Victoria Ocampo – Entre tantas, elegir a una

por Betina Barrios Ayala

¿Es posible precisar las raíces de este rostro? ¿De dónde proviene? ¿Qué época representa? ¿A qué se dedica? ¿En qué piensa? ¿A dónde va? Quiso ser actriz, nunca tuvo hijos, gastó tres fortunas heredadas, vivía en el centro de todo y de nadie. Fue de cualquier parte y ninguna. Así, enigmática, difícil, rebelde, autoritaria y ambiciosa fue Victoria Ocampo.

Victoria Ocampo en foto tomada durante su luna de miel, 1913 en París
Victoria Ocampo en foto tomada durante su luna de miel, 1913 en París

Nacida en la ciudad de Buenos Aires en abril de 1890, la construcción de su perfil precisa de múltiples marcos referenciales, ¿Qué hizo y cómo vivió esta mujer que entregó todos sus bienes a la cultura de su país? Visitar y recorrer la gran casona de Beccar en San Isidro: bellísima y monumental, rodeada de un extenso jardín, hecho con intención y gracia frente al Río de la Plata. Allí conviven ombúes, patas de elefante, pinos, palmeras y especies florales, esculturas y matorrales dispersos. En el interior una biblioteca enorme de más de 10.000 títulos, cientos de ejemplares de la revista Sur, un piano negro, tapetes japoneses, retratos, sillas y lámparas de diseño europeo junto con piezas de fabricación regional oriundas del delta y la pampa. Portones, entradas, pasajes y escapes que favorecen el labrado de atributos propios de la raíz griega de la palabra aristocracia: un sentido ético, estético y heroico de la vida, dar todo sin pedir nada a cambio.

Observatorio Unesco Villa Ocampo. Beccar. Más de una hectárea de parque.

Esta casa fue construida por el padre de familia, Manuel Ocampo, en 1891. Diseñada para las temporadas de verano cerca de la ciudad, es un verdadero paraíso de flora y fauna que aún sigue en pie emanando misterio y grandeza. Tiene tres pisos de 450 m2, sótano y una combinación de estilo renacentista y victoriano. Hecha con los mejores materiales y tecnologías de construcción para la época, es patrimonio de la UNESCO y Monumento Histórico Nacional de Argentina. Victoria Ocampo heredó esta propiedad y la dispuso como espacio de encuentro. El trabajo de Victoria fue incansable: edificó, fortaleció e hizo visible la intelectualidad y creatividad argentina en el exterior. También se ocupó de importar lo mejor del afuera, extendiendo su abrazo y cuidados a importantes figuras como Roger Caillois, Gabriela Mistral, Federico García Lorca, Rabindranath Tagore, Ígor Stravinski, Albert Camus y Graham Greene. No distinguía edades ni matices. Su ‘hambre’, como ella misma enuncia en sus cartas a Virginia Woolf, no encuentra modo de saciarse. Ella es tentacular y decidida, cultiva todas las versiones de sí misma que el tiempo le permitió forjar y demostrar: traductora, cronista, ensayista, crítica literaria, editora, filántropa, mecenas, feminista. Un individuo pleno y libre en un momento en que las mujeres no eran más que cuerpos con roles estrictos, sin mayor oportunidad para abrirse paso en el campo cultural, político y profesional.

Las hermanas Ocampo en su niñez, alrededor de 1908. Izq-Der: Pancha, Victoria, Clara, Rosa y Silvina. En la fotografía falta Angélica.

Hija mayor de seis hermanas, fruto del matrimonio Ocampo-Aguirre, fue portadora de un temple soberbio, y es descrita con frecuencia desde las antípodas. Victoria Ocampo es inabarcable, caleidoscópica y cosmopolita. Tomaba flores frescas de distintos tamaños y se las colocaba en el pecho. Llevaba el pelo corto, usaba sombrero, pañuelo y gruesos lentes de marco hueso marfil. Se dice y sabe propia del mundo y en su propio mundo también. No siente raíz fija y recorre el planeta incansable, disuelve su vida en la construcción de puentes que en ocasiones ella misma derribó. Esencialmente humana, recreó todas las pasiones, reflejando un temperamento que oscilaba entre lo vano y lo profundo, siendo desafiante y solidaria.

Cuando fallece en 1979, Jorge Luis Borges escribe en el diario La Nación:

“En un país y en una época que se creían católicos, tuvo el valor de ser agnóstica. En un país y en una época en que las mujeres eran genéricas, tuvo el valor de ser un individuo (…) Vivió con valentía y con decoro, su vida propia (…) Dedicó su fortuna, que era considerable, a la educación de su país y de su continente (…) No profesó el culto de la pampa, tan popular en las ciudades como desconocido en el campo (…) Le interesaba el universo. Apreciaba y agradecía la infinita variedad de las almas, la circunstancia de que cada una fuera única (…) Personalmente le debo mucho a Victoria Ocampo, pero le debo mucho más como argentino”.

Parte del destino literario austral del siglo XX se configuró conforme a las acciones, habilidades y deseos de Victoria. Fue por ella que Borges, a los treinta años, conoce a quien se convertiría en gran amigo y especial colaborador, el joven escritor Adolfo Bioy Casares. Años más tarde, será incluido como miembro fundador de la afamada Revista Sur, donde colaborará durante años. Por último, también gracias a la intervención de Victoria, será nombrado Director de la Biblioteca Nacional Mariano Moreno, cargo que ejerce entre 1955 y 1973. Sin embargo, no todo es luz y en una entrevista con Antonio Carrizo en 1979, también la recuerda autoritaria y difícil.

El equipo de la revista Sur comandado por Victoria Ocampo. De pie: Enrique Pezzoni, Eduardo González Lanusa, Silvina Ocampo, Albero Girri, Adolfo Bioy Casares, Victoria Ocampo, Alicia Jurado y Héctor Murena. Sentados: María Rosa Lida, Guillermo Torre, Carlos Alberto Erro, Jorge Luis Borges y Eduardo Mallea. [c.1931].

Ligada al destino de su país desde los cimientos, la historia de Argentina es también historia familiar. Desciende directamente de los primeros habitantes españoles en la región, su árbol genealógico está atado a nombres fundamentales como el retratista Prilidiano Pueyrredón y el poeta José Hernández. Domingo Faustino Sarmiento solía visitar a su bisabuelo Manuel Hermenegildo Aguirre, quien donó fortuna al Cabildo de Buenos Aires para apoyar la causa independentista. Tuvo una infancia plena en atenciones y gustos: conoce Europa a los seis años, fue educada en casa por institutrices que le enseñan francés e inglés, viaja todos los veranos a la villa familiar en Mar del Plata y devora todos los libros de su interés: Julio Verne, Charles Dickens, Edgar Allan Poe y Guy de Maupassant. Desarrolló gran afición por la música, especialmente Chopin.

Con dieciocho años, Victoria vuelve a Europa y estudia en Francia piano, vocalización y filosofía. Asiste al Collège de France y la Sorbonne. Recibe clases de Henri Bergson, estudia literatura griega clásica, letras inglesas, orígenes del romanticismo y orientalismo. Esta vocación por el saber moldeará su sensibilidad y condición para el trabajo intelectual y creativo, lo que la distanciará de cumplir los designios de su familia.

En 1912, tal como entonces debía hacer una joven de su clase y edad, se casa con el joven abogado Luis Bernardo Mónaco Estrada, y emprenden una luna de miel a Europa que dura dos años. Este viaje solo revelará distancias, y al regresar, estará plenamente desencantada de su marido. Se percata de que no deja de estar presa: el yugo de su padre había sido intercambiado por el de su pareja, quien buscaba dominarla, haciéndola sentir y ser una esposa. La desilusión es tan extrema que en su autobiografía no habla ni incluye imágenes de él. Uno de los grandes sueños de Victoria era convertirse en actriz, y durante su matrimonio descubre cartas entre su padre y su marido en el que pactan que ella debe olvidar esta idea, un embarazo será la solución para alejar estas proyecciones de su cabeza.

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Además, durante el viaje en abril de 1913 en Roma, a pocos días de su cumpleaños veintitrés, conoce y cae enamorada de un primo de su marido, Julián Martínez. Era diplomático, muy atractivo y quince años mayor que ella: “En el momento en que lo vi de lejos, su presencia me invadió. Él me echó una mirada burlona y tierna. Miré esa mirada y esa mirada mi boca, como si mi boca fuesen mis ojos. Mi boca presa en esa mirada se puso a temblar. Duró un siglo, un segundo”.

De regreso a Buenos Aires, con todos los cuadros, porcelanas y vajillas, la pareja se instala en la calle Tucumán 675. La convivencia es desastrosa, duermen en habitaciones separadas y apenas se hablan. Sin embargo, fuera de la intimidad de la casa se muestran unidos. Una de las noches en que asisten al célebre Teatro Colón, Victoria nota la presencia de Julián y se saludan mediando el protocolo, pero percibe vibrar ese interés que se concreta y mantiene vivo durante más de una década. Cuando termina el matrimonio, ella se muda a un departamento sobre la esquina de Rodríguez Peña y Posadas, cerca de la residencia de Martínez. Sin embargo, Victoria abraza su libertad y no volverá a casarse aunque para entonces las mujeres no podían separarse, ni escribir, ni votar, ni conducir. Ella hace todo esto: se divorcia, vive sola, publica textos y columnas en el diario ‘La Nación’ y obtiene la primera licencia de manejo que expide la ciudad para pasear en su modelo descapotable.

«El pudor es el principal enemigo de la literatura (y de la mujer)».

Victoria Ocampo

Victoria Ocampo fue la primera mujer en obtener una licencia de conducir en Argentina, 1924

Perder, sobrellevar y reconducir es parte de lo femenino y condición relativa de su experiencia. La mujer está marcada por la pérdida que mensualmente se reparte para hablar de vida y fertilidad. La existencia en clave femenina es ceder, dar, soltar partes para atender a la construcción de otras que serán sí mismas. ‘Sobrellevar’ es soportar carga ajena para aliviar. La conquista de espacio para la mujer en una sociedad esencialmente conducida y pensada por hombres, fue uno de los motores de la voluntad de hacer de Victoria Ocampo. Una mujer independiente que hizo su vida como quiso, y con ello marcó el camino para animar a otros a hacerlo también. Escribía con y por pasión. Conforme ha relatado Borges en ocasiones, los escritores no escriben para vender, escriben porque no pueden hacer otra cosa. La escritura de Victoria es testimonial, sin máscaras ni artificios. Construye retratos de una época y sus modos de vida, discute con fervor los rasgos de su entorno y lo hace de una manera plástica, inteligente y sensible.

“Cuanto más vivo, más segura estoy de que no encontraré a un ser capaz de comprenderme. Me quedo con los libros, por el momento”.

Texto de carta de Victoria Ocampo a Delfina Bunge

Victoria no se doblega a pesar de las complejidades de su posición familiar y publica en Madrid en 1924 De Francesca a Beatrice, con epílogo de José Ortega y Gasset. Hasta 1930 todos los trabajos de Victoria fueron escritos en francés, la lengua en la que se sentía más cómoda expresándose. Incluso las notas del diario ‘La Nación’ eran traducidas antes de publicarse. En 1926 aparecerá la ‘fábula escénica en doce cuadros’, titulada La laguna de los nenúfares. Estos libros no serán recibidos con entusiasmo por la crítica. Todo era revelación: una mujer plena de apellidos y con un lugar asignado en la sociedad no podía ser escritora. En todo caso debía presentarse bajo seudónimo. Sin embargo, Victoria explota sus dotes con determinación y comparte su cultura al escribir y publicar.

Victoria poseía un temperamento vivaz y decidido. Es recordada en diversos testimonios como una mujer tenaz y apasionada, sin dejar de lado su rectitud en cuanto a pautas éticas y de conducta: no fumaba ni bebía. Tampoco alentaba o permitía a los demás hacerlo donde no resultara apropiado. No transigía, se mostraba inflexible ante lo que consideraba “debía ser”. Subvencionó escuelas, instituciones de formación musical y grupos de teatro. Con la madurez, se consolidó como una figura reconocida y deseada por muchos a quienes se acercaba, quizás por filiaciones sensibles, creativas o intelectuales, pero que terminaban prendados de ella y desatando escenas confesionales furiosas, lastimeras y alocadas.

Tagore y Victoria

La amistad, los nexos afectivos, fueron determinantes durante todo el curso de su vida. Su curiosidad por el mundo era real y profunda. En 1924, Rabindranath Tagore está de camino a Perú, y cae enfermo de influenza, por lo que debe quedarse en Argentina hasta recuperarse. Victoria atesoraba el poemario Gitanjali, traducido por André Gide, y se anima a visitarlo en el hotel Plaza donde se hospedaba. Allí le ofrece venir a Villa Ocampo en Beccar hasta que mejore su cuadro gripal. Ante la negativa de sus padres por considerarlo inadecuado, Victoria pide en préstamo a su prima la quinta vecina Miralrío, donde Tagore permanecerá dos meses. Forjan entonces una sólida relación, basada en una conexión sensible y espiritual que Ocampo relatará varios años después en el libro Tagore en las Barrancas de San Isidro (1961), un texto escrito a pedido por Krishna Kripalani, activista indio y antiguo secretario de Tagore. La fascinación de Victoria por Rabindranath, está atravesada por sus diferencias: Oriente, el hinduismo y el budismo, esa religiosidad transparente, conciliadora y distinta.

“Su llegada sería el gran acontecimiento del año. Para mí, fue uno de los más grandes acontecimientos de mi vida (…) este pues será un testimonio de mis reacciones frente a la grandeza ajena”.

Victoria Ocampo en las primeras páginas de Tagore en las Barrancas de San Isidro

Al concluir la estancia del poeta mantienen conversación a través de correspondencias. En 1930 vuelven a verse en París, y él le muestra una serie de cuadros que había trabajado. Inmediatamente, Victoria gestiona una exhibición en la galería Pigalle que luego viajará también a Londres y Berlín. Tagore fallece once años después, en 1941.

Revista Sur

La década de 1930 estará marcada por el viaje, en sus visitas a Estados Unidos, conocerá a Jacques Lacan, Ramón Gómez de la Serna y Le Corbusier. En 1931, Victoria funda la Revista “Sur”, nombre que le sugiere José Ortega y Gasset en una llamada telefónica. La publicación periódica circulará durante más de cuarenta años, permitiendo la difusión de autores argentinos en Europa, en conversación con el pensamiento multidisciplinario más contemporáneo. Cuando le habla a su padre del proyecto, él le advertirá: “Te vas a fundir”. Victoria heredó tres fortunas distintas que invirtió en la compra de inmuebles. Sin embargo, los años del gobierno peronista llegaron con una nueva ley de alquileres que provocó la ausencia de dinero de las rentas y la consecuente venta inoportuna de estas propiedades.

Francisco Romero, Eduardo Bullrich, Guillermo De Torre, Pedro Henríquez Ureña, Eduardo Mallea, Norah Borges, Victoria Ocampo, Enrique Bullrich, Jorge Luis Borges, Oliverio Girondo, Ramón Gómez De La Serna, Carola Padilla, María Rosa Oliver, Ernest Ansermet. Año: 1931. Autor: Hermanos Forero. Archivo: Fundación Sur.
Primer número de la revista Sur fundada y dirigida por Victoria Ocampo

Sur será una revista ideada para pensar América de cabo a rabo y analizar sus procesos erráticos. La revista hace músculo durante el conflicto civil español, por lo que alberga en sus páginas muchas de estas voces apagadas por la situación de exilio y violencia política. Sin embargo, como toda revista, sus páginas responden al círculo de plumas que eran cercanos a ella como editora. La fundación del proyecto fue un impulso protagonizado por el norteamericano Waldo Frank y el argentino Eduardo Mallea. Colaboran en el primer número que imprime 4.000 ejemplares: Drieu La Rochelle, Jorge Luis Borges, Waldo Frank, Eugenio d’Ors, Walter Gropius, Ernest Ansermet y Alberto Prebisch.

Como le sucedió también a Octavio Paz, quien también compartió el quehacer de las revistas, los sumarios cosmopolitas causaron intrigas y oposiciones en el seno de círculos nacionalistas que comenzaron a acusarla de querer satisfacer intereses extranjeros. Escribirá Ocampo en una carta a su amiga María de Maeztu: “Tengo la impresión dolorosa de haber pasado un año trabajando en el desierto, para el desierto… Estoy deprimida. No se imagina usted lo mucho que he trabajado contra viento y marea”. Otros sectores católicos conservadores la declararán persona no grata, por sus conexiones con intelectuales de cultos alternativos y comunistas.

La periodicidad de la revista fue variada e iba ajustándose a las complejidades de su producción y el financiamiento de la propia Victoria. Apareció de forma cuatrimestral, trimestral y bimestral, hasta reducirse a ‘ediciones especiales’ hacia los años ‘70. En 1933, producto del júbilo, goces y conexiones que iba forjando, aparece la editorial homónima. El primer libro será el célebre Romancero Gitano de Federico García Lorca. El poeta estaba en Buenos Aires promocionando su grupo teatral popular y ambulante ‘La Barraca’. La editorial representó la materialización del puente que personificaba Victoria Ocampo. Libros apenas publicados en Europa por autores aclamados como Aldous Huxley, André Malraux o Virginia Woolf, eran rápidamente traducidos y publicados en Sur. Esta virtud de anudar, relacionar, tejer redes fue reconocida por muchos intelectuales de la época, quienes ven un trabajo que nunca antes había sido hecho en América.

'Romancero gitano' de Federico García Lorca, 1933. Esta edición de SUR incluyó 100 ejemplares firmados por el autor. Libros apenas publicados en Europa por autores aclamados como Aldous Huxley, André Malraux o Virginia Woolf, eran rápidamente traducidos y publicados en Sur.

«El mundo entero es mi dominio y me siento en casa tanto en Nueva York como en Londres. Necesito toda la tierra»

Victoria Ocampo

Amistades esenciales

Victoria mantuvo correspondencia con Virginia Woolf entre 1934 y 1940. Se conocieron en Londres en una muestra del célebre fotógrafo Man Ray. Para entonces, Virginia es una escritora consagrada que publica reseñas y artículos en la prensa, además de fundar y conducir la editorial The Hogarth Press junto a su esposo Leonard. Las reminiscencias de esta conexión están impresas a fuego en la escritura de Victoria, quien se destaca en el campo testimonial, autobiográfico y memorial. Un cuarto propio será un libro fundamental, un texto escrito para ella en el que encontrará explicación a muchos de los padecimientos sufridos por mujeres en medio de la cultura moderna y patriarcal. El peso de los debates sobre la presencia femenina en el campo intelectual estaba apenas dibujándose, pero entre ellas se asienta una semilla, un conector de marcado ímpetu. En las cartas de Virginia aparecen escenas domésticas, tareas cotidianas de limpieza y compromisos de carácter social. Se muestra diáfana y agradecida por los regalos y cercanía, se interesa por Victoria y su vida en Argentina, le pregunta cómo es el país, sus paisajes y condiciones temporales, siente curiosidad por sus viajes y proyectos. A pesar de precisas y hondas distancias, Victoria y Virginia se conectan en la profunda intención de hacerse un lugar en la cultura y luchar por el dominio de sus espacios.

Victoria Fotografiada por Man Ray, Gabriela Mistral y Victoria Ocampo cortesía Sara Facio Fotografías, Virginia Woolf fotografiada por Gisèle Freund a pedido de Ocampo, tomadas poco antes de su muerte.

La relación con Gabriela Mistral será también determinante en su formación. Las cualidades intelectuales de Victoria se ven comprometidas en reiteradas ocasiones por la burbuja económica y de clase a la que pertenece. Ocampo tiene serias dificultades para aprehender el mundo en su justa dimensión. En este sentido, Gabriela colaborará en el modelaje de su percepción de realidad y pertenencia, haciéndola más consciente de los límites reales entre las distintas esferas que conviven en el mundo. Insiste en que mantenga su rigor escritural sin perder la perspectiva de género, pero atendiendo también a otras dimensiones relevantes: como la etnia, la clase y la cultura. Durante décadas, sin que lograra comprenderlo, sus razonamientos estaban dominados por sus contactos cercanos y tempranos con Europa, que nada tienen que ver con la condición general en Latinoamérica. Sin embargo, hacia el final de su vida, en medio de la suma de reconocimientos que recibe, Victoria registra este triángulo esencial que forman Virginia, Gabriela y ella misma: una conversación que le permitió entender los laberintos de la otredad, y divisar en qué medida los reflejos culturales europeos deformaban su capacidad de análisis crítico.

Victoria Ocampo tuvo amistades con multitud de personalidades de la cultura y la literatura, quienes la apoyaron siempre en sus proyectos y a quienes también apoyó cuando la necesitaron. Pulsar las imágenes para las leyendas.

Activismo Y legado

De cualquier manera, el trabajo de Victoria en razón de los derechos de las mujeres en Argentina demostró un compromiso manifiesto. En 1936 escribe el ensayo La mujer y su expresión, donde reflexiona en torno a la marginación de género y la necesidad de encontrar una forma expresiva autónoma. Insiste en la necesidad de hacer de la escritura un diálogo por encima del monólogo que reconoce en la creación patriarcal. En marzo de ese mismo año funda la Unión Argentina de Mujeres junto a Susana Larguía y María Rosa Oliver. El avance del fascismo europeo repercute en Argentina con la propuesta de reforma de la ley Núm. 11357, promulgada en 1926, que concedía derechos civiles a la mujer casada. El objetivo de esta organización estuvo fundado en impedir este retroceso a través de la constitución de comisiones y filiales en varias ciudades del país, reuniones y manifestaciones públicas donde se repartían panfletos que abogaban por los derechos civiles y políticos de la mujer, la protección en el trabajo, amparo por la maternidad, protección de menores, derecho al desarrollo cultural y espiritual, una clama por la paz y el pedido formal para la disminución y prevención de la prostitución.

Voz de Victoria Ocampo grabada por la Radio Universidad Nacional de La Plata opinando sobre la violencia.

Victoria Ocampo se valía de su influyente posición social, intelectual y económica para interceder en lo público. Su oposición al gobierno la llevó a estar unos días presa en una cárcel de mujeres en el barrio de San Telmo, acusada de participar en una concentración opositora en Plaza de Mayo. La cárcel fue una experiencia de realidad, una oportunidad para vivenciar una dimensión de la experiencia que estaba muy lejos de su configuración

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La responsabilidad ética y política de Victoria alcanzó a la fotógrafa judía Gisèle Freund, a quien le gestionó una visa y le hizo llegar dinero para que pudiera salir de Francia tras la ocupación alemana en 1940. Además, fue la única latinoamericana invitada a participar en los juicios de Nuremberg en 1946. De allí brotará una crónica magistral llamada Impresiones de Nuremberg, publicada en la cuarta serie de sus Testimonios. En cuanto a Borges, con quien ya hemos visto sostuvo una relación pendular, financió varias de las intervenciones médicas relativas a su condición de invidente. También pagó por las conferencias que ofrece cuando sufre el despido de la biblioteca Miguel Cané de Boedo, y es asignado a un puesto público en el campo agroindustrial.

Momentos de su relación con Borges. Pulsar las imágenes para las leyendas

A partir de 1958, Victoria recibe condecoraciones y designaciones como reconocimiento a su trabajo. Fue nombrada presidenta del Fondo Nacional de las Artes y en 1962 es condecorada en Francia con la Orden de las Artes y las Letras. Inglaterra la premia junto a Borges en 1965 con la Orden de Comendador de Imperio Británico. Recibe el doctorado honoris causa de la Universidad de Harvard (1967) y de la Universidad de Visva Barathi de la India de manos de Indira Gandhi. En 1977 fue designada miembro de la Academia Argentina de Letras, convirtiéndose en la primera mujer en ocupar este lugar.

Ganadores del Maria Moors Cabot Western Hemisphere Journalism Awards conversan con el Dr. Alberto Gainza Paz (C), La Prensa, Buenos Aires, en Columbia University. (De Izquierda a derecha) Paul Sanders, Editor para Latinoamérica de Associated Press; Gesford F. Fine, Editor para Latinoamérica de United Press International; Dr. Gainza Paz; Roberto Marinho, director de O Globo de Rio de Janeiro; y Victoria Ocampo, fundadora y editora de la Revista Sur de Buenos Aires.

Algunas de las obras de Victoria Ocampo

María Esther Vázquez, una de sus biógrafas, define su escritura como ávido testimonio de su tiempo: “ella cuenta todo lo que pasa, todo lo que ve”. Imprime observaciones detalladas y críticas del entorno: personas, edificios, espacios, paisajes y sucesos. Esto se aprecia en títulos como Domingos en Hyde Park (1936), San Isidro (1941) y Testimonios (1935-1977). Para Beatriz Sarlo, el principal oficio de Victoria será la traducción, y el género que más la representa, la crónica de viaje. Pasajera auténtica entre idiomas, territorios, oficios y personas, habitante de un tránsito continúo en el que invierte toda su fortuna hasta fundirse, tal como predijo su padre. En los últimos años de su vida se ve obligada a vender todo, y decide donar sus casas a la UNESCO porque no puede pagar los impuestos de propiedad. En el acuerdo por la donación, le es permitido vivir en ellas hasta su muerte. Enferma de cáncer de paladar, adelgaza unos 30kg porque no puede comer. En enero de 1979, fallece en su propia cama en Villa Ocampo, esa mansión enorme donde vio transcurrir una vida intensa, plena de dolor y gloria.

“Creo que, desde hace siglos, toda conversación entre el hombre y la mujer empieza por un «no me interrumpas» de parte del hombre. Hasta ahora el monólogo parece haber sido la manera predilecta de expresión adoptada por él. El monólogo del hombre no me alivia ni de mis sufrimientos, ni de mis pensamientos. ¿Por qué he de resignarme a repetirlo? Tengo otra cosa que expresar. Otros sentimientos, otros dolores han destrozado mi vida, otras alegrías la han iluminado desde hace siglos».

Victoria Ocampo

Número de Sur dedicado a la mujer donde escriben Indira Gandhi y Golda Meier entre otras firmas. Foto de Victoria Ocampo por Giséle Freund en 1939.

Victoria Ocampo y La primera casa modernista

Ubicada en la calle Rufino de Elizalde al 2831, fue construida entre los años 1928 y 1929, para inaugurarse finalmente en 1930. El arquitecto fue Alejandro Bustillo, especialista en el estilo neoclásico francés. Sin embargo, acepta el proyecto (aunque no firma los planos) y se ajusta a las rígidas indicaciones de Victoria inspiradas en Le Corbusier y un proyecto anterior que no llegó a consolidarse. El edificio está compuesto por varios volúmenes limpios, paredes altas sin ornamentos, un austero tratamiento de las superficies que equilibran el predominio del vacío y la luz natural. En esta casa se consolidan los proyectos literarios de Victoria. Cerca de la escalera de la entrada, donde hay un primer descanso, había un gran espejo y la foto del grupo de redacción de la revista.

Rufino de Elizalde 2831. Barrio Parque / Palermo Chico. Hoy en día sede del Fondo Nacional de las Artes.

El interés de Victoria por la arquitectura se ve reflejado en sus casas. Además de la casona de Beccar, que amobló y condicionó cuando la hereda, está la de Barrio Parque, hoy sede del ‘Fondo Nacional de las Artes’. La decisión de construir una casa de inspiración racionalista, constituyó un escándalo para las autoridades municipales y los vecinos. Los edificios de la ciudad de Buenos Aires, fieles a las tendencias neoclásicas francesas, no armonizaban con esta propuesta de “líneas puras y lógicas” que afectaría la configuración estética del barrio.

Betina Barrios Ayala cursa el programa de Doctorado en Literatura Latinoamericana y Crítica Cultural en la Universidad de San Andrés (Argentina, 2019). Licenciada en Estudios Políticos por la Universidad Central de Venezuela, UCV (2007). Tiene una maestría en Relaciones Internacionales de la Universidad de Belgrano (Buenos Aires, 2015). Obtuvo una mención en el I Concurso Nacional de Poesía Joven Rafael Cadenas (2016). Mantiene desde 2011 el blog literario experienceparoles. Ha colaborado con diversos medios e instituciones culturales. Trabaja con libros, configurando bibliotecas privadas y comerciales. Sus redes son: Tw @betinabarrios, IG @betinabarriosayala

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