Venezuela en ARCOMadrid2026

Publicado por 2:08 pm Arte, Arte venezolano, Premios y Bienales, Reseñas • 4 Comentarios

por Carla Duarte Vidal

Los artistas venezolanos brillaron en la órbita de ARCOmadrid 2026 que fue realizada entre el 4-8 de marzo, y que contó este año con 95 mil visitantes de los cuales unos 40 mil fueron profesionales del arte según los organizadores.

La pregunta que flotaba en el ambiente era qué dice tanto talento venezolano sobre lo que Venezuela fue, sobre lo que es y sobre lo que puede ser en tiempos de estabilización, recuperación y transición.

Vista de la concurrencia a la feria, foto cortesía ArcoMadrid2026

Conviene detenerse un momento en el nombre del premio que recibió Elvira González en esta edición: el Premio Juana de Aizpuru. Fue ella quien impulsó ARCO en sus orígenes y ayudó a imaginar una feria internacional de arte contemporáneo en una España que aún construía su infraestructura cultural moderna pocos años después del fin de la dictadura. La inauguró en febrero de 1982 con 264 artistas de 14 países, entre los cuales estuvo Venezuela con la Galería 1, Jesús Rafael Soto, Antonieta Sosa y Víctor Lucena.

Madrid todavía no ocupaba el lugar que hoy tiene en el circuito internacional. Juana de Aizpuru imaginó ese futuro y trabajó para volverlo real. Durante años la llamaron Juana de ARCO. El apodo tiene sentido: hubo en ella visión, liderazgo y una forma poco común de fe en una época en la cual todo estaba por hacer. Cuarenta y cuatro años después, en la edición 45, Venezuela figura entre las presencias más comentadas de la feria con un variado grupo de artistas.

El Arco del Triunfo

Las respuestas a las hipótesis sobre el arte venezolano aparecen dispersas en trayectorias muy distintas. Está en pinturas sin título que parecen decirlo todo. Está en esculturas hechas con raquetas de bádminton cubiertas de yeso. Está en charcos de agua pintados veinte veces. Está en vírgenes coloniales que dialogan con banderas de guerra. Está en figuras geométricas suspendidas en el aire, movidas por motores y matemáticas. Está en fachadas domésticas donde una reja y una ventana condensan dramas contenidos. Está en cerámicas heridas, en óleos donde el barrio y el sueño se rozan, en superficies de resina donde el petróleo se vuelve memoria material. Está en paisajes asustados que se transforman en territorios valientes. Lo que sigue es un intento de leer esas formas en conjunto para armar la mecánica celeste de la muestra.

SOL – GALERÍA ELVIRA GONZÁLEZ — MADRID

Fundada en 1994 por Elvira González, tras una larga trayectoria ligada a la histórica Galería Theo, se ha consolidado como una de las plataformas más sólidas del arte moderno y contemporáneo en España. Este año recibió el II Premio Juana de Aizpuru, uno de los reconocimientos más prestigiosos de la feria. Jesús Rafael Soto ya había pasado por las salas de la Galería Theo en tiempos de su fundadora. Décadas después, su esfera volvió a Madrid.

Jesús Rafael Soto — La luz suspendida

De frente, a pocos metros de la entrada, la esfera amarilla de Jesús Soto parecía haber encontrado su lugar natural: daba la bienvenida al público, vibraba en silencio, se convertía en un sol esperanzador. Había en ella algo más que una gran obra histórica, una afirmación. Antes de que la palabra Venezuela apareciera en las conversaciones, ya estaba ahí, flotando frente a todos.

Soto pertenece a ese grupo de artistas que cambió para siempre la percepción del espacio, la luz y el movimiento. Su obra no solo se contempla: se recorre, se experimenta. Venezuela entraba a la feria por la puerta grande y lo hacía con una de sus formas más altas de modernidad.

Jesús Rafael Soto, foto cortesía ArcoMadrid2026

GALAXIAS – EL MUNDO · LA LECTURA — MADRID

Elías Crespín tuvo una presencia destacada en ARCO 2026, fuera del circuito habitual de las galerías, en un gesto que subrayó que la conversación sobre Venezuela en la feria desbordaba cualquier espacio. La atención y curiosidad sobre la actualidad de nuestro país es omnipresente.

Elías Crespín — La herencia que se mueve

Elías Crespín nació en Caracas en 1965 y es nieto de Gego y Gerd Leufert, además de hijo de matemáticos. Creció en un entorno donde el dibujo y la estructura formaban parte de la vida cotidiana. Es uno de los escasos artistas vivos con obra permanente en el Museo del Louvre. Radicado en París desde hace años, Crespín construye esculturas electrocinéticas: formas geométricas en metal o acrílico, suspendidas por hilos de nailon casi invisibles, animadas por motores que él mismo programa. La geometría ejecuta el movimiento. Sus piezas pasan del orden a la dispersión y regresan, como si persiguieran una armonía siempre móvil, como la de la Vía Láctea. En ARCOmadrid 2026 presentó TriNet, una pieza que transforma el espacio en una vibración sideral. Venezuela lleva décadas exportando geometría viva. Con Crespín, exporta también el algoritmo que la hace bailar.

ASTROS – HENRIQUE FARIA | NEW YORK

El venezolano Henrique Faría fundó su galería en Nueva York en 2001, especializada en arte latinoamericano abstracto y geométrico, con Soto y Gego entre sus primeros artistas. En 2007 amplió su programa hacia el arte conceptual latinoamericano. Un viaje en el que lo acompaña desde hace veinte años su directora Eugenia Sucre. Henrique Faría es, en muchos sentidos, el galerista que con mayor constancia ha contribuido a consolidar el reconocimiento internacional del arte venezolano desde Nueva York, sostenido en sus propias palabras en una filosofía profunda: “sustrato y esencia más allá de la belleza”. Este año llevó un grupo de artistas que confirman esta premisa:

Emilia Azcárate — La geometría como hogar

Hay artistas que llevan el país en los temas, otras en la estructura del pensamiento y el lenguaje. Emilia Azcárate, caraqueña radicada en Madrid desde hace décadas, pertenece a esta segunda categoría. Sus pinturas sobre lino, grandes planos de color que se superponen y se reflejan, tienen a la vez sobriedad y expansión metafísica, como si el espacio que ya no habita siguiera habitándola desde la memoria.

Ganadora del Premio Nacional Arturo Michelena, Azcárate construye con precisión orden dentro del caos. En su obra, la geometría no es un ejercicio formal: es una manera de pensar el mundo, de ordenar la experiencia y de interrogar los sistemas con los que clasificamos la realidad. El color, lejos de ser decorativo, funciona como estructura. Hay en ella una abstracción rigurosa, pero también viva, atravesada por la memoria, el mestizaje y la idea de que toda forma de orden revela una historia.

Valerie Brathwaite — Venezolana por vocación

Valerie Brathwaite llegó a Caracas desde Trinidad y Tobago en 1969, con veintinueve años, y ya no se fue. Lleva más de medio siglo viviendo y trabajando en la misma ciudad, formando parte de sus instituciones, y ha expuesto en el Museo de Arte Contemporáneo, el Museo de Bellas Artes y el Museo Alejandro Otero. Su obra explora el cuerpo orgánico desde la escultura y los materiales blandos. Las piezas de bronce patinado de su serie Proyecto para el Paseo Anauco evocan piedras, huesos y frutos: una naturaleza densa, táctil. Sus esculturas de tela rellena tienen la familiaridad inquietante de algo que parece respirar. El Caribe aparece ahí vuelto materia: exuberante, sensual, inclasificable.

Mariana Bunimov — El cuerpo que habla

Bunimov trabaja desde la carne. Venezolana nacida en Caracas en 1972, radicada en París, su pintura es una exploración sin concesiones del cuerpo: figuras que se doblan sobre sí mismas, formas que amenazan con desbordarse del cuadro, colores que incomodan y atraen a la vez.

En ARCO sorprendía la convivencia de esas pinturas de gran formato con una serie de pequeñas esculturas de cerámica vidriada: piezas rosadas, apiladas, frágiles, con la sutileza de algo hecho a mano y despacio. La misma artista que irrumpe con una imagen perturbadora ofrece después un objeto que cabe en la palma. Esa tensión entre escala, temperatura y registro constituye uno de los territorios más propios de Bunimov.

Mercedes Elena González — El jardín que no existe

Mercedes Elena González construye mundos propios con la misma seriedad con que otros lo hacen con sistemas filosóficos. Caraqueña de 1952. Su universo particular habita en las Florácidas: criaturas imaginarias que pueblan jardines de líneas, patrones y símbolos donde lo indígena se funde con lo cósmico y lo artesanal con lo visionario.

González es una de las artistas que vive y trabaja en Caracas. Habla desde adentro de una experiencia y de una luz inseparables del valle verde. En ARCO, rodeada de muchos colegas que observan el país desde el exilio, sus obras parecían fragmentos de un libro sagrado que aún continúa escribiéndose.

Diana López — Paisaje que resiste

Diana López ha construido una sólida trayectoria en la intersección entre identidad y espacio. Caraqueña nacida en Filadelfia en 1968, su obra ha recorrido la fotografía, el video, la instalación, la performance y los medios digitales; recientemente, su trabajo se ha presentado en Nueva York y Sicilia.

En ARCO, Paisaje con miedo contenía, desde el título, una clave de lectura decisiva. Construido con caballetes, lona industrial verde militar y huellas realizadas en Caracas durante una coreografía con bailarines en silla de ruedas, el conjunto convertía el desplazamiento en materia. La tela pintada, cargada de tránsito y memoria, se curva y ondea sobre madera. Lo autobiográfico no comparece aquí como relato, sino como estructura. Estos soportes responden a las proporciones de la artista: miden su estatura, alcanzan la altura de su cadera y funcionan como apoyos, casi como muletas. Sostienen la tela, pero también una experiencia del cuerpo en el espacio. Desde ahí se levanta un paisaje orgánico que evoca el perfil de El Ávila, presencia persistente sobre Caracas. El miedo deja entonces de ser un estremecimiento interior para transmutarse en forma, resistencia y avance.

Paisaje con miedo – Diana López

Luis Molina-Pantin — La fotografía como arqueología del presente

Molina-Pantin hace fotografía conceptual. Venezolano nacido en Ginebra en 1969, con obra en el MoMA de Nueva York, el Blanton Museum de Austin y el Museum of Fine Arts de Houston, es uno de los artistas latinoamericanos de su generación con mayor presencia en colecciones internacionales.

Las dos series que presentó en ARCO son complementarias y precisas. En la primera, la vista del Ávila desde Caracas aparece enmarcada en la forma de un mousepad: el paisaje más emblemático de la ciudad convertido en objeto de consumo global. En la segunda, fotografía la portada de la revista Elite, que imaginaba la destrucción de los rascacielos del Centro Simón Bolívar por un terremoto. La ciudad visualiza su devastación antes de que llegara por otras vías. La profecía convertida en documento.

Juan José Olavarría — La historia como materia

La obra de Olavarría, nacido en Valencia en 1969, es incómoda. Si la historia política latinoamericana está hecha de violencia, acumulación y degradación, los materiales del arte también pueden cargar con esa descomposición. Construye piezas que funcionan como autopsias de la imagen histórica: santos coloniales que conviven con banderas militares, iconografías de la independencia reactivadas desde el presente, símbolos que alguna vez fueron sagrados y que hoy parecen habitados por una extrañeza nueva. Sus obras en ARCO sostenían una pregunta a lo largo del tiempo: cuándo dejó América Latina de creer en sus propias promesas.

Christian Vinck — Los llanos desde Madrid

Vinck nació en Maracaibo en 1978 y vive en Madrid. Para ARCO 2026 pintó veinte veces el mismo lugar en los llanos venezolanos: el Caño Martinazo. Veinte lienzos, veinte luces distintas, veinte maneras de decirle a un paisaje que sigue pensando en él más allá de lo efímero. Hay algo venezolano en ese gesto: la insistencia en mirar aquello que la distancia volvió intocable. Vinck pinta la persistencia de la memoria. Y en esa fidelidad se concentra buena parte de la emoción de su obra.

Christian Vinck

ESTRELLAS – CARMEN ARAUJO ARTE + BEATRIZ GIL GALERÍA — CARACAS

Dos galerías caraqueñas decidieron presentarse juntas en ARCOmadrid 2026. Carmen Araujo Arte, fundada en 2010 en la Hacienda La Trinidad, ha consolidado una línea de trabajo atenta a las relecturas de la modernidad, a las formas en que América Latina piensa y a las fracturas políticas y sociales que atraviesan el presente. Beatriz Gil Galería, fundada en junio de 2004 en Las Mercedes como continuación de la Galería Artepuy, ha sostenido durante más de dos décadas una labor de articulación entre artistas emergentes venezolanos y figuras de trayectoria consolidada. Su alianza en ARCOmadrid hizo visible una comunidad de afinidades, apuestas y energías reunida desde Caracas.

Alexander Apóstol — El Estado como espectáculo

Alexander Apóstol mira de frente al poder político latinoamericano y convierte esa mirada en arte. Nacido en Barquisimeto en 1969, radicado en Madrid, es uno de los artistas venezolanos con mayor proyección, y su presencia en el stand compartido tenía el peso de una afirmación.

Alexander Apóstol

Su trabajo se mueve en la intersección entre estética y construcción política: cómo los proyectos nacionalistas y populistas fabrican identidades, cuerpos e imaginarios colectivos. La serie Régimen: Dramatis personae, con retratos que encarnan arquetipos de la política venezolana, son ejercicios de disección visual donde la imagen concentra toda la carga crítica, y Junta patriótica activa, ya desde el título, una memoria política latinoamericana hecha de alianzas, fracturas y relatos de poder. Su formato en cuatro piezas refuerza esa idea de montaje: lo político no aparece como bloque compacto, sino como construcción fragmentaria, escenificada y susceptible de desmontaje.

En ARCO, sus obras seguían esa línea: el arte como instrumento de análisis, Venezuela como caso de estudio con resonancia universal. Apóstol examina, desmonta y expone. En esa precisión metódica reside buena parte de su potencia.

Génesis Alayón — La intimidad como umbral

Génesis Alayón, Villa de Cura, estado Aragua, 1995, ha desarrollado una pintura atenta a las tramas sociales que se inscriben en los espacios cotidianos. En ARCO presentó dos óleos de 2026 donde la fachada doméstica se vuelve una escena de tensión contenida. La reja protege, separa. La ventana deja pasar la luz y administra la exposición de lo íntimo. En esa arquitectura mínima aparece una vulnerabilidad que no necesita subrayarse para hacerse visible.

Genesis Alayón

Bernadette Despujols — El cuerpo bajo presión

Bernadette Despujols, Barquisimeto 1986, trabaja en un territorio donde pintura y experiencia corporal se cruzan con la intimidad y las construcciones culturales de lo femenino y lo actual. Lago, su óleo sobre lino, condensa bien esa investigación. Una nueva Ofelia parece emerger y deshacerse al mismo tiempo dentro de una materia pictórica densa como una selva, como si el cuerpo estuviera sometido a una presión física y psíquica.

Bernadette Despujols

Theo Guédez — El imaginario herido

Theo Guédez, Caracas, 1983, pintaba desde niño figuras exageradas y llevó a ARCO un conjunto de piezas de cerámica esmaltada, gres y arcilla, y óleos donde reaparece un mismo clima: rostros, símbolos y cuerpos atravesados por precariedad, devoción popular, memoria y una energía expresiva visceral. Guédez trabaja desde la herida y la convierte en lenguaje visual. Su obra bebe de la religión, el espiritismo, la santería, el barrio y la imaginación, convirtiéndose en una explosión de creatividad con un lenguaje propio.

Theo Guédez

Juan Iribarren — La pintura como problema de luz

Caracas, 1956. Vive en Nueva York. La obra de Juan Iribarren habla de algo que trasciende las coordenadas geográficas: la posibilidad de que la pintura abstracta siga teniendo algo decisivo que decir, que las formas y los colores alcanzan antes que las palabras. Con obra en importantes colecciones internacionales, es uno de los pintores venezolanos con mayor presencia fuera del país. Sus telas en ARCO, todas sin título, son ejercicios de disciplina radical: líneas verticales que caen, planos que se interpenetran, grises que de pronto ceden ante un amarillo o un azul. Pinturas que registran el momento en que la geometría empieza a vibrar.

Jorge Pedro Núñez — El objeto que recuerda

Caraqueño de 1976, radicado en París, Jorge Pedro Núñez trabaja en la frontera entre escultura, ensamblaje e instalación. Sus piezas son dispositivos relacionales: montajes donde la historia del arte moderno choca con objetos de la cotidianidad, produciendo colisiones que obligan a pensar. En ARCO presentó Onda gravitacional, una escultura hecha con raquetas de bádminton cubiertas de tela, yeso y pintura. El objeto deportivo, el material de construcción y la superficie pictórica conviven hasta producir algo irreductible a cada uno de esos registros. Núñez trabaja en esa brecha. Ahí respira su obra.

Tony Vázquez-Figueroa — El petróleo como destino visual

Tony Vázquez-Figueroa, Caracas, 1970, vive entre Miami y Ciudad de México. Ha construido una práctica que atraviesa la pintura, la escultura, el ensamblaje y la fotografía. En ella, el petróleo y sus derivados, bitumen, caucho, resinas, son sustancias cargadas de historia que convierte en emblemas de una modernidad fallida. En ARCO, sus obras desplegaban una poética del deterioro: el brillo negro, la densidad táctil de las superficies transformaban cada pieza en una especie de espejo capaz de devolver no solo el reflejo del espectador, sino el sedimento simbólico de una cultura definida por la promesa petrolera y por sus ruinas.

Tony Vázquez Figueroa

GALAXIAS – ARCO2045: EL FUTURO, POR AHORA — JOSÉ LUIS BLONDET

Curador, crítico, investigador y docente. Nacido en Caracas, fue junto a Magalí Arriola el comisario de ARCO2045: El futuro, por ahora, el núcleo conceptual de ARCOmadrid 2026. La sección invitó a pensar futuros posibles y lenguajes tentativos del arte. En ese marco especulativo, Carmen Araujo Arte presentó la obra de Alessandro Balteo-Yazbeck: una apuesta que subrayó la dimensión ensayística de su práctica y su capacidad de intervenir en un debate global sobre energía, poder y modernidad.

Alessandro Balteo-Yazbeck — Geopolítica en clave conceptual

Alessandro Balteo-Yazbeck se mueve en una zona poco transitada: aquella en la que el arte contemporáneo se cruza con la historia política y económica global y hace de ese cruce el cuerpo de su obra. Caraqueño de 1972, radicado en Berlín, su trabajo parte de la investigación y el archivo para examinar cómo operan el poder, la propaganda y las construcciones narrativas que se convierten en verdad. Trabaja con instalación, imágenes y materiales encontrados, pero sobre todo con estructuras de sentido.

En ARCOmadrid 2026 presentó Último barril de petróleo (fecha pospuesta), una obra cuyo precio se ajusta al valor diario del mercado energético. Así, la transacción deja de ser un dato externo y pasa a formar parte de la pieza. El título condensa, con ironía seca, una de las paradojas centrales de la modernidad petrolera: su final se anuncia una y otra vez, pero siempre queda aplazado.

Alessandro Balteo-Yazbeck. Last oil barrel, date postponed. Foto Green Art Gallery.

También presentó una pieza desarrollada junto a Rolando Peña y José Colmenares: un chinchorro venezolano convertido en soporte de un relato visual donde se entrelazan historia, política y cultura popular. En esa superficie conviven la hamaca y la bandera, la intimidad doméstica y la épica nacional, el descanso y el peso de la historia. Lo cotidiano aparece atravesado por una memoria colectiva que nunca termina de asentarse.

Venezuela vibró en ARCOmadrid 2026 como una constelación repartida en múltiples espacios, desde obras de gran formato como la de Soto, hasta expresiones mínimas en la creación de Balteo, unidas con la de todos los artistas venezolanos presentes por una fuerza común: la capacidad de convertir memoria, forma, política, materia y luz en lenguaje contemporáneo que nos representa.

Desde Madrid, el país que desborda sus propios límites continúa proyectándose hacia afuera, creyendo y creando allá donde se encuentre.


Algunas vistas cortesía de ARCOMadrid 2026

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