por Inger Pedreáñez
FOTOS CORTESÍA THE JOSEF AND ANNI ALBERS FOUNDATION/ARS, NY/DACS.
La contemplación de la forma en influencia con el material fue la esencia artística que compartieron Anni y Josef Albers en 51 años de matrimonio. Cada uno, a su manera y estilo, rindieron honor a lo sublime de la creación a partir de la sencillez de los recursos. Ambos estaban convencidos del valor del arte para transformar la percepción del mundo. Lo demostraron en su propia obra y en su experiencia como docentes, al punto de ser considerados como los pioneros del modernismo del siglo XX.

Detalles del estudio para el mural PanAm (1963) de Josef y uno de los tapices (1926-62) de Annie, en donde se puede apreciar la manera en que ambos se influenciaban y alimentaban creativamente entre sí, y cuya vida en común representó una colaboración artística como pocas en la historia del arte.Sus personalidades artísticas estaban muy bien diferenciadas, pero no por eso dejaron de inspirarse mutuamente: Anni desde el diseño textil, los tejidos, las joyas y el arte gráfico; Josef, desde la pintura, la fotografía, el diseño de mobiliario y la tipografía. Ambos transitaron un camino mano a mano dentro de la pedagogía del arte. Sus valores educativos permearon en una generación de artistas entre los que se encuentran Cy Twombly, Kenneth Noland, Robert Rauschenberg, Mark Rothko, Donald Judd y Richard Lippold.





Los Albers en distintos momentos de sus vidas
Fueron referentes de un modelo educativo poco convencional, que buscaba incentivar la libertad creativa. Así fue el postulado que recibieron de la centenaria escuela de diseño alemana Bauhaus y que luego legaron en la vanguardista Black Mountain College, en Carolina del Norte.
“Las obras de arte nos enseñan lo que es el coraje. Necesitamos ir a donde nadie ha ido antes que nosotros”.
Anni Albers




Anni Albers bocetos para distintos textiles“Aprende a ver y sentir la vida, cultiva tu imaginación, porque todavía hay maravillas en el mundo, porque la vida es un misterio y lo seguirá siendo. Pero seamos conscientes de ello”.
Josef Albers




Josef Albers. Algunos de sus homenajes al cuadrado.Ambas citas se encuentran entre los textos que promueven la exposición de Anni y Josef Albers L’art et la vie, organizada por el Museo de Arte Moderno de París y que permanecerá abierta hasta el 9 de enero de 2022. Con esta muestra -que reúne más de trescientas cincuenta obras (pinturas, fotografías, mobiliario, obra gráfica y textiles), muchas de ellas nunca antes vistas-, se realiza por primera vez en Francia un evento dedicado a los dos artistas juntos. La exposición se trasladará el 15 de febrero al Instituto Valenciano de Arte Moderno, en España, hasta el 20 de junio de 2022.
Casados con el arte
El matrimonio Albers guarda en común la pasión por el arte precolombino, que le viene desde que frecuentaba el Museo Ethnologisches de Berlín y en sus viajes por América Latina. También enaltecía el color como una influencia transformadora de la línea y la forma. Aún cuando ambos tenían gustos comunes, no existe similitud entre sus obras. Quizás se deba al curso diferente que tuvieron en su formación, a pesar de haber estado bajo el mismo techo y tutela de la Bauhaus.
“Lo que resultaba más apasionante de la Bauhaus era que no había ningún sistema de enseñanza aún establecido […] y sentías como si dependiese solo de ti; debías encontrar de algún modo tu manera de trabajar […]. Esta libertad es probablemente algo esencial que todo estudiante debería experimentar”.
ANNI ALBERS
Aunque así lo dijera Anni Albers, tuvo ella que aceptar a regañadientes condiciones para ser admitida en 1922. A las mujeres en la Bauhaus no se les permitía tareas que pudieran considerarse rudas, como por ejemplo, formar parte del taller de pintura en vidrio, algo que despertaba el interés de la artista, pero que le fue objetado.


Las tejedoras de Bauhaus y vista del taller de tejido
Como su intención era aprender de esta escuela de diseño, arquitectura y arte, optó por asistir al taller de textiles, y si bien le parecía un poco “afeminado y cursi”, tal como se lo revela en una entrevista a Sevim Fesci (5 de julio, 1968) para los archivos del American Art Smithsonian Institution, poco a poco fue descubriendo el hilo como trazo, y traduciendo trama y urdimbre como composición pictórica. Una revelación que tiempo después le permitiría ocupar una posición de honor como artista textil:
“Me entregué al tejido sin entusiasmo, como la elección menos indeseable… Gradualmente las hebras prendieron mi imaginación”.
ANNI ALBERS
Curiosamente, en los salones de aquel taller de vidrio que tanto atraía a Anni se encontraba Josef Albers, quien ingresó a la Bauhaus, en Weimar, a los 32 años en 1920 y resultó ser un estudiante tan experimentado que muy pronto le ofrecieron el puesto de docente.
Tejer un destino
Annelise Elsa Frieda Fleischmann (Berlín, Alemania, 12 de junio de 1899–Orange, Connecticut, USA, 9 de mayo de 1994) provenía de una familia adinerada y tomó clases de pintura desde muy niña. A los 17 años ingresó en el estudio de pintura y arquitectura de Martin Brandenburgen en Berlín. Estudió con el pintor austríaco y poeta Oskar Kokoschka, quien ayudó a promover la vanguardia expresionista en su país. Luego estuvo en la Escuela de Artes Aplicadas de Hamburgo. Pero no estaba convencida de lograr avanzar en una enseñanza tradicional. Cuando a sus manos llegó el folleto de la Bauhaus sabía que había encontrado un destino en Weimar.




Kokoschka, Kandinsky, Klee y Stölzl.
Tuvo la oportunidad de compartir con maestros como Wassily Kandinsky y Paul Klee, aunque de este último Anni no tuviera la mejor percepción como profesor; más bien lo admiraba por su obra. Su instructora en el taller textil fue Gunta Stölzl, a quien Anni apoyó como asistente. Y entre 1929 y 1931 llegó a ejercer las funciones de directora en el taller textil, siendo una de las pocas mujeres en ocupar esa distinción.
Como artista creaba sus diseños en papel, que perfectamente pueden considerarse piezas individuales, dibujos. A partir de allí, elaboraba sus tapices de coloridos tramados lineales y geométricos. Tenía también la particularidad de jugar con la densidad de la obra al combinar materiales o intervenir la trama con otros tejidos, en capas.
Cuando Anni llegó a la Bauhaus, ya Josef Albers (Westfalia, Alemania, 1888-Connecticut, Estados Unidos, 1976), tenía dos años intentando imponer su estilo, pues no quedó exento de las condiciones que establecía la directiva de la institución. Su madurez como artista estaba avalada por estudios en la Royal Art School, que era una escuela preparatoria especialmente para profesores de arte, así como en la Escuela de Artes Aplicadas de Essen y en la Academia de Bellas Artes de Munich, donde estudió técnica de pintura con Max Doerner. Incluso, ya venía realizando vitrales, entre ellos “La rosa mystica” (1916-1918) para la iglesia de St. Michael en Bottrop, que se perdió durante la Segunda Guera Mundial. Además, estaba familiarizado con el trabajo de carpintería, y las obras artesanales, pues su padre era decorador y pintor.








La rosa mystica, el vitral de la casa Summerfeld destruida en la Segunda Guerra Mundial, los vitrales restaurados del Museo Grassi por la fábrica de vidrio Lamberts Glass, vitral de la casa del Dr. Otte, y ensamblaje de vidrio y alambre, todos realizados en los años veinte.
Su maestro en la Bauhaus, Johannes Itten, exigía que debía tomar el Taller de Murales. “Yo dije, eso es una tontería. La pintura mural tiene que ver con la luz reflejada y el vidrio pintura con luz directa“, dice en entrevista a Sevim Fesci (22 de junio, 1968). Josef se rebeló y mantuvo su proyecto en paralelo con collages ensamblados a partir de vidrios rotos encontrados en el basurero de la ciudad, alambre de cobre y masilla. Con este material se presentó en la exposición de cierre del ciclo. Como resultado, la Bauhaus reabrió el taller que había cerrado por falta de instructores y le permitió trabajar por su cuenta. Esa libertad le sirvió para innovar en su técnica para pintar en vidrio.
En ese período, Gropius le encarga a Albers algunos ventanales para los edificios que diseñaba. Y entre estos trabajos destacan las vidrieras de colores para la Casa Summerfeld (1920-1921, perdida en la Segunda Guerra Mundial), en mosaicos que bien se podría considerar como el origen del pixel para la fotografía; la escalera para el Museo Grassi en Leipzig, cuyo vitral también destruido en la guerra por los bombardeos fue reconstruido recientemente (1925-1929) y la casa del Dr. Otte, en Berlín (que ya no existe). En 1923, Walter Gropius lo nombra miembro del cuerpo docente del Departamento de Diseño, y en 1925 logra el mérito de ser el primer alumno en asumir el rol de profesor de diseño mobiliario y trabajo en vidrio.
Con una diferencia de once años de edad, la estudiante de 26 años y el profesor de 37 contraen matrimonio. Cuando Gropius se retira como director, la pareja se muda a la residencia de profesores, en Dessau, a donde se traslada la sede de la Bauhaus (1925). Son casi seis años en los que comparten, además de aulas, una forma de vida y convivencia con representantes del expresionismo y la abstracción como Paul Klee, Vasili Kandinski y Oskar Schlemmer. Sin embargo, para ese año, a falta de encargos, el taller de pintura en vidrio se fusiona con los talleres de escultura y escenografìa.







Diseños de muebles y otros objetos por Josef AlbersEn 1928, Josef Albers realiza en Dessau uno de sus más famosos diseños de mobiliario doméstico: La silla de brazos 244, que fue realizada en madera de fresno curvada, estaba concebido para una producción en serie a precios accesibles.
Mientras tanto, el nuevo director de la Bauhaus, Hannes Meyer, le solicita a Anni Albers que diseñe un revestimiento para eliminar el eco de un auditorio que se estaba construyendo en la nueva escuela sindical en Bernau. Es la oportunidad de la artista de evolucionar en una propuesta de ingeniería textil, y aplicar el diseño con fibras para uso arquitectónicos.



Revestimiento de tela para eliminar el eco de un auditorio que se estaba construyendo en la nueva escuela sindical en Bernau por Anni Albers, proyecto con el que se graduó en la Bauhaus.
En lugar de utilizar el tradicional terciopelo, la artista experimentó con algodón y un material que apenas comenzaba a conocerse: el celofán. La idea surgió al desarmar un gorro de ganchillo que adquirió en un viaje a Florencia, Italia, hecho a base de ese material. Finalmente, logró una cualidad reflectiva de la luz en la superficie visible, mientras que el reverso cumplía las funciones de absorber el sonido. Fue una de las primeras innovaciones de Anni a gran escala. Con esta obra, la artista obtiene su diploma de la Bauhaus en 1930.
El despegue artístico
En 1932, cuando el partido Nazi ordena el cierre de la Bauhaus ahora ubicada en Berlín, una carta les llega a los Albers como tabla de salvación desde el otro lado del continente. En medio de la Gran Depresión y una crisis educativa, un grupo de profesores de Estados Unidos desea implementar una nueva vanguardia al estilo de la Bauhaus, en busca de mayores libertades en la educación. Estaba liderado por los profesores John Andrew Rice y Thedore Dreier, quienes habían renunciado al Rolins College en Winter Park, Florida. Ambos buscan apoyo en Philip Johnson, director del nuevo Departamento de Arquitectura y Diseño del Museo de Arte Moderno de Nueva York, para captar talentos para la Black Mountain College, en Carolina del Norte. Contaban con el respaldo financiero de Edward M. M. Warburg, del MoMA, y la Sra. Abby Rockefeller.
La autora de la biografía Josef Albers: To Open Eyes, Brenda Danilowitz, cita en su libro a Rice recordando el primer contacto con los Albers: “Yo le escribí a Albers y Johnson mandó la carta. Le dije que nuestra universidad sería una aventura pionera”.


Reseña de la llegada de la pareja al College Black Mountain al borde del lago Eden.
El libro describe que los Albers hacen una accidentada travesía en barco, con huracanes en alta mar. Llegaron a Nueva York el viernes 24 de noviembre de 1933, en Día de Acción de Gracias. Josef sin saber una palabra de inglés, se apoyaba en Anni, quien sí dominaba el idioma. Conocieron en la cena a Marcel Duchamp, quien los invitó a la exhibición de Brancusi en el MoMA, organizada por él. “La noticia de la llegada de Josef Albers, con énfasis en su papel como educador, apareció en todos los importantes periódicos de Nueva York y también de Carolina del Norte”.
Black Mountain College influyó definitivamente en el arte, la danza y la literatura estadounidense de principios de siglo. La popularidad de Albers se refleja en el plan de estudios de la universidad: las dos únicas unidades obligatorias eran una clase sobre Platón y el curso sobre Materia y Forma dictado por el artista alemán. El fundamento educativo se basaba en una mayor responsabilidad creativa del alumnado. El maestro apenas era un catalizador de los ímpetus estudiantiles.
“La escuela debe dejar aprender mucho, es decir, enseñar poco”.
Josef Albers
Y mientras su esposo se convertía en el segundo y tal vez el más reconocido rector del College, Anni Albers daba rienda suelta a su creatividad, experimentando con nuevos materiales ante la escasez de recursos a la disposición. Como la universidad estaba ubicada en el campo, recurrió a la materia prima vegetal, como el yute, maíz, eucalipto. De la misma manera, implementaba en sus alumnos del taller textil un método para encontrar en la precariedad los recursos para hacer sus tejidos, inclusive con la improvisación de telares rudimentarios.
“(Black Mountain College) resultó ser un lugar muy interesante, porque nos dio la libertad de construir nuestro propio trabajo. Josef construyó allí toda su enseñanza y toda su investigación sobre el color, que no tiene que ver con nada de lo que habíamos dejado en Europa. Yo construí un taller de tejido y comencé a enseñar y desarrollé mis métodos de enseñanza”.
ANNI ALBERS
Fue la oportunidad además de recopilar sus teorías en diversos ensayos sobre el fiber art que posicionaron a Anni como una de las artistas textiles más importantes del siglo XX. On Designing (1959) y On Weaving (1965) siguen siendo hoy día publicaciones de referencia para compender el arte de tejer, su historia, sus herramientas y técnicas, y sus implicaciones para el diseño moderno.










Josef Albers, por su parte, avanzó su documentación teórica y práctica sobre la economía de medios. Con el postulado de sacar el máximo partido con el uso de recursos limitados.
“Distribuir las posesiones materiales es dividirlas. Distribuir las posesiones espirituales es multiplicarlas”.
josef Albers
Tras su llegada a Estados Unidos comprendió que había inclinado más la balanza hacia la docencia que a su proceso artístico, algo que corregiría en los años sucesivos.





Película silente, Josef Albers enseñando en la Universidad de Yale. Introduce los conceptos básicos del dibujo de elipses y círculos en escorzo a sus estudiantes. Su manera vivaz en el aula es particularmente evidente, ya que hace que toda la clase se ponga de pie y se mueva para experimentar elipses desde todos los ángulos. Cortesía The Josef & Anni Albers FoundationExploración ancestral
Si bien el salario de los Albers era modesto, la universidad les compensaba con licencias que les permitía viajar a sus anchas a Cuba y parte de Latinoamérica, pero fue México el lugar a donde volverían recurrentemente. Su primer viaje lo realizaron en 1930 y quedaron prendados con la arquitectura prehispánica y los textiles de Oaxaca. En una carta a Vassili Kandiski le dicen: “México es verdaderamente la tierra prometida para el arte abstracto”.
La pareja también conoció Chile y Perú. Mantuvo su disposición a conocer las culturas latinoamericanas hasta 1970. Anni volvía con la maleta repleta de patrones para reinterpretar en sus tejidos, y adecuar las técnicas tradicionales al diseño moderno. Incluso, comenzó a coleccionar antiguos textiles peruanos:
“Admiro los textiles precolombinos, y los peruanos más que los de cualquier otra cultura. Creo que no soy la única que piensa en estas piezas como ejemplo de la cultura textil más alta del mundo”.
ANNI ALBERS
Por su parte, Josef aguzaba su mirada para la fotografía, y encontraba inspiración para sus grabados y lienzos. En sus serie Variant/Adobes se percibe la influencia mexicana en el colores vivos y la representación abstracta de la arquitectura colonial.
Pero la más icónica de sus series es Homenaje al cuadrado (1949-1976) a la que se dedica durante 25 años con una producción de más de 2.000 obras. En esta prolija creatividad influyó su retiro de Black Mountain College, la mudanza a Nueva York y su posterior nombramiento como jefe del departamento de diseño de la Universidad de Yale.
Homenaje al cuadrado consta de cuatro cuadros superpuestos en distintos colores, o en matices del espectro de un mismo color, explora cómo los contrastes y las gradaciones afectan la percepción de la forma y lo que la obra puede alcanzar como experiencia artística para un espectador. Esa es la base de su libro Interaction of Color (1963) que tuvo gran impacto en la docencia y en muchas generaciones de artistas.
“Una vez que uno ha tenido la experiencia de la interacción del color, encuentra que es necesario reintegrar toda la idea del color y la visión para preservar el sentido de unidad … Cuando realmente comprendes que cada color cambia al modificarse el entorno, eventualmente descubres que has aprendido sobre la vida…”.
JOSEF ALBERS












“Cuando pinto, pienso y veo ante todo color, pero color como movimiento”.
Josef Albers
Anni coincide con su esposo en el vínculo emocional que involucra el color, más allá de la línea. Sin embargo, para ella, la línea -como el hilo- también debía enaltecer sus tejidos pictóricos.
“Al concentrarse en lo que dicen los materiales del tejido, el color casi que interfería. La rugosidad, la suavidad, el brillo, se manifiestan más claramente si uno no se preocupa por colores adicionales, sino que mantiene la importancia en el carácter del material. Y, por lo tanto, me parece que los colores no tienen el primer lugar en el tejido, como sería el caso de un pintor, sino un lugar secundario” (…) “Estoy más interesada en la voz del hilo solo”.
ANNI ALBERS
El año que el matrimonio se muda a Nueva York (1949), Anni es invitada a exponer de manera individual en el MoMA, convirtiéndose en la primera artista textil en lograr esa distinción. En esa ocasión incluyó textiles para uso arquitectónico y de diseño para quitarle preponderancia la percepción del tejido como objeto utilitario.
















Obras de Anni Albers. Pulsar las fotos para las leyendas
Josef Albers no se queda atrás en reconocimientos. Su primera exposición individual se organiza en la Galerie Goltz en Munich, en 1919. En 1936 expone en Manhattan en el New Art Circle de J. B. Neuman, también de forma individual. En 1965, el MoMA organiza una exposición itinerante de Homenaje al cuadrado que visitó varios lugares de América del Sur, México y Estados Unidos. Y en 1971, el Metropolitan Museum of Arts realiza una retrospectiva, que se considera una de las pocas que esta institución ha realizado para un artista vivo.
Anni y Josef nunca descansaron en la búsqueda de nuevas experiencias en el arte. Cuando Josef se retira de Yale a los 70 años (1958) su catálogo de obras reúne más de 3.000 pinturas sobre masonita, papel, aluminio y lienzo. Diseña instalaciones arquitectónicas en todo el mundo, entre ellas Two Portals (1961) para la entrada al vestíbulo del edificio Time and Life en Nueva York. Manhattan (1963), un mural realizado por encargo de Walter Gropius para el vestíbulo del edificio Pan Am y que en 2019 fue recreado en el edificio MetLife, al lado de la Grand Central Terminal en la ciudad de Nueva York. La fachada del Mutual Life Center de Seidler en Sydney, Australia fue decorada con un diseño de cajas entrelazadas titulado Wrestling (1977). Dejó un legado de más de 240 impresiones individuales y, adicionalmente, tras su fallecimiento, se descubrieron aproximadamente 70 fotocollages que presentan fotografías que hizo en la Bauhaus entre 1928 y 1932.
Gracias a una invitación que le extendieron en 1963 a Josef Albers para trabajar en la imprenta Tamarind Lithography, en Los Ángeles, Anni le encontró el gusto a las artes gráficas, una vez que el director de la imprenta, June Wayne, le sugirió que hiciera su propia litografía. Ella continuó investigando en esas técnicas de impresión (serigrafías, aguafuertes sobre planchas de cobre, litografías, ediciones offset y gofrados sin tinta) hasta la década de los 80. El catálogo razonado de Anni documenta 102 obras de esta etapa creativa. Al mismo tiempo, Josef realiza grabados sin tinta en blanco o vinilos negros recortados, grabados en hueco, entalladuras, xilografías, litografías y serigrafías.
















Obras de Josef Albers. Pulsar las fotos para las leyendas
Anni y Josef Albers conquistaron no sólo espacios educativos, sino también los expositivos. En años recientes el esfuerzo que viene realizando la Fundación Josef & Anni Albers y la Galería Zwirner, que es la representante comercial de este patrimonio artístico, ha dado sus frutos. En 2006, el Museo Reina Sofía organizó la muestra Anni y Josef Albers. Viajes por Latinoamérica. En 2017, el Museo Guggenheim organizó una simultánea en sus sedes de Nueva York y de Bilbao. En la primera se hizo el montaje Josef Albers en México, mientras que en la otra estaba Anni Albers, tocar la vista. En 2018, el Tate de Londres realizó la primera retrospectiva de Anni Albers en el Reino Unido.
Arte, docencia, estudios teóricos, publicaciones y la experiencia de una vida juntos desde el amor y la vanguardia: así de intensa fue la relación de los Albers. Nicholas Fox Weber, director ejecutivo de la Josef and Anni Albers Foundation y quien conoció a la pareja cuando estudió en Yale, dijo a propósito de su libro Anni & Josef Albers: Equal and Unequal (2004): “Para Anni, el arte abstracto era una fuente de equilibrio y diversión, un alivio de los problemas de la vida. Para ella y Josef, las cualidades universales y atemporales del ritmo y el color iluminan la existencia y permiten a las personas resistir los problemas de la vida“.
“Si la gente se dirigiera hacia un oficio, eso salvaría su alma. Porque están, creo, en esta situación desesperada de buscar constantemente en su interior y no encontrar algo que los satisfaga… Y yo tengo la idea de que el arte es algo que nos hace respirar con un tipo diferente de felicidad”.
Anni Albers

Josef Albers, Fotografías de Hawaii, 1954. © 2020 The Josef and Anni Albers Foundation/ARS, NY/DACS.Más sobre los Albers
‘I have been thinking about Josef and Anni Albers for four decades’
How Anni and Josef Albers holidayed
https://www.theguardian.com/artanddesign/2018/oct/10/bauhaus-josef-anni-albers-art
The philanthropic genius of Josef and Anni Albers
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