Nueva Cartografía para el Siglo XXI

por Luis Ángel Duque

Este texto de LAD, formó parte deL catálogo de la exposición «Venezuela. Nuevas cartografías y Cosmogonías» realizada en la Galería de Arte Nacional en Diciembre 1991 – Febrero 1992 y cuya curaduría fue realizada por él, con la coordinación general de Anita Tapias, la Museografía de José Betancourt y la asesoría Científica de Sylvia Pardi. Los artistas participantes fueron: Claudio Perna, Oscar Molinari y Alejandro Blanco Uribe, José Antonio Hernández-Diez, Jorge Pizzani, José Gabriel Fernández, Alí González, Oscar Machado, Pancho Quilici, Miguel Noya y Milton Becerra. Esta fue la exposición Número 129 de la GAn. Quisimos recordarlA, antes de inaugurar en mayo 2022, LA EXHIBICIÓN en la galería Freites DE Las obras de los 30 ARTISTAS SELECCIONADOS PARA OPTAR AL I PREMIO DE ARTE CONTEMPORÁNEO LUIS ÁNGEL DUQUE.

algunas de las imágenes aparecen en el catálogo y otras han sido actualizadas con imágenes más contemporáneas para esta edición. autoría de las fotos a color reproducidas del catálogo: Humberto Febres, Luis Eduardo Escalona, Edgar Vergara, Carlos Germán Rojas, Federico Fernández, Ricardo Armas y Luis Becerra.

Cada rincón del globo es, sin duda alguna, un reflejo de la naturaleza entera.
COSMOS, Alejandro de Humboldt

…el mejor subproducto de la investigación subespacial no es precisamente nueva tecnología sino que, por primera vez en la historia de la humanidad, hemos tenido oportunidad de contemplar la Tierra desde el espacio: la información proporcionada por esta visión exterior de nuestro planeta verdeazul, en todo el esplendor de su belleza, ha dado origen a un nuevo conjunto de preguntas y respuestas.
GAIA, J. E. Lovelock.

La Fundación Galería de Arte Nacional está situada a 10º30’13» longitud Norte y a 66º53’53» latitud Este. En este enclave geográfico sucede, en los albores del verano equinoccial 1991-92, la experiencia Venezuela: Nuevas Cartografías y Cosmogonías, una mirada colectiva y también una reflexión sobre nuestra naturaleza geográfica (Fig. 1). A medida que se acorta la distancia temporal que nos separa del nuevo milenio se hace unánime el tema de la conservación y su glosario paralelo: degradación ambiental; especies en extinción; mortandad de cetáceos; agotamiento de los suelos; envenenamiento por mercurio; polución urbana.

Fig.1. Mapa físico de Venezuela, 1989.

Los especialistas ofrecen cifras globales del impacto que hemos causado sobre el fragmento del planeta que custodiamos, y aseguran que nuestro país ha perdido el 30% de su antigua densidad natural.

Debajo de toda esta estructura de información permanece el territorio que habitamos. Por ello mismo Venezuela -como fragmento de la naturaleza- exige una respuesta colectiva. De los habitantes, de los científicos, y ahora también de los artistas. Este es el tema de esta exposición; para la misma fue convocado un grupo de artistas activos de tres generaciones, coincidentes en el tiempo, quienes exhiben sus particulares visiones sobre el fenómeno.

A todos estos artistas contemporáneos, que tienen la posibilidad de concebir una idea y ejecutarla a gran escala, los unifica el haber presentado, recientemente, obras y proyectos de reconocida importancia.

De lo cartográfico a lo cosmogónico: la exposición comprende un amplio espectro de proposiciones, desarrolladas con absoluta libertad en el tratamiento del tópico, y de los espacios asignados, convirtiendo temporalmente a la sede por excelencia del arte venezolano en teatro de acontecimiento y reflexión.

Estas proposiciones orbitarán en los amplios espacios del museo: desde una lección de geografía física, dispuesta en la sala 7, hasta una macro-figuración, instalada en la sala 11, donde el planeta se observa a sí mismo; las obras se extienden hacia los espacios exteriores: a los pasillos, desde una escultura sonora en la columnata que rodea el estanque, la cual emite en los cuatro puntos cardinales; hasta su centro donde, por fuerza del arte, los meridianos y paralelos del planisferio confluyen metafóricamente, convirtiendo ese espacio en el centro del planeta durante el lapso de la exposición.

Fig.2. Claudio Perna. Homo-Cosmicus 1989-1990. Fig.3. Miguel von Dangel, Los Güires. 1980.

Asimismo, esta muestra es la estación final del encuentro de dos instituciones jóvenes -BIOMA, GAN- que formaron un equipo de curaduría, constituido por investigadores científicos y artísticos, quienes, durante un año, en conjunción con los once artistas invitados, se ilustraron sobre el tema de la convocatoria: Venezuela como concepto geográfico y como fragmento de la epidermis del planeta. La selección se estructuró a partir de dos artistas mayores de nuestro tiempo: Claudio Perna (Fig. 2) y Miguel von Dangel (Fig. 3), quienes no forman parte de la historia oficial del arte venezolano de los setenta (Constructivismo y Nueva Figuración eran las puntas visibles del iceberg), pero que realizaron -secreta y libremente- las primeras indagaciones, esencialmente gráficas y conceptuales sobre la constitución de nuestro territorio, utilizando cartografías impresas como soporte.

Casi todos los artistas imbuidos en el tema de la convocatoria, estimulados por ambas fundaciones, y cuya información se concentraba en las imágenes de satélite proporcionadas por el sistema Landsat, durante este particular seminario, atravesaron por varias fases cognoscitivas y emocionales, paralelas a la visualización de nuevas perspectivas del planeta.

La primera fue de celebración de la inusitada vista panorámica de una sección de nuestra geografía (sea la Península de Paraguaná (Fig. 4), los tepuyes Chimantá y Auyantepui (Fig. 5) o la confluencia, de los ríos Capanaparo y Orinoco (Fig. 6), el lago de Valencia, la línea de costa del litoral central, Cumaná y el Golfo de Paria) y del espectro de colores con el cual esa información fue codificada. Luego de este primer encuentro, algunos comenzaron a leer las panorámicas como diarios parlantes y a reconocer la huella del hombre sobre la naturaleza poco antes celebrada, como marcas cancerosas en la superficie del país.

Fig. 4 Península de Paraguaná (imagen actualizada), Fig. 5 Tepuyes Chimantá y Auyantepui, Fig. 6 Confluencia de los ríos Capanaparo y Orinoco. Parque Nacional Santos Luzardo. Estado Apure. Imagen del satélite Landsat

Imágenes de satélite contemporáneas del macizo guayanés, del Parque Nacional Canaima señalando los tepuyes Chimantá y Auyantepuy, y la confluencia de los ríos Capanaparo y Orinoco.

Otros, gracias a la privilegiada posición de apreciar el planeta altimétricamente, entraron en comunión con las fuerzas expansivas que parecen regir a la naturaleza y al universo, y percibieron la vibración que emana del planeta en rotación, la cual forma espirales en representación de la energía.

El epílogo del proceso es esta exposición, compuesta casi en su totalidad por instalaciones escultóricas, ese medio de la contemporaneidad que permite abordar positivamente el espacio expositivo; cada una de éstas propone su mensaje particular y la proyección de un pensamiento; aunque el principio de utilizar a la naturaleza geográfica como materia del arte se remonta precisa­mente a los años setenta, también la época dorada de los satélites Landsat.

II

En el vuelo vi por primera vez con mis propios ojos la forma esférica de la tierra. He de decir que la vista del horizonte es única y hermosísima. Es de delicado color azul y esta transición del azul al oscuro es sumamente gradual y resulta preciosa. Yuri Gagarin.

Me gusta la idea de utilizar la tierra sin poseerla. Recorrer las carreteras y sendas es trazar un retrato del país… La naturaleza tiene más efecto sobre mí que yo sobre ella… Espero trabajar para la Tierra, no contra ella… Richard Long.

Fig.7 (actualizada). En 1967, hace 25 años, desde el Lunar Orbiter 1, nuestro planeta fue fotografiado por primera vez en toda su dimensión, como un globo blanco y negro multibandeado (...)

No es por azar que BIOMA y GAN, dedicadas particularmente al registro y conservación de los bienes nacionales (naturales en un caso, artísticos en el otro) se hayan propuesto con este macro­proyecto reseñar el espíritu de los tiempos, pues por primera vez en la historia de la humanidad, con el ritmo incesante de los sucesos, se aprecia una toma de conciencia colectiva, que trasciende lo religioso e ideológico. Es una cuestión de supervivencia. El fin del milenio, angustioso de por sí, ahora cuando se disipan las pretensiones hegemónicas del género humano sobre el planeta, exige grandes respuestas.

Estimulados por las millones de imágenes de nosotros mismos, que nos han retrasmitido los satélites orbitales, hemos armado los innumerables fragmentos del rompecabezas que constituye nuestra esfera verdeazul y para muchos se han extinguido las precarias nociones de «país» o «nación», lo que permite globalizar a la Tierra como a un único ser, en el cual actuamos como participantes de la vida que sobrevive en una cadena permanente. Ya sabemos cómo somos.

Por ello se desfigura la leyenda de que la nueva era solamente será el terreno abonado del apocalipsis y tenemos la potestad de replantear la más grande de las dudas. No el si habrá un destino para el género humano, sino una global y única interrogante: ¿habrá futuro para el planeta Tierra y sus huéspedes obligados, el género humano que la habita?…

El artista de nuestro tiempo debe estar más comprometido con la nueva realidad. Ni personajes decorativos, ni decoradores. Deben ser los mascarones de proa con los cuales el género humano, haciendo suyas todas las técnicas e inventos, explora los territorios del nuevo milenio, buscando reconducir su destino.

En 1967, hace 25 años, desde el Lunar Orbiter 1 (Fig. 7), nuestro planeta fue fotografiado por primera vez en toda su dimensión, como un globo blanco y negro multibandeado, flotando en el espacio; comenzó así un ciclo, que aún no culmina, de preguntas y respuestas. En la década siguiente los satélites artificiales, máquinas perfectas y autosuficientes, se diversificaron en meteorológicos, astronómicos, de navegación, militares y de comunicaciones; fue en 1972 cuando entró en servicio el primer artefacto dedicado a la exploración de los recursos naturales de la Tierra, conducido por la NASA.

Fig. 8. Landsat 1, Fig. 9. SPOT-1 (Imágenes actualizadas - Foto e ilustración: NASA).

El Landsat 1 (Fig. 8) fue lanzado el 23 de julio de 1972 por un cohete Delta, iniciándose así la teledetección, una ciencia cuyos resultados gráficos parecen artísticos, produciéndose desde entonces una evolución del punto de vista y de la apreciación conceptual del planeta, que comprende a científicos, artistas y a la humanidad entera.

De esta manera se inició una generación de satélites de observación terrestre (Landsat 11, 111) y oceanográficos (Seasat 1, 1978) a la que se sumaron el Meteor Priroda I y el misterioso Soyuzkarta, de la Unión Soviética, en 1981 y el SPOT-1, de Francia, lanzado en 1986 (Fig. 9), aún en actividad. Este es el más perfeccionado de los «pájaros» que circundan en órbita heliosincrónica a la Tierra y que han ampliado su radio de acción hasta la prospección de petróleo y de los ansiados minerales estratégicos.

No se puede ignorar esta red orbital de satélites que rodea a nuestro planeta, pues, gracias a ellos, el género humano puede formar una cadena de espectadores y presenciar un golpe de estado en Moscú o los conciertos de rock de «Live Aid» con tan sólo mirar por la ventana de su televisor; hacer un censo de las masas vegetales y de los cardúmenes en el océano; precisar las líneas fronterizas definitivas entre las naciones; fijar la posición de los barcos en alta mar; predecir el derrotero destructivo de huracanes y tifones; preocuparse con el avance inexorable de los límites de los desiertos.

Casi ningún área de la actividad planetaria es ajena a esta tecnología. Gracias a ella se detectó por primera vez la disminución del escudo de ozono sobre las zonas polares árticas y antárticas; y sus sensibles oculares multiespectrales descubren día a día los incendios que florecen malévolamente en la Amazonia brasilera. En otra área de su aplicación hay que recordar la política Reagan de militarización del cosmos denominada Iniciativa de Defensa Estratégica (S.D.L. en inglés), de 1983, bautizada por los medios informativos como «Guerra de las Galaxias» que tuvo su primera aplicación efectiva en la Guerra del Golfo a principios de 1991, cuando los misiles SCUD lanzados desde lrak eran detectados por un satélite espía que activaba el sistema automático ABM, de sincronización aire-tierra, por lo que un antimisil Patriot, basado en Israel, interceptaba y destruía a gran altura al agresor.

Klaus Vom Bruch. Die Belagno von Karthago - video, 1984 © 2014 VG Bild-Kunst, Bonn.
Fig. 10 (actualizada) Ingo Günther. K4 (C3 1). Kassel, Documenta 1983.

Con fines pacíficos y para uso casi exclusivo de ecólogos y geógrafos, siete millones de vistas de la Tierra son archivadas y distribuidas por el Eros Data Center, situado en Dakota del Sur, EEUU. Los artistas de nuestro tiempo, además de la fascinación que puedan sentir por la información trasmitida por los satélites artificiales, no han titubeado en hacer propia esta gran mirada que abarca todo el orbe y han creado espléndidas obras de multimedia, Entre ellos se destacan video-artistas de la segunda generación, como los alemanes Klaus vom Bruch (1952) e Ingo Günther (1957) (Fig. 10) y el austríaco Franz Xaver (1956).

Tornando a los años intermedios de la carrera espacial, cuando un científico con el alma blanca como James E. Lovelock, dilucidando conclusiones a partir de esta tecnología, terminaba de redondear su teoría de que el planeta Tierra es una entidad viviente que se regula a sí misma a través de la atmósfera, perpetuándose así la vida1, surgían, en los cuatro horizontes, artistas topográficos que, a partir del trabajo de campo, reconocieron y magnificaron el paisaje natural de una manera inédita en la historia del arte, y como Perna y von Dangel, anteriormente invocados a nivel local, son los antecesores de esta exposición.

Hablamos de los «artistas de la tierra», que en Europa y Estados Unidos oficiaron como activos sacerdotes de un nuevo culto y de una nueva sensibilidad, revelando las fuerzas del paisaje enmascarado por la propia naturaleza, creando obras de arte que se centraron tipológicamente a años-luz de la veneración modernista, sublimada hasta el fetichismo, por el cuadro enmarcado y la escultura sobre pedestal. Vistos en perspectiva, estos artistas se destacan como los roturadores de una nueva realidad.

Fig. 12. Richard Long. A line in the Himalayas,1975 y Stones in Iceland, 1974 (no en el catálogo).

Comenzamos su enumeración con el inglés Richard Long (1945) (Figs. 11, 12), quien ha desarrollado sus esculturas de viaje a lo largo de los cinco continentes, compuestas por caminatas o por acumulaciones de palos o piedras, consignándolas con simples señalamientos como líneas, círculos o espirales, magnificando magistralmente paisajes áridos o solitarios gracias a sus casi imperceptibles huellas. El mismo Long explica su proposición: «…el lenguaje y la ambición del arte exigía una renovación. Yo sentía que el arte apenas había reconocido los paisajes naturales que cubren este planeta, ni se habían utilizado las experiencias que esos lugares podían ofrecer. Comenzando en mi entorno inmediato y ampliándolo más tarde, parte de mi trabajo ha consistido desde entonces en pro­bar y hacer probar ese potencial. Lo veo como arte abstracto esparcido por los espacios reales del mundo. No es romanticismo; utilizo el mundo tal y como lo encuentro«.2 Continuamos con otro personaje insular, el escocés Ian Hamilton Finlay (Bahamas, 1925), uno de los artistas más importantes del planeta, completamente desconocido en nuestro medio quien, con un vocabulario más «culto» que Long, ha resucitado la tradición del jardín ilustrado de Pope y Shanstone, en una gesta artística en la cual vida y obra se entrelazan en una sola senda.

Su jardín, la antigua locación Stonypath, en el sur de Escocia, que habita desde 1966, rebautizada en 1978 como «Pequeña Esparta«, es un modelo de inteligencia clásica, ordenamiento conceptual y conocimiento del entorno natural. (Figs. 13, 14, 15).

En el mismo año de 1978 emprende la campaña intramuros «Cinco años de Helenización», replanteando la vetusta propiedad con esculturas filosóficas, inscripciones paisajísticas y templos erigidos a dioses paganos y a los héroes de la Revolución Francesa, presentando un modelo de mundo por medio de la naturaleza poetizada, que no es utópico, sino absolutamente posible.

Sobre «Pequeña Esparta» concluye lves Abrioux: «El jardín neo­clásico es, al mismo tiempo, un modelo de la sociedad, en el cual cada aspecto de la actividad cultural, como cada espécimen botánico, tiene asegurado el lugar apropiado3

Este redescubrimiento del entorno natural del planeta fue más activo en el otro lado del Atlántico y se volvió corriente artística, protagonizada por artistas de magnitud extraordinaria que afiliaron sus carreras al Minimalismo, planteando sus obras tanto en espacios cerrados como en los escenarios abiertos del Oeste de los EE. UU. Entre ellos se destaca la figura inolvidable de Robert Smithson (1938-1973), fallecido trágicamente a bordo de una avioneta, verdaderamente un joven «shamán» y un iluminado de mente racional quien precisó para siempre la tipología contemporánea de la obra del lugar y su testimonio en exposición.

Fig.16. (actualizadas) Robert Smithson, 1970. Gran Lago Salado, Utah. Barro, cristales de sal precipitada, rocas y agua. 457.2 m de largo y 4.6 m ancho. Dia Art Foundation. © Holt/Smithson Foundation and Dia Art Foundation, licensed by VAGA at ARS, New York.

Smithson también fue un artista viajero, realizando una obra (Peripecias de un viaje con espejos por el Yucatán, México, sin fecha), que se puede reconocer como modelo en su género. Él es recordado casi exclusivamente por su último monumento, la Spiral Jetty de 1970, implantada en el Gran Lago Salado de Utah (Fig. 16). Fotografiando su gran espiral fue que consiguió la muerte, estrellando la pequeña aeronave contra la superficie salada.

El mismo lago, siguiendo su flujo y reflujo natural, con el paso de los años, ha terminado por cubrir su gran gesto final, que sobrevive por los documentos y como concepto (*). Esta relación obra-entorno es aún más eficiente en un paraje de Nuevo México denominado Quemado. Allí son frecuentes las andanadas eléctricas de rayos numerosos que parecen abalanzarse contra el horizonte. En este escenario, Walter de María (1940), otro de los grandes artistas norteamericanos que trabajó en esta línea de diálogo con los elementos naturales, hincó en la tierra 400 elementos de acero idénticos, como propiciadores de una relación cielo-tierra. La denominó Lightning field (1971-1977) y aún se encuentra en permanente exposición (Fig. 17). Cada noche, puntualmente, los rayos reemprenden su maravillosa ceremonia y sus cargas eléctricas parecen cabal­gar en los pináculos de los postes, activando la obra, sublimando el evento natural y el gesto del artista que lo reveló. En Venezuela, en esos mismos años setenta, dejando de lado, y a su vez, dándole otro carácter al tópico del paisajismo, culminado históricamente por Cabré y Reverón, algunos jóvenes artistas activaron sus inteligencias, estableciendo una relación inédita con el entorno geográfico, de reseña y diálogo a la vez.

Fig. 17 actualizada Walter De Maria, The Lightning Field, 1977. La recurrencia de los relámpagos es diaria. © Estate of Walter De Maria. Foto: John Cliett.

Con proposiciones alternativas, con obras sin ninguna relación con el arte que se reconocía como «representativo» de la época, Roberto Obregón y Luis Villamizar registraron y celebraron, con ironía o pesimismo, nuestro espacio geográfico.

Utilizando con libertad la fotografía como medio, entre 1975 y 76 postularon unas obras que, si bien no tuvieron gran audición en su momento -reservándose su apreciación unos pocos-, resuenan magníficamente en la encrucijada actual del arte venezolano, cuando son más las preguntas que las respuestas, y es ahora que parecen cumplir su cometido como modelos de aproximación e interpretación de la naturaleza de un país.

El 1º de diciembre de 1975, desde una perspectiva abierta que envidiarían Ker Porter y Bellermann, Roberto Obregón (Barranquilla, 1946), realiza 34 vistas panorámicas de una jornada solar sobre El Ávila, con la sucesión de las horas atmosféricas, puntualmente anotadas al margen.

Fig. 18. Roberto Obregón, Crónica-paisaje #01, diciembre uno, 1975. Contactos fotográficos virados al sepia 41 x 94 cm.
Colección Álvaro Sotillo. Foto: Luis Becerra
Fig. 19. Roberto Obregón. Crónica-paisaje #2.

Crónica-paisaje #1, diciembre uno 1975 se titula esta celebración silenciosa y perfecta (Fig. 18). En ella el artista funciona como trasmisor del paisaje reconocible del monte tutelar de Caracas, registrando su pulso horario sin intervenirlo y sin realizar una «versión» que pueda desvirtuarlo. Aquí el verdadero protagonista es el tiempo enmascarado como nube y todos los elementos vibran bajo su tiranía. En los primeros días luminosos de 1976 reproduce la experiencia y crea una segunda obra, Crónica-paisaje #2, enero siete 1976 (Fig. 19), con la misma obertura panorámica.

Las dos pueden ser preciadas como un díptico, que si bien continúa con nuevos medios la tradición retratística de la serranía de El Ávila, se revaloriza como modelo de manipulación del espacio temporal y geográfico.

Fig. 20. Luis Villamizar. Guías perdidas, 1976. Médanos de Coro.

Ese mismo año realiza su gesta secreta Luis Villamizar (1947), utilizando como soporte el paisaje inestable de los médanos de Coro. En la proposición Guías perdidas (Fig. 20) confluyen el paisaje natural y la huella de los humanos. La obra es un monumento. Las dunas son el escenario de un drama, en donde una caravana de gruesas publicaciones, un «display de una historia agotada«,4 parece haberse extraviado definitivamente. La obra es conmovedora. Para mí es una elegía a la existencia humana y urbana que se ahoga entre millares de páginas anónimas, desvaneciéndose en toneladas de arena.

III

¿Quiénes somos?
¿De dónde venimos?
¿A dónde vamos?
Paul Gauguin

El mundo que emerge a gran velocidad a partir del choque de los nuevos valores y tecnologías, las nuevas relaciones geopolíticas y los nuevos estilos de vida y modos de comunicación, exige ideas y analogías, clasificaciones y conceptos totalmente nuevos.
Alvin Toffler (Fig.21)

Palomas Fotógrafas, 1908.

Lo más importante de esta suma de cartografías y cosmogonías es el punto de vista. En esta «Venezuela desde el cielo» se superponen las diferentes miradas y las intenciones. Gracias a los artistas apreciamos a nuestro país -y aun al planeta entero-, en visión altimétrica.

Una perspectiva que permite dominar el extenso panorama, celebrando al instante la hermosa visión panorámica, y un segundo después constatando las marcas y tatuajes sobre la piel de la naturaleza.

Ahora estamos en capacidad de leer los mensajes y los conceptos: geografía, denuncia, metáfora, panteísmo, ironía. El tema es el territorio. Todos coinciden en la convocatoria original: el territorio; pero no en una sección reglamentada por fronteras, sino como un segmento de la biósfera planetaria, sometida a las reglas de la naturaleza y al impacto de sus huéspedes obligados.

Podemos apreciarlas como señales en la encrucijada del mundo contemporáneo. Más que preguntas del pasado, como proposiciones alternativas para el futuro. Nuestra ilusión es que se obtengan algunas verdaderas respuestas.

El futuro no espera por nadie. El género humano necesita señales para no extraviar el camino en el territorio de la nueva era. Necesitamos una nueva cartografía para el siglo XXI.

Obras de la exposición

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Notas

1.   La teoría GAIA fue postulada por Lovelock en 1979 y, con los años ha creado un movimiento de conciencia en todo el orbe. Según sus palabras, se puede definir así:

...la materia viviente de la Tierra y su aire, océanos y superficie forman un sistema complejo al que puede considerarse como un organismo individual capaz de mantener las condiciones que hacen posible la vida en nuestro planeta. J.E. Lovelock, GAIA a New Look al Lite on Earth, Oxford Press, Londres, 1979,p. 7

… el conjunto de seres vivos de la Tierra, de las ballenas a los virus, de los robles a las algas, puede ser considerado como una entidad viviente capaz de transformar la atmósfera del planeta para adecuarla a sus necesidades globales, y dotada de facultades y poderes que exceden con mucho a los que poseen sus partes constitutivas. Ibídem. p. 22

2.   EL PASEANTE, Madrid, #11, 1989, p. 29.

3.   lan Hamilton Finlay: A Visual Premier, Reaktion Books, Dublin, 1985, sin página.

4.   Guías perdidas – efigie al silencio, 1976. Texto de Luis Villamizar, Colección Ignacio y Valentina Oberto, Caracas.

* Nota editorial: Luego de varias sequías el lago se redujo en 2002, y hoy día puede apreciarse la obra, la cual forma parte del patrimonio del estado de Utah.

Diseño de catálogo Roberto Pardi Lacruz y Eduardo Frank

Luis Ángel Duque (1953-2019) fue guionista de cine, artista plástico, curador de arte, viajero y una figura influyente del arte contemporáneo venezolano. Impulsó la carrera de muchos artistas que hoy ocupan un lugar prominente de nuestro panorama cultural. Fue director artístico de la Fundación Calara y parte del Consejo editorial de la Revista Estilo. Fue jurado en más de 18 salones de arte, Director del Museo de Arte Contemporáneo de Caracas Sofía Ímber (2005-2011), curador por Venezuela en las bienales de Medellín (1981), y Venecia (1998 y 2001). Fue responsable de muchas de las más importantes exposiciones de arte del país durante las décadas de los 80 y los 90, así como curador asociado del Salón Pirelli de Jóvenes Artistas del MACCSI. Su visión dio cabida a las tendencias que se manejaban en los centros mundiales del arte.

Enlaces complementarios

De construcciones a obras de arte: Impresionantes fotos satelitales

Las imágenes por satélite, esenciales para el funcionamiento de Google Earth

Los no-lugares de Robert Smithson

The Lightning Field de Walter De Maria

10 Earth Artists to Know

15 Essential Works of Land Art, from Great Salt Lakes to Dusty Fields of Lightning

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