por Carla Duarte Vidal
Fotos cortesía Carla Duarte Vidal, Galería Henrique Faría, Galería ABRA, Ana Khan y Paulina Palacios, ArcoMadrid
Bajo la lluvia de Madrid, la Feria ARCOmadrid se ha extendido este año como el inmenso caudal de un río impetuoso, lleno de vertientes y ramificaciones que nos permiten navegar por la corriente de muchas de las galerías más interesantes y novedosas de la actualidad.
En medio del torrente nos produce solaz toparnos con obras de algunos grandes maestros: Jesús Soto, Carlos Cruz-Diez, Gertrud Goldschmidt (GEGO). Nos sorprendemos al llegar a un embarcadero en el que nos reciben las Nenias de Gerd Leufert, que nos dan la bienvenida a casa, encarnada en la galería del audaz Henrique Faría y su mano izquierda y derecha Eugenia Sucre, quienes se han empeñado en promover internacionalmente el arte venezolano en las ferias más relevantes.
La obra de Leufert nos lleva de vuelta a aquella Caracas vibrante de 1985 cuando las expuso en formato de gigantografías en el Museo de Bellas Artes. Estas piezas, caracterizadas por formas biomórficas que evocan imágenes similares a las pruebas de Rorschach, fueron inicialmente presentadas en un libro de artista a finales de la década de 1960. El término “nenia” proviene del latín y se refiere a un canto fúnebre o lamentación, lo que sugiere una conexión con temas de reflexión y melancolía o quizás una premonición.

Ahora se recrea en ARCOmadrid esta instalación creando un portal para encontrarnos con diferentes perspectivas en un espacio en el que nos sentimos en Venezuela, a través de la obra de diferentes artistas venezolanos que creen, crean y recrean en nuestro país o fuera de nuestras fronteras con la fuerza de nuestra identidad e idiosincrasia, que como decía el maestro Cabrujas… “¿De qué está hecha? De pasaporte roto. De pasaje de ida. De déjame ver.“

La presencia de Henrique Faría en ARCOmadrid 2025: Un recuento de la materia y el tiempo
El stand de Henrique Faría en ARCOmadrid 2025 es un manifiesto de persistencia y un acto de resistencia estética frente a lo efímero y al olvido. Aquí, la historia y el ahora del arte venezolano se desgranan en un mosaico de pulsiones abstractas, gestos tribales y obsesiones formales que encajan como un rompecabezas de piezas inspiradas principalmente en la fuerza de la naturaleza y su influencia arrolladora.
Si navegamos por el cauce de ARCOmadrid 2025 usando como mapa el orden alfabético, en este ecosistema fluvial entre artistas y sus obras, encontramos la serie Etnias humanísticas amazónicas, de Emilia Azcárate, precisamente un abecedario creado por ella que devuelve la abstracción geométrica a su raíz ritual, con acrílicos que funcionan como artefactos de un letraje y lenguaje simbólico y una búsqueda por la espiritualidad, a través del color y la exploración de los caracteres y la identidad cultural. La obra destaca la riqueza y diversidad de los pueblos indígenas del Amazonas, enfatizando la importancia de reconocer y valorar estas culturas y su legado en el contexto contemporáneo. Esta serie surgió de su interés por la experimentación con signos, alejándose de las letras y palabras convencionales para construir un lenguaje visual único con una obra que posee una fuerte carga semiótica llena de significantes y significados.


Por su parte la obra de Milton Becerra, de marcada tendencia ecológica se vale de los elementos de la naturaleza y nos recuerda que la geometría no es una invención humana, sino un eco de las formas del medio ambiente. Piel roja de serpiente traslada la memoria de sus exploraciones en la selva al lienzo con una combinación de fibras naturales, madera, piedras y monedas, que evocan el trueque primigenio entre el hombre y la tierra, haciendo referencia a la cosmovisión indígena.
Valerie Brathwaite, mediante sus piezas sin título, sigue su indagación de las formas orgánicas con acrílicos y gomas sobre tableros de fibra. Su trabajo no se inscribe en la simple ortodoxia de la abstracción, sino que la desmonta, la curva, la humaniza. Estas creaciones se caracterizan por la conexión con los ecosistemas y la esencia del mar. Sus esculturas fluidas evocan la flora, la fauna y movimientos sinuosos. Experimenta con diversos materiales como yeso y madera, y utiliza colores vivos para resaltar la energía y la vibración de sus creaciones. Además, su trabajo refleja la influencia que la música tiene en ella, transmitiendo ritmo y armonía en sus volúmenes. En algunas de sus piezas, explora formas inspiradas en la geografía y la transformación natural de la tierra. En conjunto, su arte celebra la vida y la riqueza sensorial de su entorno.


Jaime Gili su E62 El Conuco de Marcos, con sus curvas desafiantes, es una declaración contra el formalismo geométrico, a través de alaridos de colores que resuenan entre el rigor de Cruz-Diez y Alejandro Otero y el desorden de la periferia urbana, en oasis de verdes cenitales inspirados en los sistemas de cultivo basados en agriculturas a pequeña escala, y la siembra y cosecha de diferentes especies de plantas en un mismo terreno, mezcladas con cuerpos de agua.
Mercedes Elena González, con Tapiz, recicla fragmentos cromáticos con una sensibilidad en el que la textura es su lenguaje y la memoria su materia prima, con sus acrílicos, gouaches y lápices de colores. Esta obra refleja su continua profundización en la abstracción y el color, al condensar y amplificar las inquietudes estéticas y conceptuales que han definido su trayectoria. A lo largo de los años, la artista ha construido un lenguaje propio, en el que imágenes orgánicas y estructuras geométricas, muchas de ellas ovaladas, se entrelazan en un diálogo vibrante y enigmático con formas femeninas.


Claudia Lavegas convierte la abstracción en un manifiesto ecológico. Sus Tepuy y Nudos son más que pinturas, alertas por la selva en peligro, donde la rafia y el acrílico se entrelazan como las raíces. Esta artista multidisciplinaria utiliza un enfoque intuitivo para explorar la relación entre la naturaleza y el ser humano. Su obra es un llamado a la regeneración, protección y defensa del paisaje, a través de dibujos que son pequeñas células que simbolizan la vida y la conexión espiritual entre la tierra y el cielo.
Pepe López lleva la relación entre la artesanía indígena y el lujo a un nivel extremo con su conocida serie Guapísimas, una crítica visual a la globalización y el consumo. En su obra, interviene cestas amazónicas tradicionales con materiales y aplicaciones que evocan el exceso del marketing y la moda de alta gama. Su propuesta desafía la percepción del espectador, generando un diálogo entre la opulencia y la identidad artesanal. Un ejemplo icónico es una cesta tejida con fibras de moriche y cumare por artesanos del Amazonas venezolano, descartada por imperfecciones y luego transformada. La Guapísima presente en ARCO incorpora el logo de Nike, con pintura acrílica y bordado, creando una metáfora del choque entre tradición y capitalismo. Su intervención resignifica la cesta como arte y plantea preguntas sobre la influencia de las marcas en comunidades antes aisladas. López invita a reflexionar sobre la pérdida, adaptación y resistencia de las tradiciones indígenas.


Diana López, está presente con Un lugar placentero. La artista juega a través de un poema visual con el espacio y la fragilidad de la memoria. Su ensamble de maqueta, escultura e instalación de alambres, madera, resina y acrílico es una elegía a la construcción y a la deconstrucción de la identidad y la inmigración, de los sitios que habitamos con la mente o con el cuerpo y que nos producen placer. Diana López presenta un objeto fusionado en el que se combinan estructuralmente el Puente de Angostura y la Torre Eiffel, la confluencia del río Orinoco y del río Caroní, que se tocan sin mezclar sus colores hasta fundirse en un solo vórtice. Evoca una sensualidad imaginaria e inalcanzable, resguardada en su estuche viajero y presentada como un objeto preciado y utópico que viaja entre mundos.
Marco Montiel-Soto, cuestiona la representación del paisaje con sus instalaciones que combinan estructuras arquitectónicas, objetos, plumas, composiciones sonoras, videos, fotografías, dibujos, textos y mapas. Con Venezuela el más bello país del trópico explora las intersecciones entre territorios políticos y poéticos, tradiciones, periodismo, economía, religión, mitos, muerte, cosmos y caos.

La arqueología urbana de Luis Molina-Pantin se materializa en una serie de catorce impresiones fotográficas que capturan la memoria artesanal y petrificada de la ciudad. Sus imágenes funcionan como archivos del tiempo detenido, un testimonio en clave documental de mercadillo que explora la ruina y la permanencia. Molina-Pantin, retrata objetos en los que la nostalgia y la descomposición coexisten, invitando al espectador a descifrar los restos de un pasado que aún se insinúa entre figuras de barro, piedras y símbolos del fracaso del progreso, que por ser imitaciones o falsas no dejan de ser menos reales. El artista se convierte en un cronista de la imagen resignificando objetos que ya hablaban construyendo narrativas que ahora se reinventan en nuevos mensajes que permiten estudiar la sociedad y cultura del pasado a través de sus restos materiales.
Daniel Reynolds en su serie de móviles cerámicos desarticula la escultura tradicional para convertirla en un juego de equilibrio y movimiento. Influenciado por la estética de Alexander Calder y los principios de la Bauhaus, Reynolds introduce su toque personal en una obra, donde la cerámica y la piedra, suspendidas en el aire, desafían la gravedad y proponen nuevas formas de interacción con el espacio. Con Mobile Static Group demuestra que sus móviles son coreografías visuales en constante transformación, estableciendo un diálogo entre la tradición escultórica y la dinámica lúdica del arte contemporáneo. La belleza de los objetos que bailan mientras los observamos desde abajo como cuando somos bebés, antes de dormir, invita a entrar en universos oníricos y surrealistas llenos de magia y ligereza. Sus piezas están hechas para convivir con el entorno y al igual que Miró hizo con sus móviles, explorar la idea de un arte libre y cambiante que flota en el aire.


Christian Vinck presenta Antonov en la Selva Venezolana, pinturas que funcionan como postales de un paisaje donde la historia choca con la espesura y desaparece entre la bruma en una especie de película. Su trabajo, marcado por una fascinación por lo efímero, rescata imágenes que oscilan entre la documentación y la ensoñación. Con un trazo evocador, Vinck convierte los paisajes en escenarios de relatos no contados, donde el pasado y el presente se confunden. Su trabajo gira en torno al movimiento, destacando especialmente la representación del desplazamiento geográfico. Mediante el uso de archivos, vehículos y documentos, captura la experiencia del viaje y respalda su papel como testigo. Vinck, tanto artista como cronista, reconstruye la memoria simbólica a partir de relatos y registros, explorando los ciclos naturales, aviones que se desplazan y la migración de las aves.
En conjunto, estos artistas venezolanos convierten el espacio de la galería de Henrique Faría en un laboratorio de tensiones: entre lo prehispánico y lo actual, entre el racionalismo modernista y el delirio tropical, entre la materia y el mito, entre el concreto y la naturaleza. En ARCOmadrid 2025, su presencia no es solo una exhibición; es una refutación a la obsolescencia del arte, que no cambia nada, los que nos transformamos somos nosotros. Su infinita capacidad de conectar artistas con coleccionistas y público impulsa el valor de la visibilidad del arte.



Salimos de Venezuela y la travesía nos llevó de nuevo a la Amazonia, donde la sección central albergaba las cestas de Dawa García dentro de un espacio titulado “Wametisé: Ideas para un Amazofuturismo“, curado por María Willis y Denilson Baniwa. Estas piezas llegaron a ARCOmadrid gracias a la galería ABRA de Melina Fernández y Luis Romero, y a la promoción cultural de Ana Khan y Paulina Palacios. Las cestas ye’kwana, provenientes de lo más profundo de la Amazonía venezolana, son más que simples objetos artesanales: encarnan identidad, historia y tradición. Para este pueblo indígena, el tejido es una expresión cultural que trasciende la utilidad, reflejando su cosmovisión y su vínculo con la naturaleza. Las mujeres crean cestas finas con patrones geométricos transmitidos de generación en generación usando fibras como la curagua y el moriche. Los hombres, elaboran piezas más robustas y planas llamadas wajas trabajadas con bejucos y otras fibras resistentes. En la tradición ye’kwana, las cestas son guardianas de memoria y saberes ancestrales. Sus diseños circulares evocan el cielo y la Churuata, la vivienda comunitaria que, según la mitología, fue el primer tejido creado por Wanadi, la deidad suprema. Cada cesta narra una historia: algunas representan a los monos que acompañan y sirven de guardianes a las mujeres cuando se internan en la selva, otras a la serpiente sagrada que resguarda el equilibrio natural o a Mahewa, la mariposa mística del renacimiento espiritual. Más que simples objetos, estas cestas son puentes entre el pasado y el presente, lo humano y lo divino. Nos invitan a reconsiderar el papel del arte indígena, entendiendo cómo estas comunidades han tejido su relación con el cosmos a través de sus manos y sueños.





Nos dirigimos a la salida y volvemos a encontrarnos con otros exponentes de las artes plásticas venezolanas, Alexander Apóstol, representado por la Galería Mor Charpentier. El arte político se presenta con claridad y rigor intelectual en su serie Partidos Políticos, el artista venezolano no solo documenta el colapso del sistema en Venezuela, sino que destila su esencia en una elocuente abstracción cromática. Desde la caída de la dictadura de Marcos Pérez Jiménez en 1958, Venezuela experimentó un periodo de democracia que, aunque accidentado, permitió la emergencia de un amplio espectro ideológico. Con el tiempo, el sistema se hizo reconocible porque los partidos políticos no solo se distinguían por sus propuestas, sino también por su código cromático, blanco, verde, rojo… facilitando la identificación de cada facción en las boletas electorales. Apóstol, con su aguda percepción histórica, reinterpreta este fenómeno mediante una serie donde las antiguas identidades políticas se reducen a campos de color. La alternancia política se desdibujó y el juego prismático y democrático terminó por ser utilizado como una herramienta para perpetuar el poder, diluyendo las diferencias entre partidos hasta volverlas irrelevantes de una manera maniqueísta: buenos y malos, blanco y negro sin matices.




Al finalizar nuestro itinerario, nos encontramos con Javier Téllez, representado por la Galería Peter Kilchmann. La denuncia migratoria y política omnipresente en su obra, País Portátil, como la novela de Adriano González León, está cargada de simbolismo en la que aborda temas como la crisis humanitaria, la diáspora y la corrupción. A través de un lenguaje visual impactante, Téllez pone en evidencia las consecuencias de un caos que ha llevado a millones de personas a abandonar sus hogares. “País Portátil”, uno de sus trabajos más significativos representa el éxodo venezolano mediante tres maletas Samsonite de los años 60, pintadas en amarillo, azul y rojo, evocando los colores de la bandera nacional. En su interpretación, la maleta amarilla incorpora un grifo, del cual parece fluir oro líquido. La maleta azul oscuro casi negro con sus siete estrellas, sugiere el viaje incierto y peligroso de los migrantes y el peso del oro negro. Finalmente, la maleta roja con otro grifo simboliza la sangre derramada por quienes han sido víctimas de la represión y de la inseguridad en todas sus acepciones. Téllez no solo documenta una realidad trágica, sino que la transforma en un lenguaje visual poderoso. Su obra no se limita a la estética; es un testimonio de la resistencia y una denuncia de los efectos de la crisis venezolana.
Como dijo Heráclito: “Nadie se baña dos veces en el mismo río”. Todo cambia, panta rei: todo fluye, todo se transforma. Así, las representaciones del arte venezolano en ARCOmadrid 2025 son como múltiples ríos en los que entramos y no entramos, pues cada vez somos y no somos los mismos. Nada permanece: ni la naturaleza, ni el arte, ni nosotros. Con esa certeza, nos dejamos llevar por la corriente, avanzando hacia el delta, rumbo a Ítaca, con las naves colmadas de arte.

Carla Duarte Vidal es periodista y productora audiovisual venezolana. Actualmente, reside en España.
ARCOmadrid es la Feria Internacional de Arte Contemporáneo de España que, desde su creación, constituye una de las principales plataformas del mercado del arte contemporáneo. En 2025 celebra su 44ª edición con el Amazonas como proyecto central. El programa comisariado por Denilson Baniwa y María Wills, en colaboración con el Institute for Postnatural Studies, Wametisé: ideas para un amazofuturismo, reflexiona sobre nuevos modos de creación que representan existencias híbridas entre cuerpos humanos, vegetales, físicos y metafísicos. Además, ARCOmadrid 2025 vuelve a presentar contenidos artísticos con las galerías de Programa General, como eje principal de la Feria, seleccionadas por el Comité Organizador. En las secciones comisariadas, Opening. Nuevas galerías acoge una selección de galerías de menos de 7 años, realizada por Cristina Anglada y Anissa Touati y el proyecto Perfiles | Arte Latinoamericano, comisariado por José Esparza Chong Cuy, sigue reforzando el vínculo histórico entre ARCOmadrid y el arte Latinoamericano.
Excelente explicación donde se refleja el talento venezolano, el arte y la cultura del país que tanto queremos y que tanto nos dio.
Hermosas obras.
Genocidios
Felicitaciones a Carla Duarte que con su publicacion y explicaciones nos hace entender el valor de los cuadros
Carla Duarte escribe con una devoción que pocos poseen 👌
Pocas veces un texto acerca de una exhibición de arte me ha hecho sentir que paseaba por los pasillos admirando las obras y aprendiendo de cada una y su autor. Este me ha transportado incluso a una Venezuela que no conozco!
Que bellezura de escrito…felicitaciones a Carla que nos ha reactivado la nostalgia de nuestro querido país Venezuela 🇻🇪 al caminarnos por las muestras de estos maravillosos artistas