Peggy Guggenheim: Adicta al arte

Durante gran parte del siglo XX, Peggy Guggenheim fue la ‘enfant terrible’ del mundo del arte y una de sus mecenas más influyentes. Compró un ‘palazzo ottocentesco’ en el Canal Grande de Venecia convirtiéndolo en un salón de vanguardia que según dicen, más de una vez conmocionó el alma renacentista de Venecia. Configuró una de las más grandes colecciones de arte moderno del mundo con los trabajos de los más importantes representantes del arte moderno del siglo pasado: 326 pinturas y esculturas que se conocerían como la Colección Peggy Guggenheim. Sus elecciones afectaron el curso de la historia del arte del siglo XX y siguen reinando en todas las esferas del arte contemporáneo.

por Tullio Cavalli

INTROITO

Marguerite ‘Peggy’ Guggenheim nació en Nueva York el 26 agosto de 1898, hija de Benjamin Guggenheim y de Florette Seligman. Benjamin fue uno de los siete vástagos de Meyer Guggenheim, pionero de una acaudalada familia judía originaria de la Suiza alemana que a mediados del siglo XIX creó un emporio a partir de la industria de la extracción y minería. Por su lado Florette Seligman fue descendiente de una de las más importantes familias de banqueros estadounidenses. Su tío fue Solomon R. Guggenheim, un gran coleccionista de arte y propietario del museo homónimo en Nueva York.

En 1912, a la edad de 14 años, Peggy perdió a su padre quien se encontraba en París acompañado por su amante, su servidumbre y por la fatalidad: el barco en el que debía haber emprendido su viaje de retorno a los Estados Unidos se había averiado, por lo que optó viajar a Londres para cruzar el Atlántico a bordo del RMS Titanic en su travesía inaugural. El 15 de abril, perdió la vida durante el naufragio. Tras el impacto de la nave con un iceberg, Guggenheim fue insistentemente llamado por la tripulación a presentarse en la cubierta del barco y al darse cuenta de la gravedad de la situación se presentó vestido en estricta etiqueta junto a sus dos mayordomos, pues, según declaraciones de testigos sobrevivientes, el desafortunado viajero declaró que todavía más devastador sería despedirse de la vida en ropa de cama.

Florette and Benjamin Guggenheim y noticia del deceso y útlimos momentos de Benjamin Guggenheim en el Titanic. Cortesía Getty Images y Wikimedia.

Mi padre definitivamente fue un hombre bueno. Tal vez no lo fue con mi madre, pues dicen que era un putañero, pero era un buen hombre. En el Titanic embarcó en los botes salvavidas a su amante y a sus doncellas. Cedió su lugar a mujeres y niños, esperando junto a sus servidores el momento de su muerte, fumando habanos y bebiendo coñac. Pudo haberse salvado, pero su sentido del deber y de la justicia prevaleció. Su proceder durante la tragedia determinó quien era: un hombre muy justo aunque un desastre en su vida familiar y en los negocios”.

Este sería solo el inicio de una larga secuencia de tragedias y pérdidas que marcarían la vida de Peggy Guggenheim, la inigualable mujer que alguna vez declaró haber vivido entre el arte y la tristeza.

El arte ha sido para mí como un refugio, aunque se desprenda de abismales tristezas. Por esta y otras tantas razones puedo decir que soy adicta al arte

Peggy Guggenheim

En 2015 la historiadora de arte y cineasta Lisa Immordino Vreeland rodó un documental que ha devenido en quintaesencia para los seguidores del arte del siglo XX con su obra Peggy Guggenheim: Art Addict. Vreeland venía de filmar un trabajo sobre Diana Vreeland, la aclamada directora de Harpers Bazaar, de quien es su nuera. Peggy Guggenheim: Art Addict cuenta, de viva voz, la fascinante historia de la vida de la más notoria e influyente coleccionista de arte. Vreeland descubrió las cintas de una entrevista perdida que en sus postrimerías Guggenheim le diera a su biógrafa, Jacqueline Bograd Weld, y que se encontraban traspapeladas en su sótano. Tras encontrar las cintas, la cineasta confesó el impacto y la emoción experimentados con el descubrimiento al escuchar la voz de Peggy Guggenheim narrando su propia historia. “Era algo que tenía que pertenecerle al mundo”, era el momento de darle a Peggy Guggenheim, a través de un filme documental, la dimensión histórica que se merece como la indiscutible y más influyente promotora de artistas del finales siglo XX, inclusive mucho más allá de Gertrude Stein.

Peggy Guggenheim. Foto Roloff Beny. Cortesía de National Archives of Canada.

Gertrude Stein, a diferencia de Peggy, era una escritora, una intelectual más bien encerrada en las formas y convenciones de salón que tanto agradaban al establishment. El apoyo de Stein al artista se proyectaba desde una aproximación implacablemente crítica mientras que el de Guggenheim era sustancialmente intuitivo. “Gertrude Stein jamás construyó una colección, de eso se encargaron su hermano Leo y su esposa. Siempre se dijo que construyó una colección, pero no, no lo hizo, y pareciera que son muy pocas las personas que están al tanto de esto. Peggy Guggenheim en cambio siempre tuvo la visión de querer construir una colección para compartirla” y –según la realizadora de Art Addict– “esto es una verdad absoluta y nunca ha sido de otra manera pues ni la mismísima Isabella Steward Gardner tenía esa imagen.

«Yo colecciono para mí misma, que salgan otros de cacería a buscarse miniaturas de Raphael o Canaletto… Me he dedicado por completo a mi colección. Una colección es exigente. Es lo que quería y lo convertí en proyecto de vida. No soy coleccionista. Yo soy un museo.»

Peggy Guggenheim in Peggy Guggenheim and Her Friends, 1970-76

El destacado crítico de arte Donald Kuspit detalla con autoridad que “la verdadera atracción que Guggenheim sentía hacia un arista se daba cuando su obra le transmitía una sensación de verdad, de autenticidad, de intuir with just a glimpse que se la está jugando todas a través de un discurso honesto, poderoso como sucedió casi instantáneamente con Jackson Pollock.”

Al comienzo de Art Addict, el mismo Kuspit señala que Guggenheim amaba el arte como espejo de su propia extrañeza identificándose personalmente con él, pero que también era una forma de escapar de toda la tristeza de su vida. Una combinación de ambas situaciones que la condujeron a encontrarse a sí misma. Encontró una identidad con el arte y con los artistas de su época y fue en la combinación de estos mundos cuando finalmente se sintió bien en su propia piel, sintiendo un llamado, una pasión y un impulso que, de repente, la alejarían de su rol madre o –en sus propias palabras- “de una simple mujer en busca de un hombre”. Esto sucedió cuando tenía 40 años, cuando despertó en ella una verdadera vocación que tendía a la búsqueda de las más radicales vanguardias, “y para encontrar estas cosas e identificarlas tienes que tener algo muy dentro de ti y tienes que ser abierto al respecto. Peggy lo tenía y lo fue.”

En la foto de la izquierda Peggy Guggenheim con un vestido de Paul Poiret y tocado de Vera Stravinsky, Foto Man Ray, Paris, ca. 1925. En la derecha, Peggy con su primer esposo Laurence Vail y los hijos de ambos Pegeen y Sindbad.

Peggy creció en Nueva York y en 1921 se traslada a Europa en donde conoce a Laurence Vail, un desbancado dadaísta con quien tendría sus dos hijos, Sindbad y Pegeen y que la pondría a frecuentar la bohème parisienne rebosante de artistas y expatriados estadounidenses. Muchas de las amistades que hizo entonces, por ejemplo con Constantin Brancusi, Djuna Barnes y Marcel Duchamp, durarían toda la vida. En 1938 Peggy abrió una galería de arte en Londres, Guggenheim Jeune, iniciando así, a la edad de 39 años, una carrera que influiría significativamente en el curso del arte de la posguerra. Su amigo Samuel Beckett insiste en que se dedique al arte contemporáneo por ser “un ser vivo”, mientras Duchamp le presenta a numerosos artistas y le enseña, como ella misma admite, “la diferencia entre arte abstracto y surrealista”. La primera exposición de la galería está dedicada a las obras de Jean Cocteau, seguida de la primera exposición individual de Vasily Kandinsky en Gran Bretaña y, entre otras, las exposiciones individuales de Yves Tanguy y Rita Kernn-Larsen.

IT ISN’T IN MY NATURE TO BE AFRAID…

La fascinante historia de Peggy Guggenheim es una de transformación y reinvención. Es la de alguien que siente tener un destino predeterminado y decide hacer cambios radicales para alcanzarlo. Su motivación partía de grandes contradicciones emocionales –tuvo mucha muerte a su alrededor- que alcanzaron el cenit en 1967 con el suicidio de su hija, la también artista, Peegen Vail Guggenheim. Contrarrestó la tristeza apasionadamente con toda esa fe depositada en tantos artistas que dejaron legados tan importantes como diferentes. En el caso de Peggy, son pocas las figuras del mundo del arte cuya influencia haya sido tan amplia y determinante como fue la de ella. Su efecto se expandió alrededor del mundo de tal manera que es considerada la creadora del importante circuito artístico entre Londres, París, Nueva York y Venecia, que hoy en día sigue siendo el epicentro de las principales tendencias del arte. Pero es en la ciudad de Nueva York en donde observamos un auténtico y generoso espíritu didáctico, al acercarnos por ejemplo al Rhode Island School of Design, institución que tiene la primerísima drip painting de Pollock y el Jean Hélion donados por ella, y así sucesivamente. Si se compara con otros personajes históricos que formaron parte del mundo del arte, no hay nadie que mantuvo en la franja de estos países una influencia tan consolidada.

Al ver el documental Peggy Guggenheim: Art Addict sentimos que estamos ante una película muy moderna. La natural honestidad con la que aborda temas tan vinculados con su intimidad –una larga lista de declaraciones sobre amantes y abortos puso en su momento a la intelectualidad bajo la lupa del folletín– no deja de asombrar. Pero ubiquémonos en contexto, corre el año 1946 y Guggenheim escribe Out of This Century, una “informal” autobiografía con detalles explícitos sobre sus amantes y sus siete abortos. Aunque utilizó muchos seudónimos, todos los personajes expuestos en su relato eran fácilmente identificables. Tuvo la valentía de hablar al respecto cuando absolutamente nadie se hubiese atrevido a hacerlo, mucho menos una mujer. Y he aquí lo admirable, fue una mujer que vivió su tiempo bajo sus propios términos. Seguramente tuvo una seguridad financiera que se lo permitió, pero no había nada ni nadie que la acobardara aun teniendo infinidad de debilidades personales que hubiesen podido amedrentarla.

Trailer del documental "Peggy Guggenheim: Art addict"

Guggenheim alguna vez confesó –muchas burlas se levantaron al respecto- de haber heredado únicamente 450 mil dólares. La cifra, calculada en un ya muy lejano 1910, corresponde al valor de circa 12 millones de dólares actuales. Una discreta suma que heredó de su padre quien años antes de embarcarse en el Titanic, lo habría hecho en otra peligrosa travesía de malos negocios que hundieron el patrimonio familiar, como la filantrópica y millonaria inversión en acero que hizo para el levantamiento de la Tour Eiffel de París. Benjamin Guggenheim navegaba rumbo al desastre cansado y derrotado. Literalmente en bancarrota y con el rabo-entre-las-piernas emprendía el fatídico retorno tras fútiles y complicadas acciones legales, misiones diplomáticas y sin recuperar un céntimo de su inversión en la torre. Tal vez eso lo ayudó a enfrentarse a la muerte con tanto humor y valentía. Y no todo terminó con su desaparición. Tras el naufragio se desató un escándalo a sotto voce por la supervivencia de la amante que tuvo que ser comprada a favor del silencio. La importancia de este relato es para desmitificar esa equivocada imagen de millonaria excéntrica y derrochadora que tanto ha circulado alrededor de Peggy G. Tras la muerte de su padre, continuó viviendo con su madre mientras presenciaba el derrumbe de todo un estilo de vida. La herencia recibida fue puesta en fideicomiso y una vida digna y cómoda se perfiló muy lejos de cualquier exceso.

Todo este tema del arte se convirtió para Guggenheim en un trabajo a tiempo completo. Un trabajo tan metódicamente desarrollado desde su pasión y compromiso que llegó a generarle ingresos que le permitieron reinvertir en el desarrollo de sus proyectos y vivir cómodamente. La vida de Peggy giraba alrededor de un permanente movimiento de compra y venta de arte, y no siempre le resultaba fácil pues no tenía acceso directo a sus bienes de fortuna. Cuando empezó su primera iniciativa museística junto a Herbert Read solía decir que tenía que ponerse en “dieta estricta”. Cuando decía eso, Herbert sabía perfectamente a lo que se refería: “…no se compraba absolutamente nada, todo céntimo producido era reinvertido en arte”. Había un auténtico compromiso.

“En Art Addict hay algunos personajes que son las principales voces de la película, y estas eran personas que la conocían, y luego están estas otras voces, como las de Larry Gagosian, Marina Abramovic y Hans Ulrich Obrist, que son sólo algunos de los nombres más importantes e influyentes en el mundo del arte de hoy en día y aunque no la conocieron, ella los influyó. Ellos entendieron el importante concepto promovido por Guggenheim de tratar al arte como uno de los esfuerzos humanos más básicos y eso no era algo que mucha gente entendiera en ese momento. Un concepto que abrazó desde el compromiso y en su peculiar relación con el arte y el artista. Y lo que es aún más sorprendente es que lo hizo en todos los lugares donde estuvo. Fíjense por ejemplo como Alberto Burri –que en 2015 se exhibía en el Guggenheim– y Lucio Fontana vieron su muestra en 1948 cuando reabrió la Bienal de Venecia, y por primera vez vieron una pintura de Jackson Pollock, vieron como sus pinturas estallaban en los lienzos. Nunca habían visto algo así.”

 LA HISTORIA OFICIAL

Jean Arp. Head and Shell 1933. Cortesía Colección Peggy Guggenheim.

Peggy compró su primera obra, una escultura de Jean Arp titulada Head and Shell en 1933 y ya en 1939 decidía abrir un museo de arte moderno en Londres, con el historiador de arte británico Herbert Read para dirigirlo. El museo debía inspirarse en principios históricos y la lista de artistas que debían estar representados fue elaborada por el propio Read y posteriormente revisada por Duchamp y Nelly van Doesburg, viuda del artista holandés Theo van Doesburg. La selección constituiría la base de la colección, pero Peggy no quedó totalmente satisfecha con ciertos faits accomplis y circunstancias que acompañaron a los criterios de selección en ese momento. No es que existiera algo turbio al respecto, simplemente esos determinantes ‘principios históricos’ coartaban su libertad e intuición.

En 1940, después de abandonar el proyecto de Londres, Peggy regresó a París, comprometiéndose a comprar obras para su colección.

Mi lema era comprar un cuadro al día y lo seguí al pie de la letra.

Peggy Guggenheim, Una vida por el arte, Rizzoli, Milán 1982.

Los artistas en el exilio de la guerra a quienes Peggy Guggenheim ayudó en 1942. Fotos cortesía Peggy Guggenheim Collection.

En un momento histórico de gran dificultad, compró obras maestras de Georges Braque, Salvador Dalí, Robert Delaunay, Piet Mondrian y Francis Picabia. Sorprende a Fernand Léger comprando su cuadro Hombres en la ciudad (1919) el mismo día en que Hitler invade Noruega, y llega a comprar El pájaro en el espacio de Brancusi (1932-40) poco antes que los alemanes llegasen a París. Solo entonces Peggy decide huir de la capital para dirigirse al sur. En julio de 1941, logra escapar de la Francia ocupada por los nazis para regresar a Nueva York, junto a sus hijos y Laurence Vail –en segundas nupcias con Kay Boyle e hijos- y Max Ernst, con quien se casaría meses después. Milagrosamente también logró embarcar su colección baja la figura de artículos del hogar.

NEW YORK: ART OF THIS CENTURY

Art of this Century pronto se convirtió en un centro de actividad de vanguardia. los jóvenes artistas estadounidenses […] fundaron una corriente completamente nueva […] llamada expresionismo abstracto.

peggy guggenheim, una vida por el arte, rizzoli, milán 1982.

Fotos cortesía Peggy Guggenheim Collection.

En Nueva York, en el 30 West 57th Street, en octubre de 1942 Peggy inauguró la galería-museo Art of This Century. Diseñada por el arquitecto de origen austriaco Frederick Kiesler, la galería consta de espacios de exposición innovadores, que inmediatamente la conviertieron en uno de los lugares de exposición de arte contemporáneo más estimulantes de toda la ciudad. De la noche de apertura,Peggy relata: «Me puse un pendiente Tanguy y otro de Calder, para demostrar mi imparcialidad entre el arte surrealista y el arte abstracto«.

Peggy Guggenheim con pendientes de Calder y Tanguy.

En Art of This Century, Peggy expone su propia colección de arte cubista, abstracto y surrealista, de la que publica un catálogo editado junto con André Breton y con un dibujo en la portada de Max Ernst. También organiza exposiciones de grandes artistas europeos y de muchos artistas jóvenes desconocidos en ese momento, como William Baziotes, David Hare, Robert Motherwell, Robert de Niro Sr, Jackson Pollock, Richard Pousette-Dart, Mark Rothko y Clyfford Still.

En 1943 ofrece a Jackson Pollock su primera exposición individual –organizará cuatro en total– y un sueldo. Lo promueve activamente, vende sus obras y encarga su pintura más importante, Mural (1943), que luego dona a la Universidad de Iowa. También organiza dos importantes colectivos de artistas femeninas y numerosas exposiciones individuales como las de Irene Rice Pereira y Janet Sobel.

Jackson Pollock. Mural 1943.

Junto con otros artistas en exhibición, Jackson Pollock se convierte en el pionero y máximo exponente del emergente expresionismo abstracto estadounidense, que tiene sus raíces en el surrealismo, y que se dio a conocer precisamente en la galería Art of This Century de Nueva York. A pesar de haber invertido tanto en la promoción de Pollock, Peggy y su asistente y amigo Howard Putzel jamás dejaron de ofrecer apoyo a todos los exponentes de la naciente vanguardia neoyorquina. De tal modo, Peggy y su colección juegan un papel clave en el desarrollo del primer movimiento artístico estadounidense de importancia internacional.

«Soy plenamente consciente de la responsabilidad inherente a abrir esta galería y la colección al público, mientras la gente lucha por salvarse y por la libertad. Esta iniciativa habrá cumplido su cometido sólo si puede ayudar al futuro y no registrar el pasado”.

Comunicado de prensa de P.G. durante la inauguración de Art of This Century, Nueva York, 1942

VENEZIA

En 1947 Peggy decidió regresar a Europa, donde su colección se exhibió por primera vez en la Bienal de Venecia de 1948, en el pabellón de Grecia, nación que en esos momentos todavía era afectada por la guerra civil. Arshile Gorky, Jackson Pollock y Mark Rothko, son vistos por primera vez en Europa. La colección contiene obras cubistas, abstractas, surrealistas y el pabellón se convierte en la exposición más completa y coherente del modernismo jamás presentada hasta entonces en Italia. Entusiasmada con los resultados de la muestra, Peggy compra el Palazzo Venier dei Leoni, un edificio inacabado del siglo XVIII a lo largo del Canal Grande, donde se instala de forma permanente.

Bienal de Venecia 1948

Palazzo Venier dei Leoni

Amaba a Europa más que a Estados Unidos y cuando terminó la guerra sentí que tenía que volver. Mientras viajaba decidí que Venecia sería mi futura patria: siempre la había amado más que cualquier otro lugar de esta tierra y sentía que ahí, sola, sería feliz.

Peggy Guggenheim, Una vida por el arte, Rizzoli, Milán 1982

En 1949 presenta una exposición de escultura contemporánea y en 1950 cura exhaustivamente la primera exposición individual de Pollock en Europa, en el ala napoleónica del Museo Correr de Venecia. También expuso su colección en Florencia y Milán, luego en Ámsterdam, Bruselas y Zurich. A partir de 1951, Peggy comenzó a abrir su casa al público durante algunas tardes a la semana, desde la primavera hasta el otoño. A lo largo de esos años, continúa recolectando y apoyando a artistas como Edmondo Bacci, Piero Dorazio, Tancredi Parmeggiani –a quien en 1954 le ofreciera sueldo, estudio y espacio para vivir en el sótano del edificio- y Emilio Vedova. También compra las obras de Marina Apollonio, Karel Appel, Francis Bacon, Kenzo Okada, Graham Sutherland y otros.

En 1962 le concedieron la ciudadanía honoraria de la ciudad de Venecia, y cuando se enteró de la distinción estalló en un intenso y emotivo llanto, pues esa ciudad era su familia, su felicidad. El único ambiente en donde se sentía realmente cómoda y en casa.

En distintas habitaciones y espacios de su casa, y de paseo en su góndola personal.

En 1969 el Museo Solomon R. Guggenheim de Nueva York la invita a exhibir por primera vez su colección. Esto fue muy importante para ella, pues Nueva York ocupaba un lugar especial en su corazón por la experiencia de Art of this Century que fue fundamental en su vida; además, presentarla en el Guggenheim era un punto de honor. Tal vez, desde el inconsciente, era una manera de rendir homenaje a su desventurado padre. Family matters

En 1970, Peggy decidió donar el palacio y en 1976 la colección a la Fundación Solomon R. Guggenheim. La Fundación fue creada en 1937 por el tío de Peggy, Solomon, para promover la comprensión del arte y para establecer y administrar «uno o más museos» comenzando con el Museo Solomon R. Guggenheim, que desde 1959 alberga su colección en la famosa estructura espiral creada por Frank Lloyd Wright en la Quinta Avenida de Nueva York. Ya en 1991 se iniciarían las conversaciones con autoridades del país vasco para levantar la sede de Bilbao, hoy en día en funcionaniemto.

EPíLOGO

Luciendo los lentes que le diseñaron distintos artistas.

En su libro de ensayos Sexualmente Hablando, Gore Vidal se refiere a Peggy Guggenheim como «la última de las heroínas transatlánticas de Henry James, Daisy Miller, pero con bastante más cojones». A la Guggenheim, quien murió en 1979 a la edad de 81 años, se le ha tildado de todo y se le han proferido desde las más intensas loas para alabarla –»mujer fascinantemente compleja o mujer vibrante, consumada y activa»– hasta las más crueles sentencias giradas por su aspecto y personalidad para herirla –«Pato Lucas disfrazado de seda ceñida», «glamorosamente pesada y obsesionada con el sexo». Y como dijo un crítico, «incluso sus lentes de sol fueron noticia«.

Durante gran parte del siglo XX fue la enfant terrible del mundo del arte y una de sus mecenas más influyentes. En 1949, compró un palacio del siglo XVIII en el Canal Grande, en Venecia, y lo convirtió en un salón de vanguardia que según dicen «más de una vez conmocionó el alma renacentista de Venecia». Los invitados incluyeron a Tennessee Williams, Somerset Maugham, Igor Stravinsky, Jean Cocteau y Marlon Brando. Construyó una de las más grandes colecciones de arte moderno, 326 pinturas y esculturas que se conocerían como la Colección Peggy Guggenheim.

«Sus elecciones afectaron el curso de la historia del arte del siglo XX», escribió una de sus biógrafas, Mary V. Dearborn. Antes de su muerte, donó su residencia veneciana, junto con su colección, a la Fundación Solomon R. Guggenheim, y hoy seguimos admirándola en su viejo palazzo ottocentesco o en el Museo Guggenheim de Nueva York, o como ella misma decía “…el garaje de mi tío, esa cosa extraña de Frank Lloyd Wright que está en la Quinta Avenida.”

La tal vez exagerada vida de Peggy Guggenheim, también ha sido objeto de innumerables biografías, autobiografías, ensayos, relatos, ficciones y toneladas de artículos aparecidos en la prensa escrita alrededor de todo el globo: “Nunca entenderé porqué tanto interés y alboroto en torno a mi vida privada. No creo ser muy diferente de los demás…” Según la misma Guggenheim y uno de sus tantos biógrafos Anton Gill, se creía que mientras vivía en Europa, se había ‘acostado con más 1.000 hombres’. “Un día mi amigo Thomas Schippers, el director de orquesta me preguntó cuántos maridos tenía y yo le respondí ¿Te refieres a los míos o a los de otras personas?”. Sobran las palabras para seguir elucubrando sobre la vida de esta extraordinaria mujer. Categóricamente, extraordinaria, es la mejor palabra que la define.

Más sobre Peggy Guggenheim

Sobre Peggy Guggenheim Collection en la web del museo en Venecia.

Sobre Peggy Guggenheim en el sitio guggenheim.org

La colección de Peggy Guggenheim online

Art, Family, and “Dogs Galore”: A Conversation with Karole Vail about Her Grandmother, Peggy Guggenheim

The Bitter Legal Battle over Peggy Guggenheim’s Blockbuster Art Collection

A Failed Charm Offensive: Tate and the Peggy Guggenheim Collection