaría su nueva obra, atisbando la decadencia suntuosa, barroca y onírica de la sociedad de consumo. “El éxito derivado de la experiencia neorrealista es transitado por Fellini hacia nuevos y elevados estándares de producción que le dieron a La Dolce Vita insospechados niveles de calidad hasta entonces poco vistos o desconocidos en la cinematografía italiana”.

Federico Fellini, Anita Ekberg, Marcello Mastroianni, Anouk Aimeé, en distintas escenas y momentos de la filmación.

La estrecha relación de Federico Fellini con los medios está más que presente en La Dolce Vita y en los comerciales que dirigió durante los últimos años de su trabajo. El factor mediático, el cine y sus protagonistas, la moda, la televisión, la música, el periodismo, la fotografía, la movida, la ópera, el territorio y la gastronomía fueron expresiones de la sociedad italiana que se consolidaron dándole forma a una industria cultural propia y única que Fellini supo aprovechar desde una aproximación crítica muy particular. La visión de una sociedad decadente contrapuesta a una sociedad de consumo, imprimió a su obra extraordinarios y novedosos resultados narrativos y estéticos.

II – Moda y Made in Italy en el Victoria y Albert Museum de Londres

En el año 2014, bajo el exclusivo patrocinio de Bulgari, el Victoria & Albert Museum de Londres presentó la exposición The Glamour of Italian Fashion (1945-2014). Esta importante exposición fue una mirada glamorosa e integral a la moda italiana desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días. La historia fue explorada a través de las personas y organizaciones clave que han contribuido a su reputación de calidad y estilo. Incluía tanto ropa de mujer como de hombre para resaltar la calidad excepcional de técnicas, materiales y experiencia por la que Italia se ha hecho famosa.

La exposición examinó la dramática transición de Italia de las ruinas de la posguerra al lujo desfilado en los emblemáticos desfiles de la «Sala Bianca» celebrados en Florencia en la década de 1950, que impulsaron la moda italiana al escenario mundial. Durante las décadas de 1950 y 1960, las numerosas películas de Hollywood que se rodaron en Italia tuvieron un enorme impacto en la moda, ya que estrellas como Audrey Hepburn y Elizabeth Taylor se convirtieron en embajadoras de la moda italiana, alimentando un gran apetito internacional por la ropa de lujo hecha en Italia.

Se exhibieron alrededor de 100 ensembles y accesorios de las principales casas de moda italianas, incluyendo Simonetta, Pucci, Sorelle Fontana, Valentino, Gucci, Missoni, Giorgio Armani, Dolce & Gabbana, Marni, Fendi, Prada y Versace, hasta la próxima generación de talentos de la moda.


En 1945, el gobierno de posguerra de Italia tenía como objetivo revitalizar un país debilitado en espíritu y en ruina física y financiera. Con la ayuda estadounidense provista a través del Plan Marshall, la rápida remodelación de las fábricas italianas junto con los esfuerzos de muchos empresarios del país ayudó a que la moda se convirtiera en una piedra angular para la recuperación de la Italia de posguerra.

En 1951, Giovanni Battista Giorgini organizó los primeros desfiles de moda internacionalmente reconocidos de Italia. Al año siguiente, se aseguró el uso permanente de la Sala Bianca o White Hall, una opulenta galería iluminada por lámparas de araña en el Palacio Pitti de Florencia.

Giovanni Battista Giorgini organizó los primeros desfiles de moda internacionalmente reconocidos de Italia

A medida que los diseñadores de ropa y los fabricantes de textiles retomaron gradualmente el comercio, sus elegantes diseños respondieron a un ansia de glamour después de años de privación en tiempos de guerra. La alta costura italiana y la confección fina se convirtieron en exportaciones populares. El entusiasmo por la sastrería italiana, admirado por ser ligero, desestructurado y elegante, aumentó en las décadas posteriores a la Segunda Guerra Mundial.

La reputación de Italia por la ropa confeccionada a la medida se desarrolló internacionalmente gracias a las imágenes populares de actores y actrices vestidos con mucho estilo. Los trajes elegantes de Marcello Mastroianni en la La Dolce Vita, el poderoso y seductor vestuario de Anita Ekberg y la elegante indumentaria de Anouk Aimée hicieron mucho para popularizar el traje italiano en todo el mundo. Tanto la confección su misura como el pret a porter de los trajes confeccionados se hicieron cada vez más populares y fueron adoptados por una creciente e indetenible clientela internacional.

Un buen traje hecho a la medida requiere un tejido cortado con precisión y un ajuste exacto, junto con detalles finos de acabado. Los elementos de diseño más pequeños, como la forma de un bolsillo o manga, a menudo diferían de una región a otra. Un traje napolitano podría distinguirse de uno producido en Roma.

A lo largo de las décadas de 1950 y 1960, la economía de Italia había crecido rápidamente, impulsada en parte por los sectores de la moda y el textil. En los años que siguieron, a pesar de la inestabilidad social y política, la industria de la moda de Italia floreció. Numerosas empresas de moda y manufactura relacionadas  despegaron, muchas de ellas de gestión familiar.

Desde principios de la década de 1970, la popularidad de la alta costura dio paso al entusiasmo por la moda manufacturada. Milán, con su prensa especializada en moda, su industria publicitaria y fábricas de ropa y textiles ubicadas en cercanías, se convirtió en la nueva capital de la moda de Italia. El Made in Italy fue una campaña de marketing que celebró un arcoiris de productos premium: cine, arte, comida, turismo, diseño y, entre ellos, la moda. Esta campaña promocional internacional de décadas de duración aseguró que el Made in Italy se convirtiera en una marca de estilo.

Desde mediados de la década de 1990, la moda se ha vuelto cada vez más internacional. Muchos más diseñadores italianos se han convertido en celebridades por derecho propio y han consolidado la reputación de su país como creadores de tendencias mundiales. Estos diseñadores venden un universo de productos en todos los continentes, desde ropa hasta muebles e interiores de hoteles. Algunos han transformado firmas familiares de larga data en marcas internacionales de lujo. Aunque todos conservan devotos seguidores.

Llegados a este punto, los nuevos diseñadores de la moda italiana se encuentran en diferentes etapas en el viaje hacia el reconocimiento. Algunos tienen la tradición de generaciones detrás de ellos. Otros, emergen desde el inconsciente colectivo de una Italia reinventada en donde los elementos artísticos expuestos en La Dolce Vita de Fellini forman parte de los arquetipos de una manera de ser, de pensar y de vivir.

Salvatore Ferragamo, Valentino, Dolce & Gabanna, Pucci, Gucci, Armani, Versace, entre otros son los nombres que consolidan el Made in Italy en el mundo.

La moda italiana todavía tiene una clientela fiel, y su énfasis sigue dirigido hacia el pináculo, donde los diseñadores de Italia continúan encontrando su ventaja competitiva.

El punto fuerte del panorama económico –generalmente sobrio- de Italia es esa demanda ilimitada de probar el estilo italiano. Las empresas de moda italianas siguen siendo influyentes.

El nuevo siglo italiano ha estado marcado por el escándalo político, tensiones migratorias y agudos problemas económicos. Las famosas redes de producción textil e industrias relacionadas de Italia se están debilitando. Sus casas de moda premium se encuentran, cada vez más, en manos de propiedad extranjera. Las fábricas chinas, los trabajadores y los consumidores ahora están entrelazados con el destino de la fabricación italiana. Ante estas afirmaciones se abre la incógnita: en el futuro ¿qué significará Made in Italy?

IIIPaparazzo, Paparazzi

El término paparazzo define básicamente y de manera despectiva a los fotógrafos especializados en fotografiar a personas famosas en ocasiones públicas o en su ámbito privado, casi siempre buscando las situaciones más particulares, más raras y comprometedoras para poder obtener más dinero por ellas.

Paparazzo es una onomatopeya que me sugiere un insecto. Uno muy fastidioso que zumba y rezumba aleteando, revoloteando y picando duro, nervioso e insistente”.

Federico Fellini

Fellini dirigiendo las escenas de los paparazzis a las puertas del avión

El término es una palabra de autor creada y difundida a partir de la película La Dolce Vita de Federico Fellini, en la que un personaje -interpretado por el actor Walter Santesso- que practica esta profesión, tiene el apellido Paparazzo. Para la elección del nombre, Fellini y Ennio Flaiano, coguionista de la película, se inspiraron en el personaje de un libro de George Gissing que Fellini estaba leyendo en ese momento: Coriolano Paparazzo era el nombre del dueño del hotel que recibió al escritor inglés en Catanzaro durante un viaje a Italia en 1897 descrito en su libro “En las riberas del Ionio”.

Sin embargo, sobre el origen del nombre, circulan distintas versiones y parece que el mismo Fellini se divertía en contarlas de diferentes maneras. En una entrevista concedida tras el estreno de La Dolce Vita, Giulietta Masina, su mujer, afirmaba de haberle sugerido el término a Federico a partir de la combinación de las palabras pappataci (una especie de mosquito) y ragazzi (muchachos).

Otros atribuyen la autoría de la palabra al escritor abruzo Ennio Flaiano quien, al describir a los fotógrafos, comparó el movimiento del lente de la cámara con la válvula de apertura y cierre de las almejas, paparazze en dialecto abruzo, y, por extensión, con el personaje detrás de la cámara.

La Dolce Vita en 1959, fue la primera película en presentar de manera descarnada a los fotorreporteros como personajes despiadados dedicados a captar instantáneas de las ruinosas vidas de las celebridades. Paparazzo es el nombre del fotógrafo principal de la película y el amigo cercano de Marcello. Trabajan juntos, informando sobre la vida escandalosa de las celebridades romanas. Las características que él y sus colegas exhiben en el ejercicio de sus profesiones causaron tal impacto que el nombre del personaje se acuñó inmediatamente para referirse a los fotógrafos que toman fotos de celebridades acechándolas implacablemente en sus actividades públicas y privadas.

En una brutalmente hermosa escena de La Dolce Vita vemos a Sylvia, la rubia bomba sexy estadounidense, pasar la noche caminando por Roma y saltar dentro de la famosa Fontana di Trevi. Más tarde, esa noche, de regreso a su hotel Sylvia es violentamente abofeteada por su compañero. Vemos a la pareja y varios fotógrafos a su alrededor tomando fotos y filmando la incómoda situación sin ningún tipo de restricción. Las celebridades se convirtieron en presas, en algo más que fotos para su público adorador, una morbosa sociedad del espectáculo que exigiría cada vez más imágenes y detalles, “sin darse cuenta de que estaba contribuyendo simultáneamente al crecimiento artificial de la representación pictórica”.

Imágenes del proceso de filmación de una de las escenas más icónicas de la película. Anita Ekberg, Marcello Mastroianni y Fellini.

Durante la segunda mitad del siglo XX la industria mediática se consolida con la aparición de la Televisión. El aporte de Fellini al medio es prácticamente inexistente y es público, a través de numerosas declaraciones y entrevistas sostenidas en el tiempo, el desprecio que el cineasta sentía por la televisión. En un principio se sintió tentado de incursionar en la producción televisa, pero de inmediato descubrió las limitaciones del medio y las sustanciales diferencias que existían entre las audiencias del cine y la TV.

Sin embargo, ya en el ocaso de su carrera, entre 1984 y 1992, produce y dirige cinco comerciales publicitarios para la televisión: uno para Campari, uno para pasta Barilla rigatoni y tres para el Banco de Roma. La decisión de Fellini en un principio respondía a razones meramente comerciales, pero sin renunciar al estilo, a la expresividad y a la creatividad típicas de su experiencia cinematográfica. Después de La Dolce Vita, la sociedad estaba experimentando un contexto diferente, y a pesar de esto Fellini mantuvo la esencia de su discurso fílmico en todo momento. En su narrativa no hay contacto directo con la realidad, y de hecho, estos comerciales le dieron a Fellini la oportunidad de romper una vez más las estructuras convencionales, esta vez del género publicitario, redimensionándolo en la construcción de imágenes absolutamente libres.

Campari, che bel paesaggio 1984

Pastas Barilla “Alta Societá” 1994

IV – INSPIRACIóN

Los maravillosos decorados y vestuarios diseñados por Pietro Gherardi en colaboración con Fellini son hasta hoy la inspiración y materialización del estilo italiano. Gracias a Fellini, el nombre de La Dolce Vita se ha convertido en una poderosa referencia en el mundo de lo que significa Italia, del estilo italiano, su moda y glamour. Ninguna película ha hecho más que La Dolce Vita para incrustar esas imágenes en la conciencia colectiva. Tanto como película como idea, La Dolce Vita es un punto de partida obligatorio cuando se habla de estilo italiano. Dolce & Gabanna, Valentino, Dior, Prada, Fendi, Tom Ford, Jimmy Choo, Rochas, Monique Lhuillier, Alice+Olivia, Dior y Stella Jean son solo algunos de los nombres que evocaron La Dolce Vita en sus colecciones y accesorios, redescubriendo su estilo característico e imitándolo a través de formas, colores y texturas.

Estas reminiscencias de los años 50, de los años posteriores a la guerra, de la década que culminaría con La Dolce Vita de Federico Fellini, se definen por un sensual y femenino estilo de faldas acampanadas, cinturones ajustados alrededor de la cintura, corsés y faldas lápiz, zapatos de escote, guantes y sombreros… elementos clave utilizados por muchos artistas inspirados por la moda de Fellini.

Diseñadores europeos y americanos se han inspirado en La Dolce Vita

Reminiscencias que para nada hurgan una onda retro pues el estilo del llamado renacimiento de la posguerra, todavía propone un aspecto moderno y una feminidad sofisticada, características fundamentales en la estética de La Dolce Vita.

V – La Dolce Vita, por siempre

La Dolce Vita es una historia que describe los siete pecados capitales desde las siete colinas de Roma durante siete noches y siete amaneceres. También es la historia de un hombre mediocre, solitario y desesperado. Podría decirse que es la historia de cualquier hombre que se siente atrapado en una vida de noches vacías y solitarios amaneceres. Es también la historia de muchos hombres que debaten sus vidas entre el éxtasis de los pequeños placeres y la agonía de los grandes pensamientos. Es también la historia de una puta, de una diva y de otros tantos fracasados que no se cansan de vivir. Es un vuelo sobre Roma, un café en la Vía Veneto y un baño prohibido en la fuentede Trevi con una mujer hermosa. Y como señalaba el maravilloso crítico cinematográfico estadounidense Roger Ebert –el mismo que durante más de 45 años publicara sus reseñas, semana tras semana, en el Chicago Sun-Times– “Es la historia de la vida de cualquier hombre que sabe que no existe una dulce vida, pero para llegar a esa deducción es necesario que cada quien lo averigüe por sí mismo”.

Afiches de los distintos estrenos de La Dolce Vita

Tullio Cavalli es periodista, director y productor de teatro. @tcavalliv.

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