por Inger Pedreáñez
Fotos de registro de sala de Ricardo Gómez-Pérez © Archivo Fotografía Urbana
Fotos de Hellmuth Straka © Archivo Fotografía Urbana
El Archivo, en su misión de conservar, investigar y difundir la fotografía venezolana, adquirió la colección de fotografías y álbumes del cronista viajero, Hellmuth Straka (Checoslovaquia, 1922 – Venezuela, 1987). Desde entonces, la institución ha venido estudiando esta colección como una revelación en la fotografía documental latinoamericana. La exposición “Straka , el viajero”, bajo la curaduría de Vasco Szinetar y Cybele Peña, textos de Inger Pedreáñez y museografía de Manuel Eduardo González, presentada en la Sala Mendoza con la colaboración de la Embajada de Colombia en Venezuela, difunde un legado que permite acercarnos a la vida de los habitantes de La Guajira, región colombo– venezolana, durante las décadas de los cincuenta y sesenta del siglo pasado.
Hasta aquel lugar, donde la sequía se adhiere al cuerpo y el calor emana por los pies, llegó con determinación el fotógrafo autodidacta Hellmuth Straka para cumplir su sueño de explorador. Fueron La Guajira y la Sierra de Perijá, ambos territorios compartidos entre Colombia y Venezuela, el comienzo de una vida atesorada en fotografías, bitácoras de viaje y memorabilia.
Venía de sobrevivir a la Segunda Guerra Mundial. Cuando las tropas alemanas ingresaron a Checoslovaquia y tomaron la región de Bohemia para anexarla al III Reich, Straka registró el momento con una cámara Super8. También filmó la captura del hijo de Stalin por los alemanes en la invasión rusa. Herido en la Batalla de Stalingrado fue evacuado antes de que la ciudad fuera cercada, la mayoría de sus compañeros de unidad fallecieron. El resto de la guerra lo pasó en Yugoslavia.

Su familia se refugió en Austria, expulsados de Bohemia, tras los Decretos de Edvard Beneš en contra de la minoría étnica alemana. En todo ese tiempo de guerra y postguerra, sin tierra propia, Straka ejerció diversos oficios: paramédico, radiotelegrafista, traductor, policía e incluso cuidador de elefantes de circo. Era un políglota; dominaba el alemán, checo, croata, ruso e inglés y, adicionalmente, aprendió los dialectos de las etnias ancestrales. “El nombre viene de la palabra indígena Aperará que significa montaña”, escribe Straka en sus manuscritos, buscando entender la Sierra de Perijá.
“Eso de alemán de Checoslovaquia podría explicarse con el caso de los wayúus que son de Venezuela o de Colombia. De hecho, parte de la identificación de mi papá con los wayúus se debía a eso: a que los veía como un pueblo sin una patria propia”, refiere el historiador Tomás Straka.



Centro. Sin Título. Península de La Guajira, estado Zulia, Venezuela, 1957
Der. Guaricha. Península de La Guajira, estado Zulia, Venezuela, 1956
Hellmuth Straka ©Archivo Fotografía Urbana
Se dice que su condición de explorador viene de nacimiento. Cuando su madre aún estaba embarazada, abrió un cuaderno con fe de clarividente para descubrir el destino del bebé que estaba por nacer: Su dedo índice apuntó a un nombre. ¡Humboldt! Fue con esa curiosidad desarrollada con los años que Straka decidió emigrar a Venezuela.
Maracaibo fue su primer destino en América. Fue contratado por La Siemens como traductor para facilitar los trabajos de cableado de la ciudad. Desde que visitó La Guajira, zona compartida entre Colombia y Venezuela (entre Paraguaipoa y el municipio Mara, en Venezuela, hasta los departamentos colombianos de César y Magdalena), no dejó de investigar su cultura.
“He aquí el resultado de mis pesquisas y anotaciones. Como siempre ando con papeles y un lápiz, preguntando a todo el mundo y recabando un sin número de noticias, hacen a veces chistes sobre el Humboldtico. Pero no me importa que rían de mí. Creo que vale la pena”.
Hellmuth Straka, en su libro “Ocho años entre yucpas y japrerías” (1980).

Entre las pocas pertenencias que logró empacar, trajo consigo las historietas que fueron su ilusión de niño. Preservó las aventuras de ficción de sus héroes infantiles Rolf Torring, quizás el primer cazador y aventurero que conoció, y Old Shatterhand, el protagonista de las novelas de aventuras del escritor alemán Karl May. Sin saberlo aún, el futuro demostraría que guardaba en su personalidad la misma determinación de esos personajes, así como cuando a los 13 años pretendió viajar a Etiopía para defender a sus ciudadanos de la invasión italiana. Fue un defensor de los guajiros y los yucpas hasta que tuvo que regresar a Caracas para salvaguardar su vida. Sus denuncias sobre la violación de los derechos de los indígenas aparecen en el informe de las Naciones Unidas que refrendó Bertrand Rusell en 1967.
“…durante tres cuartos de hora me tienen secuestrado. Me piden con amenazas y lisonjas mis rollos fotográficos. El principal de ellos lo tengo oculto en la caña de mi bota, como hago cuando llevo material “caliente”, ya que, en esta forma, si me roban los otros, no pierdo mucho (…) ellos, en verdad, quieren saber si soy el “fotógrafo Straka, que escribe siempre a favor de los indios”.
(Experiencia que motivó a Hellmuth Straka a regresar a Caracas).



Centro. Maquillándose, espejito, espejito, quién es la mas bella de La Guajira. Península de La Guajira, estado Zulia, Venezuela, 1957
Der. Cara de indígena pintada con Pai pai, para protegerse del sol. Península de la Guajira, estado Zulia, Venezuela, 1955
Hellmuth Straka ©Archivo Fotografía Urbana

Siempre con cámara en mano, Hellmuth Straka no perdió oportunidad para dejar un testimonio visual de sus vivencias. Siguió los pasos del polímata alemán Alexander von Humboldt, del pintor viajero Ferdinand Bellermann, leyó sobre el explorador de La Guajira y fundador de Río Hacha, Nicolás Federmann, y también sobre el corsario inglés Sir Walter Raleigh. Estudió la escena antes de fotografiar a los wayúus, los yucpas y demás etnias aborígenes quienes deslumbraron a Straka en esas tierras.
El patrimonio fotográfico de Straka se compone de escenas cotidianas, familiares y de paisajes, que responden a una estética y una visualidad propia de un autor. Detrás de sus retratos está la investigación que precede a la imagen. Su manera directa de capturar el momento alcanza la misma valía artística del naturalista y fotógrafo húngaro Pál Rosty, o del fotógrafo documentalista alemán August Sander.

“Straka, fue un autor desconocido. Nunca hizo alarde de su trabajo fotográfico. Sus imágenes se expresaban en los álbumes y en el ámbito privado de su familia y amigos muy cercanos. Ahora con esta exposición se inicia el reconocimiento y la divulgación del trabajo de uno de los grandes y últimos fotógrafos viajeros del siglo XX”, refiere el curador Vasco Szinetar.
Straka recorrió las tierras áridas del norte de la península de Guajira y también la húmeda selva en la Sierra de Perijá, atravesando el río Maracas de Colombia. Rendido por la naturaleza, describió el paisaje como “el infierno verde, el infierno más hermoso del mundo”, y aunque sus negativos eran a blanco y negro, la intensidad de ese mundo respira en sus fotografías.


Izq. Joven Mantuano. Península de La Guajira, estado Zulia, Venezuela, 1957.
Hellmuth Straka ©Archivo Fotografía Urbana










Inger Pedreáñez es periodista (UCV), escritora, explora lo plástico a través de la fotógrafía y la gráfica. Profesora de periodismo en la Universidad Católica Andrés Bello. Ejerció el periodismo corporativo por más de 30 años. IG: @ingervpr.