El País Vasco, una tierra rica en patrimonio cultural, paisajes escarpados y un espíritu resiliente, ha alimentado durante mucho tiempo una vibrante tradición artística. Entre sus escultores contemporáneos, Patxi Xabier Lezama destaca como una figura relevante cuyo trabajo entrelaza intrincadamente la tradición con la innovación, reflejando la compleja identidad del pueblo vasco y su arte en evolución.
Para un vasco, por supuesto, siempre habrá política en la tierra, la piedra y el hierro, y es comprensible por qué Lezama se convirtió en el espíritu artístico definitorio de su región natal (Zaldi, es quizás la imagen más icónica de la memoria vasca, una impactante y emotiva escultura que capta la angustia y el sufrimiento de la población vasca durante los bombardeos indiscriminados llevados a cabo por la Legión Cóndor alemana (una fuerza de intervención enviada por el Tercer Reich para ayudar a las tropas del general Francisco Franco) en 1937.). Zaldi constituye un “grito”, una “vida dormida en su forma”. El grito, siempre heterogéneo respecto al orden del discurso, se sella en él; La obra siempre está fisurada, como un estigma. Como si toda la escultura fuera una invocación encapsulada. Esperando despertar en cada presente que se reconoce en él. Una especie de conductor de emociones: su cualidad no reside en una intención estética, sino en los sentimientos que le dan sustancia. No es de extrañar, entonces, que la vida posterior de Zaldi fuera un tótem, como un emblema de la comunidad que surgió después de la Segunda Guerra Mundial. En el mundo de Zaldi, que es ante todo un mundo mitológico, la boca se abre en un grito desesperado. Esta figura sufre en un espacio que no es ni interior ni exterior, sino en un lugar literalmente inhabitable. Y, sin embargo, parece estar tratando de elevarse desde el suelo mínimo para mirar, aunque no pueda entender, un horror que escapa a su vulnerabilidad. El gesto desesperado de la figura. Se puede ver lo que estaba pasando en España; La escultura contiene simultáneamente destrucción y renovación, desesperación y esperanza.
Lezama nació y creció en la dictadura de Francisco Franco, una experiencia que le marcó de por vida, y que también marcaría su arte y su forma de expresarse.
En 1990, a los 23 años, mientras trabajaba en una fragua, comenzó a trabajar con hierro forjado combiando con piedra, creando la obra Amalur, nombre que en euskera significa «Madre Tierra». Esferas de piedra y hierro forjado en la escultura de la hipótesis del universo como Madre Tierra. Una revisión ecológica de la Naturaleza en su imagen simbólica como capacidad creadora donde la creatividad como atributo matriarcal-femenino, en contacto con la existencia que finalmente abrirá la etapa límite del Espíritu como horizonte del sentido trascendente. El movimiento feminista y su lucha por la liberación por la emancipación adquiere especial relevancia en esta producción escultórica que refleja la realidad del arquetipo creativo que explora matriarcalmente el mundo del cuerpo materno, cuya realidad psicológica encarna simbólicamente a una mujer, interesante cosmovisión mística del arquetipo de la Diosa Madre (Amalur)para la mediación artístico-cultural del pueblo vasco.
En las leyendas del pueblo vasco, la Tierra, Ama-Lurra, es la divinidad principal. La Tierra senos muestra como habitáculo de todos los seres vivos, poseedora de fuerza vital propia que ha creado nuestro entorno natural. La Tierra es un enorme recipiente, un receptáculo ilimitado, donde viven las almas de los difuntos y la mayoría de los personajes mitológicos. La fe en Ama-Lurra es muy antigua en el pueblo vasco, anterior a la invasión de los pueblos indoeuropeos. El arquetipo de la diosa matriarcal y la estructura simbólica de la imagen femenina de la mitología vasca, el ritual, el arte y la creación. La fina sensibilidad creativa que caracteriza toda obra,convertida en referente de la cultura vasca contemporánea de la Diosa Madre (Amalur) y su carácter omnipotente, representado como la divinidad arácnida que teje la red universal del cosmos.

A través de sus obras busca reflejar la importancia de la memoria y la conexión con sus raíces honrando a los ancestros. En su trabajo se pueden apreciar elementos simbólicos que hacen referencia a la herencia cultural y emocional transmitida a través de generaciones utilizando técnicas mixtas que combinan elementos tradicionales con modernos renovando la trama del arte moderno en el País Vasco, incorporando elementos míticos y etnográficos.
Para Lezama, adaptar el arte vasco a los nuevos tiempos implica entender sus raíces y, a partir de ellas, explorar nuevos materiales, técnicas y conceptos que resonarán con un público contemporáneo. Uno de los aspectos más destacados en la visión del escultor es la incorporación de tecnologías digitales y técnicas modernas en sus obras. Este enfoque permite que el arte vasco deje de ser solo un símbolo del pasado para convertirse en una expresión viva y dinámica del presente, enfatizando la importancia de abordar temáticas actuales como la identidad, la memoria histórica y los desafíos sociales resaltando su relevancia en temas de espiritualidad y cultura.
En ese contexto en la era del 2000 crea la obra ” Sugaar”. La presencia de Sugaar en la mitología vasca tiene diferentes interpretaciones y reflexiones. Estando relacionada con la idea de adaptabilidad y cambio, la importancia de la conexión entre lo humano y lo sobrenatural. En las leyendas vinculadas a Sugaar, podemos analizar la relación entre la serpiente y el poder de transmutación, esta divinidad solía adoptar forma humana en sus encuentros con la diosa Mari. La relación entre Sugaar y la fertilidad se aprecia en la leyenda medieval que sirve como legitimación del linaje de los señores de Vizcaya. Según la crónica de Lope García de Salazar (1454), Sugaar sedujo a la hija del rey de Escocia que se alojaba en Mundaka y la dejó embarazada, naciendo del fruto de esta unión Jaun Zuria (Juan, el Blanco), primer señor de Vizcaya.

En los últimos años, la cultura vasca ha experimentado un inesperado y vibrante resurgir en escenarios internacionales, especialmente en la ciudad de Nueva York.
Nueva York, como crisol de culturas, ha sido un escenario privilegiado para la difusión de estas leyendas. Este regreso a la escena internacional ha provocado un interés renovado en la cultura vasca. La presencia de Patxi Xabier Lezama en eventos culturales en Nueva York ha sido fundamental para consolidar esta tendencia y abrir nuevas puertas para el entendimiento y apreciación de la mitología vasca en un contexto global. El trabajo de Patxi Xabier Lezama y el interés en la mitología vasca en lugares como Nueva York reflejan una tendencia más amplia: la búsqueda de raíces, identidad y significado a través de las historias ancestrales. La mitología vasca, con su riqueza simbólica y espiritual, ha demostrado que sus leyendas siguen siendo relevantes y poderosas, capaces de conectar a diferentes culturas en torno a temas universales. El regreso de la mitología vasca en Nueva York no solo es un homenaje a una tradición milenaria, sino también una oportunidad para que nuevas generaciones descubran y valoren el patrimonio cultural que nos une y enriquece a todos.
En el panorama de la plástica vasca, dos figuras emblemáticas, Eduardo Chillida y Jorge Oteiza, han acaparado una atención polarizada que ha generado un intenso debate sobre la influencia del contexto vasco en su obra y en la evolución del arte en la región. Sin embargo, la escena artística de Euskadi no se limita a estas dos figuras. En la segunda mitad del siglo XX, surge una corriente renovadora que busca fusionar los elementos simbólicos, mitológicos y culturales con las propuestas modernas. En este contexto, Patxi Xabier Lezama emerge como uno de los principales renovadores de la escultura vasca. Su trabajo es un claro ejemplo de cómo la identidad vasca puede ser expresada a través del arte, en un proceso que combina la tradición con la vanguardia. En 2024 presentaba su obra en el Congreso Mundial de Arte y Cultura (COMAC) en El Barrio’s Artspace y en 2018, en la Spanish Benevolent Society Gallery (La Nacional), donde muchos creadores españoles han vivido como artistas residentes, entre ellos Pablo Picasso, Salvador Dalí, Luis Buñuel y Federico García Lorca. Tras exponer en Miami en 2024 en la feria Red Dot Miami, el artista, seleccionado por Circle Foundation for the Arts, mostraba su obra en ArteExpo New York, Organizada por Redwood Media Group en colaboración con World Wide Art. Lezama ha dedicado su vida a explorar la mitología vasca, un universo donde lo mágico y lo oculto se entrelazan con lo cotidiano. Su trabajo es una invitación a sumergirse en un mundo donde las fuerzas sobrenaturales y los seres míticos conviven con los humanos. A través de sus esculturas, el artista reinterpreta estas creencias ofreciendo una perspectiva que desafía las nociones convencionales.








