Tomás Sanabria, mi papá

por Loly Sanabria

Mami, ¿tú eres famosa?”- fue la pregunta de mi hija Claudia cuando tenía unos 7 años. Curiosa le pregunté a que venía esta calificación y me respondió –“en mi colegio nos hablaron hoy de Granmpa y dijeron que él es famoso”-.

Hoy recordando ese momento, afirmo sonreída que ciertamente papá fue famoso. No sólo como excelente arquitecto de larga y valiosa obra (Hotel Humboldt, Banco Central de Venezuela donde recibió el Premio Nacional de Arquitectura 1967, Electricidad de Caracas, INCE, Biblioteca Nacional, Comandancia General del Ejercito, Fábrica HEINZ, etc.), además de comprometido amante de ésta, su querida Caracas, la cual estudió, analizó y denunció, proponiendo todo tipo de planteamientos para que llegáramos a un futuro mejor en ella.

Pero papá, principalmente fue un inmejorable padre y un fabuloso abuelo para sus diez nietos. Los niños tenían en su Granmpa un estimulo contínuo, cariñoso y exigente. Desde muy pequeñitos se los llevaba a volar, de hecho, dos de los nietos son pilotos como mi hermano también. Era normal pasar los fines de semana con Granmpa en su Terreno en Alto Hatillo jugando con los perros y sembrando, o en cualquier playa que justificara el volar.

A cada uno les hizo películas de sus juguetes, dibujos de los gustos favoritos, que ya casados conservan con infinito amor.

Pero quiero llenarme la boca de algunos recuerdos propios pues nunca los he compartido así, a nivel general. Desde muy niños papá fue divertido, creativo y le encantaba jugar con nosotros. Siempre tenía algo interesante para distraernos y aprender a la vez.

Ensayar con dibujos era plasmar en un papel que cosa veías más de cerca y que sentías estaba más lejos, al colocarlo en la hoja, nos sorprendía que unas eran pequeñas y otras grandes, según la distancia. Otras veces nos pintaba un círculo y pedía que marcáramos una flecha indicando desde donde vendría la luz. De esa manera fuimos comprendiendo como tomaba volumen su círculo, apenas demarcado en lápiz mongol, hasta convertirse en una bola según marcabas la llegada o no de la luz.

Las noches después de cenar eran maravillosas para escarbar en una plancha de Linóleum. Luego de hacer el dibujo, cavando con las herramientas que nos entregaba, era mágico ver como nuestro grabado se estampaba en el papel totalmente diferente, era el positivo de lo escarbado. De allí salieron decenas de tarjetas de Navidad. Nos ponía a hacer películas cuadro a cuadro con juguetes, adornos o lo que quisiéramos transmitirle vida. (6, 1958)

A pesar de que papá y mamá se divorciaron cuando eramos pequeños, fueron ambos geniales en la forma de manejar la ruptura, y ni Tommy ni yo pasamos un gran duelo. Ambas familias se mantuvieron unidas, entre papi y mami había continua comunicación por nuestros temas y estábamos en total comunión como familia. Entre semana cenábamos o almorzábamos con él. Los fines de semana la playa de Camurí y en las vacaciones inventaba algún paseo dentro o fuera del país.

Estos paseos eran maravilloso pues comenzaban semanas antes de viajar. Estando en su estudio, La Ratonera, nos pedía imagináramos el sitio, dibujarlo, comentarlo, soñarlo.

Eso lo guardaba o grababa. Era motivo de grandes carcajadas después. Cuando ya nos decía exactamente a donde íbamos a ir, era necesario que cada uno de nosotros (mi hermano y yo, así como Yolanda y Mariela, las dos hijas de Sisa, su segunda esposa), teníamos que investigar en los gordos tomos de la Enciplopedia SALVAT (qué fácil es ahora con míster Google) muchos datos del sitio que visitaríamos. Por supuesto que los viajes eran un absoluto gozar y al regreso pasábamos semanas emocionados esperando que llegaran de USA las fotos y películas ya reveladas (nada que ver con la inmediatez de las tomas digitales).

Ya de pavos, quiso acercarse a nuestros amigos y gozar de los cambios de personalidad. Nos invitó a traer a los más cercanos y entre todos inventar un guión de la película que el nos filmaría. Creo que fue casi un año que pasamos gozando cada fin de semana en cuadrar los personajes, definir el guión, secuencias, vestuarios, sitios y y finalmente terminamos (bueno, casi) la película de MUSTAFÁ. Que brillante idea de mantenernos cercanos, activos y gozando al aprender juntos, pues todos fuimos parte de maquillar, dirigir, colocar papel aluminio para evitar reflejos o zonas oscura. Una gloria de tiempo. (7, 1965), (8, 1965) y (9, 1965).

Loly Sanabria con Tomás Sanabria 1970

Esta foto refleja claramente nuestra sabrosa relación en la boda de Yolanda Carbonell. Jamás olvidaré el día de mi Matrimonio, estábamos papi y yo felices conversando desde que salimos de mi casa en Altamira, hasta que llegamos a la Iglesia de Chuao donde se celebraría nuestro compromiso matrimonial. Ya casi al momento de bajarme, papi me toma de la mano y me dice “gorda, te daré una recomendación que espero me entiendas. Nunca le pidas a tu marido que te diga TE QUIERO, haz que le provoque”. 

Papá y yo tuvimos la suerte de trabajar 28 años juntos en su oficina. Desde su muerte en 2008 me ocupo diariamente de su filosofía y obra en @coleccionsanabria. Papá tiene aún el poder de asombrarme y conservar la pasión por el gozo del trabajo.  

Loly Sanabria es Diseñadora Industrial graduada en la Escuela de Diseño Hanns Neumann, Caracas, Venezuela en 1971. Hizo cursos de técnicas de presentación y fotografía en Berkeley, California en1972 y de Facility Management en M.I.T., Mass en 1995 y 1996. Fue gerente general y de proyectos de Sanabria AA y desde el 2008 en adelante lleva la organización, curaduría y promoción de la obra de el arquitecto Tomás José Sanabria, su padre.

Más sobre Tomás José Sanabria  

Página web www.tomasjosesanabria.com

Entrevista a Tomás Sanabria

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Tomás José Sanabria. Arquitecto, aviador y fotógrafo.

Arquitectos venezolanos: Tomás Sanabria

Clásicos de Arquitectura: Hotel Humboldt / Tomás José Sanabria