La rebelión espiritual de Miguel von Dangel

Texto y fotos por Inger Pedreáñez

Para hablar de Miguel von Dangel (Bayreuth, Alemania, 1946) es necesario construir un mapa, una ruta que lleve a sus obras, dibujar sobre esa cartografía personal hasta representar al reino animal que ha sido su vida. No es tarea fácil, pero a la vez todo sería más sencillo si apenas añadiera un pequeño ingrediente: describir la espiritualidad del artista como si fuera salpicadura de escarcha… Debería existir una manera de lograrlo. Así, casi podríamos develar de dónde proviene el misterio de la humanidad que habita en nosotros.

Pero no es suficiente.

¿Será necesario que pasen cien años para comprender su quehacer artístico? Pienso que no. Hay una obra que tiene su preponderancia, aunque  algunos quieran evitarla, precisamente, porque alude a lo sagrado como si fuera una pieza extraña dentro de un templo cristiano.

Empecemos por el final, los Desesperantos, que se concibieron como un ejercicio en un avión; inventar una forma de mantener informada a su hija Andrea Salomé, con la vista en el país al que regresaba después de un viaje y que no le auguraba facilidades de comunicación. En esas obras se recoge el pensamiento de Miguel, todas sus reflexiones acerca del país y también de otros hechos universales. Citas de sus lecturas, comentarios sobre la historia, como por ejemplo, el movimiento la Rosa Blanca (1942-1943), ejemplo de resistencia no violenta a la dictadura hitleriana. Habla de un país que va perdiendo interlocutores, y en medio de la vorágine de poder y de control social, las palabras y las imágenes tratan de colarse por rendijas, desprenderse con mensajes que vuelven a mezclarse a manera de una torre de Babel pictórica, o de un inframundo.

Un libro que no se abre no tiene vida. Pero las páginas de los Desesperantos en una colección de cien ejemplares numerados en su biblioteca parecen invitar como sirenas a que sean observadas y luego atreverse a ser leídas. Valga decir que su nombre parece tener la connotación de la desesperanza. Más bien proviene del significado opuesto al Esperanto, un idioma planificado con la pretensión de ser el más utilizado en el mundo. Un idioma inventado y que trato de permear en la cultura de ciertos países.

—En los Desesperantos hay tantas capas de textos, pinturas, collages que es como un gran misterio, y en algún momento aparece algo que se nos presenta como una revelación.

—Vamos a comenzar por la palabra misterio. Uno pierde casi toda la vida develando misterios, desmitificando; hasta que te das cuenta que quizás estás equivocado, y que lo que tienes que hacer es crear misterio. Y si no crearlos, entregarte al misterio, que es el placer del arte. Por eso los críticos están jodidos, su trabajo es  destruir lo que tienes que construir o viceversa. Cuando llegas a viejo te das cuenta que el trabajo es hacer misterio. Hacer lo inasible del milagro. Una de las formas es, por ejemplo, la reiteración. Yo salí del barroco, interesante, después del agotamiento reconoces tu incapacidad y llegas más lejos. Nada se agota, todo es un arcano hacia el misterio, crees que lo dominas todo, el hombre moderno, el hombre racional, no. Empiezas a apreciar lo que no puedes expresar, esa incapacidad, esa impotencia…, es como el amor cuando llegamos a viejo y ya no puedes, ¡pero coño, por fin lo entendiste!

Fíjate que el periplo es completo, comienzas descubriendo el nuevo mundo, el mundo joven en el sentido de la utopía reconocida, terminas entendiendo tu incapacidad y quizás es eso lo maravilloso, es bello. Entonces, en los libros pasa eso, comienzas a trabajar con claves de otra gente, e integras tantas que pierdes el sentido de la presunta originalidad. Cuando pasas de los 40 y  sigues creyendo en esa vaina eres… ¡Un bolsa! En realidad ¿Qué es ser original? no hay nada original, eso es propio del esquema religioso. Es Dios el que crea a través de uno, o uno a través de Dios, pero no es el artista quien crea. Quizás la materia prima sea Dios o quizás uno sea la materia prima de Dios por estar acá. Pero ya tú vez, esa respuesta parece que flota, puede saber a vacío, no, no se trata de eso. Se trata de haber llegado a Dios gracias al final, en el buen sentido de la palabra, has cumplido con un fin.

Miguel von Dangel es un autor que ha registrado su pensamiento en diarios, y también en muchos artículos de opinión. Quizás sea el antecedente a los desesperantos. Pasó de la escritura a la forma y al signo desde la imagen. Algunas de las ideas de esos diarios han sido reproducidas en publicaciones como la que realizara la Fundación Polar “Miguel von Dangel. La Batalla de San Romano” (1993), en su libro “El pensamiento de la imagen y otros ensayos” (1997), y la publicación de Eddy Reyes Torres, “Miguel von Dangel y el renacimiento de un arte latinoamericano” (2012).

Profundidad al crear

Miguel von Dangel no terminó sus estudios de bachillerato, así como tampoco concluyó su estadía en la Escuela de Artes Plásticas Cristóbal Rojas, aunque tuvo el gran estímulo del maestro Luis Guevara Moreno. Pero tiene la sabiduría obtenida de leer los libros de la biblioteca heredada de sus padres. Su madre, Susanne Hertrich, era descendiente de pastores luteranos alemanes, y su padre, Félix von Dangel, provenía de la aristocracia polaca. Las bibliotecas fueron su escuela y sus guías elegidos: Goethe, Cioram, Humboldt, Nietzsche, la Biblia no sólo es lectura regular sino soporte de sus obras.  Hasta en una conversación corriente sale espontáneamente alguna referencia de tantas páginas que han pasado por sus manos. La raíz etimológica de una palabra, la cita de algún filósofo, recordar un pasaje religioso… Tanta información es también alimento de los Desesperantos, como si en la hoja fueran pasando las ideas, tal como cuando soñamos, imaginamos o pensamos. Tan rápido, que no da tiempo de digerir una imagen tras otra y otra.

De su obra “El pensamiento de la imagen y otros ensayos”, tomamos este extracto:

“El prodigio del arte pudiera consistir en el establecimiento de eslabones metafóricos con obras y situaciones que las preceden, que igual las asumimos las negamos en sus posibilidades y alcances, pero que ineludiblemente nos acercarían al misterio original de la creación, metáfora a su vez de lo que somos, copiando sin arte ni virtud los modelos que nos imponen los otros”. (p.68)

Nada que ver con su trabajo que es prácticamente el de un iconoclasta. Von Dangel considera que su amigo Bárbaro Rivas ha sido una de sus influencias, desde la forma de ver la religiosidad. En artículos que hablan de su obra incluyen a Van Gogh, Grünewald, Bosch, Armando Reverón y Mario Abreu. Se valió además de un pensamiento filosófico, y de recursos o técnicas que se le fueron presentando en sus experiencias de vida.

Tomó de la taxidermia el arte de preservar animales muertos como si se le prolongara la existencia. Su padre abrió ese camino cuando vino como zoólogo al Museo de Ciencias Naturales de Caracas, contratado por el gobierno de Carlos Delgado Chalbaud, para preparar pieles de jaguar. Oficio que su hijo Miguel comprendería y del cual también trabajaría.

Pero él quería ser artista.

Un día su madre se lo preguntó abiertamente. “¿Qué quieres hacer con tu vida?” Ante su respuesta, quiero ser pintor, le dijo: “Yo te apoyo, pero tienes que conseguir la forma de que puedas vivir de tu trabajo, de tu arte”. Fue así como comenzó a encapsular insectos en resina de poliéster, que compraban los turistas como souvenir. Eso apenas sería una señal de camino para los Encapsulados. Primero “atrapó” noticias de diarios, los papeles enrollados se escondían dentro de la obra. Luego, tanto como un explorador extraterrestre comenzó a encapsular trozos de este país, una muestra de la tierra con todos los vestigios de vida, raíces, trozos de rama, hormigas, lo que hubiera, tal como se le presentaba. Y cada pieza tenía su inventario, su procedencia. También encapsuló aves, como un botánico.

El Encapsulado #1 está en su casa-taller. Se lee en su caligrafía: Colorados. Maniapure. Estado Bolívar. Abril 1981. Primera (…) de paisajes

De tanto viajar por la geografía nacional y de sus constantes visitas a los indígenas Panare, entre otras tribus indígenas venezolanas, los mapas adquirieron otro significado para von Dangel. De sus Cartografías y Mapas de Venezuela, propios de la década de los 80, salían otros animales a partir de trazos fuertes, obras que ya atraían por su contenido. Como escribe María Elena Ramos en Exploraciones del arte en la geografía venezolana: “Miguel von Dangel recorre códigos cartográficos de nuestros ríos y los transforma en reptiles ambiguos en el límite entre corriente, animal o astro (…) es río pintado sobre el mapa, transmutado en camaleón, alimaña, o ser con apenas semejanza al reptil. La “apenas semejanza” es clave para rastrear las nuevas relaciones…”.

En 1969 expone Sacrifixiones, esculturas que buscan representar “las leyes con que la naturaleza se transforma, se organiza, se representa y se fija simbólicamente en el espíritu humano”.

Primer hito: muerte y purificación

Vida preservada en resinas, cuerpos de animales que transmutan en algo más. El faisán, la piel de culebra, el cuero de algún mamífero, un caballo, un toro… Los animales son para Miguel von Dangel sagrados. Se le ve en el afecto que expresa ante sus dos perros salchichas, se observa en algún retrato del niño Miguel con un mono sobre sus hombros, o montando a caballo (gran pasión de su padre, los caballos), o alimentando a su anciana guacamaya…

En uno de sus cuartos se encuentra colgada la obra Retrato espiritual de un tiempo (1968-1970). Si se observa bien es una pieza pequeña, que no representa el tamaño del escándalo que suscitó, cuando sobrevivió a los bastonazos del párroco de la Catedral de Caracas en 1969. Mencionar esa pieza es para von Dangel soltar como un dejo: “¡Yo he hecho tantas obras en mi vida y la gente sólo recuerda el perro crucificado!”… Más contundente es la respuesta que registra Reyes en su libro: “…se me acusa de mórbido cuando el proceso de mi obra es revertir el concepto de la muerte. Si lo vital es lo bello, quiero saber ¿dónde está lo feo? Lo único feo es la hipocresía”.

Vale considerar la anécdota que le cuenta von Dangel a Karl Krispín en una entrevista sobre cómo se originó la obra: Después de una larga noche de tragos, va de regreso a su casa conversando con un amigo sobre la vanidad de los artistas, lo compara con una enfermedad, de elogios y lamentaciones, señala al perro que yace en el pavimento como cierre de esa metáfora. Sin pensarlo mucho, se lo llevó a su casa y lo preservó en formol.  Al día siguiente lo crucificó.

Así como tuvo sus críticas implacables, la crítica llegó a comparar esta pieza con los Goyas negros.

No tuvieron la misma reacción los escorpiones, las arañas, ofidios o plantas que fueron fundidas en oro y plata, con la ayuda del orfebre judíaco austriaco, Lazar Rudich Lohner.  Como dice Eddy Reyes, las joyas esculturas trastocaron “el cariz revulsivo de sus animales disecados. Gracias al fenómeno de la transfiguración, sus animales se convirtieron por arte alquímico en esculturas de oro y plata. Aunque estamos mirando los mismos animales muertos de 1968 a 1971”. De tanto explorar en esta fauna, hay un alacrán descubierto en tierras venezolanas que lleva el nombre del artista: Mesotityus von Dangel.

Consultamos al fotógrafo Nelson Garrido sobre el trabajo de von Dangel: “Aparte de la amistad que nos une, la obra de Miguel es un tema de referencia en el arte contemporáneo venezolano, la profundidad que tiene con el tema de la religiosidad y la muerte. No es el momento para entender su dimensión ética y filosófica. Yo soy influencia de Miguel. Cuando él hace el perro crucificado marca un antes y después del arte, igual que el caballo, y La batalla de San Romano. Miguel es un monje del arte, un religioso del arte, tiene una cultura tan vasta que la va volcando en la obra. El pensamiento de Miguel, su conocimiento está allí en Los Desesperantos”.

Versiones de La Piedad

Hagamos una pausa y volvamos al trabajo actual. La mesa de Miguel von Dangel, está llena de hojas de diversos tamaños. “Estoy empezando a medio dibujar, empezando a descongelar la mano. Trabajo en estos bocetos: Mira esta Piedad, aquí la Virgen observa, dirige su mirada hacia el sexo del hijo muerto, ella lo tiene cargado, el sexo como principio de la resurrección y la mirada es la vitalidad, el volver a la vida… Aquí hay una versión de la Virgen que lo lleva hacia el cielo. De pronto estas vainitas son lo que van quedando de uno… Este es un Anticristo, con la serpiente abajo…Mira esta Virgen que le da pecho a un corderito, como el Cordero de Dios, la redención…Aquí está la Virgen en la cruz”… murmura algo, como advirtiendo otra reacción contra la blasfemia, “ya vendrán a decir…”.

—¿Realmente se habla del sacrificio y del dolor?

—El sacrificio y el amor, no el dolor.  El dolor se confunde con el placer, el amor es el sacrificio y ahí regresamos a lo religioso nuevamente. Pero es eso, la disposición al sacrificio.

Representa a la muerte pintando maternidades. “Los artistas son una especie de vientres generadores”,  dice… Los bocetos de von Dangel son en tinta china, y con texturas escarchadas, en la misma técnica que realizó la serie de los amantes, que se expusieron en la ya desaparecida librería Lugar Común, en Altamira. Esa pintura tornasolada deslumbró alguna vez a Miguel siendo muy joven. Observó a una mujer muy maquillada, le pareció hermosa, luego su madre le dijo que era una prostituta.

—¿Qué es el amor en su obra?

—Yo quizás lo vislumbro, no se expresarlo en palabras. Porque mi oficio es traducir las palabras en imágenes, y para satisfacción mía, pero también para mi frustración, nunca he podido ser obsceno, grosero. Yo dibujo una felación, un culito y ¡coño, siempre sale poético!, con una ternura que me emociona, son muy explícitos…, mi hija se crió viendo esa vaina… Mi madre que era decimonónica me decía: “Un talento como el tuyo, ¿necesita hacer esas cochinadas?” (se ríe con ganas). Si se pierde el humor en el sexo, se pierde todo. Los que más me gustan a mí, de los cientos y un vaina que he hecho, son los del abrazo y del beso, despiertan mi envidia, quisiera yo también hacerlo en la vida. Quisiera regalárselo a mi amante, a mi mujer (Elisa Zambrano, a quien conoció en el Museo de Petare), y volvemos al misterio, que me parece tan bello como el amor.

Los grandes formatos

Cuando se cruza el pasillo para entrar a la casa-taller de Miguel von Dangel, dos obras de gran formato reciben al visitante. Parece que de ellos podría salir un personaje a dar la mano. Realmente camino con cuidado, con miedo a tropezarlos. También en su comedor hay dos piezas que es imposible dejar de mirar. La vista se va inconsciente, para disfrutar de esos ríos de colores presentes, la inserción de las molas y ese universo de texturas.

Le pregunto a Carlos Zerpa, por whatsApp ¿cuál es la obra de Miguel que más le ha movido el piso? Pasaron escasos segundos antes de que apareciera en el celular  la foto de  Monumento (1975-1985). Me responde Zerpa. Casi telegráficamente:  “Miguel es uno de los artistas más importantes de Venezuela. Es amigo mío. Nunca ha estado a ‘la moda’ ni pretendiendo estar en la cresta de la ola. Es mi amigo. Cuando expusimos juntos en Nueva York, nos fuimos a tomar vodka y a ver tocar a Tito Puente. Muchos de nuestros trabajos se emparentan. Pero Miguel tiene su manera de hacer los suyos, tiene su lenguaje”. Le repregunto, ¿por qué elegiste esa obra? El escribe muy  a su estilo: “Es fuerte. Tiene presencia. No es cómoda. Es furiosa. Es el caballo de Sleepy Hollow”.

El caballo, ese ícono que heredó de su padre, se alza brioso agitando sus patas delanteras, con una lanza ensangrentada en el pecho, su vientre es un barril de petróleo. Es la representación del país, como si a través de esa acción congelada de lucha y gesta quisiera expresar la destrucción. El mito de la riqueza petrolera. El país siempre ha sido una preocupación para Miguel von Dangel. El tema tampoco escapa a nuestras conversaciones  cuando dice:

—¡Qué vaina con este país! No salimos de un contrasentido.

El caballo de la exposición La Batalla de San Romano. Foto del catálogo.

En ese mismo periodo. En el año 1980 para ser más precisos, realiza Retrato a mi madre, que marca otro hito en su trabajo. Eddy Reyes Torres dedica más de 10 páginas de su libro para describir esta pieza. Allí se lee: “La madonna del lado izquierdo es una alusión a la vida en pleno proceso de transformación. Proceso resaltado por medio del vientre que está representado por un ave de rapiña (disecada), con su pico apuntando hacia el piso. Elemento de destrucción y creación a la vez…”. Así sigue, con cada detalle, entre otros, la serpiente que cuelga del pico del ave con ojos incrustados que miran al espectador, que representan el conocimiento y la profundidad.

El tercer artista consultado es Javier Level. Para él, la Batalla de San Romano es fundamental en el  arte venezolano. “Cuando yo trabajaba en el Museo de Arte Contemporáneo, pedí que me permitieran asistir a Miguel en el montaje de la exposición. Mi primer gran golpe fue ver la forma con que Miguel abordaba su obra. Esa pieza debe encontrarse ahora en los depósitos de la Galería de Arte Nacional… El ha tenido varios momentos de impacto. Los Desesperantos son fuera de serie. No tengo duda de que Miguel es actualmente el artista más importante de este país, con una obra muy mal entendida. Miguel es un ser que vive su vida en una continua religiosidad”.

Antes de referirnos a La batalla de San Romano, es necesario hablar de la obra monumental que realizó para la XVII Bienal de Sao Paolo en 1983. En Brasil se exhibieron La crucifixión del enano, Icaro en América, el Retrato a mi madre y también El regreso de la cuarta nave, que era  “una alegoría de un viaje imaginario a Europa en el que, cuatrocientos años después, son transformados en conquistadores aquellos que fueron conquistados” (cita de la solapa del libro Pensamiento de la imagen y otros ensayos). A su regreso a Venezuela la muestra se exhibe en el Museo de Bellas Artes, y después Miguel desmontaría El regreso de la cuarta nave, porque sus dimensiones no le permitían conservarla, sin embargo, preservó la quilla, para luego adaptarla a uno de los 8 paneles La Batalla de San Romano.

En 1991 recibe el Premio Nacional de Artes Plásticas, y en 1993 representa a Venezuela en la XLV Bienal de Arte de Venecia con La Batalla de San Romano,  cuya significación no pasó inadvertida, elogiada más por la crítica europea que por la venezolana, donde adeptos y detractores se mantuvieron en la prensa expresando sus opiniones. Ya la obra era conocida por el impacto que tuvo cuando se exhibió por primera vez en el Museo de Arte Contemporáneo de Caracas, en 1990. Sofía Imber la presentaba como una obra  “difícil, dura, de múltiples lecturas que entrecruzan no solamente los análisis de Uccelo, sino también las referencias características de von Dangel a los mecanismos políticos en nuestros tiempos…”.

— En los 80, tiempo de revueltas estudiantiles, se hablaba del situacionismo, de crear situaciones. Fui aislándome del entorno en la medida que iba haciendo las paredes en el taller de mi casa, estaba narrando la historia de San Romano mientras  creaba una situación dentro y fuera del taller. Ese es el concepto básico, crear una circunstancia reflexiva entre el entorno y yo. La historia arranca con la batalla florida (de los aztecas), el concepto del descubrimiento. Uccelo trabaja la batalla de San Romano en el momento que se desarrolla la perspectiva. Sin la perspectiva tampoco se hubiera podido hacer el llamado descubrimiento de América. Eso daba para plantearse la batalla entre continentes, entre culturas, lo que Europa había iniciado con el catolicismo, en las situaciones que aún hoy  seguimos debatiendo.

Sin que haya sido una intención consciente, todos los recursos plásticos que von Dangel ha utilizado en su trayectoria, se encuentran en esta obra: las crucifixiones, el proceso de morir, la presencia del reino animal, la presencia indígena a través de las máscaras Piaroa, la redención a través de la familia, la violencia en la épica de un país. Esto no es suficiente para describir los 30 metros de obra. Escribe von Dangel en sus diarios el 21 de marzo de 1990: “¿Sería acaso injusto, pecado imperdonable acaso, imprudente, irrespetuoso o falta de nacionalismo comparar así, sin patriótica anestesia la batalla del Uccelo con la de Carabobo de Martín Tovar y Tovar o la del 27 de febrero de 1989?”.

Si von Dangel dice que proviene del barroco, La Batalla de San Romano justifica plenamente esa afirmación.  En el año 2012 corrió la denuncia de que esta obra se estaba deteriorando en el Hotel Miramar, en el estado Vargas. Si bien parte de las piezas están ahora a buen resguardo en la GAN, no se pudo corroborar si lograron recuperarse todos sus polidípticos.

En el año 2014 expone con motivo de los 393 años de la fundación del pueblo de Petare, su tierra de arraigo, la exposición “Petare – De Civitate Dei”, donde por primera vez se exhiben a página abierta los Desesperantos, y una obra con claro contenido espiritual.

—Vengo de una familia luterana europea y de alguna manera tuve que hacerme un imaginario para entender el catolicismo del trópico, dice von Dangel.

Conversamos también sobre las obras que actualmente se encuentran en la platabanda. “¡Ah, las inconclusas!”, dice.

— Yo espero algún día poder terminarlas, pero de alguna manera también expresan lo que es Venezuela. Somos un país inconcluso… Eso me hace pensar en los trabajos de Arturo Michelena, también él tuvo sus cuadros inconclusos, y quizás los blancos de Reverón apunten igualmente a  esa intencionalidad.

—¿Usted cree en la trascendencia?

—Tengo un año en este encierro, en esta depresión y pienso ¿valió la pena? Yo no debo saberlo, es parte del contrato con el numen, porque si no, caes en lo que ha caído todo el arte: en el comercialismo, en la propaganda, en la vanidad enorme de los artistas. No tenemos derecho a creer en la trascendencia.  En el momento en que tú la aceptas, ¿para qué vas a trabajar? ¿Para qué  seguir investigando? Si hay una forma de trascender, uno no debe saberlo. El artista es por excelencia la persona que jamás debe recibir esa satisfacción. Si no, imagínate lo frustrante que sería. Es como Moisés delante de la piedra Sagrada. El precio del profeta es que no vea en vida cumplido su cometido.

Inger Pedreáñez es periodista (UCV), fotógrafa, poeta. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. Dedicada al periodismo corporativo por más de 25 años. IG: @ingervpr.

Más de Von Dangel

Reflexiones en torno al Des-esperanto. Cuadernos de la ONG: http://www.laong.org/wp-content/uploads/2015/09/desesperanto_WEB.pdf

La reducción como concepto de resistencia, por Miguel von Dangel: http://www.laong.org/la-feminizacion-de-la-violencialas-bacantes-de-gala-garrido-por-elizabeth-marin-hernandez-2-2-2/
Nota: El texto del artista está al finalizar la nota de Elizabeth Marín.