Smiljan Radić Clarke, arquitecto radicado en Santiago de Chile, fue anunciado como ganador del Premio Pritzker de Arquitectura 2026, considerado en el ámbito internacional como la más alta distinción de esta disciplina.
Smiljan Radić Clarke es el 55º ganador. En 1995 fundó el estudio Smiljan Radić Clarke. Nacido en Santiago de Chile, su ascendencia es croata por el abuelo en el lado paterno y británica por el materno. Vive y trabaja en Santiago. Desarrollada a lo largo de más de tres décadas, la práctica de Radić abarca instituciones culturales, espacios cívicos, edificios comerciales, residencias privadas e instalaciones en Albania, Austria, Chile, Croacia, Francia, Italia, España, Suiza y el Reino Unido. Entre sus obras más destacadas figuran Guatero, para la XXII Bienal de Arquitectura de Chile (Santiago de Chile, 2023); London Sky Bubble (Londres, Reino Unido, 2021); Chanchera House (Puerto Octay, Chile, 2022); Prism House (Conguillío, Chile, 2020); Vik Millahue Winery (Millahue, Chile, 2013); The Boy Hidden in a Fish, junto a Marcela Correa, para la 12ª Bienal Internacional de Arquitectura de Venecia (Venecia, Italia, 2010); y CR House (Santiago de Chile, 2003).








“La arquitectura existe entre formas grandes, masivas y perdurables —estructuras que permanecen bajo el sol durante siglos, esperando nuestra visita— y construcciones más pequeñas y frágiles, tan fugaces como la vida de una mosca, a menudo sin un destino claro bajo la luz convencional. Dentro de esta tensión entre tiempos dispares, aspiramos a crear experiencias cargadas de presencia emocional, alentando a las personas a detenerse y reconsiderar un mundo que tan a menudo pasa ante ellas con indiferencia”
Lejos de repetir una fórmula o de desarrollar una firma reconocible en serie, Radić aborda cada proyecto como una exploración singular, apoyada en principios esenciales y en una lectura discontinua de la historia. En su trabajo, el contexto, el uso y la conciencia antropológica prevalecen sobre cualquier gesto formal. El lugar no se entiende únicamente como un emplazamiento físico, sino como el punto de encuentro entre historia, prácticas sociales y circunstancias políticas.
El acta del jurado de 2026 señala, en parte: “A través de una obra situada en la encrucijada entre la incertidumbre, la experimentación material y la memoria cultural, Smiljan Radić privilegia la fragilidad frente a cualquier pretensión infundada de certeza. Sus edificios parecen temporales, inestables o deliberadamente inacabados —casi a punto de desaparecer— y, sin embargo, ofrecen un refugio estructurado, optimista y discretamente gozoso, abrazando la vulnerabilidad como una condición intrínseca de la experiencia vivida”.











A lo largo de su trayectoria, las estrategias ligadas al sitio reaparecen de distintas maneras, permitiendo que cada edificio surja de sus condiciones particulares más que de una fórmula de autor. Sus obras pueden incrustarse parcialmente en el terreno, en lugar de posarse simplemente sobre él, como ocurre en Restaurant Mestizo (Santiago de Chile, 2006); orientarse para protegerse de los vientos dominantes o de la luz intensa, como en Pite House (Papudo, Chile, 2005); o desarrollarse a partir de una reutilización adaptativa, en vez de un reemplazo, como en Chile Antes de Chile, ampliación del Museo Chileno de Arte Precolombino (Santiago de Chile, 2013).
“En cada obra, es capaz de responder con una originalidad radical, haciendo evidente lo no evidente. Vuelve a los fundamentos más irreductibles de la arquitectura y, al mismo tiempo, explora límites que aún no han sido tocados. Desarrollada en un contexto de circunstancias implacables, desde el borde del mundo, con una práctica de apenas unos pocos colaboradores, su obra es capaz de llevarnos al núcleo más íntimo del entorno construido y de la condición humana”, afirmó Alejandro Aravena, presidente del jurado y ganador del Premio Pritzker 2016.




La arquitectura de Radić revela su rigor no mediante una afirmación formal evidente, sino a través de la disciplina constructiva. Sus edificios suelen parecer austeros o elementales, pero esa impresión encubre una ingeniería y una ejecución de gran precisión. Materiales como el hormigón, la piedra, la madera y el vidrio se relacionan deliberadamente entre sí para modelar el peso, la luz, el sonido y el cerramiento. En el Pabellón de la Serpentine Gallery (Londres, Reino Unido, 2014), por ejemplo, una envolvente translúcida de fibra de vidrio reposa sobre enormes piedras estructurales de procedencia local. La luz se filtra en lugar de exhibirse, y el cerramiento permanece parcial, permitiendo que el visitante experimente refugio sin quedar completamente aislado del parque circundante. En el Teatro Regional del Biobío (Concepción, Chile, 2018), una envolvente semitranslúcida cuidadosamente diseñada modula la luz y contribuye al desempeño acústico mediante una lógica de contención. La construcción se convierte así en una forma de relato, en la que la textura y la masa significan tanto como la forma.











Como añade el jurado: “Traducir al lenguaje hablado las cualidades de su obra arquitectónica resulta intrínsecamente difícil, pues en sus diseños trabaja con dimensiones de la experiencia que son inmediatamente palpables, pero escapan a la verbalización, como la percepción misma del tiempo: reconocible de inmediato, aunque conceptualmente esquiva. Sus edificios no se conciben simplemente como artefactos visuales; exigen, más bien, una presencia encarnada”.
La obra de Radić está atravesada por una inteligencia emocional silenciosa, afinada por la empatía hacia la experiencia humana y por una atención precisa a la forma en que la arquitectura se siente con el paso del tiempo. Sus edificios transmiten protección, introspección y una marcada sensibilidad hacia la fragilidad humana. House for the Poem of the Right Angle (Vilches, Chile, 2013), por ejemplo, propone una experiencia de retiro contemplativo, con aperturas dispuestas cuidadosamente y orientadas hacia arriba para captar la luz y el paso del tiempo, favoreciendo la quietud y la introspección.






House for the Poem of the Right Angle, fotos cortesía de Gonzalo Puga | Premio Pritzker
En su estudio-casa, Pequeño Edificio Burgués (Santiago de Chile, 2023), la residencia ofrece refugio y privacidad sin renunciar a una relación expansiva con la ciudad situada más abajo. Desde el interior, los habitantes dominan el paisaje urbano; desde el exterior, en cambio, el adentro permanece oculto tras cortinas de malla metálica. Los muros de vidrio de una sola hoja permiten que la lluvia, el sonido y la luz cambiante entren en el espacio, de modo que el clima cotidiano se percibe tanto como se observa. Más abajo, el estudio subterráneo ocupa un registro más silencioso: allí, esos mismos muros están moderados por un talud de tierra que filtra la luz solar, incorpora la naturaleza al campo visual y crea un entorno protegido para el trabajo.



Sus intervenciones no responden ni a la lógica de la restauración ni a la del reemplazo, sino a cálculos deliberados de escala y uso. En NAVE (Santiago de Chile, 2015), Radić reinterpreta un edificio patrimonial residencial de comienzos del siglo XX, dañado por un desastre natural, conservando la estructura existente e incorporando nuevos volúmenes destinados a espacios abiertos para performance, ensayo y talleres. En la parte superior, una terraza rematada por una carpa de circo introduce una ligereza inesperada y una atmósfera de celebración provisional asociada a actividades comunitarias, en contraste con la intimidad más contenida de la planta inferior. Las capas anteriores permanecen visibles, de modo que la adaptación se asume como continuidad, no como concesión.
Esa atención a las capas va más allá del hecho constructivo. En 2017, Radić fundó en Santiago la Fundación de Arquitectura Frágil, concebida tanto como plataforma de intercambio público como archivo de trabajo. Su colección, integrada por obras experimentales, estudios y referencias de otros arquitectos, constituye un cuerpo de investigación que con frecuencia alimenta sus propios proyectos. En ese sentido, la obra ajena se convierte también en una capa más desde la cual la arquitectura continúa evolucionando.




